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miércoles, 17 de diciembre de 2014

"El último tuareg", de Alberto Vázquez-Figueroa: un thriller bien ejecutado con mucho fondo

 http://www.planetadelibros.com/el-ultimo-tuareg-libro-117321.html

Título: El último tuareg
Autor: Alberto Vázquez-Figueroa
Editorial: MR
Género: novela contemporánea, thriller, exótica
Páginas: 352
Publicación: 6/3/2014
ISBN: 978-84-270-4095-3

  Más de treinta años después de la publicación de su mítica novela Tuareg, Alberto Vázquez-Figueroa vuelve sobre el tema que mejor conoce: la vida de los «señores de las arenas» y la eterna lucha que mantienen por intentar conservar las antiquísimas costumbres que han hecho de ellos un pueblo admirado y respetado.
   En esta ocasión la trama se desarrolla en la inmensa soledad del desierto del norte de Mali, donde la barbarie de los extremistas que intentan crear un Estado islamista radical está salpicando de sangre el buen nombre de los tuaregs. Contra su voluntad, Gacel Mugtar, un pacífico camionero gran conocedor del desierto, es uno de los encargados de hacer cumplir el código de honor de su raza ejecutando sin piedad y dondequiera que se encuentren a todos aquellos renegados o mercenarios que no renuncien a la violencia. Pero la peor batalla que se verá obligado a librar no será contra los fanáticos, sino contra su propia conciencia.
  Probablemente yo nunca hubiera leído a Alberto Vázquez-Figueroa si no hubiera sido por mi chico, fiel seguidor de uno de los escritores más prolíficos de la literatura española. Cuando empezamos a vivir juntos me recomendó leer El anillo verde y recuerdo que me encantó, por las reflexiones que planteaba, por cómo estaba contado y también porque me recordaba a El reencuentro de Viola y el Barón, una preciosísima canción de Pedro Guerra que siempre me ha encantado. Pero no había vuelto a leer nada suyo, a pesar de que mi marido habla de él un día sí y otro también, de su capacidad para narrar, de las fuentes que utiliza, de las verdades que se esconden entre sus ficciones literarias. 
   Así que cuando vi El último tuareg entre las novedades literarias, no me lo pensé demasiado y me hice con él. Eso sí, le propuse a mi chico que lo leyéramos juntos, sobre todo porque él ya había leído Tuareg y Los ojos del tuareg y pensé que podría rellenar mis huecos, si había algo que no entendía o que se me escapaba. No ha sido así y he disfrutado muchísimo de la lectura de esta entrega que llega treinta años después de aquel primer Tuareg. Ahora solo espero poder sacar tiempo para leer las dos primeras.
   El último tuareg es un thriller con mucho fondo que mantiene la tensión y el interés a lo largo de toda la novela. Vázquez-Figueroa sabe cómo construir una trama que no decaiga, que te mantenga pegado a las páginas de la novela y darle vida con unos personajes creíbles y muy humanos, que parecen personas atrapadas en un libro.
   Creo que esa es una de las mayores cualidades de Vázquez-Figueroa: atrapar la realidad y plasmarla en forma de novela. Quizá porque piense que si parece ficción duele menos. O simplemente porque la literatura sirve para poner el acento en determinadas situaciones que o no tienen cabida en los medios de comunicación o hay tantos intereses creados que es imposible ofrecer sobre ellas una visión no sesgada.
    Vázquez-Figueroa profundiza en este caso en el extremismo religioso radical, en el conflicto israelí, en la violencia extrema que se está viviendo en la zona y a la que no siempre prestamos la atención debida y en la suerte (o la mala suerte) de quienes son elegidos (elegidos... o condenados) para luchar en una guerra basada en unos intereses demasiado alejados del corazón humano. 
   Junto a estos grandes temas, el autor desliza otros asuntos conflictivos que funcionan a modo de denuncias en el contexto de la novela, como el problema del agua o el mercado negro farmacéutico.
    El ansia de poder y dominación, el destino del hombre humilde, la dignidad perdida (o a punto de perderse) de determinadas nacionalidades o colectivos humanos son algunos de los puntos de reflexión de una novela excelentemente levantada que, a pesar de que se lee muy deprisa, porque el suspense no te deja salir de su páginas, deja un poso en el lector y abre interrogantes y denuncias que pueden cambiar su forma de ver la realidad en la que vivimos.   
    Nos seguimos leyendo. 

