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lunes, 10 de abril de 2017

"Azul marino" (Ana Martí #3), de Rosa Ribas y Sabine Hofmann: perfecto cierre para una trilogía que merece más entregas



Título: Azul marino
Autoras: Rosa Ribas y Sabine Hofmann
Editorial: Siruela
Género: novela intriga, negra
Páginas: 360
Publicación: septiembre 2016
ISBN: 978-84-16854-16-5

 Azul marino, última novela de la serie policiaca de Rosa Ribas y Sabine Hofmann, cierra magistralmente la trilogía protagonizada por la joven periodista Ana Martí.
   Barcelona, 1959. Mientras la Sexta Flota norteamericana permanece fondeada en el puerto, alterando la rutina de una ciudad en plena dictadura, un marinero estadounidense es asesinado en un antro del Barrio Chino en lo que a primera vista no parece más que una simple reyerta arrabalera.
Pero una vez más, la indudable perspicacia e incansable curiosidad de la periodista Ana Martí serán fundamentales a la hora de esclarecer el suceso. Ya sea ejerciendo como intérprete del inspector Isidro Castro —viejo conocido con el que ya colaboró anteriormente— en su forzoso entendimiento con la Policía Militar de la Marina americana o bien desarrollando sus propias investigaciones para El Caso y Mujer Actual, nuestra intrépida protagonista irá desenmarañando una historia plagada de medias verdades e intereses diversos: los de quienes buscan un culpable español y los de aquellos que preferirían que el asesino fuera un extranjero. Además, una serie de tramas interconectadas, que van desde la prostitución y el contrabando de los bajos fondos hasta la degradación moral de las altas esferas de la burguesía, vendrán a complicar las cosas en este extraordinario fresco de una ciudad y un tiempo recreados con tal maestría que permanecerán para siempre en el imaginario de todos los lectores.
   Tras Don de lenguas y El gran frío, Rosa Ribas y Sabine Hofmann cierran ahora la trilogía protagonizada por la periodista Ana Martí con este Azul marino que me ha encantado. De todos modos, he de confesar que desde el principio de los tiempos tengo debilidad por la protagonista porque hace carne un modelo de mujer con el que comparto muchos valores y que me encantaría que fuera algo más que un personaje literario y se convirtiera en referente para muchas mujeres (y muchos hombres) de hoy y del futuro.
    Ya lo había demostrado en las dos entregas anteriores y lo vuelve a mostrar en esta: Ana Martí es valiente, es fuerte, se entrega en su trabajo, disfruta escribiendo e investigando (aún a costa de arriesgar su seguridad personal), es inteligente, es una mujer adelantada a su época que trata de abrirse hueco en un mundo de hombres, es perseverante, es decidida... y una cosa que me encanta: da igual que sea guapa o fea, poco sabemos de su aspecto físico.
    Y, en esta tercera entrega, ha de vérselas con dos casos de enjundia. Por un lado, el asesinato de un marine de los Estados Unidos que viajaba en un barco atracado en Barcelona. Por otro lado, el suicidio de una costurera que trabaja en un taller en el que acogen a mujeres "decarriadas" y les dan un nuevo futuro (esto también debería meterlo entre comillas).
    Las autoras van entrelazando ambas investigaciones a lo largo de toda la novela, entretejiendo sus avances aunque separando claramente de dónde proceden ambas: la primera tiene que vez con un trabajo como traductora que la policía encarga a Martí mientras que la segunda está relacionada con unos artículos periodísticos para los dos medios (tan diferentes) en los que trabaja la protagonista: El caso y Mujer actual.
