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lunes, 4 de mayo de 2015

"El amor se me hace bola", de Bárbara Alpuente: por una nueva manera de ser mujer



Título: El amor se me hace bola
Autora: Bárbara Alpuente
Editorial: Planeta
Género: humor, no ficción
Páginas: 208
Publicación: 06/05/2014
ISBN: 978-84-08-12829-8

   Me han dicho que el hombre de mi vida aparecerá cuando menos me lo espere, pero... ¿cuánto tiempo tengo que no esperármelo para que aparezca?
    El amor ya no dura mil años. A pesar de la presión social, cada vez son más las mujeres que no siguen los patrones vitales marcados por madres y abuelas. Muchas no acaban de encontrar al hombre de su vida, ni falta que les hace. ¿Son fracasadas o son pioneras de un nuevo modelo de feminidad? Bárbara Alpuente se convierte en una divertidísima antiheroína y nos ofrece una historia, a caballo entre la ficción y el retrato generacional, sobre las vicisitudes que comporta ser mujer en el siglo XXI. ¿Quién no ha ido alguna vez a la peluquería para reforzar su autoestima y ha salido hundida en la miseria? ¿Quién no ha vivido sola y se ha comprado 400 gramos de jamón de york porque la cifra sonaba de lo más razonable? ¿Y quién no ha pensado que moriría sola, bien sola, víctima de un trozo de fuet atrapado en la garganta?
   Bárbara Alpuente nos invita a reírnos de nosotros mismos (sobre todo, de nosotras mismas) y nuestra búsqueda incansable de un amor que nos han vendido como el mejor estado en el que ser humano puede (y debe) vivir y que, tal y como demuestra la experiencia (sobre todo, la de la narradora de esta obra) no lo es tanto. Alpuente utiliza tópicos, clichés, convenciones sociales y prejuicios para restar dramatismo a eso de la soltería y para preguntarse la razón de la obsesión social por tener pareja.
     La autora no deja parcela sin analizar y, así, siempre desde el humor, la ironía y, a veces, hasta la sátira, hace un recorrido por la aventura de las citas y los noviazgos, del ligoteo a través de internet, del sexo, de las compras, de la maternidad, de la familia... Compone, así, un universo reconocible con el que, al margen de ciertas exageraciones (literarias o no), es fácil identificarse e, incluso, compartir algunas de sus vivencias.
     No se trata de una novela, aunque el pulso narrativo de la obra es muy bueno y hace que lo leas casi sin enterarte, ni tampoco de un ensayo sino, más bien, de una recopilación de anécdotas, reflexiones y críticas expresadas en primera persona por una Bárbara que no tiene pelos en la lengua y que utiliza la experiencia personal como argumento para contradecir muchas de las frases que siempre nos han dicho sobre el amor, la pareja y las relaciones.
     La gran apuesta de esta obra es, más allá del humor, una propuesta muy interesante: "para ser una mujer completa necesito dejar de sentir que soy una mujer a medias". Alpuente rompe, así, con muchos mitos sobre la mujer y subvierte ciertos modelos que, machaconamente, se han impuesto a nuestro género: hay que enamorarse para sentirse completa, hay que ser buena profesional, hay que casarse, hay que tener hijos, hay que tener la casa como los chorros del oro, hay que estar siempre perfecta, hay que preocuparse por la imagen, hay que, hay que, hay que... La autora anima, desde el humor, a vencer la presión social (o las presiones sociales) y atreverse a seguir los dictados del propio corazón. O de la propia cabeza.
    Un libro, pues, que habla de asuntos serios (muy serios) desde una perspectiva reivindicativa y, por supuesto, sin perder la sonrisa. O, incluso, haciendo que el lector también muestre la suya.
     Nos seguimos leyendo.

