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viernes, 15 de marzo de 2013

"S.E.C.R.E.T.", de L. Marie Adeline: una mirada a la dimensión liberadora del sexo
























Ficha técnica:


Título: S.E.C.R.E.T.              Autor: L. Marie Adeline
Editorial: Planeta    Género: novela erótica    Páginas: 288
Publicación: 19/02/2013    ISBN: 978-84-08-05081-0

Sinopsis (editorial):


 Cassie, la protagonista, es una joven viuda que es introducida en una sociedad underground, S.E.C.R.E.T. que permite a las mujeres llevar a cabo sus fantasías y disfrutar al máximo de su sexualidad.
 
Una vez se acepta entrar en la organización, la mujer debe seleccionar las diez fantasías que quiere vivir. Cada capítulo cuenta una fantasía sexual de la protagonista. Con cada una de las fantasías las mujeres van creciendo y ganando en autoestima y libertad.
   Por cada una de las fantasías cumplidas, la participante recibe un abalorio para colgar en su pulsera como símbolo de la prueba superada. Cada abalorio lleva escrito lo que ha aprendido y se corresponde con uno de los pasos.

  Una vez se han cumplido las 10 fantasías, las mujeres pueden decidir libremente si abandonan el club S.E.C.R.E.T. o permanecen en él como participantes activas y buscando nuevas adeptas.
Segura. La fantasía no debe suponer ningún peligro para la participante.
Erótica. Tiene que ser de naturaleza sexual y no una simple imaginación platónica.
Cautivante. Debe despertar en ella un auténtico deseo de hacer realidad.
Romántica. La hará sentirse deseada.
Eufórica. Experimentará alegría y felicidad en el acto sexual.
Transformadora. Y la vivencia provocará un cambio fundamental en su vida.

