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martes, 25 de septiembre de 2018

"Lejos del corazón", de Lorenzo Silva: Bevilacqua, Chamorro y las peculiaridades del cibercrimen



Título: Lejos del corazón (Bevilacqua y Chamorro #11)
Autor: Lorenzo Silva
Editorial: Destino
Género: novela, policíaca, intriga
Páginas: 384
Publicación: 24/05/2018
ISBN: 978-84-233-5390-3

  Un joven de veinticinco años, con antecedentes por delitos informáticos, desaparece en la zona del Campo de Gibraltar. Hay testigos que aseguran haber visto cómo un grupo de hombres lo abordaban en plena calle y lo metían a la fuerza en un coche. Poco después de su desaparición, se reclama por él un abultado rescate en efectivo, que los suyos abonan sin rechistar. Desde entonces, no se vuelve a saber de él, lo que hace pensar que han acabado con su vida.
  Tres días después de la desaparición, el subteniente Bevilacqua y la sargento Chamorro reciben el encargo de tratar de esclarecer lo ocurrido. Viajan para ello al Estrecho, donde se encuentran con un microcosmos en el que las leyes son relativas, el dinero negro corre a raudales y su blanqueo es una necesidad cotidiana. Un lugar lejos del corazón de todo donde nada es de nadie y todo puede tomarse, donde nadie mira y nadie ve, y donde, en fin, cualquier cosa es posible.
   Hacía mucho que no publicaba una reseña en el blog pero esta vez tengo una buena excusa para hacerlo: Bevilacqua y Chamorro cumplen 20 años y este rincón de internet, que sigue con cariño e interés las andanzas de los dos guardias civiles más famosos de la literatura española, no podía pasar por alto la efeméride.
    Esos 20 años de trayectoria se notan cada vez más tanto en el reposo y el trabajo de la trama (algo que, por otra parte, nunca se le ha podido reprochar a Lorenzo Silva) como, sobre todo, en la madurez de los protagonistas. Ya no son quienes eran cuando empezamos a acompañarles en sus investigaciones y ese bagaje se nota. Es más, diría que es uno de los alicientes de la trama: es como reencontrarse con unos viejos amigos y ver cómo les va, cómo han cambiado en este tiempo sin vernos, qué han hecho, cómo han madurado o en qué obsesiones siguen anclados.
   Junto a este, otro de los factores que más me gustan de las novelas de Silva es cómo consigue pegarse a la actualidad, a veces hasta adelantarse a ella. Ya lo he dicho en varias ocasiones: además de por su elegancia a la hora de escribir (y de hablar, cosa que he podido comprobar en los encuentros con autor o las charlas a las que he asistido; la última, sin ir más lejos, el pasado 21 de septiembre, en Guadalajara, en el marco del recién estrenado certamen Guadalajara En Negro), el padre literario de Bevilacqua y Chamorro me gusta por su capacidad para analizar la sociedad en la que vivimos y las cosas que van pasando en ella. Me encanta su manera de analizar la actualidad y de ser capaz de, hasta cierto punto, prever cuestiones que a otros se nos escapa.
   En este caso, los protagonistas se trasladan (y, de paso, nos llevan con ellos) a La Línea de la Concepción y Campo de Gibraltar. Allí investigan la desaparición de un joven con antecedentes por delitos informáticos que ha sido secuestrado. Poco a poco, nos vamos sumergiendo en una trama relacionada con la delincuencia a través de la red y, tangencialmente, con todo lo que tiene que ver con el contrabando de droga y tabaco en la zona.
   El contexto en el que se sitúa la acción no podía ser más interesante. Pero, además, Silva rasca en la realidad para ofrecernos una reflexión sobre qué está ocurriendo realmente allí, cómo afecta todo ese tráfico a la gente normal y a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, por qué se puede detectar ciertos apoyos por parte de la población hacia los delincuentes o a qué tipo de sociedad dará lugar esta situación.
   Junto a este tema, Silva nos hace reflexionar también sobre el universo del cibercrimen. Desde los medios que las fuerzas de seguridad tienen para atajarlo hasta el perfil social, psicológico y ético de los delincuentes, muchas son las cuestiones que el autor explora en este sentido. Una de las que más me ha llamado la atención es la deshumanización que se produce en este tipo de delitos: ojos que no ven, corazón que no siente. O, lo que es lo mismo, como no veo a quien daño, como no percibo directamente el perjuicio que causo, no siento remordimientos por lo que hago. Un tema francamente interesante que, creo, puede extrapolarse a cuestiones relacionadas con internet pero alejadas de la delincuencia, como pueden ser las redes sociales.
   Así pues, Silva nos vuelve a ofrecer una trama solvente que nos permite conocer y reflexionar sobre cuestiones tan actuales como reales. Una nueva entrega que no decepcionará a los dos millones de lectores que seguimos fielmente las andanzas de estos dos guardias civiles que ya son como de la familia.
     Nos seguimos leyendo.

