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viernes, 15 de diciembre de 2017

"Konets", de César Pérez Gellida: colosal final para una octología épica



Título: Konets
Autor: César Pérez Gellida
Editorial: Suma de Letras
Género: novela, distopía, thriller, negra
Páginas: 560
Publicación: Noviembre 2017
ISBN: 9788491291848

  Olek Opiozcenek no es únicamente un nombre más en el extenso listado de víctimas que conformaron la «Obra» de uno de los más crueles asesinos en serie de la historia. Aquel niño nacido de la perversa simiente de Augusto Ledesma ha crecido bajo los cuidados de sus abuelos maternos y con el respaldo económico de una peculiar hada madrina: Rusalka. Sin embargo, Olek está empeñado en desenterrar esos secretos del pasado exprimiendo sus habilidades como hacker; pero, en ocasiones, descubrir el punto de partida condiciona el itinerario y, consecuentemente, el destino.
  Konets («fin» en ruso) es un thriller frenético, un tratado sobre la maldad estructurado en cuatro movimientos y desarrollado en dos escenarios temporales: la adolescencia de Olek y su madurez, o, lo que es lo mismo, el antes y el después de los sucesos que se narran en Khimera. Ambas novelas conforman el engranaje conclusivo entre las dos aclamadas trilogías «Versos, canciones y trocitos de carne» y «Refranes, canciones y rastros de sangre» que han atrapado a miles de lectores en el inabarcable universo gellidista.
«La luz y la oscuridad son dos conceptos que conforman una única idea. Dos fuerzas complementarias, pero opuestas. Si el mar es el yang: la absorción, lo pasivo, lo oscuro, y el río es el ying: la penetración, lo activo y la luz, ¿de cuál de las dos fuerzas te gustaría ser partícipe si tuvieras el privilegio de elegir sabiendo que ninguna se impone a la otra?»
   Cuando me tocó esta novela en el sorteo organizado por Kayena: Negro sobre Blanco, De tinta en vena y Con el alma prendida dentro de la iniciativa #SoyYincanera casi muero del alegrón. Luego vinieron los problemas: no pude leerlo al mismo tiempo que el resto de los participantes de la lectura simultánea porque se me juntaron varios asuntos personales que me impidieron tener todo el tiempo que necesitaba para leer y también porque al empezar a hacerlo, no me enteraba de nada: como ando tan en la parra últimamente no sabía que tenía que leer antes Khimera, así que interrumpí Konets para adelantar la lectura de la distopía gellidista por excelencia.
    Solventados los inconvenientes, no te puedes imaginar lo que disfruté de la lectura. Creo que Konets supone un cierre magnífico para la octología que conforman las trilogías Versos, canciones y trocitos de carne y Refranes, canciones y rastros de sangre, junto con la ya citada distopía Khimera. Y lo hace no solo porque cierre (desde mi punto de vista) de una forma magistral todas las tramas abiertas en los siete libros anteriores sino porque lo hace al más puro estilo Gellida: con acción, intriga y un ritmo trepidante.
    Y, por si eso fuera poco, lo hace uniendo dos géneros que, en principio, no tienen nada que ver: la distopía y el género negro. Y, encima, haciéndolo bien. Muy bien diría yo.
    Pérez Gellida logra algo que a mí me parece muy complicado: viajar en el tiempo y ofrecernos una visión de conjunto no solo de las historias expuestas en las otras siete novelas sino regalarnos una advertencia de futuro para la realidad que vivimos y, de propina, una posible solución (guste más o guste menos). 
    Creo que lo que más me ha gustado de Konets es la coherencia interna que guarda con toda la octología (y eso que, como he dicho, me parece complicadísimo hacer que una distopía pueda incluirse a la perfección en un saga negra y criminal pero negrísima y criminalísima). No me ha chirriado nada; todo lo contrario: me parece que todo fluye de manera tan natural que no concibo que Pérez Gellida no tuviera todo pensado y repensado cuando empezó a escribir.
    Descubrimos aquí, pues, cómo les ha ido a algunos de los personajes más queridos de los libros anteriores y también al hijo de uno de los más odiados: Augusto Ledesma. En este sentido, me han parecido super interesantes y francamente sugerentes algunas de las reflexiones que Pérez Gellida nos propone en esta obra: ¿asumimos los hijos el legado de nuestros padres? ¿Lo hacemos nuestro? ¿Nos alejamos de él? ¿Intentamos perpetuarlo o, hasta cierto punto, corregirlo? ¿Nos arrepentimos de los errores de nuestros progenitores? ¿Hay una carga genética (buena o mala) de la que no podemos librarnos y que nos condiciona queramos o no? Estas son solo algunas de las preguntas que me han surgido mientras leía y a las que el autor da respuesta a su manera en las tramas y subtramas de su octología.
    Y otro de los aspectos que más me han gustado de la novela es cómo Pérez Gellida maneja no solo los tempos (o, más bien, el ritmo vertiginoso de la obra; algo a lo que, por parte ya nos tiene acostumbrados) sino los giros y contragiros que nos hace dar y que a más de uno cogerán desprevenido a lo largo de la trama. Como me pasó a mí. ¡Qué congoja, madre mía, en un determinado momento de la obra (que, obviamente, no voy a desvelar) y qué reflexiones sobre la justicia poética, las serendipias y los círculos que se cierran!
     No quiero hablar mucho más sobre Konets porque creo que el lector debe ir dejando que el autor le lleve por dónde él quiere (y mira que quiere llevarnos por vericuetos y, además, llevarnos bien llevados) y debe ir sorprendiéndose con los efectos y sorpresas que tan extraordinariamente ha planteado. Así que termino esta reseña recomendando no solo este cierre, sino la octología completa. Una octología épica que ya ha cambiado la historia de la literatura española y que creo que seguirá haciéndolo durante mucho tiempo.
     Nos seguimos leyendo.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 100 libros87/100

