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miércoles, 29 de enero de 2014

"La noche de los peones", de Esteban Navarro: la casualidad que rompe la calma de una noche de guardia

http://www.edicionesb.es/catalogo/autor/esteban-navarro/935/libro/la-noche-de-los-peones_2895.html









Ficha técnica:


Título: La noche de los peones     Autor: Esteban Navarro Editorial: Ediciones B   Género: novela policíaca, histórica     Páginas: 256                   Publicación:  Octubre 2013             ISBN:  978-84-666-5374-9

Sinopsis (editorial):


  En el turno de noche de una comisaría de Huesca, Andrés se entera de la muerte de un antiguo amigo al que no ha visto en veinte años, pero que por algún motivo ha ido hasta su ciudad para decirle algo. Con la ayuda de Diana, una joven policía en prácticas, el veterano policía emprenderá una investigación que lo obligará a viajar al pasado para averiguar qué los une después de tanto tiempo...  La noche de los peones es una novela policiaca diferen­te. Con una trama profundamente realista gracias a la propia experiencia del autor, policía desde hace más de veinte años, el relato es una historia de intriga además de una reflexión: sobre las contradicciones que nos ha­cen ser quienes somos y sobre la imparable marea que nos obliga, día a día, a seguir hacia adelante, como peones en un tablero de ajedrez.
   Me cuento entre quienes conocieron esta novela a través de Lorenzo Silva y sus apreciaciones sobre debate del jurado del Premio Nadal 2013. ¿Que si un poli sabría qué es la onicofagia? Sinceramente, no lo sé... pero tampoco lo pondría en duda. A veces te asombras de lo que la gente sabe. Y no hace falta ser catedrático ni médico ni estadista para quedarte con algo si llama tu atención, te sientes identificado por las razones que sea, te gustan las curiosidades de la vida o tienes una memoria de elefante. No creo que una novela deba juzgarse por una nadería así. De verdad, la gente a veces te deja pasmada. Dentro y fuera de los libros.
    Bajo el anecdótico debate sobre la onicofagia subyace la verosimilitud de los personajes, uno de los principios más sagrados de la literatura. Aun en el reino de la fantasía, un personaje ha de ser creíble. Si no, no tienes nada que hacer. Y yo creo que si algo le sobra a La noche de los peones es verosimilitud. Verosimilitud y realismo: Esteban Navarro habla sin pudor de la España de finales de los 70 y los 80, la del Nani y las drogas, la España del Vaquilla y el Torete y la admiración que despertaban. Una España que abría los ojos tras la oscuridad del Franquismo pero, deslumbrada, aún no sabía muy bien qué pasos había que dar hacia la democracia.
   Navarro afronta esas dudas desde los Cuerpos de Seguridad del Estado: habla de los cambios en las maneras de actuar, de los procedimientos, de las fronteras entre cuerpos... incluso de los cambios de vestuario. Por eso, me atrevería a decir que esta es una novela histórica, porque refleja muy bien una España en proceso de cambio, a la que le cuesta sacudirse el peso del rancio ropaje que llevaba hasta la fecha pero no sabe cómo lucir el oropel de los nuevos tiempos. 
    Esta parte de la historia queda reflejada en la novela a través de los recuerdos de Andrés, su protagonista. Pero, en realidad, la acción de la obra se concentra en una única noche: una noche en la que Andrés descubre la muerte de su amigo de la infancia, Miguel Ángel. El fallecimiento de este sume a Andrés en un mar de recuerdos en los que va diseccionando los caminos diferentes que tomaron, aun partiendo desde el mismo punto y acabando, al menos geográficamente, en el mismo lugar.
    En medio, toda una vida oposiciones y decisiones distintas que llevarán a cada uno a ocupar el lugar en el que la muerte de Miguel Ángel les sorprende: Andrés en la policía, en Huesca y Miguel Ángel, convertido en un enfermo crónico gracias  a las drogas y los periodos en la cárcel.

¿ACCIÓN O INACCIÓN?


