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viernes, 20 de mayo de 2016

"Un millón de luces", de Clara Sánchez: ¿quién es nuestro yo real: el del trabajo o el de fuera del entorno laboral?

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Título: Un millón de luces
Autora: Clara Sánchez
Editorial: Alfaguara
Género: novela contemporánea
Páginas: 299
Publicación: 2003
ISBN: 84-204-0070-X

 La Torre de Cristal es uno de los grandes edificios de oficinas que pueblan cualquier ciudad. Allí la narradora se encuentra involucrada en las vidas de jefes y compañeros cuyas inquietudes, secretos y obsesiones tejen una atmósfera que la va absorbiendo poco a poco. Entre todos forman un mundo de supervivientes que tratan de adaptarse a una realidad cambiante y llena de gestos que no se sabe lo que esconden. Como si nos asomáramos a las ventanas del edificio, la envolvente estructura de Un millón de luces nos descubre las historias entrelazadas que componen la apasionante intriga de la novela y de la vida, impregnada de necesidad de amor, espejismos e incertidumbre. Clara Sánchez capta con ironía y ternura lo que los tiempos traen, el mundo en que vivimos, el ahora aparentemente banal. Y lo hace con la prosa sutil, enigmática y al mismo tiempo transparente y directa que la define.
   Este fue el primer libro que leímos en el Club de Lectura de adultos de Azuqueca este curso (¡y aún tenía la reseña por publicar! ¡Madre mía!) y creo que deja tanto margen a la construcción de la historia por parte del lector que le sacamos bastante jugo, la verdad. Como suele ocurrir con Clara Sánchez, construye sus historias a base de pequeñas cosas, casi de detalles, que a veces nos parecen casi intrascendentes. Creo que esta es una de las cosas que más me gustan de Sánchez como escritora, que se fija en lo que otros pasan de largo y te muestra, así, una vida que es igual a la tuya pero diferente, aunque solo sea por la capacidad de observación de muchos de sus personajes.
    Me ha pasado esta vez con la protagonista de su novela, la chica que nos habla en primera persona pero que a la que casi ni conocemos, centrada más en contarnos lo que pasa a su alrededor que lo que se cuece dentro de ella misma. Gracias a esta narradora en primera persona testigo, Sánchez nos sumerge en el mundo de las grandes oficinas, de las que están situadas en altísimos edificio, y nos habla de la perspectiva de las cosas que se obtiene desde ellas. ¿Siguen interesando los mismos temas? ¿O cambia el punto de vista, el enfoque? ¿Lo que preocupa o deja de preocupar es diferente? 
   Sánchez se centra en la mirada sobre lo personal desde el ámbito laboral. Más que describir las rencillas entre compañeros (aunque también desfilan por la novela, claro está), la narradora opta por ver la humanidad de cada uno de los jefes y compañeros que la protagonista va encontrando en su ascenso (literal y metafórico) en la empresa. Así, descubre el lado más humano, más imperfecto, menos impostado de quienes van compartiendo espacio con ella. Y cuando no es así, cuando habla del espacio laboral compartido como mero telón de fondo (laberinto, lo llama ella), en el que habitan fantasmas, sombras, susurros y ojos, más que personas de carne y hueso, por algo es. 
    Al final, la sensación que me ha quedado, después de recorrer la Torre de Cristal con la protagonista de la novela, es un poco contradictoria. Por un lado, me ha gustado conocer las historias de los jefes (algunas muy jugosas, otras que caen más en ciertos tópicos de sobra conocidos pero siempre, como ocurre con Sánchez, que hacen pensar que hay más vida debajo de lo que se ve a simple vista) pero, por otro lado, la sensación de no haber profundizado en la narradora y sus vivencias personales me ha dejado un poco descolocada, así como la trascendencia de lo contado, del efecto futuro de lo que la protagonista ha vivido en esa Torre de Cristal. Mi lectura (ya sabes que siempre intento buscarle una lectura, un significado a todo) es que lo que pretende reflejar es, por una parte, lo poco que en realidad conocemos a nuestros compañeros de trabajo, aunque pasemos más horas al día con ellos que nuestra propia familia y, por otro, la intranscendencia real de lo que ocurre en el entorno laboral: sí, comemos de ello y ocupa una gran (grandísima) parte de nuestro día a día pero... ¿es real? ¿Es esa nuestra vida? ¿O nuestra vida es todo lo que queda fuera de nuestras personales Torre de Cristal? ¿Quiénes somos: los que trabajamos o los que aparecen después de salir de la oficina?
     Nos seguimos leyendo.