    Más alla de la (conseguida) intriga, del (logrado) ritmo, del (interesantísimo) argumento y de una trama muy bien tejida, nuevamente Ribas y Hofmann añaden un plus (que siempre es muy de agradecer) en esta novela: la golosina de la ambientación perfecta. Como ya hicieran en sus otras dos novelas, las dos autoras cuidan al máximo los detalles hasta el punto de que logran que te metas no solo en la historia sino en la época y la atmósfera en las que desarrolla. Así, nos trasladamos sin esfuerzo a la Barcelona de finales de los años 50 y primeros 60 (de ahí que la incluya en la Yincana Criminal esta semana, donde se nos pedía la reseña de una novela que transcurra en una gran ciudad) y sentimos los sinsabores, las frustraciones y la desolación de unos años en los que el regimen franquista iba abriéndose pero demasiado lentamente.
    Y junto a la ambientación y el modelo de mujer que presenta, la tercera cosa que más me gusta de esta trilogía: los temas que nos presenta. En este caso, Ribas y Hofmann nos hacen reflexionar sobre cuestiones como la idiosincrasia americana y cómo es percibida desde otros países, los débitos de la dictadura, las intrigas policiales y políticas, la caza a los comunistas, el mundo de las drogas y la prostitución, las supuestas instituciones de caridad con las que la gente de bien lavaba su conciencia pero que, en el fondo, eran instituciones de opresión y maldad; el trato a las mujeres que se quedaban embarazadas fuera del matrimonio (super interesante toda esta parte; para mí, más que la del marine), la consideración que merecían los hijos de estas mujeres, el poder de la clase alta, la resignación de quienes no comulgaban con las ideas franquistas pero, también, su lucha silenciosa y la defensa de su ideología aún a costa de un cierto fracaso personal o profesional... Son muchas las cuestiones destacables de esta novela, cuestiones a veces secundarias pero que, además de hablarnos de una época muy concreta de la historia de España y hacernos sentir cómo se vivió, sacan a la luz zonas muy oscuras del régimen que, en su momento, se silenciaban e, incluso, consentían.
   Tampoco puedo olvidar la dimensión metaliteraria y lingüística que Ribas y Hofmann añaden siempre a las novelas protagonizadas por Ana Martí y no solo porque sea una periodista y por los estudios y la dedicación académica de la prima de Ana, Beatriz, con la que comparte casa y afición por las lenguas, sino también porque, en este caso en concreto, también se habla del padre de Ana, periodista que tuvo que dejar de escribir por sus ideas políticas y que ahora sobrevive publicando novelas de toda índole, románticas incluidas. El proceso de escritura y la recepción de este tipo de obras queda reflejado en esta novela poniendo una pincelada más a la reflexión sobre el quehacer literario y el uso que le damos a las lenguas que subyace en toda la trilogía.
    En definitiva, una novela de nuevo interesante y bien construida, que pone sobre la mesa temas más que atractivos y con un personaje principal que merece más que tres novelas.
     Nos seguimos leyendo.
  Agradezco a la editorial que me hiciera llegar este ejemplar para su reseña.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 100 libros22/100
  •  Reto Genérico16 (1/2 metaliterario)/40
  •  Reto Yincana Criminal9/15