  Agradezco a Ediciones Martínez Roca el envío de este ejemplar.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto100 libros: 35/100
  •  Reto Genérico: 27 (2exóticos)/40

martes, 22 de julio de 2014

"Respirar por la herida", de Víctor del Árbol: una araña negra que atrapa al lector en su red

http://www.megustaleer.com/ficha/P329245/respirar-por-la-herida


Título: Respirar por la herida

Autor: Víctor del Árbol

Editorial: DeBolsillo

Género: Novela negra, misterio, suspense

Páginas: 528

Publicación: Mayo 2014
ISBN: 9788490329245

  Una macabra y desgarradora historia sobre el amor, la pérdida, la venganza y la tragedia. El nuevo libro de Víctor del Árbol creará una profunda huella en el corazón del lector.  Para Eduardo la vida no tiene sentido desde que perdió a su esposa y a su hija en un trágico accidente de coche. A partir de entonces, pasa los días inmerso en un estado depresivo, incapaz de cerrar la profunda herida que le atormenta. Abandonó la pintura y pasó de ser un artista respetado a convertirse en víctima del alcohol y la autocompasión. Pero su vida da un nuevo giro cuando recibe un encargo insólito. Gloria Tagger, una famosa violinista, le pide que pinte el retrato de Arthur Fernández, un rico empresario responsable de la muerte de su hijo y de otra niña. Él, tanto como Gloria, necesita comprender qué se esconde tras su rostro; averiguar qué siente, qué piensa y si se arrepiente. A cada pincelada, y a medida que cobra forma la obra, más supura la herida de Eduardo. Ha iniciado un viaje del que tal vez no podrá regresar...
   La verdad es que me cuesta mucho abordar esta reseña. Sobre todo porque no quiero destripar nada de la tela de araña que Víctor del Árbol va tejiendo, en la que los personajes ejercen como nudos que van uniendo el entramado y en la que es fácil que el lector se quede pegado, como una inocente mosca que desconoce que la araña está al acecho, dispuesta a devorarla. Una araña que, en este caso, podría ser la tristeza, la reflexión sobre la maldad humana, sobre la venganza, el dolor de la pérdida, la muerte, la explotación, los baches de la vida que se vuelven insalvables o el rincón más oscuro y despiadado del alma humana. Una araña, pues, voraz capaz de dejar el corazón el lector seco, triturado, devorado, despanzurrado, desangrado... roto.
   El universo que dibuja Del Árbol es tan oscuro que no es fácil ni entrar en él al principio de la novela ni salir de él cuando llegas al punto final. Pero lo bueno es que, en el camino, la novela muta, cambia, se transforma: lo que empieza siendo una historia de encuentros y desencuentros teñida de la terrible tristeza que provocan las heridas que siguen supurando (que supurarán para siempre) se convierte, a medida que avanzan las páginas y se va enredando la trama, en un angustia trepidante en la que todo va cobrando sentido. Y me refiero a un sentido literario: según vas leyendo descubres el entramado que ha orquestado el autor, el trabajo casi de orfebre que ha llevado a cabo para construir las piezas, pulir las aristas, enmarañar los nudos y hacer que, finalmente, todo encaje. 
   El otro sentido, el sentido que se refiere al significado de lo que ocurre, a su trascendencia, a su porqué creo que es imposible de aprehender. ¿Por qué el ser humano es como es? ¿Por qué esas ansias de poder, de romper límites, ese defender causas perdidas, no ver lo que está delante de sus ojos, amar hasta la locura, perder la razón y hacer perder la dignidad? ¿Por qué?
   Y poco más puedo decir sobre la novela. Creo que Víctor del Árbol se ha convertido en uno de mis autores favoritos pero uno de los que más me cuesta reseñar. Como ya me ocurriera con La tristeza del samurái, no sé hasta dónde contar para no desvelar la puesta en escena que el autor ha ideado para sorprender al lector. Porque el trabajo literario de Del Árbol va más allá de crear unos personajes de carne y hueso, unos acontecimientos sobrecogedores, una trama perfectamente armada y de sembrar en el lector dudas o preguntas sobre la naturaleza humana. Víctor no solo escribe una obra que pasa ante los ojos del lector como la mejor película. Víctor también monta las butacas cómodas, la iluminación perfectamente regulada y la temperatura ideal. Sus novelas dejan ver que el trabajo literario del autor puede ir más allá de unos personajes y una historia, que incluye una trama que puede enredarse hasta el infinito (si está bien sustentada, por supuesto) y que puede contar con las emociones, sentimientos, reacciones, recuerdos, pensamientos y reflexiones del lector como materia prima para construir el significado global de la novela, su sentido último.
    Todo ello sin olvidar el estilo bello, lleno de pensamientos valiosos y de frases para dejar anotadas; las descripciones tan vívidas que te meten de lleno en la acción (¿quién no ha estado dentro del coche con Eduardo en el momento del accidente?) y una narración tan templada como medida y hermosa.
   En definitiva, Del Árbol vuelve a hacer un regalo al lector: una joya quizás envenenada, llena de preguntas sin respuesta y de aristas que le morderán la conciencia mientras lee, pero perfectamente pulida, brillante y mágica.
   Nos seguimos leyendo.