lunes, 7 de marzo de 2016

"Tres vidas de santos", de Eduardo Mendoza: ahondando en la imperfección del ser humano



Título: Tres vidas de santos
Autor: Eduardo Mendoza
Editorial: Booket
Género: relatos
Páginas: 192
Publicación: 03/04/2012
ISBN: 978-84-322-0467-8

 «La ballena» es el relato más cercano a las crónicas barcelonesas que han hecho célebre al autor; «El final de Dubslav», ambientado en África, es una narración de rotunda intensidad con un final impresionante; y por último, «El malentendido» es una profunda reflexión sobre la creación literaria y el difícil diálogo entre clases sociales. En los relatos que comprenden este volumen hay personajes que podrían calificarse de santos: no son mártires ni anacoretas, pero son santos en la medida en que están dispuestos a renunciar a todo por una idea, que cultivan sus obsesiones en su relación con los demás.
   Me gusta cómo escribe Eduardo Mendoza. Por eso, cuando en el curso que hice entre octubre y noviembre sobre estereotipos femeninos en la literatura del siglo XX nos propusieron una lista de autores para hacer un trabajo final comparativo, me costó poco decantarme por Mendoza y por Almudena Grandes. Y así es cómo he leído este volumen de tres relatos que me ha gustado en lo literario aunque, como lo he leído con los ojos de un estudio de género, he visto algunos detalles que no me han agradado tanto.
     Mendoza nos presenta tres relatos que, como él mismo dice en el prólogo de la edición que he manejado, no tienen en común más que el hecho de retratar las vidas de tres personas que poco tienen de santos, burlándose así de la perfección de la hagiografía clásica, de la que Mendoza se confiesa devoto lector, a pesar de no ser demasiado religioso. El autor pone así de manifiesto las contradicciones inherente al ser humano, las fuerzas ocultas que nos llevan a no ser excelentes (ni siquiera buenos, a lo sumo, mediocres) y que, por lo tanto, nos hacen imperfectos, humanos, reales. 
    Con su estilo ágil y su mirada profunda sobre el ser humano y sus circunstancias, Mendoza retrata aquí a un complejo compendio de personas que tropiezan y caen, que engañan, que trampean, que se aprovechan de los demás, que no saben ver la luz que brilla en quienes tienen al lado o que, simplemente, no dan más de sí. Son lo que son, con sus luces y sus sombras, sus grandes gestos y sus pequeñas ruindades de cada día.
     He de confesar que el libro me gustó mientras lo estaba leyendo y que me dejó un buen sabor de boca cuando lo acabé. Mi problema vino después, cuando me tocó hacer el trabajo de género y escarbar en los personajes femeninos que se nos presentan en la obra y cuál puede ser el motivo de que Mendoza haya optado por este tipo de personajes femeninos y no otros. Porque, la verdad, tienen tela. Y como mi lectura de esta obra está ligada a ese trabajo, no puedo dejar de comentar algunas de mis conclusiones en este sentido.
     Mirando los relatos bajo esta lupa, en el primero de ellos, Mendoza nos presenta dos estereotipos de mujer bien clásicos y bien patriarcales: la mujer sumisa que nunca dice una palabra más alta que otra y la mujer controladora, beata pero que las mata callando. Además, retratando la sociedad española de los cincuenta y los sesenta, dos mujeres renuncian a su carrera y optan por casarse y tener hijos.
    En el segundo de los cuentos, el modelo de mujer es justo el contrario (una científica volcada en su carrera profesional) pero Mendoza opta por ofrecernos una visión negativa de esta situación y nos habla de ella como de una mujer capaz de tener un hijo solo para quitarse de encima la demanda de cualquier tipo de relación social y de ceder después sus crianza en un sinfín de enfermeras y cuidadoras. De hecho, el relato se centra en las taras que ese hijo ha padecido toda su vida por culpa de una madre volcada en la ciencia.
    En el último cuento, el autor sí que nos presenta a una mujer que equilibra su vida profesional y personal pero, no sé, el personaje se me ha hecho un poco frío y un poco acomodaticio; una de esas personas que delega las decisiones en un supuesto destino que va guiando su presente y su futuro. Además, en un momento dado, el narrador dice que “en aquella época mujeres empezaban a acudir masivamente a la universidad y la mayoría elegía la carrera de Filosofía y Letras, en la que la competencia con los varones era menor (pags 153-154), con lo que transmite una clara inferioridad por parte de la mujer que sí, puede ser universitaria, pero no quiere (¿porque no puede?) competir con un hombre en lo académico.
     No sé si el reflejo de estos estereotipos es consciente o inconsciente o tiene más que ver con el retrato de una época determinada que con las convicciones del autor... pero ahí están. Y esta lectura ha cambiado mi percepción global del texto, así que ni siquiera sé si quedarme con la primera impresión o con la segunda. En fin, ahí lo dejo.
     Nos seguimos leyendo.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto Olvidados: 12