lunes, 4 de diciembre de 2017

"Khimera", de César Pérez Gellida: un thriller para reflexionar



Título: Khimera
Autor: César Pérez Gellida
Editorial: Suma de Letras
Género: distopía, thriller
Páginas: 544
Publicación: marzo 2015
ISBN: 9788483657355

  2054. Tras la Guerra de Devastación Global, la realidad social y geopolítica ha cambiado rotundamente. Los viejos conceptos de la democracia y el capitalismo han sido enterrados por las corrientes transhumanistas y la tecnofagia. El poder se concentra en manos de las grandes corporaciones, sin embargo, todavía queda un cabo suelto, un molesto inconveniente que se escapa de las afiladas uñas de la Asamblea: Khimera.
  En la arriesgada búsqueda de un enigmático personaje conocido como el bogatyr -héroe para algunos y villano para otros-, están puestas las últimas esperanzas de aquellos que luchan para lograr que el mundo cambie para siempre.
  César Pérez Gellida, autor de la trilogía «Versos, canciones y trocitos de carne», éxito absoluto de crítica y ventas en el último año, vuelve a la narrativa sobrepasando todas nuestras expectativas y rompiendo sus propios cánones con un relato que estilísticamente recuerda a la habilidad creativa de J.R.R. Tolkien y a la maestría visionaria de George Orwell o William Blake. Una reinvención del thriller literario al más puro estilo Gellida que algunos ya han calificado de obra maestra.
  Escribo esta reseña poco después de terminar el libro... y la verdad es que no sé si me gusta la idea. Por un lado, quiero atrapar todas las sensaciones que tengo ahora mismo dentro de mí pero, por otro, sé que este es una de esas obras que dejan huella y, por lo tanto, sé que le voy a dar muchas vueltas en mi cabeza (no tanto a la trama como a todo al escenario que Pérez Gellida nos pinta) y que tanto mis opiniones actuales como mi aprendizaje personal serán diferentes de aquí a unas semanas. Quizá meses. O incluso años. Porque Khimera es de esos libros que llegan para quedarse, aunque tú no lo sepas.
   Lo primero que he de decir es que me costó bastante entrar en la obra. Me encantan las distopías pero me saturan mucho las relaciones internacionales, las guerras, las estrategias militares... así que me costó hacerme con el mundo en el que nos instala el autor. Un mundo... pufff... no sé ni cómo definirlo: hostil, inhumano, en el que las personas (o, mejor, dejémoslo en los seres que lo habitan) tienen una falsa sensación de libertad y en el que, en el fondo, todo está controlado y me atrevería a decir orquestado por instancias superiores.
   Y eso fue lo que me enganchó de la novela, más allá de las guerras y el nuevo orden mundial que Pérez Gellida imagina (¿o premoniza?): comprobar que aunque los creamos tan diferentes, el futurista horizonte que nos dibuja el autor no es tan distinto a lo que estamos viviendo, narcotizados por la rutina y la golosina de las tecnologías.
    Y esta es una de las cuestiones a las que no paro de darle vueltas y que más me asusta de la novela: ¿hasta qué punto puede llegar a pasar lo que Pérez Gellida cuenta en su obra? Y lo que es peor, ¿hasta qué punto muchas de esas cosas no están pasando ya?
   Si el universo en el que se ambienta Khimera fue mi primer factor de anclaje a la novela, el segundo fue mucho más habitual si hablamos del autor vallisoletano (el que se ha convertido ya en marca de la casa): su capacidad narrativa. Pérez Gellida le tiene cogido el pulso al thriller y sabe cómo generar no solo intriga sino darle el ritmo más adecuado para mantener pegado al lector a sus páginas, al tiempo que desarrolla todo lo que ha pergeñado para la novela.
    Da igual el género (novela negra o distopía), el autor sabe cómo construir esa sensación y es capaz de lograrlo aún en un subgénero que a mí me parece tan complicado como la distopía, en el que la acción está siempre supeditada (al menos en el comienzo de la obra) a la descripción necesaria para llevar a cabo la presentación de ese mundo creado por el autor, de los personajes ideados y del relato de sus particulares formas de vida.
    No voy a entrar a hablar mucho del contenido en sí porque creo que es fundamental que el lector vaya desvelando las tramas, trampas y misterios que el autor ha ideado para él a medida que vaya avanzando en la lectura del libro, así que solo añado que ese contenido es brutal y que es capaz de despertar más preguntas que respuestas.
    Y una nota más: ha sido un placer reencontrarme con algunos de los personajes de las trilogías policíacas del autor y saber qué ha sido de ellos, aunque sea en este universo inhóspito y pavoroso.
    En definitiva, Pérez Gellida nos regala una novela inquietante y, hasta cierto punto, terrorífica, muy bien cimentada y con una trama solvente y efectiva que se devora a ritmo de thriller aunque su digestión será larga. Pero placentera.
     Nos seguimos leyendo.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 100 libros83/100

lunes, 20 de marzo de 2017

"Cuchillo de palo (Refranes, canciones y rastros de sangre #2)", de César Pérez Gellida: una novela inesperada



Título: Cuchillo de palo (Refranes, canciones y rastros de sangre #2)
Autor: César Pérez Gellida
Editorial: Suma de letras
Género: novela negra, policíaca, thriller
Páginas: 512
Publicación: Octubre 2016
ISBN: 9788491290544