lunes, 16 de febrero de 2015

"El gran frío", de Rosa Ribas y Sabine Hofmann: Ana Martí en la España más profunda

http://siruela.com/catalogo.php?id_libro=2485&completa=S


Título: El gran frío
Autoras: Rosa Ribas y Sabine Hofmann
Editorial: Siruela
Género: Novela negra, policíaca
Páginas: 312
Publicación: 18/06/2014

ISBN: 978-84-16120-64-2

Febrero de 1956. El invierno está siendo terrible, el más frío en España desde hace décadas. Esto no será un obstáculo para que Ana Martí, ahora reportera de un popular semanario de sucesos, acuda a un remoto y aislado pueblecito del Maestrazgo aragonés para cubrir el caso de una niña a la que han brotado los estigmas de la Pasión. El cura y el alcalde la reciben encantados ante la idea de que su “santita” se haga famosa en todo el país. Pero ni don Julián, el escéptico cacique del pueblo, ni la mayoría de los habitantes comparten sus simpatías hacia la forastera. Solo Mauricio, un pobre chico discapacitado, la  inteligente y extraña niña Eugenia y la atormentada viuda que hospeda a Ana parecen dispuestos a hablar con ella. Pronto su olfato de periodista le dice que el caso de Isabelita no es el único suceso extraño que acontece en Las Torres... El recuerdo de una niña muerta años atrás en misteriosas circunstancias, el fanatismo religioso y el frío glacial y la nieve que amenazan con dejar al pueblo incomunicado son el telón de fondo de la intrigas de El gran frío, un impactante thriller sobre los más bajos instintos de la condición humana que es a la vez un extraordinario retrato de la cruda realidad de la España rural en los años cincuenta.
   Disfruté mucho con Don de lenguas y he vuelto a hacerlo con El gran frío, aunque se trata de dos novelas muy diferentes entre sí. Obviamente, tienen muchos puntos en común: la prosa cuidada y eficaz de Rosa Ribas y Sabine Hofmann, la protagonista (la periodista Ana Martí), el fiel retrato de una época (el Franquismo), la precisión en el detalle o la capacidad para dosificar la intriga y mantener al lector interesado en lo que está leyendo.
   Pero en esta segunda novela protagonizada por Ana Martí el peso de Beatriz, la docta prima de la periodista, es muchísimo menor (y, por lo tanto, el peso de la filología y la lingüística también decrece, aunque hay guiños a estas áreas que me han encantado, como la referencia a cómo se crean las tonadillas infantiles) y el caso investigado tiene menos que ver con lo puramente criminal para adentrarse en el terreno de lo religioso, o lo pseudorreligioso, lo sobrenatural y lo milagroso. Y también lo supersticioso.
    Las autoras (que, hay que decirlo, escribirán a cuatro manos pero tienen tal grado de compenetración que es imposible distinguir dos autorías en vez de una única) nos sitúan cuatro años después de los sucesos narrados en Don de lenguas. Muchas cosas han cambiado en la vida de Ana Martí (tuvo que dejar La Vanguardia y trabaja ahora para El Caso) pero otras no lo han hecho tanto: no se ha cansado de luchar por ocupar un lugar digno en su profesión ni por conseguir la vida que quiere vivir, lejos de los cánones de la época para una mujer de su edad y condición (es decir, un matrimonio, unos hijos y una dedicación exclusiva al hogar).
    Ribas y Hofmann nos sacan, en este caso, de Barcelona y nos trasladan a un perdido pueblo de la España más profunda: Las Torres, en Teruel. Un entorno que se convierte en uno de los protagonistas más de la novela, con su cerrazón, las relaciones que se establecen en sus calles y, sobre todo, el gran frío que ha de soportar Ana. Un frío azota a toda España pero que castiga especialmente a la zona del Maestrazgo en el que se ubica esta pequeña localidad. Un frío que se nota en las calles y en la piel pero que también es capaz de convertir en hielo algunos corazones y de enfriar el trato hacia la intrusa.
   Máxime si esa intrusa pretende investigar sobre el tesoro del pueblo: Isabel, la santina, una niña en la que han aparecido los estigmas de Jesús y cuya veracidad tendrá que comprobar Ana. La periodista se verá, así, inmersa en una trama que aúna fe, egoísmo, silencio, ignorancia y abuso de poder para ofrecernos una historia llena capaz de causar pavor por su dureza y de dejar el corazón del lector tan congelado con las calles de Las Torres.
    Literariamente, el pulso de El gran frío es magnífico, la ambientación es espectacular y la trama está perfectamente imbricada. Pero desde el punto de vista humano, la segunda novela de Ribas y Hofmann remueve conciencias, siembra la reflexión sobre la España más oscura (por la época pero también por el entorno) y es capaz de sobrecoger con una historia con tan pocos inocentes. Una novela, pues, interesante como creación literaria pero, sobre todo, como reflejo de la condición humana, su falta de límites y su carencia de escrúpulos. 
    Nos seguimos leyendo.



Agradezco a Siruela el envío de este ejemplar.

   Incluyo este libro en los siguientes retos (2014):
  •  Reto 100 libros: 70/100

viernes, 1 de agosto de 2014

BBF#97: "El gran frío", de Rosa Ribas y Sabine Hofmann

  
  Justo ayer acabé Edén, de Andrés Pascual, y empecé El gran frío, de Rosa Ribas y Sabine Hofmann. Voy sobre seguro: sé que me va a gustar porque Don de lenguas me encantó. Y, de momento, lo que he leído, no me ha defraudado. Empieza así:

 BBF#97



 No me gusta este juego.
       No lo entiendo. ¿Hay que quedarse quieto?
       ¡El escondite! ¿Es el escondite?
       Pero ¿dónde están los otros? No me gustan los juegos que no entiendo.
       -Pili, no me gusta este juego. Venga, levántate.
       ¿Por qué no se levanta?
(“El gran frío, Rosa Ribas y Sabine Hofmann) 
    Me encantan Ana y Beatriz, las protagonistas de estas novelas. Cada una por una razón: Ana por el periodismo y Beatriz por la filología y la literatura. Mis dos pasiones en dos personajes. ¿Cómo no me van a gustar?
   Nos seguimos leyendo.