   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto100 libros: 66/100
  •  Reto Negro y Criminal: 15/15 
  •  Reto Encuentra al personaje: 23/24
  En esta novela he encontrado al personaje de origen asiático que pedía el Reto Encuentra al Personaje: se trata de Who, uno de los personajes principales, un chino adoptado y criado en España del que, en el capítulo 4, se dice:
 Se sentó en ropa interior frente al escritorio y rebuscó en los cajones hasta dar con los cigarrillos chinos de nombre impronunciable y de sabor demasiado fuerte que fumaba desde que Chang le había contado que esa era la marca que fumaban los chinos de verdad. Y el señor Who había decidido ser un auténtico chino, costara lo que costara.

martes, 24 de junio de 2014

"Los gritos del pasado" (Fjälbacka #2): dones que son maldiciones

http://www.maeva.es/colecciones/mistery-plus/los-gritos-del-pasado

Ficha técnica: 


Título: Los gritos del pasado Autora: Camilla Läckberg     Editorial: Maeva Género: novela policíaca Páginas: 392  Publicación:  Junio 2008   ISBN: 978-84-96748-50-7

Sinopsis (editorial):


  La joven pareja formada por la escritora Erica y el detective Patrik disfrutan de unas merecidas vacaciones en la pequeña población costera de Fjällbacka. Erica está embarazada de ocho meses y el calor sofocante del verano vuelve especialmente difícil este último mes de gestación. La última cosa que necesita la joven pareja es un nuevo caso de asesinatos, pero el malhumorado comisario Mellberg le comunica a Patrik que un niño ha encontrado el cadáver de una mujer mientras jugaba. 
   No obstante, lo más extraño es que junto al cadáver han aparecido los restos de dos mujeres desaparecidas años atrás. En aquel lejano caso, el acusado de la desaparición de las dos mujeres había sido denunciado por su propio hermano. Ahora, será necesario hurgar en el turbio pasado de estos dos hombres unidos por el odio...
 Después de la extraña experiencia con El vagón de las mujeres, en el club de lectura queríamos algo animado para cerrar el curso, así que optamos por una novela policíaca. Yo tenía muchas ganas de estrenarme con Camilla Läckberg, una de las grandes damas de la novela policíaca del momento, así que nos decidimos por Los gritos del pasado, aunque fuera la segunda entrega de la saga Patrick Hedström. La verdad es que no tengo perdón, porque la primera entrega (La princesa de hielo) la tengo en casa gracias a un sorteo, pero lo vas dejando lo vas dejando... Lo bueno es que dos de las participantes en el club sí habían leído el primero, así que nos pusieron un poco en antecedentes sobre lo que forma parte de la trama de la saga y lo que es la trama de cada una de las entrega y nos ayudaron a reconstruir el pasado de algunos de los personajes que aparecen en esta, como Anna, la hermana de Erica, aunque la verdad es que yo creo que está bastante bien explicado en la segunda entrega, se entiende perfectamente sin haber leído la primera aunque, obviamente, algunas cosas solo se esbozan y se deja ver que tienen un desarrollo anterior, expuesto, cabe pensar, en la primera entrega.
   No sé si será porque lo hemos leído de dos tirones o porque realmente pudiera considerarse que la novela tiene dos partes, pero lo cierto es que he tenido un cambio de sensación un poco antes de la mitad: hay una primera parte más lenta, en la que la autora presenta con gran detalle a los (abundantes) personajes que habitan esta novela, empezando por los miembros de la policía y sus vidas personales y continuando por los grandes sospechosos de la historia, una familia con un, también, elevado número de miembros. Esta parte resulta interesante como retrato humano y como una manera de profundizar en el ser humano que se esconde detrás del típico criminal y el típico policía que caracteriza a la novela negra. Pero también es verdad, como se dijo en el club, que ralentiza un poco el comienzo de una novela policíaca, a la que se le presupone una gran dosis de acción.