   Millones de mujeres comparten un secreto ¿Te atreves a descubrirlo? S.E.C.R.E.T.
   Ésta es la historia de un sí. Un sí capaz de cambiarte la vida. Pero hay vidas que merecer ser cambiadas, y la de Cassie es una de ellas. Tal y como nos cuenta la autora de la novela al comienzo y a través de diferentes pinceladas a lo largo del resto del relato, Cassie es una mujer a la que la vida ha golpeado con saña. Viuda antes de llegar a los 30, de un marido alcohólico que la llegó a maltratar físicamente en dos ocasiones y con una infancia solitaria y difícil, Cassie va agotando los años de su treintena en una progresiva espiral de abandono, desesperanza, soledad y asfixia. Creo que la autora transmite muy bien ese tono triste, angustiado, hastiado, gris. Me parece imposible no empatizar con esta Cassie que ha perdido el color, la ilusión, la luz y el lustre y que deja que los días resbalen por su piel sin que lleguen a entrar dentro de ella. Cassie vive dentro de la coraza que ella misma ha ido construyendo a lo largo de los años, para defenderse de una vida demasiado hostil, de los golpes y de la decepción pero que, al fin y al cabo, también la separan de la vida, del contacto humano, de la posibilidad del amor.
   Todo cambiará, claro, cuando entre en contacto con el club secreto y exclusivísimo S.E.C.R.E.T., especializado en la liberación de la mujer a través del disfrute de su propia sexualidad. Me ha interesado especialmente esta línea argumental de la novela, no tanto por el contenido y la realización de las fantasías sexuales que hacen de ella una novela erótica, como por la ideología que subyace en esta propuesta. Tradicionalmente, a las mujeres se nos habla del sexo de dos maneras (y ninguna era buena, que diría el dicho): en primer lugar, como pecado. El sexo es eso que hay que evitar hasta que una llegue al matrimonio y, una vez dentro, tu marido es el que te guiará y te enseñará todo lo necesario para manejarte en los encuentros que él crea oportuno tener. Cierto es que hablo de una forma de entender las relaciones sexuales (espero) ya trasnochada, pero que ha tenido mucho peso en la sociedad y cuyas consecuencias seguimos arrastrando. A mí, que tengo 37 años, sólo las monjas me hablaban de llegar virgen al matrimonio y de que no siguiéramos los cantos de sirena de esos chicos que nos querían llevar por el camino del mal, robarnos "la flor" y dejarnos tiradas a un lado de la senda, nada más satisfecho el pronto del deseo. En casa, nadie me contó estas milongas, pero mi educación sexual tampoco fue más allá del "tú haz lo que quieras, pero aquí no traigas nada" (entendiendo por "nada" ni niños ni bichos). Una enseñanza fiel a la segunda vía desde la que a las mujeres se nos ha hablado del sexo: la de la advertencia, la del ten cuidado con los embarazos no deseados y las enfermedades que llegan a través del intercambio de fluidos.
    Obviamente, el camino de la advertencia siempre debe ser mantenido, sobre todo porque, en el lado opuesto, muchas jóvenes han hecho oídos sordos o han tirado por la vía de en medio, con prácticas que han dejado ojipláticas a muchas enfermeras de urgencias (y hablo con conocimiento de causa). Pero el camino de la advertencia debe estar acompañado por el de la educación, la responsabilidad y (dimensión tantas veces olvidada) el del placer y el proceso de maduración que el sexo puede conllevar. Primero, la educación, porque no puedes decirle a una niña "tú ya sabes" si no le has dicho lo que tiene que saber, si has dejado su educación sexual en manos de otros (colegio, amigos, campañas informativas...): métodos anticonceptivos, enfermedades venéreas, SIDA... y modos de evitarlas, claro. Segundo, la responsabilidad porque el sexo es genial, sí, pero implica una gran responsabilidad, porque entran en juego una serie de sensaciones, de sentimientos que exigen un cierto grado de madurez. Y unas liberaciones químicas que, como explica Matilde, la mentora de Cassie, pueden hacer que confundas sexo y amor y empieces a tomar decisiones equivocadas. 
   S.E.C.R.E.T. incide en todas estas consideraciones: en el sexo como sexo puro, desligado completamente del amor; en la liberación de la mujer a través de la vivencia (y disfrute) de su sexualidad y en los efectos que esta liberación puede lograr en la forma de ser de una mujer: más seguridad, mayor control de las propias decisiones, mayor apertura mental, ver a los hombres como compañeros y no como príncipes azules... Y eso me ha gustado mucho del libro. Pero, siendo esto así (que lo es), el final me ha dejado totalmente descolocada, porque es como hacer una gran bola con todo lo que le hemos enseñado a Cassie a lo largo de 280 páginas para tirarla a la basura. Al final, la protagonista no toma una decisión, huye hacia delante, empujada por el peso de las circunstancias. No decide libremente, sopesando pros y contras, con la madurez y la libertad que (supuestamente) ha aprendido (según lo que nos han contado en el resto del libro), sino que lo hace decepcionada por los acontecimientos y golpeada, una vez más, por un mundo que no parece contar con ella para seguir girando. Y esto... no me cuadra con el resto. Es más, me parece contradictorio, incompatible. Y es el gran pero que le pongo a una novela, por lo demás, entretenida, ágil, fácil de leer, escrita en una primera persona que nos permite conocer a Cassie desde dentro, de sus sentimientos y sus pensamientos y que nos hace sentirla cercana, como a una buena amiga. También es verdad que el final abrupto, demasiado precipitado, y este descuadre entre el resto del libro y el suceso final puede ser fruto de que (según contó Laky en su reseña -reseña que te recomiendo y que cuenta muchas cosas que yo no digo en ésta-) éste sea el primer libro de una trilogía (más). Pero lo cierto es que me ha dejado un sabor agridulce en la boca. Quizá tenga que esperar a leer los demás para cambiar mi balance final.
   Nos seguimos leyendo.