Agradezco a Planeta el envío de este ejemplar.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 25 españoles: 20/25

lunes, 3 de diciembre de 2012

"Háblame, musa, de aquel varón" ("Trilogía de la huída", 3), de Dulce Chacón:



    El tres parece ser el número mágico para Dulce Chacón, al menos en su Trilogía de la huída: tres novelas maravillosas, que retratan tres tipos de mujeres diferentes,  construidas mediante tres triángulos amorosos, tres ideas clave sobre las que reflexionar (la violencia, la incomunicación, la invisibilidad)... Pero yo no puntuaría estas novelas con un tres, sino que les daría un diez, por lo que enseñan, lo que ocultan, lo que hacen sentir al lector, las reflexiones que promuevan, las tres formas narrativas diferentes que sustentan las historias y por un estilo literario perfecto, lleno de hermosura, intimismo y ternura.
    En Háblame, musa, de aquel varón (publicada originariamente en 1998) el triángulo lo componen Adrián, un escritor y guionista de cine que espera su gran oportunidad; Matilde, su bella esposa, y Ulises, el productor de la película para la que Adrián escribe el guión. Adrián, cegado por su propia vanidad, egoísta y narcisista, solo concibe a Matilde como extensión de su propia personalidad: no cree que ella tenga nada que decir, controla sus lecturas, no valora su inteligencia... Para él, Matilde cumple el papel que muchos escritores han otorgado a su esposa en la vida real: un bello adorno que llevar en la solapa pero a la ni siquiera creen capaz de leer y entender sus obras. En la propia novela, Chacón habla del caso de Nora, la esposa de James Joyce, ejemplo paradigmático de este tipo de mujer: inculta pero fidelísima, que jamás leyó la obra de su marido. 
    Será Ulises el que vea a la invisibilizada Matilde. Y no solo la verá (que, al fin y al cabo, es lo que pretende Adrián: que todo el mundo vea a mujer, lo bella y lo callada que es) sino que la escuchará. Es más, hará que hable, le hará preguntas, cuyas respuestas oirá y valorará. De esta manera, también estimulará a la propia Matilde, que querrá contestar a las preguntas de Ulises y se preparará para ello.
    El personaje de Matilde va, pues, ganando peso a lo largo de la obra. Al principio, solo la vemos como reflejo de lo que Adrián ve en ella... o sea poco o nada. De hecho, intenta cerrar la ventana que Ulises le abre al mundo, se niega a relacionarse con él, se siente indignada cuando Adrián la obliga a cenar o a prolongar la velada con el productor. Pero al final comprende que vivir con alguien no es compartir tu vida con él, que la vida que ha llevado con Adrián no ha sido vida, no ha habido amor más allá del que ella le ha profesado a él ni sexo más allá del que ha colmado las necesidades del escritor. 
   No será hasta que Matilde se haya marchado cuando Adrián examine su relación, buscando las razones de su huída. Se reprochará, entonces, no haberse interesado por Matilde, no compartido lo que ella sentía y pensaba, no haberle pedido que le hablara de ese varón que acabó por llevársela. 
    El título de la obra se convierte, así, en pilar básico de la novela. "Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo" son las palabras iniciales de la Odisea de Homero, lo que ya nos da una pista sobre el telón de fondo que supondrá la obra en esta novela. Aunque, más que sobre Homero (que también, sobre todo de Penélope y sus razones para esperar), los personajes debatirán sobre el Ulises de James Joyce, sobre el que Adrián pretende hacer una personal versión cinematográfica. La novela de Chacón tiene, pues, una dimensión metaliteraria en la que los personajes hablan, interpretan y opinan sobre la literatura precedente, componente que, personalmente, siempre me parece un aliciente para leer una determinada obra.
    Uno de los aspectos más peculiares de la novela es su narrador. No suelen escribirse muchas obras en segunda persona, porque es difícil mantener la apariencia de diálogo a lo largo de todas sus páginas. Háblame, musa, de aquel varón, lo mantiene, como vemos, desde el título. De hecho, mi interpretación personal sobre quién es el que cuenta la historia se basa, precisamente, en el título: para mí es la musa la que, tras la petición de Adrián (háblame de aquel varón), analiza lo que la aparición de Ulises (el varón citado, tanto en el caso de Homero como en el de Chacón) supuso para el matrimonio de Adrián. Con un tono de reproche y de pesadumbre, el narrador va señalando los errores del guionista, mostrándole lo que hizo mal, lo que no supo ver, lo que dejó pasar, lo que no advirtió, lo que, en definitiva, cambió el rumbo de su historia (personal y profesional) y, también, las consecuencias de su distracción: ese insomnio al que constantemente alude y que, como en la Biblia, dura ya 40 noches. No obstante, el narrador también podría ser él mismo, una especie de conciencia que haga autocrítica por él, que le señale sus errores y exponga, claramente, lo que no sabía entonces de la vida y las relaciones y ahora sabe, tras haberlo aprendido de la forma más dura posible.
    A todo el trasfondo literario y a la trama sentimental, Dulce Chacón añade en este novela el problema de la inmigración a través de una línea argumental protagonizada por las dos personas que guardan la finca de Ulises a la que los personajes se trasladan para escribir el guión de la película: una marroquí, Aisha, y su marido, Pedro. Aisha contará a Matilde su llegada a España, lo que sufrió como ilegal, lo que dejó en Marruecos, las costumbres de su país... y se irá convirtiendo en una confidente y amiga para ella. La vida de Matilde empezará a pivotar alrededor de la Aisha, totalmente comprometida y seducida por las palabras de la guardesa. Esta subtrama pone ante los ojos del lector la dureza de la inmigración, la tragedia humana que hay detrás de ella y que no siempre vemos, al tiempo que revela el rechazo que provoca, por envidias, meros prejuicios o, en el peor de los casos, un fanatismo lleno de odio y violencia hacia lo foráneo que no puede generar más que destrucción y muerte.
    En definitiva, que me ha gustado mucho la novela, lo que cuenta y cómo está escrita. Ya lo era pero me reafirmo como fan acérrima de Dulce Chacón y ya estoy deseando leer lo (poco) que me queda de ella por conocer. 
    Nos seguimos leyendo.