    Una acción que sí se acelera en la segunda parte, cuando empiezan a aparecer pruebas y se van aclarando los sospechosos. En esta parte, las tramas personales pierden algo de peso, aunque siguen presentes y gana peso la persecución pura y dura del criminal.
   Uniendo ambas partes, el balance general es una obra equilibrada, con su dosis de acción pero también con su granito de análisis de la conducta humana, tanto en cuanto al comportamiento criminal como al resto: en la novela se plantean cuestiones como la violencia de género, el valor de la religión, la influencia de quienes admiramos, el poder de las sectas o, en un plano menos profundo y más divertido, el morro que lo echan algunos para pasar unos días de vacaciones por la cara y con servicio completo incluido.
    Me ha gustado mi primera incursión en la novelística de Läckberg aunque le pongo dos pegas (muy pequeñas). La primera la dejo en cuarentena, hasta que haya leído la saga o, al menos, algún libro más de la saga pero no me ha gustado la imagen que da de la mujer embarazada. Quiero decir, si es verdad que en el primer libro Erica participa en la investigación (y no sé si lo hará en el resto), me parece un poco triste (e indignante) que esta vez la deje fuera de juego solo por estar embarazada. Hay mujeres que están al pie del cañón hasta el último día (como bien dice la propia Erica) y me parece que se incide demasiado en la visión del embarazo como enfermedad con este alejamiento de la escritora de la trama criminal. Podría haber hecho algo desde casa, como sí hace al principio de la novela; algo que la involucre, que siga demostrando que es una mujer inteligente, útil y con recursos, y no solo un horno para bebés.
    La segunda pega que le pongo es la excesiva ñoñería con la que hablan los policías. ¿Alguien se imagina a dos policías en plena investigación de un asesinato, bebiendo café "con avidez", hablando de la reacción (indignada) de uno de los personajes y diciendo "No debería hablar así de ella, pero, ¡mecachis!, qué persona más espantosa"? (tal y como ocurre en la página 199). Yo, sinceramente, no lo veo. No sé si será cosa de la autora o de la traducción pero ¿qué quieres que te diga? Mecachis lo digo yo delante de Lucía, cuando no está delante y me cabreo me sale algún exabrupto un poco más fuerte. Y lo peor es que la palabrita la vuelve a utilizar en otro momento de tensión el "malhumorado comisario Mellberg" del que se habla en la sinopsis. Pues será cosa mía pero si un malhumorado comisario dice mecachis... pues como que se me vuelve un poco malhumorado comisario de pacotilla, ¿no?
    Nos seguimos leyendo.  
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto100 libros: 54/100
  •  Reto Negro y Criminal: 13/15 

martes, 3 de junio de 2014

"Te quiero porque me das de comer", de David Llorente: una novela en la que cuesta entrar y de la que cuesta salir


http://www.alreveseditorial.com/fitxallibre.php?i=118

Ficha técnica: 


Título: Te quiero porque me das de comer   Autor: David Llorente  Editorial: Alrevés  Género: novela negra, thriller, experimental    Páginas: 320  Publicación:  Mayo 2014   ISBN: 978-84-15900-52-8