   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 13.000 páginas: 288/13.000
  •  Reto En Femenino: 13/15
  •  Desafío100 libros: 12/100
  • Reto Sumando: 12/2013 

miércoles, 13 de marzo de 2013

"La canción de Nora", de Erika Lust: buscando un camino propio









Ficha técnica:


Título: La canción de Nora         Autor: Erika Lust               Editorial: Espasa                         Género: novela erótica       Páginas: 295
Publicación: 14/02/2013       ISBN: 978-84-670-1845-5

Sinopsis (editorial):


  Nora tiene veinticuatro años, mucho carácter y arrojo, más sentido del humor y, sobre todo, unas ganas infinitas de disfrutar de lo que la vida le pone por delante.
  Durante los inicios de su carrera en el cine en la Barcelona más cool, se debatirá entre dos hombres muy diferentes: Xavier, un joven productor ambicioso y sofisticado, y Matías, un creativo apasionado, atractivo y misterioso.
   Con Erika Lust, reconocida y galardonada directora de cine «porno para mujeres», por fin llega una auténtica profesional a la narrativa erótica contemporánea.
   Sinceramente, yo no clasificaría esta novela como erótica. Hay sexo, claro, pero ni es el tema principal de la novela, ni hay demasiadas escenas, ni las que hay ocupan muchas páginas. Ni siquiera es una novela romántica, porque aunque amor, y dudas, y amantes... tampoco conseguir un hombre de bien está entre los planes de éxito de Nora. Ésta es, más bien, una novela de descubrimiento, de aprendizaje, de crecimiento. Una novela de búsqueda de caminos, de realización de sueños, de análisis del proceso de maduración.
   Quizá por eso me costó entrar en ella. Me parecía lenta, que lo que contaba era poco importante, que no iba al grano, que lo que iba narrando no llevaba al momento en el que empezaría la acción. Hasta que me di cuenta de que la historia era camino y de que no había destino al que llegar, que Nora seguiría caminando, y yo de su mano, buscando su lugar en el mundo, buscando su sitio, intentado convertir sus sueños en realidad y luchando por crear sueños nuevos que perseguir.
   Como en todo camino hacia la madurez, Nora encuentra obstáculos, personas que la impulsan y personas que la frenan, desconocidos que llegan y amigos que se quedan a un lado de la senda. Es ley de vida. No hay demasiado análisis de lo que ocurre, como si Nora nos quisiera dar una lección que quizá debería aplicar más de vez en cuando: la vida se vive. Y ya está. No hay que darle vueltas a todo todo el tiempo. Se vive, se siente, se disfruta, se espera a que pase la resaca y se vuelve a respirar.
     Esto no quiere decir que Nora sea una descerebrada. De hecho, es una de las protagonistas de novela erótica más despierta, más fuerte, más optimista, más realista, más emprendedora, con más arrojo, con más desparpajo y con menos pudor mal entendido de cuantas he leído. Es joven, es guapa, es atractiva y tiene toda la vida por delante.
    Erika Lust nos cuenta los siete años que Nora pasa en Barcelona incidiendo en un puñado de momentos no especialmente significativos (aunque alguno hay, claro). Nos habla de juergas, cenas, ligoteos, trabajo, ropa, nuevos proyectos, experimentos... A veces deja pasar largos periodos de tiempo sin que sepamos nada de lo que ha ocurrido en ellos, aunque luego nos hace un resumen somero de los acontecimientos más importantes. Y, sin embargo, algunos sucesos poco trascendentes estás contados con detalle, casi al minuto. 
   Siendo la autora una reconocida directora de cine porno para mujeres (tal y como la presentan en la solapa del libro) y dedicándose (o queriéndose dedicar) la propia Nora al mundo del celuloide, está claro que en toda la novela va a estar muy presente todo lo relacionado con el universo cinematográfico. Desde la descripción del trabajo que en él se realiza, hasta el uso de términos y argot propios de él, pasando por la narración de momentos significativos (y siempre mistificados), como el estreno de una película y toda la parafernalia de alfombras rojas, taconazos y vestidos de polvorón. De hecho, hay acontecimientos narrados con una técnica bastante cinematográfica y sueños descritos como si fueran escenas de películas, además de la reflexión sobre el cine en sí (como la discusión sobre el cine comercial vs cine de autor o, barriendo para casa, la ausencia de películas porno hechas con una sensibilidad diferente, más femenina, más natural). Por cierto que, hablando de sueños, una cosa que no he acabado de entender es la capacidad para dormir de esta chiquilla, cercana a veces a la narcolepsia (creo yo), menos cuando está a punto de cumplir su gran sueño, que entonces es devorada por el insomnio crónico. ¿Ironía? ¿Real como la vida misma? 
   La canción de Nora está escrita con un ritmo ágil y un vocabulario juvenil y cercano en el que (como única pega) sobran algunos anglicismos (como "entre los dos chicos de su vida no había flow" o "escoger su outfit", por ejemplo). Para contrarrestar, Nora utiliza con muchísima frecuencia dichos de toda la vida y refranes de su abuela que ponen un contrapunto muy gracioso a la historia de esta medio sueca, medio española enamorada de nuestro país y que atesora dentro de sí lo mejor de ambas formas de ver el mundo. También utiliza palabras inventadas (como "engordantes") que, para mí sobran, aunque confieso que "sincericidio" debería entrar en el DRAE ya. 
   Una novela que transmite optimismo, vitalidad y juventud, más allá del mucho o del poco sexo que pueda describir. Una obra para hablar de la mezcla de culturas, de las pequeñas cosas del día  a día, de la familia, de los amigos, de los novios, del sexo y del amor, de los cambios importantes de la vida y de las mujeres que cogen las riendas de su propia vida    
   Nos seguimos leyendo. 
      