jueves, 18 de junio de 2015

"Adiós, muñeca", de Raymond Chandler: descubriendo a uno de los grandes



Título: Adiós, muñeca
Autor: Raymond Chandler
Editorial: El País (serie negra)
Género: novela negra
Páginas: 288
Publicación: 2001
ISBN: 8496246655

 Un nuevo caso llega a las manos de Philip Marlowe: ha de encontrar a la novia de un matón recién salido de la cárcel. Aun cuando cree que el encargo es de poca monta, las cosas se complican cuando la joven decide casarse con un anciano cargado de millones. Muertes violentas y policías corruptos de Los Ángeles se cruzarán en su camino, así como los inolvidables Malloy el gigante, Geiger el pornógrafo y Velma Valente. Fue llevada al cine y Robert Mitchum encarnó al investigador.
   Gustándome tanto como me gusta la novela negra, sentía que tenía una inmensa deuda con quien es considerado uno de los padres del género: Raymond Chandler. He aprovechado la Yincana criminal para condonar mi pecado y, la verdad, he disfrutado mucho del camino.
   Lo primero que me ha impactado de Adiós, muñeca es su personaje central: ese Philip Marlowe que nació como personaje y acabó convertido en tópico, en cliché de género, en arquetipo de un determinado tipo de detective que tanto juego ha dado en la literatura y el cine. Marlowe es cínico a más no poder, es carismático, es incluso violento no solo por las peleas en las que se mete sino por su manera de encarar la vida y a sus moradores. Amante (o adicto) del alcohol y el tabaco, Marlowe utiliza el whisky como moneda de cambio entendiendo al milímetro la necesidad y el comportamiento de quienes comparten con él la afición por la bebida. Es el clásico tipo duro, el hombre que está de vuelta de todo, el que va por la vida con la certeza de saber más que los demás.
    Sin duda alguna, una de las claves de la novela es él. Marlowe conquista desde la primera línea y la narración en primera persona no hace sino incrementar ese halo de malditismo atrayente que desprende cada cosa que nos cuenta. 
    La segunda de las claves de esta obra, para mí, es el estilo de Chandler. Me ha conquistado su manera de contar, su capacidad para mimetizarse con Marlowe y el trabajo de orfebre que supone tanto la trama como la forma literaria con la que esa trama llega al lector. Durante mucho tiempo se consideró que la novela negra era un género menor, pero creo que libros como este demuestran que las tramas que enganchan no están reñidas con un pulcro y cuidado estilo literario.
    Ni tampoco con la reflexión sobre la sociedad en la que vivimos, sobre todo, sobre sus defectos. Es la tercera gran baza (para mí) de la obra: su capacidad para ahondar en la miseria de la corrupción y en la mezquindad de quienes la alientan y llevan a la práctica. Chandler realiza un profundo análisis de una sociedad oscura, llena de maldad, egoísta y centrada en valores como la riqueza y la gloria personal.
     Así pues, quedo más que agradecida a Carmina y a Kayena porque su yincana me ha dado el impulso que necesitaba para saldar esta gran deuda con uno de los grandes.
     Nos seguimos leyendo.