jueves, 11 de abril de 2013

Entrevista a Rosa Ribas, coautora de "Don de lenguas": “Queríamos dos mujeres de carne y hueso, con sus luces y sus sombras”




    Acabar de leer un libro y poder entrevistar a una de las autoras a los cinco minutos es un lujo que yo sólo he podido disfrutar con Rosa Ribas. Sumergida en la vorágine final que propone Don de lenguas (cuya reseña puedes leer aquí), poder intercambiar opiniones con quien ha creado a esos personajes, ha ideado esa estructura, ha trabajado esos datos, ha impuesto un ritmo muy específico y ha construido un escenario en el que pasear de su mano es una auténtica maravilla. Por eso, esta entrevista se convirtió en un fascinante intercambio de lecturas de la novela, de lazos tendidos y cabos recogidos, de propuestas y respuestas en el que también participó un joven estudiante alemán llamado Noel. 
   Don de lenguas es una novela escrita a cuatro manos por Rosa Ribas y Sabine Hofmann que mezcla novela policíaca, thriller y novela histórica para construir un universo al que entrar (no un mero escenario) y una intriga que comienza suave pero que se acaba poniendo muy muy interesante. Y peligrosa.

  • La primera pregunta es, quizá, obvia pero necesaria: ¿cómo se escribe una novela a cuatro manos? Sobre todo una novela negra, en la que ningún detalle puede quedar suelto, ningún cabo puede quedar sin atar.
  • Es un proceso muy diferente, así que lo hemos hecho, como te puedes imaginar, con mucho trabajo. Necesitas mucho tiempo… pero es una novela que queríamos escribir sin prisa. La hemos escrito con toda la calma del mundo porque lo que nos interesaba era el proceso. Al lector le importa el resultado pero a nosotras, en esta ocasión, nos interesaba el proceso. Aprendes mucho de cómo funcionas, de cómo vienen las ideas… No es el trabajo solitario que tienes normalmente, sino que tienes a alguien con quien estás discutiendo, hablando… y se da un proceso muy curioso a veces: tú tienes la idea A, la otra tiene la idea B y al final la que sale es la idea C. Es muy enriquecedor pero, claro, cuesta conciliar dos estilos, dos formas de trabajar, dos formas de pensar diferentes… Ha sido laborioso pero ha valido la pena, las dos hemos salido enriquecidas de este trabajo.
  • Claro, porque hay que tener en cuenta, además, sus diferencias culturales: usted en española y Sabine es alemana.
  • Yo llevaba 22 años en Alemania, pensaba que ya era más alemana que cualquiera… pero descubres que no, que los alemanes siguen siendo más alemanes que tú a la hora de trabajar. Por ejemplo, creando la trama: yo sé a dónde vamos, sé el camino, pero no necesito que todo esté tan detallado. Yo escribo a mano… y se me iba la mano a escribir más que a planificar. Pero Sabine me decía: “no, esto lo tenemos que pensar hasta el final (que es una expresión muy alemana)”. Entonces, claro, lo pensábamos hasta el final y nos ha venido muy bien hacerlo así, tenerlo más planificado. Fue más fácil tenerlo todo claro: cada una tenía sus capítulos que correspondían a determinados personajes. Cada una teníamos nuestra constelación de personajes pero a veces los intercambiábamos, para saber si conocíamos bien a los otros personajes. Para hacerlo, tienes que entrar en su cabeza, mirar a través de sus ojos… y así veías que lo tenías dominado, que lo conocías. Trabajamos así y cuando estuvo todo el texto (la mitad estaba en español y la mitad en alemán), nos tradujimos y al traducirnos hicimos el filtro más duro que podríamos hacer. Mientras estábamos escribiendo, Sabine me pasaba sus textos, yo a ella los míos y, como escritoras, ya íbamos corrigiendo, proponiendo, tomando notas… Pero cuando tomas ya la versión final y la tomas como traductora, ya no dejas pasar ni una: frases superfluas, fuera; contradicciones, fuera; diálogos que sobran o no te acaban de convencer, fuera… Ha sido un trabajo muy enriquecedor y nos ha enseñado mucho sobre el proceso. Al final hemos tenido la novela completa en español y completa en alemán, hay dos originales, ninguna es traducción de la otra. Pero para que no hubiera ninguna discordancia, yo soy la responsable final del texto en español y Sabine, del texto en alemán. No se nota que hay cuatro manos… ¡o tres! Porque ella utiliza el ordenador pero yo utilizo esta (y levanta la mano izquierda). Para asegurarnos de que no se notaba, se lo pasamos a una filóloga y nos confirmó que no se sabía quién había escrito qué parte. “¡Ahora sí esta!, ahora sí”, dijimos.
  • La verdad es que no se nota pero, leyendo el libro, sí he pensado que había cierto paralelismo entre protagonistas y autoras: Beatriz es más alemana, más racional, mientras que Ana es más pasional, más loca, más impulsiva…