  Tras ser apartado del Cuerpo, Sancho ha resuelto dedicarse al suyo entregándose a los placeres de la carne en el lugar más apartado de sí mismo que ha logrado encontrar. Pero no hay rincón donde esconderse cuando es la desventura quien persigue.
  Paralelamente, Erika, Ólafur y su nuevo compañero, el arcángel redimido, Uriel, emprenden la obstinada persecución de los miembros de la infame organización criminal conocida como la Congregación de los Hombres Puros. Su objetivo no es otro que alcanzar la cúspide, pero la escalada les deparará una serie de riesgos que ni siquiera han sido capaces de evaluar.
  En esta nueva entrega, Pérez Gellida nos arrastra en un vertiginoso descenso a los infiernos para mostrarnos las grietas y aristas que dibujan la cara oculta del ser humano. Cuchillo de palo se revela como la novela más retorcida y sensorial del género Gellida.
  Narrativa audiovisual llevada al extremo.
   Llevaba meses queriendo hacerle hueco a lo nuevo (hasta hace veinte días, ya que la tercera parte de esta trilogía salió a la venta hace unas semanas) de César Pérez Gellida pero con esta vida que estoy llevando en los últimos meses no había manera de conseguirlo. La semana pasada me puse seria y, aprovechando la Yincana Criminal, me dije: "ahora o nunca" y por fin he conseguido leerla. Lo peor: que no me ha durado nada. Me he metido tan dentro en la historia que la he leído en un par de días. Lo mejor: que no solo volvemos a encontrarnos con personajes a los que conocemos de sobra (e, incluso, hemos llegado a tener afecto, después de tantas aventuras corridas con ellos) sino que descubrimos una cara oculta y un giro sorprendente que me han encantado hallar en esta novela.
     El giro es tan sorprendente que hasta casi la mitad de la obra pensé que no iba a poder incluirlas en la categoría de novela protagonizada por un detective que pedía la Yincana Criminal para esta semana. Y es que, en esta entrega, conocemos a un Ramiro Sancho que ha sido apartado de sus funciones policiales y que ha emprendido un camino directo a la autodestrucción, camino que pasa por el alcohol, las drogas y la adicción al sexo. 
   He de confesar que esta nueva dimensión de Sancho me ha tenido loca durante toda la novela. ¿Cómo puede pasarse de un extremo a otro? ¿Será posible que alguien que ha pasado su vida defendiendo al mundo de los malos se cambie de lado sin mayores remordimientos? Lo de los remordimientos... dejémoslo a un lado, porque ciertamente creo que en el comienzo del libro Sancho está tan desquiciado y con la conciencia tan anestesiada por todas sus adicciones que no creo que tuviera muchos. Pero he de decir que, por muchas preguntas que me he hecho al respecto y por mucho que mi cabeza decía "no puede ser, no puede caer tan bajo, no puede pasarse al otro lado"... César Pérez Gellida consigue que sea creíble. 