Ficha técnica:

Título: Háblame, musa, de aquel varón (Trilogía de la huída, 3)  
Autor: Dulce Chacón 
Editorial: Punto de lectura    Género: novela    Páginas: 192  Publicación  26/09/2007    ISBN: 9788466369152

  Las otras dos novelas de la Trilogía de la Huída son:

lunes, 19 de noviembre de 2012

"Algún amor que no mate", de Dulce Chacón: la violencia que destruye la vida



    Pocos libros me han hecho sentir tantas cosas mientras lo leía como lo ha hecho este. Es muy cortito, son solo 128 páginas, lo he devorado en menos de un día. Y he empleado más tiempo porque en un par de ocasiones he tenido que parar, he tenido que cerrar el libro, despejarme, alejarme de una historia dura pero contada con una ternura sin parangón, desprenderme de la angustia de esa Prudencia desdoblada, aislada, maltratada.
    El título ya lo dice todo: Algún amor que no mate habla sobre la violencia doméstica, la violencia de género, la violencia que ejerce el hombre sobre la mujer a la que considera suya, objeto de su posesión al que puede tratar como a una silla o a un armario. Prudencia, cosificada, encerrada, coja, sumisa, alienada, despojada de su propia personalidad mira a través de la ventana en busca de un mundo que ya no le pertenece, un mundo al que ya no pertenece; un mundo que la ha olvidado y que ha sido incapaz de ayudarla a remontar. Por eso, habla consigo misma, se cuenta a sí misma el nacimiento de un amor que no resultó ser como ella esperaba. El amor de un hombre enfermo mentalmente, que la llama mamá cuando hacen el amor (aunque hayan pasado ya 15 años desde la última vez) y que se consuela con una amante a la que también maltrata. 
    Prudencia se encoje, se empequeñece, languidece en la espera. Desde una cama de hospital ve a quienes fueron su familia, sus amigas, su familia, su marido pedirle perdón, tratar de enmendar los errores que la han llevado a lo no existencia, al olvido, a la ausencia hasta de sí misma.
    Por el tema que trata, es una novela socialmente interesante. Pero literariamente también lo es, porque Dulce Chacón incluye varias voces narrativas que dan perspectiva a la historia, completan el argumento y añaden tanto dramatismo como credibilidad. En primer lugar, Prudencia nos cuenta en primera persona cómo ha vivido sus años de matrimonio. En segundo lugar, la mujer apartada y maltratada se desdobla para hablar consigo misma en tercera persona ("Prudencia me contó", dice para completar la narración de la vida de la protagonista). Su deterioro psicológico y su soledad justifican este diálogo consigo misma, esta dualidad entre la cordura y la razón, entre quien ha entregado su vida por un hombre que no merece la pena y quien es testigo de esa vida desaprovechada. Esta voz hace las veces, en algunas ocasiones, de narrador omnisciente, sin apelaciones directas a la protagonista, por lo que podría hablarse de una voz omnisciente dentro del relato. De todos modos, hay párrafos en los que no se diferencia claramente quién es el narrador y, en otros, la voz narrativa se dirige en segunda persona a Prudencia reprochándole su actitud, como si de su propia conciencia se tratara. Finalmente, en la novela también escuchamos la voz de la amante del marido de Prudencia, a través de las cartas que envía a este. Su presencia epistolar la distancia de la narración, potenciando la imagen de tercera en discordia, de invitada a un matrimonio condenado al fracaso, al tiempo que completa la historia presentando ante el lector pasajes de su también frustrada historia de amor y pone un contrapunto a la personalidad de la protagonista: Prudencia se dejó ahogar, se consumió en un matrimonio sin esperanza pero ella no hará lo mismo. Ella optará seguir adelante y librarse de un amor que puede llegar a matar.