    La coincidencia en el punto final del camino no es casual: Miguel Ángel buscaba a Andrés. Pero la muerte le sorprendió antes de que cumpliera su propósito. Un propósito que Andrés tratará de descubrir durante la noche en la que transcurre la acción.
    Aunque más que acción casi debería decir inacción, porque Navarro sitúa su novela en la tranquila Huesca, donde pocas veces ocurre algo. Y, encima, lo hace por la noche, donde la calma solo es interrumpida muy de vez en cuando. Se vale, así, de la fuerza que crea un misterio caído donde no se le espera y que viene a alterar una noche cualquiera, aunque esa alteración tenga más repercusión en la memoria de Andrés que en la comisaría de Policía. 
    He hablado con varias personas a las que esta novela no ha gustado. Que no pasa nada. Que solo es una noche. Que está mejor lo que Andrés recuerda que lo que realmente ocurre... Quiero encontrar una justificación a esta reacción en las expectativas que a cualquier lector despierta el membrete "novela negra" o "novela policíaca": acción, misterios por resolver, recovecos en la trama, giros de guión... y hasta, con suerte, alguna persecución. Y poco de eso hay en La noche de los peones. Un misterio por el que navegamos como por aguas mansas, sin sobresaltos, hasta hallar la respuesta; poca acción y mucha tranquilidad. O sea, todo lo contrario a lo que el género nos haría esperar. Navarro mimetiza la trama con esa calma que se vive en la comisaria oscense, lo que da (creo yo) a la novela un aire de trivialidad, no de excepcionalidad.
    Y sin embargo, sí creo que estamos ante una novela policíaca, porque en ella se habla (y mucho) de los procedimientos policiales, de las relaciones que se establecen entre agentes, de las esperas y las patrullas vacías, de las noches de guardia en las que no pasa nada y de los simples peones, piezas menores del ajedrez, obligados a continuar adelante o morir en el camino. Y a mí sí me ha gustado este acercamiento a la Policía, más allá de la mitología, de la admiración, de la necesidad o de la ficción creada por la literatura y el cine. Navarro presenta a policías de carne y hueso que viven situaciones reales y a quienes la casualidad, como tantas veces ocurre en la vida, va moldeando las curvas del camino.
     La calma general de la obra se traduce también en un estilo limpio, sin alharacas, en el que, sin embargo, sobran (para mí) algunas explicaciones, como cuando dice "ahora estarían los dos, dándole a la sin hueso -dijo refiriéndose a la lengua-".
     Por lo demás, Navarro inserta una historia sobre el azar de la vida cotidiana y las decisiones que tomamos en un momento convulso de la Historia de España. Una reflexión sobre las casualidades y la capacidad de decir que también ahonda en el poder del sexo, las diferencias entre generaciones y la fortaleza de cada uno para conducir con mayor o menor acierto las riendas de su propia vida.
    Nos seguimos leyendo.   
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto100 libros: 5/100
  •  Reto Autores de la A a la Z: N 2/24
  •  Reto Genérico: 5 (1 de misterio)/40
  • Reto 25 españoles: 5/25 
  •  Reto Novela Histórica: 2/5
  • Reto Negro y Criminal: 1/15

miércoles, 22 de enero de 2014

"La noche se llama Olalla", de Jesús Ferrero: cuando lo importante no es quién es el asesino sino el cómo y el porqué

http://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=2324&completa=S










Ficha técnica:


Título: La noche se llama Olalla         Autor: Jesús Ferrero Editorial: Siruela    Género: novela negra    Páginas: 208 Publicación:  Noviembre 2013   ISBN: 978-84-15937-01-2

Sinopsis (editorial):