  • Sí, es verdad. Cuando diseñamos los personajes, cuando esbozamos sus características, yo le pregunté a Sabine que si tenía alguna preferencia… y, claro, ella dijo que Beatriz (risas). Pero lo bueno es que, en el resultado final, no se nota la diferencia. De hecho, hay capítulos de Beatriz escritos por mí y capítulos sobre Ana escritos por Sabine. Hemos conseguido conocer tan bien al personaje que podíamos escribir la una los de la otra. Incluso hay capítulos que hemos hecho a medias, porque a lo mejor una se atascaba y le pedía a la otra “¿me lo puedes acabar?” y lo terminaba la otra. Domingo Villar comentaba en la presentación de la novela todo esto, destacando, precisamente, lo celoso que es el escritor… Es otra forma de escribir. Ha sido un proceso muy lento y conjunto y por eso, paralelamente, he ido escribiendo otra novela yo sola, porque necesitaba crear una novela más individual, donde estaba yo con mis cosas. Las hemos acabado a la vez.
  • Noel: ¿Por qué decidiste colaborar con ella?
  • Nos conocemos desde la universidad, cuando trabajábamos las dos en el Instituto de Románicas, y una vez le regalamos a una compañera muy querida que se marchaba de la universidad un relato, de unas 50 o 60  páginas, escrito por las dos. Era una novelita sobre Nebrija, escrita en alemán y en español, sin traducir, porque esta compañera era alemana pero leía perfectamente en español. Y nos gustó muchísimo la colaboración, el pensar la historia juntas, documentarnos juntas… Además, escribir en secreto (para escondernos de la compañera) nos dejó el gusanillo dentro para escribir un proyecto grande. Y luego se dio: había una idea para una novela en la que el conocimiento, el conocimiento de lenguas y de literatura tuviera un peso especial y que eso diera la calve para resolver el caso. Empezamos a pensar, a organizar, a buscar información sobre otros escritores que habían trabajado a cuatro manos y pensamos que nosotras lo íbamos a hacer todo juntas.
  • Su creación es mixta pero, en su clasificación genérica, también lo es porque tiene una parte policíaca, una parte histórica, otra de thriller… ¿Por qué esta mezcla de géneros? 
  • Era natural. Ambientamos la historia en los años 50, lo que exigía esa parte histórica, de documentación, pero el hilo conductor es una historia policial y queríamos que no cayera en algunos malos hábitos de la novela histórica (que la novela se pare para explicar la Historia, que es una cosa muy anacrónica: que un personaje, desde dentro de la historia, te cuente cómo es el momento… A mí me echa de la novela) así que le dimos ritmo de thriller. Y tiene una parte muy costumbrista (sin que ello sea peyorativo): mostrar la vida en el momento. No paramos nunca, el personaje no se pasea por un escenario, está dentro de ese mundo. No hay nadie que diga: “¡¡ay!! En esta época, en que había tanta miseria…”. No, la miseria la ves, y el hambre y qué anhelaba la gente: un plato de nata con nueces, que era un lujo absoluto, o unas medias. Contar cómo alguien se pintaba la rayita detrás de las piernas para simular que llevaba medias es muy gráfico, pero es algo muy de la época y revela lo que ocurría. Queríamos mostrar la vida pero sin que nadie se la contara al lector. Queríamos que fuera él el que viajara en el tiempo de la mano de Ana, de Beatriz, de Castro… de todos los que tienen una perspectiva propia en la novela. Es novela histórica, es policial, es filológica… por supuesto. Y nos halaga mucho que nos digan que es una novela con muchas capas. 
  • Capas que, además, están muy bien integradas, no chirría nada. Es muy sutil. Es lo que pasa, por ejemplo, con el análisis explícito de la sociedad que sí hay en muchas novelas negras o policíacas (e históricas). Aquí no aparece. Hay referencias, muchas de ellas muy sutiles, pero nadie explica nada, se da por hecho que (tal y como ocurre) el lector a sabe de qué se habla. 
  • Yo creo que a veces se subvalora al lector, se le explica todo demasiado. Y yo creo que el lector quiere extraer sus propias conclusiones. Ese es el papel del lector. Sugieres y él entiende. A mí no me gusta cuando llega el investigador y dice: “y ahora quietos, que os voy a explicar el mundo”, eso me echa de la novela. Me doy cuenta de que ya no estoy en ese mundo, de que el autor ha tomado posesión del personaje. Nosotras hemos intentado que todo sea más sutil, más sensorial… y me alegra mucho de que eso guste. 
  •  Noel: usted ha vivido mucho tiempo en Frankfurt, Sabine es alemana… ¿cómo pueden describir tan bien la Barcelona de los años 50? 