    En cualquier caso, la intención de los narradores no es dar todos los detalles de estos amores condenados al fracaso. No hay descripciones de los personajes, ni de los lugares en los que se desarrolla la acción, no hay orden cronológico en los acontecimientos. Lo que importa es el análisis de los sentimientos, la profundización en las sensaciones y los estados psicológicos, sobre todo, de Prudencia. Es, pues, una novela de sentimientos más que de personajes o de acciones; una novela que refleja tantos sentimientos como despierta en el lector.
    Algún amor que no mate se lee del tirón, con el corazón en la mano y la angustia apretando fuerte la garganta. Es una novela sosegada que desasosiega, por los sentimientos que presenta y por su verosimilitud; que no se recrea en la violencia, aunque sí describe algunos episodios y da a entender a alguno más. Escrito con una prosa ágil, que destila tristeza, ternura y belleza a partes iguales, pone el dedo en la llaga de uno de los problemas más graves de la sociedad actual. Una lacra que mata, que marca y que anula. Una lacra basada en la errónea supremacía del hombre sobre la mujer y en todo un andamiaje de creencias sociales, canciones, frases hechas y consejos maternos que la sustentan y refuerzan. "Una mujer no debe enmendarle la plana a su marido", "una mujer debe velar para que a su marido no le falta de nada", "una mujer debe hacer lo que a su marido le haga feliz"... piezas de una sabiduría popular obsoleta, que afianza el patriarcado y convierte a las mujeres en meros apéndices matrimoniales. Una filosofía de vida casi superada pero que sigue haciéndose notar, hoy en día, en muchas canciones, películas, novelas, personajes de series... que hacen de la búsqueda de un marido su objetivo vital, que entienden el amor como posesión y los celos como símbolo inequívoco de enamoramiento. Una filosofía no erradicada por la que seguimos pagando un precio demasiado alto: el de las vidas de las mujeres muertas a manos de sus parejas y el menos sonoro peaje que desembolsamos por las vidas de aquellas mujeres que prefieren morir antes que continuar viviendo una vida sin vida, antes que seguir habitando una soledad que las asfixia, antes que seguir soportando un amor que solo se manifiesta a través de golpes y palizas, que prefieren morir antes que ser matadas. 

Nos seguimos leyendo.

Ficha técnica:

Título: Algún amor que no mate (Trilogía de la huída, 1)
Autor: Dulce Chacón
Editorial: Punto de lectura           Género: novela   Páginas: 128 
Publicación  05/03/2009    ISBN: 9788466317726
    He encontrado varias páginas interesantes que hablan de esta novela y el tratamiento que hace la violencia de género. Estos son los enlaces de las que más me han ayudado a completar mi visión sobre Algún amor que no mate.
  •  Jacqueline Cruz hace un estudio sobre la violencia de género en el arte a través de esta novela y de la película de Icíar Bollaín Te doy mis ojos. El artículo está publicado en Letras Hispanas y puede consultarse aquí.
  • Lucía I. Llorente analiza, por su parte, las distintas voces narrativas que podemos encontrar en la novela. El artículo fue publicado en Espéculo: Revista de Estudios Literarios y puede consultarse on line aquí. 