   ¿Y cómo lo consigue? Primero, con una ambientación fabulosa y con una configuración del personaje completamente opuesta a lo que habíamos visto hasta el momento (sobre todo, opuesto en lo que a moralidad se refiere, no a la propia forma de ser de Sancho, que tampoco dista mucho -aunque algo así, obviamente- de lo que sabíamos de él). Sancho resulta terriblemente creíble en el entorno en el que le sitúa el autor en esta novela.
    Y la segunda forma en que consigue que esa transformación sea verosímil (y la más poderosa, creo yo) es la propia evolución del personaje. A ver, te sorprende que llegue hasta dónde está aquí pero... ¿y quién estaría libre de no hacerlo cuando ha sufrido todo lo que Sancho ha sufrido hasta ahora? Todo está tan bien justificado y esa evolución está tan lograda que te lo crees, que no te lo cuestionas (aunque sí puedas preguntarte, como me ha pasado a mí). Te lo crees (aunque no des crédito) y por eso duele tanto verle así. Tanto, que me he sentido muy (pero que muy) identificada con Peteira y he compartido buena parte de su indignación, su frustración y sus sentimientos.
   Sancho centra la mirada de esta novela durante buena parte de sus páginas y la trama que protagoniza es capaz de ponerte los pelos de punta con los personajes que nos presenta y, sobre todo, su catadura moral, pero hay otra trama que es la que da unidad a la trilogía y que también tiene su continuidad en esta novela: la que tiene que ver con la (espeluznante) Congregación de los Hombres Puros. Esta segunda trama es terrible y estoy deseando continuar la trilogía para ver qué pasa con ella.
    Más allá de la intriga, del frenético ritmo, del interés de la trama, de los personajes y de las preguntas que el lector se pueda ir haciendo a lo largo de la lectura, he de decir que de esta novela me quedo con el juego que nos propone Gellida, con el giro sorprendente y con cómo está desarrollado. Me ha llamado mucho la atención la nota al lector que aparece integrada en la novela. En un principio (sinceramente) no me gustó. Me pareció una incursión de la voz del autor en el desarrollo de la trama que me rompió la continuidad narrativa de la obra. Había pillado el juego, había entrado en él y no creía necesaria la advertencia. Pero luego empecé a pensar en ella desde la perspectiva rupturista que el autor nos ha propuesto siempre en sus obras, ese saltarse las convenciones literaria, ese ir a su bola, ese utilizar el tono que mejor se adapta a sus libros sin pensar en si es políticamente correcto o incorrecto. Y al pensarlo desde esa perspectiva le vi sentido. Es más, lo tomé como un juego más, como uno de sus cameos, como un guió al Hitchcock que se paseaba por sus propias películas. 
  Así que cuando crees que ya le conoces y que le has cogido la medida tanto al autor como a su obra, Pérez Gellida vuelve a romperte los esquemas... y encima lo hace de maravilla. Tanto que no puedo esperar más para ponerme con A grandes males. Solo que... a ver si me dura algo más que este.
   Nos seguimos leyendo.
    