Sinopsis (editorial):


  La novela negra puede y debe romper algunos moldes: «Necesita dar un salto al vacío, y una extraña pirueta en el aire. El requisito es no tener ni vértigo ni miedo», dice David Llorente.
  No podemos estar más de acuerdo. La literatura noir necesita también de autores con propuestas atrevidas, arriesgadas y que miren el género negrocriminal desde nuevos puntos de vista.
  ¿Qué pasaría si la historia que se cuenta no es una sucesión de hechos consecutivos, sino simultáneos? La simultaneidad no parece patrimonio de la literatura, sino, más bien, de la pintura o del cine, pero si las palabras consiguen contravenir su propia naturaleza y transmitir esa sensación —la de que todo lo que sucede, sucede a la vez–, entonces surge un texto envolvente, casi tridimensional.
  Proponemos una lectura donde la brutalidad del asesino en serie se ve rodeada de una multitud de historias criminales que, al mismo tiempo que nacen, el narrador las hace desaparecer. No importa quién sea el criminal ni qué tipo de detective lleve a cabo la investigación. Lo que importa es que el asesino existe.

  Max Luminaria era un chico muy callado. Sacó la mejor nota de selectividad de toda España y decidió estudiar Medicina. Una vez más, fue el mejor en los exámenes; el mejor en las prácticas y el mejor en el quirófano. Se lo rifaban todos los hospitales. No hubo cirujano más preciso ni vecino al que más quisieran los habitantes de Carabanchel. Lo saludaban por la calle. Le daban las gracias. Todos tenían a un familiar al que el doctor Maximiliano Luminaria había salvado la vida.
  Su vida, fuera del quirófano, era diferente, ¿o a lo mejor no? La realidad es que no podrás, nunca más, sentirte aliviado porque se haya descubierto al asesino, porque, querido lector, los asesinos caminan entre nosotros.
  "Es un libro diferente, que no va a gustar a todo el mundo", me dijeron desde la editorial cuando me propusieron participar en un "experimento" con esta novela. ¡Genial!, pensé para mí. Creo que ya te habrás dado cuenta de ello leyendo mis reseñas, pero lo voy a decir una vez más: me gustan los retos, me gustan las obras diferentes, me gusta que me sorprendan, que me saquen de lo esperado, de las plantillas con las que parecen estar hechos algunos libros últimamente. Así que te puedes imaginar lo que he disfrutado con Te quiero porque me das de comer.
    Efectivamente, esta novela no le gustará a todo el mundo. Es exigente, porque cuesta meterse en su trama y por la peculiar manera en la que está redactado. Es duro, porque las historias que cuenta hablan de delincuencia, de odio, de venganza, de falta de sentimientos... Aunque es tremendamente adictivo y esa peculiaridad en su escritura consigue que aumente la intriga y que el lector se mantenga pegado a las páginas, esperando más, deseando saber qué pasa con Max y con Marcelo y con Susana y con Casimiro y con... las decenas de personajes que van desfilando por sus páginas. Porque Te quiero porque me das de comer es una novela con tres protagonistas con más peso que los demás pero en la que aparecen muchísimos personajes. Es una novela que se parece a un barrio, a Carabanchel, en el que caben todos sus vecinos y todos tienen su minuto de gloria dentro de la novela.
    Esta es una de las peculiaridades de esta novela: el número de personajes y su poca importancia, en realidad, para la trama principal (si es que tomamos la historia de Max, el asesino en serie más prolífico e inteligente del mundo, como trama principal. La trama principal también podría ser, perfectamente, el retrato de un barrio en una década concreta de su historia). Te quiero porque me das de comer recuerda a La colmena y a su intento por captar el vaivén social de un barrio: de la gente que camina, de la que sale de casa, de la que juega al mus en el bar, de sus yonquis, su gimnasio, sus zonas oscuras... Todo cabe en una novela en la que el lector se siente como si estuviera sentado en un banco en la calle viendo la vida del barrio pasar. Con la ventaja de que el narrador se mete en sus casas y nos deja mirar en sus corazones. En unos corazones que laten y deslaten y, sobre todo, que sufren.   