  •  Hemos hecho un trabajo de documentación muy hondo pero lo que más ayudó a Sabine a comprender esta Barcelona fue la comparación con Alemania. Analizamos cómo fue la posguerra española y la posguerra alemana. Ella partía de una perspectiva más contrastiva. Le llamaba mucho la atención que, por ejemplo, fuera justo en este momento en el que se estaba retirando en España las cartillas de racionamiento, cuando la guerra española acabó en el 39, y en Alemania en ese momento comenzaba el despegue económico, cuando su posguerra había comenzado seis años después, en el 45. Y en los 50 el país está ya en vías de volver a convertirse en una potencia económica. Para mí fue muy interesante contemplar estos elementos desde su óptica y nos permitía ver qué es lo que queríamos destacar. Había mucho que contar sobre los 50 y este tipo de comparaciones nos ayudó a ver en qué queríamos poner el acento. El trabajo de Sabine fue más intenso, en este sentido, porque yo tenía más recuerdos, más imágenes en la cabeza. Y tuvimos muchos informantes, disfrutamos mucho entrevistando a mucha gente: de la alta sociedad, del mundo académico, gente como mis padres… Le dieron mucho sabor a la novela. A veces nos regalaban comparaciones que lo dicen todo. Mi padre, por ejemplo, me decía, respeto a la comisaría de Vía Layetana: “¿te acuerdas cuando sacabas a pasar a la perra y, al pasar por delante de la consulta del veterinario, hacía una arco y se alejaba de la puerta? Así hacíamos nosotros”. No necesitas más. Estas imágenes comunican más que cuando alguien dice explícitamente: “ahí pasábamos mucho miedo” y para Sabine, que es una persona muy curiosa, fue un proceso de aprendizaje. Estos pasajes también los dimos a leer a personas que lo conocían para ver si les evocaba la época… y sus respuestas también nos ayudaron mucho. 
  •  Tanto Beatriz como Ana, los dos personajes principales de la novela, son mujeres atípicas para la época (mujeres que anteponen sus profesiones o su libertad al amor, al matrimonio, al modelo de felicidad de los años 50)… ¿Es un intento por hacer valer a mujeres marginales en aquellos momentos que, sin embargo, existieron y cargaron con el peso de ser diferentes? ¿O se trata de un anacronismo consciente para marcar la diferencia con el resto de personajes femeninos?
  • Queríamos evitar el anacronismo, así que justo lo primero. Beatriz representa lo que pudo haber sido y por eso está en ese exilio interior. Cuando pensamos en ese momento histórico en el que empezaron a surgir escritoras, periodistas… con gran efervescencia y todo eso se vio truncado… Beatriz es la persona que se ha quedado ahí y no puede ejercer su vocación, que es la enseñanza de la literatura y por eso su única esperanza es salir del país, irse a otro sitio donde pueda enseñar. Ana, por su parte, tiene un motor muy fuerte: la necesidad de continuar con la tradición familiar. Padre y abuelo fueron periodistas, su hermano ha muerto y ella tiene cierta necesidad de suplir al hermano en su relación con su padre. No queríamos que fuera una novela con gran carga psicológico pero sí se apunta esta idea. Para Ana nos sirvió de inspiración el personaje de Margarita Landi, la periodista de El Caso que comenzó a trabajar justo en esta época. Ana es como la Margarita Landi de Barcelona porque Margarita Landi empezó en sociedad, cubriendo bautizos, puestas de largo, la señora No-Sé-Qué nos muestra su magnífico traje de tenis… y después pasó a los sucesos, que era el otro tema de interés en la época. Como no podían tratarse temas que se consideraban deshonestos (todo lo que tuviera que ver con sexo), se pasó a la otra gran afición muy hispánica que es el morbo. El morbo sí se cultivaba, pero como vemos en la novela, siempre teniendo en cuenta que lo malo pasaba fuera; si era un crimen español, entonces servía para que se pudiera mostrar lo bien que trabajaba la policía. Ana también es un personaje atípico pero no es extraordinario para la época. Aunque choca constantemente con muros, porque es una mujer y está trabajando en La Vanguardia por una cuestión de mala conciencia, y eso a ella no le basta. Las limitaciones que se ponían a los periodistas en la época se hacen mayores en su caso por ser mujer.
  • Pero lo más curioso es que muchas de esas limitaciones y muchas de las discriminaciones que contáis en la novela se mantienen hoy en día. Se mantienen tanto en lo que se refiere a las diferencias de género como a lo que se puede y no se puede contar. Parece que no han pasado los años. 
  • Sí, en el fondo muchas cosas siguen así. La censura es un tema que está muy presente pero también la censura interior, la que se autoimpone el propio periodista. Es importante porque muestra hasta qué punto a uno lo van moldeando para que después uno mismo ya no lo diga, porque total… 
  • Noel: Es que en la carrera de Periodismo te hablan de la prensa como el cuarto poder y luego resulta que la noticia la tiene que leer antes el comisario para dar el visto bueno. 