lunes, 9 de enero de 2017

"Donde los escorpiones", de Lorenzo Silva: Bevilacqua y Chamorro en Afganistán



Título: Donde los escorpiones (Bevilacqua y Chamorro#9)
Autor: Lorenzo Silva
Editorial: Destino
Género: novela policíaca, intriga
Páginas: 352
Publicación: 31/05/2016
ISBN: 978-84-233-5103-9

 Madrid, julio de 2014. Pasados los cincuenta, y ya con más pasado que futuro, el subteniente Bevilacqua, veterano investigador de homicidios de la unidad central de la Guardia Civil, recibe una llamada del responsable de operaciones internacionales. Se reclama su presencia inmediata a 6.000 kilómetros de allí, en la base española de Herat, en Afganistán. Un militar español destinado en la base ha aparecido degollado, y, junto a él, el arma del delito: una hoz plegable de las usadas por los afganos para cortar la amapola de la que se extrae la droga que representa la principal fuente de riqueza del país. ¿Se trata del atentado de un talibán infiltrado? Podría ser, pero también que la muerte tuviera otro origen, porque el ataque no reviste la forma clásica de esa clase de acciones, sino que hace pensar en algún motivo personal. La misión de Bevilacqua y los suyos no es otra que tratar de desenmascarar a un asesino que forzosamente ha de ser un habitante de ese espacio cerrado. Sus pesquisas, bajo el tórrido y polvoriento verano afgano, les llevarán a conocer a peculiares personajes y a adentrarse en la biografía del muerto, un veterano de misiones bélicas en el exterior que guarda más de un cadáver en el armario, para llegar a un desenlace inesperado y desconcertante.
   Siempre es un placer volver a reencontrarse con buenos amigos y, después de nueve entregas, Bevilacqua y Chamorro ya son eso para mí. Así que ha sido un gusto volver a ellos y saber cómo van sus vidas.
    Aunque he de decir (y no es una crítica, solo una observación) que me ha dado la sensación de que esta novena entrega hay menos vida privada y más caso. Ocurre así en cuanto a Bevilacqua (del que sí hay algunos trazos de su trayectoria, como padre, como pareja y como hijo, pero poco) y, sobre todo, en cuanto a Chamorro, de la que aún sabemos menos (aunque algo hay).
     A pesar de que he echado de menos un poco más de ellos, he de decir que el caso es tan potente e interesante que casi ni te da tiempo a pensar en ello mientras lees; ha sido, más bien, una percepción a posteriori, ahora que me pongo a escribir la reseña. Porque el caso nos sitúa en Afganistán, en medio de las misiones que el ejército español (y otros ejércitos internacionales) están llevando allí. Y ese me parece un territorio tan poco explorado (iba a decir literariamente pero creo que tampoco los medios de comunicación nos cuentan mucho de lo que está pasando allí, salvo noticias puntuales -y generalmente luctuosas-) que me ha resultado francamente interesante.
    Como siempre (pero creo que particularmente en esta obra), Lorenzo Silva lleva a cabo un buen trabajo de documentación que permite al lector entrar sin problemas (y con bastante curiosidad e, incluso, entusiasmo, en mi caso) en la base española en Herat; en su día a día, en sus temores, sus relaciones habituales y en la convivencia con los miembros de otros ejércitos o con los afganos.
     Me ha gustado mucho descubrir cómo es (o podría ser) el día a día en una base de estas características, las tensiones y conflictos entre unos colectivos y otros (y sus motivos) y las llamadas al entendimiento, la concordia y la colaboración. Es un tema bastante alejado de mis intereses, así que me ha resultado curioso todo lo que nos cuenta Silva. Y me ha gustado mucho ver al Bevilacqua más vulnerable, ese que ya ha asomado en otros momentos de la saga y que aquí, cuando se le comunica cuál será el destino de su investigación (y como, supongo, todo hijo de vecino que se viera en esa situación), no puede dejar de sentir temor y de plantearse qué pasaría si no vuelve. El autor ahonda en los sentimientos que produce (o puede producir) una misión así y creo que lo hace con acierto y, sobre todo, con humanidad y honestidad.
    Al interés por el tema se le suman las características a las que Silva tiene acostumbrado al lector habitual de la saga: una trama bien urdida, unos personajes que crecen libro a libro, un ritmo bien medido y unas reflexiones que mueven la conciencia del lector.
     Así pues, una nueva entrega de Bevilacqua y Chamorro que se convierte en digna sucesora de las demás, que nos lleva a reflexionar sobre todo lo que está ocurriendo en Afganistán, que sirve como homenaje a quienes han caído allí y que nos abre los ojos a ciertas realidades (exteriores pero también del corazón) que merece la pena explorar.
     Nos seguimos leyendo.