  Agradezco a Espasa el envío de este ejemplar. 




   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 13.000 páginas: 295/13.000
  •  Reto En Femenino: 12/15
  •  Desafío100 libros: 24/100
  • Reto Sumando: 18/2013
  • Reto 25 españoles: 20/25 (aunque la autora es de Estocolmo, la obra está escrita originariamente en castellano)
 


martes, 12 de marzo de 2013

"Las edades de Lulú", de Almudena Grandes: el sexo como camino de aprendizaje y dolor
























Ficha técnica:


Título: Las edades de Lulú      Autor: Almudena Grandes
Editorial: Tusquets             Género: novela, novela erótica Páginas: 264
Publicación:  marzo 1989    ISBN:  978-84-7223-364-5

Sinopsis (editorial):



  Las edades de Lulú, que obtuvo el IX Premio La sonrisa vertical, es una larga historia de amor que, como cualquier historia de amor que no se resigna a dejar de serlo, va haciéndose más compleja y envolvente.
   Sumida todavía en los temores de una infancia carente de afecto, Lulú, una niña de quince años, sucumbe a la atracción que ejerce sobre ella un joven, amigo de la familia, a quien hasta entonces ella había deseado vagamente. Después de esta primera experiencia, Lulú, niña eterna, alimenta durante años, en solitario, el fantasma de aquel hombre que acaba por aceptar el desafío de prolongar indefinidamente, en su peculiar relación sexual, el juego amoroso de la niñez. Crea para ella un mundo aparte, un universo privado donde el tiempo pierde valor. Pero el sortilegio arriesgado de vivir fuera de la realidad se rompe bruscamente un día, cuando Lulú, ya con treinta años, se precipita, indefensa pero febrilmente, en el infierno de los deseos peligrosos.
   Hay libros que envejecen con los años. Incluso los hay que envejecen mal. Hay otros que, sin llegar a envejecer, sí necesitan una mínima contextualización, no tanto para comprender o para disfrutar de la historia que nos cuentan como para calibrar justamente sus méritos. Creo que a Las edades de Lulú le pasa eso. Si abres el libro, sin saber nada sobre su autora, la época en la que fue escrito, que se hizo con el XI Premio La Sonrisa Vertical de novela erótica... puedes disfrutar (bueno, disfrutar... y padecer) la historia de Lulú/Marisa con más o menos gusto. Hoy en día, después del huracán Grey, puede que no te parezca tan diferente, que no te sorprenda (aunque lo dudo, porque Almudena Grandes se atreve con lo que E. L. James sólo promete) o que ni siquiera aprecies su valor entre tanta novela erótica como se publica actualmente. Pero si piensas que se escribió en 1989 y recuerdas cómo eran las cosas y, sobre todo, la literatura entonces, tal vez no te quede más remedio que admirar a Almudena Grandes y confirmarla como la gran escritora que es y que ya entonces apuntaba.    Las edades de Lulú supuso un gran desafío por abordar la sexualidad de la mujer en primera persona y sin tabúes. Durante la Transición, las mujeres empezaron a salir del armario literario, comenzaron a escribir... o quizá mejor habría que puntualizar: a escribir y a publicar. En una literatura dominada por los hombres escritores y los hombres protagonistas (en la que habría que subrayar con rotuladores de brillantísimos colores excepciones tan magistrales e imprescindibles para nuestras letras como Ana María Matute, Carmen Martín Gaite o Carmen Laforet, entre otras -pocas más-), las autoras comenzaron a abrir un hueco para la