 «En agosto falleció mi hija. Se llamaba Olalla y estaba a punto de cumplir veinte años. La policía dijo que fue un accidente de tráfico...» El diario de la joven Olalla parece indicar que fue drogada y violada... Ese año 2012 fue sangriento y apocalíptico, a pesar de que no acabó el mundo. Fue también el año del Costa Concordia, de los terroristas solitarios, de los asesinos compulsivos y, además, el año más maldito de Olalla, el personaje que flota como un destino y una atmósfera a lo largo de esta novela. La detective Ágata Blanc lleva a cabo su investigación en un Madrid decadente que la conducirá a límites que no imaginaba y que la enfrentará a extrañas dimensiones de la vida y de la muerte. Esta ciudad, que años atrás fue símbolo de la prosperidad y la abundancia, parece ahora sumida en una depresión propia de la posguerra. Todos los elementos de nuestra época se entrelazan en esta novela: la búsqueda incesante del placer sexual, las drogas, las pérdidas de conciencia, la corrupción, los desahucios y el espíritu de la venganza, fundamentado en un problema existencial: no es posible respetar a los verdugos.
   El goteo constante de noticias del día a día no nos permite ver el bosque, pero cuando uno se encuentra con un resumen de acontecimientos como el que hace Jesús Ferrero en esta novela para contextualizar su trama te das cuenta de que el mal existe, de que lo tenemos cerca y de que no está solo en los libros. Ferrero crea un clima general de muerte, destrucción, inquietud ante el fin del mundo (sitúa la trama en 2012) y locura que le sienta muy bien a una historia que, en cierto modo, es reflejo y producto de ese ambiente social: la historia de una jovencita, Olalla, asesinada por tres hombres tras drogarla y abusar de ella.
    Cada uno de los personajes cercanos a Olalla buscará venganza a su manera: la madre, contratando a Ágata Blanc (la investigadora que protagoniza las novelas negras de Jesús Ferrero, en el que es su segundo caso), y Gaby, su novio, tornándose en un justiciero a medio camino entre la locura y la cordura. Por eso, la gran reflexión de fondo que plantea esta novela es la de la venganza, un tema tradicional en la literatura, actualizado y, en cierto modo, juzgado, tanto por una Ágata que deja hacer como por el propio lector, que tendrá que sopesar los actos de unos y otros y tomar su propia decisión al respecto.
    Leí seguidas El beso de la sirena negra y La noche se llama Olalla (las dos novelas de Ágata Blanc publicadas hasta el momento) justo antes de entrevistar a Jesús Ferrero y eso me permitió descubrir algunas diferentes y también muchas similitudes entre ambas, mucho imaginario propio del autor en ellas. Entre esas coincidencias está la presencia del sexo más perverso (como le llama uno de los personajes), de los allanamientos o las referencias a la cultura clásica. Además, en ambas aparecen los sueños y están envueltas, en general, en una niebla onírica que deja en el lector la impresión de haber vivido un sueño. 
   Otro de los elementos en común de ambas novelas es el uso de los diarios como técnica narrativa. En la primera de ellas, el diario abre un juego de voces en primera persona que nos permite conocer en profundidad a los dos personajes centrales. En esta segunda, narrada en tercera persona, el diario de Olalla es el que nos va presentando a la protagonista ausente de la novela, la asesinada, la víctima, la vengada. Su voz se cuela en primera persona en la narración para hablarnos de sus reflexiones, de sus temores, de sus obsesiones, lo que la acerca mucho al lector, implicándole casi emocionalmente en su muerte, haciendo que sienta la pérdida de una vida como la de ella.
    A pesar de esa omnisciencia de la tercera persona, lo cierto es que se trata de un tipo de narrador que se queda muy cerca del personaje y que va viajando de uno a otro, focalizando nuestra atención ahora en uno de ellos, ahora en otro desde muy cerca, casi casi dentro de sus propias cabezas y de sus corazones.
    Con La noche se llama Olalla, Jesús Ferrero nos ofrece una novela negra que rompe con algunas de las convenciones más férreas del género (como el protagonismo absoluto del investigador) para proponernos una obra diferente que profundiza en el mal, sus ejecutores, sus vengadores... y sus testigos.
    Nos seguimos leyendo.   
   Agradezco a Siruela el envío de este ejemplar.

sábado, 18 de enero de 2014

"La trampa de miel", de Unni Lindell: cuando la trampa es el dolor

http://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=1581&completa=S

















Ficha técnica:


Título: La trampa de miel       Autora: Unni Lindell           Editorial: Siruela   Género: novela policíaca Páginas: 410   Publicación:  2011              ISBN:  978-84-9841-568-1

Sinopsis (editorial):