   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto Libros Olvidados: 3
  •  Reto Autores de la A a la Z: CH 18/26
   
  Te dejo dos enlaces sobre Adiós, muñeca, que me han interesado: la crítica que publicó El País cuando sacó a la venta el ejemplar que yo he leído y la reseña de El búho entre libros, buenísima, como siempre.

domingo, 31 de mayo de 2015

"El misterio de la cripta embrujada", de Eduardo Mendoza: una maravilla, se mire por donde se mire



Título: El misterio de la cripta embrujada
Autor: Eduardo Mendoza
Editorial: Seix Barral
Género: novela de suspense, detectivesca, humor, parodia
Páginas: 192
Publicación: 17/01/2006
ISBN: 978-84-322-1701-2

 
  La acción nos es relatada desde la perspectiva de un único narrador —el personaje principal, detective improvisado cuya creación es uno de los más felices hallazgos de la obra— y se halla comprimida en un marco temporal muy reducido en cuyo interior se encadenan los más inesperados e intrigantes acontecimientos.
  Leí esta novela cuando era muy muy jovencita (sé que en algunos institutos es, desde hace años, una de las lecturas obligatorias que los profesores eligen -y, la verdad, me parece un acierto-, pero no fue mi caso) y ya iba teniendo ganas de una relectura que me recordase lo mucho que me gusta Eduardo Mendoza y lo poco que he leído de él en comparación con lo mucho que disfruto de sus libros. Es verdad que tiene una bibliografía más que extensa y que haber leído tooodos sus libros es tarea prácticamente de una vida pero con este autor tengo la sensación de que he leído menos de lo que me gustaría. Y eso es imperdonable. ¿Reto para el año que viene? Le daré unas vueltas...
     Mendoza es capaz de construir una novela de intriga y suspense utilizando los elementos clásicos del género pero introduciendo ciertas transgresiones que logran introducir una veta de humor en el texto pero (y he aquí, para mí, uno de los grandes logros de la obra) sin romper el género, sin destruirlo. Es como una parodia seria, por decirlo de algún modo, una burla pero que no destruye, sino que suma y le da un giro muy interesante al género.
    De hecho, el propio autor cuenta en una nota explicativa en mi edición (el libro se publicó originariamente en 1979 y mi ejemplar es de 2010, decimoséptima reimpresión, que se dice pronto) que lo escribió uniendo dos preocupaciones/obsesiones/sucesos de aquel momento: por un lado, todo lo que estaba pasando en España, durante la Transición, momento histórico que él vivió en Estados Unidos; y, por otro, que acababa de leer una novela de Ross McDonald y se planteó escribir no tanto una parodia como un homenaje, eso sí, con su particular estilo y su forma de concebir la literatura. Y así nació esta novela que, según confiesa en la misma nota, terminó en una semana y que tanto le gustó escribir. Tanto que, a día de hoy, cuando le preguntan que de todas las novelas que ha escrito cuál es su obra más querida, todavía contesta (aunque sin hacer un feo a las demás, claro está) que esta.
     Y no es para menos. El misterio de la cripta embrujada nos presenta a uno de esos personajes inolvidables de la literatura española. Un personaje que ejerce de narrador y de improvisado investigador del caso, recién salido de una institución mental y metido de lleno en la investigación de una niña desaparecida en extrañas circunstancias en un colegio de monjas, tal y como ya ocurriera seis años antes. Un personaje sin nombre, histriónico, de rápida inteligencia y con una capacidad mimética y para adoptar personalidades diferentes asombrosa. Un personaje a caballo entre Lázaro de Tormes y Don Quijote, que bebe, pues, de la más alta tradición literaria española pero que la trenza con la tradición americana de las novelas policíacas y el halo de las novelas de misterio y terror de toda la vida. Y lo hace con maestría, con elegancia y sin que nada chirríe. Un hallazgo, pues.
    Ese personaje es clave para el humor de la obra junto a algunas situaciones disparatadas y, sobre todo, los nombres con los que Mendoza bautiza a otros personajes de la novela o los que utiliza el protagonista en sus numerosos cambios de personalidad. Un buen ejemplo de cómo un autor puede utilizar algo tan aparentemente banal como los antropónimos para mejorar el tono y la intención de la obra.
     Pero más allá del humor y de la trama detectivesca, el tercer gran pilar de la novela es el componente de crítica social que subyace en ella. Crítica social y también moral, si nos atenemos a las razones por las que desaparecen las chicas, asunto del que no voy a hablar porque no quiero destripar el misterio a nadie pero que pone el acento en la hipocresía y el valor (exagerado, diría yo) que algunos dan al dinero.
    Y por si todo lo dicho fuera poco, encima se lee muy bien. El ritmo es ágil; las escenas, trepidantes; el argumento, perfectamente tramado; los capítulos, cortos y la acción no da tregua. Y la guinda del pastel: el estilo de Mendoza, su pluma, su capacidad para armar novelas y para contarlas como solo él sabe hacerlo.
     En definitiva, un capricho, una chuchería literaria que se disfruta con glotonería pero que, además, alimenta. Poco más se puede pedir.
     Nos seguimos leyendo.