     Agradezco a El búho entre libros que organizase el sorteo en el que gané este ejemplar y a la editorial, que me lo remitiera.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 100 libros17/100
  •  Reto 25 españoles9/25
  •  Reto Sabuesos2

lunes, 6 de junio de 2016

"Sarna con gusto (Refranes, canciones y rastros de sangre #1)", de César Pérez Gellida: gustoso reencuentro con Ramiro Sancho



Título: Sarna con gusto (Refranes, canciones y rastros de sangre #1)
Autor: César Pérez Gellida
Editorial: Suma de letras
Género: novela negra, policíaca, intriga
Páginas: 212
Publicación: 07/04/2016
ISBN: 9788491290056


  Lastrado por los efectos nocivos que le ha dejado la obsesiva persecución de Augusto Ledesma, el pelirrojo inspector de homicidios de Valladolid, Ramiro Sancho, vuelve al Cuerpo con la esperanza de retomar las riendas de su vida anterior. Nada más lejos de la realidad.
  Una adolescente ha desaparecido en el marco de las ferias patronales de la ciudad. Se trata de la hija de un importante empresario y las primeras pesquisas apuntan a que podría tratarse de un secuestro.
  César Pérez Gellida aborda su novela más negra desde una óptica global con el objeto de ofrecer al lector una visión 360º sobre un delito sumamente cruel como es la privación de libertad. Y lo ejecuta de una forma tan real que compartirá la angustiosa incertidumbre de la familia, tan estremecedora que saboreará el miedo desde la oscuridad de un lugar desconocido, tan veraz que se ajustará el pasamontañas para meterse en la piel del secuestrador y, cómo no, tan cercana que participará en el proceso de negociación e investigación en primera persona.