 Unos días antes del comienzo de las vacaciones de verano desaparece Patrik, un niño de 7 años que volvía solo del colegio a casa. Hace calor, todo está  tranquilo. La furgoneta de los helados ha hecho su ronda habitual, la anciana que vive recluida al final de la calle espía por la ventana, dos niñas saltan sobre una cama elástica en el jardín vecino. Una semana después, una inmigrante ilegal muere atropellada. Era la novia del conductor de la furgoneta de los helados, y trabajaba en el barrio residencial donde desapareció Patrik. El inspector de policía Cato Isaksen tendrá que enfrentarse a numerosos retos; no sólo a las terribles conexiones que descubrirá entre ambos casos, sino también a su peculiar nueva compañera, la joven y tozuda Marian, que en ocasiones parece tener una desconcertante empatía con la mente criminal…
 Puede que esta sea una de las novelas negras más atípicas que he leído. Y lo es por muchas razones. En primer lugar, porque en la propia portada explican que es "el primer caso de la agente Marian Dahle" y, en puridad, la agente aparece relativamente poco. Realmente (o al menos eso me ha parecido a mí) el peso de la investigación y de la trama lo lleva Cato Isaksen, aunque es cierto que la intuición y la capacidad de comprender y empatizar con el criminal de Dahle resultan determinantes para dar con el culpable. 
   Además, junto a la investigación pura y dura, la trama se centra en la relación entre Dahle y Isaksen o, más bien, en el rechazo que la primera produce en el segundo, jefe de la unidad a la que Dahle ha sido incorporada (aprovechando, para más inri, la ausencia de Isaksen). También las dinámicas que se establecen en esta relación me han parecido novedosas, porque estamos acostumbrados a ver parejas de investigadores que se llevan más o menos bien (muchas veces, incluso estupendamente), pero pocas veces (o pocas veces que yo haya leído) que se ninguneen y se rechacen de esta manera. Este rechazo da pie a una caracterización de personajes singular, más centrada en lo negativo que en lo positivo, aunque en el caso de Dahle lo uno y lo otro parecen estar irremediablemente unidos.
   Y es que la personalidad de Dahle es uno de los elementos más controvertidos de la novela. He leído por ahí (aquí, por ejemplo) que se la compara con Lisbeth Salander y yo (al menos de momento, con una única novela leída) no lo veo. Es rara, sí... ¿pero es que ahora todas las mujeres raras son Lisbeth Salander? Creo que Lisbeth tenía unos motivos y no sé hasta qué punto son compartidos por Dahle pero, en cualquier caso, sus personalidades no me parecen iguales, más allá de sus peculiaridades y su fortaleza. Acabada la primera novela, Dahle me parece una mina por explotar, una rareza por descubrir. Creo que en La trampa de miel solo aparece dibujada a grandes rasgos y que aún nos queda mucho por descubrir e investigar junto a ella.
  Otra de las peculiaridades de esta novela es una de las fijaciones no sé si de la autora o de la saga: la constante presencia de la suciedad, del desorden y de los restos de comida. Parece una tontería o algo anecdótico pero, dentro de la novela, sirve para caracterizar con bastante acierto a los personajes que en ella moran, como si su falta de aseo o lo que comen determinara lo que son.
   De igual modo, también me ha parecido muy significativa la relación que la autora establece entre los humanos y los animales, relación que, en muchas ocasiones, funciona como gran metáfora del comportamiento humano y de las relaciones que establecemos entre nosotros y lo que nos rodea.
   Lindell crea una galería de personajes que viven juntos pero que están aislados en sí mismos y en sus mundos particulares, heridos, descosidos, con problemas para relacionarse con los seres que les rodean y que cargan sobre sus espaldas el terrible peso de sus pasados. Una galería de los horrores que hace que todos parezcan autores del caso que se investiga. Y en esa galería, podrían ser tan culpables los que investigan como los que son investigados.
   Un caso, por cierto, que nos sitúa frente a la inocencia cercenada, la infancia robada (por la muerte, sí, pero también por el afán de ser o parecen mayor, como le ocurre a las dos lolitas de la novela), frente al ejercicio de la paternidad y la maternidad y frente a los "qué podría haber hecho mejor" que siempre nos planteamos los padres en algún momento de nuestras vidas. 
     Por lo demás, La trampa de miel transcurre con el ritmo lento de las tardes de verano y se demora en la investigación sobre la condición humana y sus fracasos. Escrita con un estilo pulcro y trabajado, la primera entrega de Marian Dahle propone una novela negra diferente en la que el dolor por las vidas perdidas (las que se llevó la muerte, sí, pero también las que siguen transitando por este mundo) se convierte en gran protagonista.
    Nos seguimos leyendo.   