  • Aquí es el comisario de policía pero en otros ámbitos será el jefe de redacción que no quiere líos ni con los que gobiernan ni con la empresa que nos patrocina. Yo creo que puede ser un libro interesante también para reflexionar sobre el papel de la prensa. En la novela se habla también del Caso Broto que también da una idea de hasta dónde puede llegar la prensa y hasta dónde no puede llegar. En Alemania hubo un caso muy similar, una prostituta que también fue asesinada, y su agenda desapareció, nunca se supo quién fue. La prensa también fue silenciada por completo. Y vemos que hay cosas que siguen ocurriendo hoy en día. Uno puede reflexionar y ver paralelismos y analizar qué pasó en la época y qué pasa hoy. Me gustaría que sirviera también para este tipo de reflexiones. Cada lector hace su lectura, hay que confiar en que el libro dé muchas opciones. 
  • Personalmente me han gustado mucho las dos heroínas que, en realidad, son un poco heroínas de pacotilla, ¿no? La rata de biblioteca y la periodista novata que se ven envueltas en un lío tremendo. Además, son dos personajes muy humanos que muestran sus contradicciones y sus anhelos en varias ocasiones. Es curiosa, por ejemplo, la escena del interrogatorio en la que Castro golpea a la interrogada y Ana se debate entre intervenir o no. Tiene miedo a que ella también pueda salir malherida pero, egoístamente, también a perder su trabajo. No es una heroína, es una persona, y como tal aparece retratada. 
  • La idea era que todos los personajes tuvieran sus luces y sus sombras. Ana es la protagonista y uno siempre piensa que el protagonista tiene que estar por encima moralmente… pero no. Ana muestra las limitaciones de la época con sus dudas. En esa escena, por ejemplo, Ana aprende que si quiere hacer su trabajo se tiene que quedar callada,  lo acepta. Todos los personajes salen algo manchados después del libro. Todos tienen cierta ambigüedad. Castro no se cuestiona, sabe que tiene el derecho a pegar y lo hace, aunque luego resulta que es un padre amantísimo. Ana y Beatriz también hacen cosas muy fuertes y acaban ensuciándose. Ana vive en una época en la que para salir adelante en su profesión tiene que jugar y si juega, empieza a formar parte del entramado. 
Noel me hizo una foto con Rosa
  • Hemos hablado de dos mujeres importantes en la novela… y es que hay una continua reflexión sobre el papel social y laboral de la mujer en la época. Aparece reflejado cómo debía comportarse, qué se esperaba de ellas, qué debían sentir… Hay una visión negativa de la mujer, propiciada por comentarios, miradas, adjetivos, formas de entender el comportamiento de las féminas (en boca, sobre todo, de hombres) pero las mujeres de la novela (o al menos estas dos mujeres) rebaten esa visión con sus actos… Hay una clara contraposición entre lo que se cuenta y lo que se ve, entre lo que se dice y lo que hacen. 
  • Claro, el lector entra en las perspectivas de las protagonistas y lo que ve son sus actos pero al mismo tiempo “escucha” las valoraciones de los otros. El lector descubre las dos caras de los personajes, por ejemplo, de Beatriz, que es una rata de biblioteca pero que demuestra que también tiene su cara de mujer de acción. La idea es ver, como siempre sucede en la vida real, hablamos de las personas y las imágenes que transmitimos no coinciden ni con las de los otros ni con las que ellos tienen sobre sí mismos. Queríamos que todo se relativizara, ningún personaje aparece de forma absoluta. Estas dos mujeres sacan su brío para salir adelante. A pesar de sus miedos, Ana lo hace y por hacerlo se mete en un lío realmente peligroso. Y Beatriz, que en principio no quiere meterse, acaba metida. Son personajes humanos, con sus contradicciones, pero que esperamos que el lector los quiera, porque todo el mundo toma decisiones correctas y decisiones equivocadas. Queríamos dos mujeres de carne y hueso. 
  • Noel: el contexto familiar de Ana es fascinante, con esa madre que distingue claramente lo que era Antes y lo que es el Después (de la guerra), con ese deseo tan grande de que su padre le reconozca su labor de periodista… Todo ello también da idea, efectivamente, de un personaje de carne y hueso que tiene problemas en casa y también en el trabajo. 
  • Como nos suele pasar a todos. A veces te presentan personajes que son perfectos en alguna faceta de su vida, que llegan a casa y tienen un marido o una mujer supercomprensivos, unos niños modélicos… No, esto no ocurre. Lo más normal es que los niños te haya destrozado media casa y que tu pareja esté tan cansada como tú…  y aún así tienes que seguir adelante. Todo el mundo tiene su propio motor, algo que le mueve y queríamos que eso quedara claro en la novela. Si lo hemos logrado, eso es lo mejor que le puede pasar a un personaje.