literatura femenina, entendida ésta como la literatura escrita por mujeres y que ahonda en el universo femenino, no estrictamente dirigida a las lectoras pero que sí las atrapa de un modo especial. En la década de los 70 y de los 80 comienzan a aparecer escritoras como Ana María Moix, Rosa Montero, Esther Tusquets, Carmen Riera, Josefina Aldecoa, Montserrat Roig... que pretenden romper el mercado editorial (de manera que incluya a la mujer como potencial autor de éxito) y la temática tradicional en la literatura, incluyendo la perspectiva femenina.
    En este proceso, la obra de Almudena Grandes supone un paso más allá. Durante esos años se convierte en habitual la novela de introspección que analiza la psique y las vivencias de la mujer. Si a eso se le suma que, durante los años finales del Franquismo, el sexo se convierte en una poderosísima arma de lucha que defiende la libertad del ser humano frente a la beatería y la mojigatería de la dictadura, Las edades de Lulú resulta ser una obra puente que une dos de las corrientes más rupturistas de aquellas décadas: la vivencia, disfrute y no ocultación de la sexualidad y la indagación en la construcción de la mujer como persona, como ciudadano, como ser humano. 
    Esa pugna entre pasado y presente (con promesa de futuro incluida), entre Franquismo y democracia, entre radicalismo y libertad está muy bien representada en la novela a través del choque entre los padres de Lulú, su forma de vivir, su manera de entender las relaciones y su evolución personal, y la protagonista y su hermano Marcelo. Quizá uno de los puntos culminantes y más visuales de esa ruptura, de esa forma diferente de abordarse a sí misma como mujer, sea el momento en el que, poco antes de que tenga su primera menstruación, Lulú se sorprende a sí misma con un olor que no reconoce en su propia piel. “Me ha cambiado el olor”, se asombra. Y, en consecuencia, comienza una indagación que le lleva a olisquear su propia ropa, la ropa de los demás y hasta las sábanas de sus padres, en la búsqueda de las razones de ese cambio. La madre la descubre y, en lugar de hablar con ella, de abordar los cambios hormonales que sufre toda mujer en ese momento concreto de su vida y afrontar el proceso con naturalidad, la madre va a la cárcel en la que está encerrado Marcelo, el hermano mayor de Lulú (Marisa para su madre), por motivos políticos y trata de convencerle de que sea él, desde prisión, quien advierta a la preadolescente de los peligros de su actitud. Frente a la curiosidad, la advertencia; frente a la normalidad ante un proceso natural, la prohibición; frente al diálogo, la censura; frente al descubrimiento del ser que uno es, el dogma, el pecado, la ocultación. 
    Y así es también Las edades de Lulú respecto a la literatura precedente: una ruptura, un aire fresco, una vía abierta, un camino por recorrer, una parte fundamental de la vida de las mujeres, oculta hasta el momento, que ahora pugna por convertirse en asunto literario más, en primera persona y con la voz propia de una joven precoz y curiosa que, sin embargo, llegará a probar el dolor del infierno en sus propio cuerpo. 