Agradezco a Siruela el envío de este ejemplar.

martes, 7 de enero de 2014

"El beso de la sirena negra", de Jesús Ferrero: juego de manipulaciones

http://www.siruela.com/catalogo.php?&opcion=autor&id_libro=1288

Ficha técnica:


Título: El beso de la sirena negra      Autor: Jesús Ferrero Editorial: Siruela       Género: novela negra              Páginas: 163   Publicación:  2009                      ISBN: 978-84-9841-301-4

Sinopsis (editorial):


 Esta primera novela negra de Jesús Ferrero es un relato intenso, lúcido y envolvente sobre el otro lado del deseo.
  «No le pido que indague en el alma de mi hija, sólo le pido que averigüe dónde se encuentra y qué clase de vida está haciendo.» Éste es el encargo que Lucía Valmorant hace a la detective Ágata Blanc para que localice a su hija. Las investigaciones la llevan hasta París, donde se encontrará con la verdadera Alize... Ágata será atraída por caminos que nunca habría imaginado y que la estaban aguardando como una revelación. Una novela que ahonda en el lado oscuro que todos escondemos, sin perder de vista lo mejor de la tradición noire clásica.
   Dice Jesús Ferrero que intenta que sus novelas sean como un sueño y, después de leer El beso de la sirena negra, he de decir que lo consigue. Lo hace a través de la presencia real de los sueños en el texto pero también creando un clima narrativo oscuro, onírico, en el que no sabes qué es verdad o que es apariencia y gracias al que se rompen las fronteras entre lo imaginado lo ocurrido, entre la investigación y la vida, entre la investigadora y la investigada, entre el papel y la persona.
     El beso de la sirena negra está protagonizado por una mujer, Ágata Blanc, una investigadora privada que es contratada por la madre de Alize para que localice a su perdida hija. A partir de esta premisa, aparentemente sencilla, Ferrero crea un juego de identidades verdaderas y falsas, de intenciones confesadas u ocultas y de intentos de manipular al otro que enreda la trama y, sobre todo, el objetivo último de cada personaje.
  Este juego de identidades (cada personaje principal tiene un papel real y, al menos, otro que interpreta para conseguir un fin, como cuando Ágata se caracteriza como un hombre para acceder al club en el que trabaja Alize) potencia el juego de voces que podemos encontrar en la novela: hay una parte narrada en primera persona por Ágata pero hay otra, también narrada en primera persona, en la que la que habla es Alize a través de un diario. Un diario en el que Alize muestra su verdadera cara y nos relata los traumas del pasado que nunca dejarán de ser presente.
    Ferrero reúne un catálogo de prácticas sexuales no habituales, violaciones, manipulaciones, enfermedades y mentiras que sirve para retratar un mundo oscuro y poco humano, quizá el que subyace bajo la realidad que vemos todos los días. Me ha fascinado la capacidad de manipulación que tienen los personajes centrales (Alize, Ágata y Lucía, la madre de Alize) y su grandísima predisposición a la pose, a la mentira, al engaño, al disfraz. Especialmente me ha removido la historia de la doctora que hace creer a sus pacientes que se van a morir para acompañarles en sus últimos momentos. Espeluznante pero, también, dice mucho de los seres humanos, de nuestra capacidad para soportar el dolor o la tragedia y de nuestra egoísta búsqueda de lo que creemos que es la felicidad.
    El beso de la sirena negra es, pues, una novela negra diferente, en la que el caso no es tan importante como toda la carga simbólica, referencial y metafórica que transmite. Una obra sorprendente para indagar el lado más oscuro del ser humano.
    Nos seguimos leyendo.   

 Puedes ver la reseña de la segunda entrega protagonizada por Ágata Blanc (La noche se llama Olalla) siguiendo este enlace.



sábado, 28 de diciembre de 2013

Enero: un mes para los asesinatos y los investigadores

http://librosquehayqueleer-laky.blogspot.com.es/2013/12/enero-mes-de-la-novela-negra.html
   Libros que hay que leer y Momentos de Silencio Compartido vuelven a la carga en 2014 con sus meses temáticos y empiezan fuerte, proponiéndonos leer al menos un libro de uno de mis géneros favoritos: la novela negra. Tengo varios pendientes, entre ellos Dies irae, que es que ya no me puedo aguantar más las ganas de leerlo, así que está claro que me apunto. Lo que no prometo ya es una previsión de libros, porque en enero tengo ya muchos compromisos adquiridos y no sé cómo irá la cosa. Pero alguna novela negra caerá... ¡seguro! Iré enlazando a continuación las reseñas que vaya publicando.
   Si te apetece sumarte a este mes temático puedes pasarte por el blog de Laky o por el de Lectora de Tot y Nora Bosco y comprobar qué tienes que hacer.
   Nos seguimos leyendo.

1.- El beso de la sirena negra, de Jesús Ferrero
2.- La trama de miel, de Unni Lindell
3.- La noche se llama Olalla, de Jesús Ferrero
4.- La noche de los peones, de Esteban Navarro
5.- Dies irae, de César Pérez Gellida
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