UNA NOVELA SIN PUNTOS Y APARTE


    Al desconcierto que puede crear en el lector la suma de personajes y su aparición y desaparición a lo largo de la novela hay que añadir el que le puede sorprender nada más abrir el libro: ¿dónde están los párrafos? Llorente nos propone el desafío de escribir una novela sin puntos y aparte y con una tremenda sobreabundancia de signos de puntuación que, normalmente, sirve para explicar o aclarar algo, como los dos puntos y los paréntesis. Jugando con lo gramaticalmente correcto, el autor nos propone un texto corrido para cada capítulo en el que todo se mezcla: las tramas, las aclaraciones, los comentarios...
   La novela está narrada en una tercera persona omnisciente que se sitúa en lo alto del barrio y va deteniéndose en unos u otros personajes para contarnos sus cuitas. A veces hace comentarios generales sobre el sentir general del barrio como cuando dice "tiene de malo que en Carabanchel las historias no suelen acabar así: acaban con que el diagnóstico es cáncer: con que los gitanos te quitan las zapatillas nuevas: con que efectivamente tu marido está con otra más joven y más delgada".
    La abundantísima utilización de paréntesis crea una sensación muy curiosa en el lector: sirven para explicar pero también, a veces, matizan o incluso corrigen, con ese matiz, lo afirmado anteriormente. Al leer el libro he tenido la sensación de que esos paréntesis abrían realidades alternativas a la que está reflejando el narrador, como si el autor quisiera abrir la puerta a las múltiples interpretaciones o valoraciones que se pueden realizar de un mismo acto. A veces, añaden un toque de ironía o un contrapunto muy interesante.
   Mezcladas con esta voz narrativa principal aparecen otras dos voces que comentan lo que se va contando: una que cuenta (y que podría ser ese mismo narrador del que he hablado) y otra que pregunta, que pide explicaciones, que exige que retome la historia de uno de los personajes. Estos diálogos aparecen, por supuesto, sin signos de puntuación que los diferencien del resto del texto, de esta manera: "¿Le pasó algo a Telma Gras? No, nada. ¿Y por qué no quería contar este final?". Creo que estos diálogos ponen un poco de color a una narración tan peculiar, abren el número de voces narrativas, aligeran el flujo narrativo y sirven, en muchos casos, para cambiar de protagonista del foco del narrador. En un plano más metaliterario, me parece que la voz que pregunta ejerce de una suerte de Pepito Grillo del quehacer literario, porque cuestiona constantemente las razones del narrador para abandonar a un personaje en un determinado momento y exige que las historias tengan un final, si no definitivo, sí al menos que pueda servir para calmar las ansias del lector por poner un cierre a cada historia.
    Y junto a ese juego de voces aparece otra de las peculiaridades de la novela: la amalgama de noticias, fragmentos técnicos referidos a la criminología o la medicina, referencias a la actualidad política, literaria, televisiva, etc. O listas de ingredientes. O listas de medicamentos, o de efectos secundarios, o de síntomas. Son como pedazos de realidad (de la realidad histórica de los años 90) que se cuelan en la ficción que crea Llorente creando así un juego de espejos, haciendo que el lector se cuestione los límites entre nuestra realidad y la ficción literaria.