Las otras dos novelas de la Trilogía de la Huída son:

lunes, 12 de noviembre de 2012

"Blanca vuela mañana" ("Trilogía de la huída", 2), de Dulce Chacón: el amor como conflicto


    Blanca vuela mañana es una de las tres novelas que conforman la Trilogía de la Huída. Son independientes entre sí (no comparten protagonistas, ni tramas, ni nada) pero las tres juntas (las otras dos son Algún amor que no mate y Háblame, musa, de aquel varón, cuyas reseñas iré publicando este mes) ofrecen un panorama muy completo de las historias de amor fracasadas, las que te hacen huir o las que se convierten en una huída. Así, Algún amor que no mate habla sobre la violencia de género y lo que provoca en la protagonista, Prudencia, una mujer que se diluye, que se anula, que se vuelve invisible hasta que no ve más salida que la de huir. Háblame, musa, de aquel varón comparte con la primera novela esa invisibilización de la mujer, de la esposa. En este caso es Adrián, un guionista cinematográfico en ciernes, el que no ve a su esposa, el que no la valora, no cree que pueda decir nada interesante ni leer nada que no haya sido recomendado por él. Solo sirve para exhibir su belleza, para apoyarle, para atenderle, para vivir a su lado, vivir para él. Hasta que Matilde descubre que hay vida más allá de un hombre que no te aprecia en realidad y acaba huyendo hacia quien sí la valora, quien sí la escucha, quien sí la ve.
    En Blanca vuela mañana, publicada originariamente en 1997, más que la invisibilización, el problema de pareja sobre el que reflexiona Dulce Chacón es la incomunicación. Una comunicación que no es viable entre Peter y Blanca, porque Peter, niño de la II Guerra Mundial, aprendió a guardarse las lágrimas y los lamentos, a convertir su cara en una máscara impenetrable, a ahorrarse el lujo de demostrar amor en un tiempo en el que amor era un lujo ahogado por la prioridad de la supervivencia.
    Blanca compara, aunque solo sea inconscientemente, su amor con el que unió a Ulrike, la prima de Peter, y Heiner hasta la muerte de la primera. Un amor sin fisuras, un amor sin mentiras, un amor honesto y fuerte capaz de arropar los momentos más duros de Ulrike.
    Como contrapunto al personaje de Peter, Dulce Chacón introduce a José, un "pasatiempo" que Blanca encuentra en su huída y que encarna todo lo que Peter no es: cariñoso, entregado, paciente, romántico y capaz de comunicar con las más bellas metáforas lo que Blanca le hace sentir. Como la Penélope de Homero, José esperará y esperará a una Blanca que, como la espuma del mar, va y viene. Ni las casualidades ni los encuentros fortuitos que el destino va poniendo en su camino acabarán de convencer a Blanca para que construya los cimientos de un nuevo amor en el territorio de José. Blanca, que cree  que el amor es una lucha entre lo que deseas y lo que temes y que cuenta más demonios que ángeles en su vida, seguirá huyendo, seguirá volando, hoy y mañana, porque la huída es su manera de enfrentarse a la vida.
    La visión fracasada de las relaciones de pareja se completa con la historia de Carmela, la hermana de Blanca, a quien su marido impone uno de los sufrimientos más extremos para una madre: no poder ver a sus hijos. Una imposición que refuerza el vínculo entre dos hermanas que siempre se han apoyado la una en la otra y que han compartido intimidades, sufrimientos y alegrías.
  Me ha encantado el argumento y las tramas que se van superponiendo casi tanto como las reflexiones sobre el amor y la relaciones de pareja que van surgiendo en el lector con algunos comentarios de los protagonistas y, sobre todo, con las situaciones que la autora va presentando. Sin embargo, lo que más me ha gustado de la novela es el estilo literario con el que está narrada: una prosa dulce y tierna que se contrapone a la tristeza que provoca lo que uno va leyendo y que, al mismo tiempo, arroja un poco de luz y de esperanza en el ser humano y en el amor. Un estilo muy trabajado, con toques poéticos, intimista, reflexivo bellísimo que no pude por menos que compartir en este blog en este BBF. También puedes echarle un ojo a las primeras páginas y comprobar la hermosura del estilo de Dulce Chacón aquí.
    En definitiva, una novela tan triste como bella que habla de la imposibilidad de algunas relaciones en contraposición con la facilidad con la que surgen otras. ¿Cuestión de compatibilidad o de carácter? ¿Existe una pieza que complete el puzle de cada persona o hay personas que carecen de las muescas necesarias para encajar con alguien?
    Nos seguimos leyendo.