  • Antes has dicho que un libro ofrece una lectura diferente a cada lector. Yo, como periodista, he visto una metáfora entre el juego que se produce en la novela con la diferencia entre la versión oficial y lo ocurrido realmente y lo que se vivió en la época (o seguimos viviendo, depende de lo que se mire). ¿Es una manera de poner en duda la Historia oficial, de reivindicar la verdad que hemos perdido por el camino? 
  • Sí, es una de las lecturas posibles. De los años 50 hemos hablado poco y está empezando a salir mucho material ahora. Es una época de silencios, de sobreentendidos, de hablar entre líneas… Yo creo que vamos aprendiendo ahora cómo eran. Tenemos muy clara la posguerra, los años 40, y muchas veces hay como un salto a los 60, y los 50 se quedan ahí… Pero la gente también tenía ilusiones y deseos en los 50, tenía ganas de hacer algo. Hemos tomado para la novela el año 52 porque es un año importante políticamente, porque muchos pensaban “bueno, esto ya pasará” y de repente se produce el reconocimiento oficial internacional del Régimen y hay que cambiar las opiniones: “¡uf!, esto va para largo”. Económicamente se va viendo un poco la luz al final del túnel pero políticamente se cierra una puerta. Pero la gente seguía viviendo, con sus ilusiones, y eso queríamos mostrar. Queríamos dar a conocer esa Historia que se ha contado poco, porque la gente que la vivió tampoco se ha parado mucho a contarla. Pero, ahora, en cambio, notas que la gente tiene ganas de hablar de ello, ahora es el momento para recuperar esa parte perdida de la Historia, esa Historia en blanco y negro. 
  • Noel: Para terminar, mi pregunta es: ¿por qué eligieron como título Don de lenguas? Porque es un título que llama mucho la atención. 
  • Teníamos el título bastante claro desde el principio porque la idea era llamar la atención sobre el tema de la lengua, tan importante en la novela. Por un lado está todo el conocimiento lingüístico de Beatriz, que resulta clave para ir resolviendo el caso y, por otro, la sagacidad lingüística de Ana para entender lo que le cuenta la gente, para comprender lo que le dicen. Además de todas las referencias literarias que aparecen en la novela, claro.
   Nos seguimos leyendo.
 
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