UN BARRIO DESOLADOR


   Porque a veces resulta tristemente verdadero eso de que la realidad supera a la ficción. Leyendo la novela he tenido la sensación de que Llorente ha cogido los periódicos de los años en los que transcurre la novela, ha recortado frases y titulares y luego los ha ido pegando (dando cierta coherencia a las tramas pero sin orden ni concierto en otros momentos) hasta crear Te quiero porque me das de comer. Y, vistos así, todos juntos, los sucesos recogidos por los periódicos son tremendamente desoladores: robos, drogas, prostitución, venganzas, ataques de perros peligrosos, violencia machista, acoso escolar, asesinatos, fallecidas por abortos clandestinamente y mal practicados, mafias, pederastia, redes de extorsión de todo tipo...
    Llorente nos adentra en el Carabanchel de los 90 para hablarnos de su gente, de sus problemas y, sobre todo, de su delincuencia, que para eso es una novela negra. Una novela negra cuyo eje principal es, efectivamente, la trayectoria de un asesino especialmente prolífico y tan inteligente que la policía es incapaz de dar con él, de ni siquiera imaginarse quién puede ser el Asesino de la Moneda (cumpliendo la máxima de que el asesino puede ser cualquiera, quien menos te lo esperas o provocando la terrible reflexión de que podemos convivir con un asesino sin que ni tan siquiera lo sospechemos), pero que enreda en esa trama argumentos paralelos, simultáneos, que también se mueven en el oscuro mundo de la delincuencia, entendida en un sentido abarcador.
   Es tal el número de sucesos de todo tipo, de delitos de toda clase que quedan reflejados en la novela y es tal la cifra de delincuentes que, en un momento u otro, de una manera u otra, cometen algún tipo de falta, que al final te queda una tremenda sensación de decepción, de desesperanza, de falta de fe en el ser humano. No hay personajes buenos en esta novela. Quizá solo algunas víctimas. Todos los que hacen algo en este libro (los personajes activos, frente a esas víctimas que serían personajes pasivos) cometen algún acto moral o judicialmente reprobable durante sus páginas. 
    Al concentrar tantos hechos delictivos en una sola novela, en un solo barrio y al centrar el foco narrativo en tantos personajes con tantas sombras en su interior, la reflexión que surge en el lector es si cabe confiar en la bondad humana, si (efectivamente) el hombre es un lobo para el hombre y solo espera su oportunidad para clavar sus fauces en el de al lado, si todos llevamos un germen de maldad en nuestro interior que puede salir a flote si es suficientemente regado por las circunstancias.
    No puedo, por todo lo dicho, negar que Te quiero porque me das de comer me ha encantado. Que no es un libro que recomendaría a cualquiera o que regalaría con los ojos cerrados pero que a mí me ha dicho mucho, me ha hecho pensar mucho y me ha hecho disfrutar mucho con esos juegos o esas transgresiones literarios, gramaticales y expresivos que propone y con esa búsqueda de la simultaneidad que lleva a cabo. Una novela en la que cuesta casi tanto entrar como salir de ella, porque su propuesta es de las que dejan poso. A todos los niveles.
    Nos seguimos leyendo.  



   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto100 libros: 49/100
  •  Reto Autores de la A a la Z: LL 
  •  Reto Negra y Criminal: 12/15

miércoles, 28 de mayo de 2014

"La edad de la ira", de Fernando J. López: una novela valiente que invita a abrir y los ojos y a reflexionar sobre nuestra sociedad

http://www.planetadelibros.com/la-edad-de-la-ira-libro-116561.html

Ficha técnica: 


Título: La edad de la ira          Autor: Fernando J. López          Editorial: Booket Género: novela criminal, realista, contemporánea Páginas: 320  Publicación:  6/2/2014   ISBN:  978-84-670-4059-3

Sinopsis (editorial):