Sarna con gusto es la evidencia irrefutable de que existe un género singular en nuestro país que se define como narrativa audiovisual. Vuelve el género Gellida.
   sar Pérez Gellida le ha cogido la medida a las novelas policíacas y de intriga que acaban convirtiéndose en auténticos thrillers... ¡y qué bien lo hace, el jodío! Te confías, porque ya sabes lo que vas a encontrar (después de la trilogía Versos, canciones y trocitos de carne, te sientes segura respecto a lo que va a pasar) y como, encima, el libro avanza al principio con relativa calma... pues te pones a leer a tus anchas, con la guardia baja, y casi sin darte cuenta, ya estás metida hasta el cuello en una historia que no te suelta y que casi te lleva al límite en sus trepidantes y llenas de emociones páginas finales. Un genio del thriller. Lo que decía.
    Quienes disfrutamos con su primera trilogía tenemos aquí, pues, la promesa de otras tres novelas, como mínimo, tan buenas como las anteriores. O mejores porque he notado más madurez como escritor, menos alardes, menos clases magistrales, una escritura mucho más directa, más intensa, más certera. Eso sí, la trama continúa estando tan bien urdida como en las obras anteriores (en este caso también hay dos subtramas que se van trenzando a lo largo de la novela, una de las cuales es un jugoso aperitivo para próximas entregas), la intriga está perfectamente construida, la historia fluye, los personajes te cautivan y, en general, la obra cumple al pie de la letra con su cometido: hacer pasar un buen y un mal rato al mismo tiempo. ¡Y lo que nos gusta!
   Pérez Gellida recupera a Ramiro Sánchez como hilo conductor de la trama principal de esta entrega. Un Ramiro que es igual al que conocemos pero al que su encuentro con Augusto Ledesma ha transformado, de manera que parece haber crecido su amargura y su sentimiento de culpabilidad pero también su afán por salvar vidas y evitar sufrimientos. Una evolución lógica que le sienta muy bien al personaje, que hace que te sientas (aún más) cerca de él, que le comprendas y hasta que apruebes algunas de sus decisiones, a pesar de saber que no son muy buenas.
    Esta trama principal no está ligada a un asesinato sino a un caso de secuestro, lo cual me ha interesado mucho. Estamos acostumbrados a leer novelas negras y policíacas en las que la víctima directa está muerta o muere a las pocas páginas y me ha encantado cómo Pérez Gellida se mete en la mente tanto de esa víctima (una adolescente) como de sus captores. En este sentido, creo que la elaboración de los personajes es brillante. Margarita, la víctima, tiene materia prima de sobra para hacer una novela con ella sola y lo que muestra el autor de ella en esta obra te deja perpleja. Es un personaje con muchos matices, sorprendente, que ofrece una perspectiva diferente (más allá de la mera víctima) y abre muchas cuestiones en tu cabeza. Los secuestradores no son menos interesantes, sobre todo el Chimuelo (¡vaya mente retorcida la suya!) y el Chupao (no menos retorcido, todo hay que decirlo...) y el conjunto que nos ofrecen da una visión global muy interesante de todos los personajes implicados en casos así.
    Además, Pérez Gellida también recupera a dos personajes que ya nos conquistaron en la trilogía anterior: Erika Lopategui (¿quién no es fan de Erika?) y Ólafur Olafssson (¿a quién no se le parte el alma viéndole?), que participan en la trama secundaria en esta novela pero que, como decía, promete grandes páginas venideras, además del juego que ya da aquí.
    Un subtrama ligada a la Congregación de los Hombres Puros de la que ya oímos hablar en Mutatis Mutandi y que es capaz de ponerme los pelos de punta y sacar todo lo malo que hay en mí. Así ya estoy deseando ponerme con las dos próximas entregas de la trilogía y ver qué nos depara esta pandilla de degenerados.
    Otra de las cosas que me gustan de los libros de Pérez Gellida es que suenan, van más allá de la lectura y de las palabras y nos proponen un montón de referencias que nos entran por los oídos, lo que hace que la experiencia vaya más allá de pasear nuestros ojos por las hojas de sus obras. Bien sea a través de la música o, como es el caso, de los acentos y formas peculiares de hablar de algunos personajes, el autor consigue que el libro hable, resuene en tu cabeza. Y es una experiencia fabulosa.
    Y creo que en esa experiencia también tienen que ver, en esta ocasión, los refranes que dan título a la trilogía y a los capítulos de la novela. Me parece fabuloso (siempre me ha llamado la atención la fuerza de los refranes, su saber ancestral, su acierto y cómo nos conectan con la sabiduría del día a día que heredamos, casi sin darnos cuenta, de quienes vivieron antes que nosotros) y creo que aquí no son un mero adorno, sino que son un recurso muy bien utilizado. Y digo que para mí también están relacionados con la experiencia sonora que nos propone Pérez Gellida porque suenen en mi cabeza como si fuera Sancho Panza el que los pronunciara para abrir cada capítulo, un Sancho Panza que, dentro de mí, tiene una voz bien parecida a la de Alfredo Landa. En fin, es lo que tenemos los lectores: que nos dan pie y acabamos quién sabe dónde.
      Así pues, no puedo dejar de recomendar (una vez más) a César Pérez Gellida como maestro de la novela negra, del thriller, de la indagación psicológica en los personajes, de las historias que te rajan por dentro y de los libros que hablan. ¡Menudo cóctel! ¡Y qué bien le sale!     
     Nos seguimos leyendo.

 Agradezco a Mundos de lectura que organizara el sorteo en el que me tocó este libro y a la editorial que me lo enviara.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 100 libros: 51/100
  •  Reto Genérico: 30 (2/2 thriller)/40
  •  Reto 25 españoles: 24/25
  •  Reto Sabuesos: 5
  •  Reto Ciudades con Libro: 5
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