    Porque el feminismo de Las edades de Lulú está más en la actitud que en la propia historia. Sí, Lulú rompe con la forma de vida de sus padres (y, por lo tanto, de toda una época histórica en España), con las prohibiciones y con la mojigatería. Lulú se deja llevar por su curiosidad, sus ganas de experimentar y un afán por conocer su propio cuerpo y su propia sexualidad que comienza muy pronto y con una flauta como improvisado sustitutivo fálico. Sí, Lulú es desinhibida, nunca ha sentido pudor respecto al sexo (sí frente a la hipocresía social) y trata de saciar su curiosidad sin que los límites de la religión, el pecado, el castigo, el qué dirán, el autocontrol o los falsos mitos sobre la sexualidad femenina frenen su camino. Pero también es verdad que Lulú es, al final, un ser sometido, una mujer que ha cambiado la figura autoritaria del padre (ausente en el relato) por el aperturismo sexual de Pablo, amigo de Marcelo, once años mayor que ella, marido y amor absoluto e irremplazable de su vida, al que vive sometida emocionalmente. 
   La novela, que podría incluirse en la categoría de novela de aprendizaje sin problemas, cuenta la trayectoria vital y sexual que Lulú realiza de la mano de Pablo, el único amor que ha tenido y (por lo que parece) tendrá. Una trayectoria que empieza muy pronto (comienzan a enamorarse realmente el uno del otro cuando ella sólo tiene once años) y que llevará a Lulú por un camino de búsqueda, de curiosidad, de satisfacción, de adicción al sexo y de degradación que tiene dos finales posibles: o el aniquilamiento y la destrucción o, siguiendo un guión más clásico, la aparición estelar del príncipe azul que salve a la princesa de todo mal. O de una combinación de ambos, como creo que es el caso. 
    Dice Catherine G. Bellver en el artículo Las ambigüedades de la novela feminista española (Letras Femeninas Vol. 31, No. 1, Número especial Encuentros Transatlánticos: La identidad femenina en voces españolas y latinas actuales. Verano 2005)  que la novela “se inventa un nuevo tipo de mujer que se encuentra a sí misma a través de su cuerpo no tanto para declara su autonomía como para realizar su propio sentido del poder. No obstante, como explica la hispanista Jill Robbins, los actos textualizados de este novela no puede igualarse a una emancipación de la mujer ya que la protagonista está sometida a todo tipo de estereotipos y a figuras del poder masculino”. Además, la fijación de Lulú por los homosexuales tampoco me parece a mí muy representativa de la sexualidad femenina. Aunque, claro está, como una novela erótica que pretende dar un paso más allá, echa mano de personajes, estereotipos y situaciones poco convencionales (si es que lo convencional existe en el ámbito del sexo). 
    Más allá del erotismo, Las edades de Lulú reflexiona sobre la infancia, sobre el territorio perdido de la infancia, sobre los adultos que sólo saben ser niños y sobre los niños obligados a ser adultos demasiado pronto. Sobre las Lulús a que los cinco años han de dejar de ser pequeñas y convertirse en Marisas capaces de cargar sobre sus hombros el peso de los hermanos que llegan después. Además del peso de su propia vida. 
    Una novela que deja un poso amargo en la boca, con pasajes duros, en la que no sobran las escenas de sexo explícito pero que es mucho más que una obra erótica. 
    Nos seguimos leyendo.      
     


   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 13.000 páginas: 264/13.000
  •  Reto En Femenino: 11/15
  • Reto 12 meses 12 libros: 3/12
  •  Desafío100 libros: 22/100
  • Reto Sumando: 18/2013
  • Reto 25 españoles: 18/25        
 


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