  Marcos, un adolescente de clase media, asesina a su padre y deja malherido a uno de sus cuatro hermanos. El crimen de Marcos no es un suceso aislado. Demasiados casos en los últimos años de menores envueltos en situaciones de extrema violencia. Bullying. Acoso cibernético. Ataques racistas. Trapicheos con drogas. Vídeos en YouTube con humillaciones a profesores. Docentes deprimidos. Fracaso escolar... ¿La culpa es de los adolescentes? ¿De sus profesores? ¿De sus padres? ¿Hay en verdad culpables o somos todos víctimas?
 Es cierto que, como sociedad, juzgamos a nuestros jóvenes cargados de prejuicios, de comparaciones con lo que nosotros fuimos y de la falsa imagen que de ellos crean los medios de comunicación o determinados grupos con los que nos cruzamos en un momento puntual de nuestras vidas. Los juzgamos desde la ignorancia, desde la distancia, desde la brecha intergeneracional que nos impide ver la vida con sus ojos. Por eso, muchas veces, no comprendemos lo que hacen, ni lo que dicen. O lo que dejan de hacer, porque ese es, precisamente, el aspecto que muchas veces criticamos: su pasividad. Y, por si todo eso fuera poco, los juzgamos como colectivo, como masa, como grupo, no como individuos aislados que cargan sobre sus espaldas el peso de unas vidas determinadas, de unos sentimientos, de unas vivencias a veces inimaginables. Y sinceramente creo que prejuicios, ignorancia, distancia y generalización no pueden ser los ingredientes adecuados para hablar de nadie. Mucho menos para juzgar a nadie. Ni, por supuesto, para dictar sentencia.
    Fernando J. López sí los conoce. O al menos tanto como se puede conocer a alguien con el que pasas varias horas al día. Es profesor y sabe lo que se cuece en los pasillos y las aulas de los institutos. Para bien y para mal. Entre los alumnos pero también entre los profesores y los equipos directivos. Su propuesta narrativa nos puede servir como ejemplo pero, sobre todo, como acicate para tirar a la basura esos ingredientes equivocados y acercarnos a los problemas reales de los jóvenes de hoy en día y de quienes conviven con ellos.
    López parte de un argumento con toques negros y de intriga (un joven es detenido acusado de haber agredido a su hermano y matado a su padre con una máquina de escribir) para ofrecernos una obra llena de matices, de perspectivas y, sobre todo, de reflexión. No será un policía quien lleve a cabo la investigación que nos propone esta novela, sino un periodista/escritor (Santiago) que quiere profundizar en la realidad reflejada por los medios de comunicación, rascar la superficie de la noticia amarilla para llegar (o tratar de llegar) a la verdad de un suceso firmando por alguien con nombres y apellidos, con un pasado y, sobre todo un presente.
    Ese alguien es Marcos, el joven cuya personalidad y trayectoria vital vamos dibujando gracias a las pinceladas que recibimos a través de las entrevistas que Santiago va realizando a sus amigos, compañeros y profesores. También escuchamos su propia voz a través de algunos de sus trabajos del instituto y de algunos comentarios en internet, una voz capaz de ponernos los pelos de punta, sobre todo en el texto que abre la novela.
    Tal y como nos ocurrirá en otros momentos de la lectura. Porque La edad de la ira es muchas cosas: es una novela ágil, una novela interesante, una novela que fluye con un magnífico pulso narrativo, que dibuja personajes muy muy parecidos a muchas personas (con sus luces y sus fracasos, con sus mentiras y sus militancias), que profundiza en una realidad y en un contexto muy actual y que trata de formular preguntas sobre problemas tan preocupantes como la violencia (la física pero también la psicológica y la que, sin que nos demos cuenta, nos llega a través de la televisión, internet o una simple conversación con nuestros familiares y amigos o en la calle), el acoso, el maltrato, los prejuicios, la homofobia, la educación, cómo afrontan los profesores su día  a día, los recursos con los que cuenta y aquellos de los que carecen... 
   Así que, sobre todo, La edad de la ira es una novela que invita a conocer y a reflexionar, que lanza flechas envenenadas a modo de ejemplos para que pensemos en lo que está pasando delante de nuestros ojos sin que lo estemos viendo, que formula preguntas a las que podemos buscar respuestas y ofrece algunas respuestas que no nos gustará escuchar. Porque, ante todo, La edad de la ira es una novela valiente que reconstruye una parte de la nuestra realidad para que recapacitemos sobre lo que estamos haciendo o lo que estamos permitiendo que hagan a quienes serán nuestro futuro.
    Nos seguimos leyendo.  
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto100 libros: 39/100
  •  Reto Negro y criminal: 10/15 
  •  Reto Encuentra al personaje: 14/24
   En La edad de la ira he encontrado a otro de los personajes que nos proponía el Reto Encuentra el Personaje: alguien que masque chicle. Se trata de Meri, una de las compañeras de Marcos, de quien Santiago nos habla así en la página 215:
  —Tío —me responde mientras masca chicle ostensiblemente—, eso es el Kansas.
   No puedo evitar sonreír al escuchar ese nombre y noto que a Meri no le hace ninguna gracia mi reacción. De algún modo, siente que me estoy burlando de su mundo, o de sus referencias, y me devuelve una mirada de indignación que intento calmar cuanto antes. No puedo permitir que se enfade conmigo antes de saber dónde está exactamente ese sitio.
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