   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto Libros Olvidados: 2 
 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Reto Libros Olvidados

http://nosololeo.blogspot.com.es/2014/12/reto-libros-olvidados.html

  Los dos últimos años he participado en el Reto 12 meses 12 libros, propuesto por Carmina, de De tinta en vena, y aunque he conseguido superarlo en ambas ocasiones, he de reconocer que este año me he sentido un poco encorsetada con él. 2015 será un año diferente a los anteriores, más parecido a lo que ha sido el último tercio de 2014: espero mantener el trabajo (y aumentarlo, a poder ser) así que mi tiempo para leer se reduce considerablemente. Por eso, pensaba no apuntarme a casi ningún reto este año o hacerlo a aquellos que, aunque me supongan algún esfuerzo (si no, ¿para qué?), puedo superar sin demasiadas presiones.
  Resumiendo, que he visto el reto que nos propone No solo leo este año y que me parece más flexible y más adecuado a mis circunstancias. Puedes ver las bases y comprobarlo aquí. Así que me apunto a este y trataré de sacar todos los libros olvidados (es decir, anteriores a 2010) de mis estanterías que pueda durante 2015. Iré enlazando las reseñas a continuación.
  Nos seguimos leyendo.
  1.  Al morir Don Quijote, (2004) de Andrés Trapiello
  2. Némesis, (2003) de Ágatha Christie
  3. La montaña del alma, (2001) de Gao Xingjian
  4. La princesa de hielo, (2007, aunque la edición que yo leí es de 2012, pero supongo que vale para el reto) de Camila Läckberg
  5. El misterio de la cripta embrujada, (1978, aunque mi edición es de 2006) de Eduardo Mendoza 
  6. El hombre que amaba a los perros, (2009) de Leonardo Padura
  7. Adiós, muñeca, (1940, aunque mi edición es de 2001), de Ramond Chandler
  8. Algún amor que no mate, (1996. No lo he reseñado este año porque fue una relectura y ya había colgado la reseña en el blog) de Dulce Chacón
  9. Yo maté a Kennedy, (1972) de Manuel Vázquez Montalbán
  10. Boy, (1984, mi edición era de 2005) de Roald Dahl
  11. Matilda, (1988, mi edición era de 2002) de Roald Dahl
  12. Narradores de la noche, (1999, mi edición era de 2012) de Rafik Schami
  13. El bosque, (2007, aunque mi edición era de 2010) de Harlan Coben
  14. El chino, (2008) de Henning Mankell
  15. Un millón de luces, (2004) de Clara Sánchez
  16. Emma, (1815, mi edición es de 2010) de Jane Austen
  17. Tres vidas de santos, (2009) de Eduardo Mendoza
  18. Modelos de mujer, (1996) de Almudena Grandes
  19. Oposiciones a bruja y otros cuentos, (2000) de José Antonio del Cañizo
  20. Las brujas, (1983, mi edición era de 2005) de Roald Dahl
  21. Los Batautos, (1978, mi edición era de 2003) de Consuelo Armijo
  22. La felicidad de la tierra, (1999, aunque mi edición era de 2015) de Manu Leguineche
  23. El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, (1886, aunque mi edición era de 2015) de Robert Louis Stevenson
  24. El lado bueno de las cosas, (2008, aunque mi edición era de 2013) de Matthew Quick
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