Ficha técnica:

Título: Blanca vuela mañana (Trilogía de la huída, 2)
Autor: Dulce Chacón
Editorial: Punto de lectura     Género: novela     Páginas: 160
Publicación  26/09/2007    ISBN: 9788466369268
    
   Las otras dos novelas de la Trilogía de la Huída son:

jueves, 5 de julio de 2012

Hijas de Eva, hijas de Lilith: la sutil diferencia

Antonio recuerda perfectamente cómo y cuándo conoció a la que tiempo después sería su mujer. Mi mujer, no, me rectifica. Mi compañera, dice. Porque Manuela ha sido eso, mi compañera. Mi amor, mi amante, mi amiga. (El rayo dormido. Carmen Amoraga)
    Cada vez aprecio más el matiz que diferencia al hombre que llama a su esposa compañera del que habla de ella como "mi mujer". Intuyo que la mayoría de los que se incluyen en el segundo grupo lo hacen por costumbre, por uso social. Pero los que frenan la costumbre y se imponen un cambio en su lenguaje, los que piensan antes de decir si la mujer con la que comparten la vida es su posesión o si camina a su lado, sí que lo hacen conscientemente, a sabiendas, deliberadamente. De ahí su valor. Son capaces de pensar antes de hablar, de examinar sus sentimientos y de admitir una igualdad absoluta, más allá del sexismo del lenguaje.
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    Porque no me parece lo mismo que te digan que eres hija de Eva o que te confirmen que eres sucesora de Lilith; que te hagan creer que saliste de la costilla de un hombre o que te igualen en el material y la forma de creación. Es un matiz muy sutil, pero cada vez estoy más convencida de que encierra una gran diferencia. Una no se puede sentir de igual manera si le cuentan que primero fue otro y que de ese otro la crearon a ella que si le dicen que ambos fueron creados en igualdad; si tu pareja te trata como a su mujer, o sea, como a un objeto de su posesión (máxime cuando él no es tu hombre, a lo sumo, es tu marido) que si te trata como a una compañera, una cómplice de vida, elegida conscientemente para compartir un proyecto vital juntos. Es una sutil diferencia que encierra, en el fondo, una forma de sumisión, de dominación. 
    Y nada más lejos del amor que la sumisión y la dominación. El amor es un compromiso mutuo de comprensión, sostén, respeto, cariño, cuidado y resolución de problemas y conflictos. No es un intercambio amor por protección, amor por sexo, sexo por seguridad, seguridad por servicios. Nadie posee a nadie, por mucho que algunas canciones y determinadas películas nos hagan creer lo contrario. La posesión no es amor. Sí lo es la confianza, la complicidad, la lealtad.
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
(Te quiero. Mario Benedetti)
    Hay mil expresiones cotidianas que encierran esa sumisión, mil productos culturales y sociales que la afianzan cada día. Lo que me parece más grave es que lo tengamos tan interiorizado que no nos demos ni cuenta. Habrá quien quiera quitarle importancia... pero para mí la tiene. Y mucha. Por eso prefiero cantar a grito pelado canciones como Hija de Lilith, de Ismael Serrano o Lilith, de Pedro Guerra cuando voy en el coche. Y me gusta aún más cantarlas con mi hija.
No te trajo a este mundo
la costilla de un hombre.
No dio vida a tu barro
el aliento de dioses.
Tú has nacido del vientre
de una mujer despierta
que navega en el tiempo
dando a luz primaveras.
(Hija de Lilith. Ismael Serrano) seguir leyendo
    Brindo por los hombres que también captan la sutil diferencia.
    Nos seguimos leyendo.
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