Otras reseñas de la saga:

domingo, 12 de abril de 2015

"Los cuerpos extraños", de Lorenzo Silva: Bevilacqua, Chamorro y un caso de plena actualidad

http://www.planetadelibros.com/los-cuerpos-extranos-libro-119460.html


Título: Los cuerpos extraños
Autor: Lorenzo Silva
Editorial: Destino
Género: novela policíaca
Páginas: 352
Publicación: 3/6/2014
ISBN: 978-84-233-4829-9

  Mientras pasa el fin de semana en familia, el brigada Bevilacqua recibe el aviso de que el cadáver de la alcaldesa de una localidad levantina, cuya desaparición había sido previamente denunciada por el marido, ha sido hallado por unos turistas en la playa. Para cuando Bevilacqua y su equipo llegan y se hacen cargo de la investigación, el juez ya ha levantado el cadáver, las primeras disposiciones están tomadas y se está preparando el funeral. El lugar es un avispero en el que se desatan todo tipo de rumores sobre la víctima, una joven promesa que venía a romper con los modos y corruptelas de los viejos mandarines del partido y que apostaba por renovar el modo de hacer política. Además, el descubrimiento de su agitada vida sexual, que puede calificarse de todo menos insípida, arroja sobre el caso una luz perturbadora. Pero no hay mucho tiempo para indagar y en esta ocasión Bevilacqua y Chamorro deben apresurar una hipótesis en un fuego de intereses cruzados, en el que la causa de la joven política es también la causa de la integridad personal, de la que el país entero parece haberse apeado.
  Si algo me gusta de la saga protagonizada por Bevilacqua y Chamorro es su capacidad para mantenerse pegada a la actualidad. Una actualidad más o menos remota pero siempre reciente y a la que, en este caso, casi casi adelanta: la trama relacionada con una alcaldesa asesinada recuerda muchísimo (al menos en su planteamiento, no tanto en su móvil) al asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, aunque este se produjo solo un mes antes de que la novela de Silva saliera a la luz, o sea que la ficción va por delante de la realidad, atendiendo a los plazos de escritura y publicación. Pero tampoco hemos de llevarnos las manos a la cabeza: ya comenté en la reseña de El alquimista impaciente que mucho de lo que ocurría en aquel entonces está estrechamente conectado con lo que ha sucedido en los últimos años. Creo que esto se debe a la manera de entender la sociedad y de analizar los movimientos y sucesos que van teniendo lugar en ella de Silva. Aguda y certera, sin duda.
    Silva nos presenta en esta octava entrega de la saga (si incluimos en la cuenta el volumen de cuentos, que yo aún tengo por leer, por cierto) una trama criminal que se mantiene muy pegada a la realidad española del momento y que, por lo tanto, sirve para analizar muchas de las cosas que están ocurriendo en España. Pero (y no sé si es una sensación mía, porque he leído el libro para el club de lectura de Azuqueca, lo que supone una lectura más espaciada de lo que a mí me gusta hacer) creo que, en este caso, el análisis se queda un poco corto. A lo largo de la novela he tenido la sensación de que Bevilacqua no nos regalaba tantas reflexiones como en otras entregas. Es como si los hechos hablaran por sí solos o como si Silva quisiera que, en esta ocasión, el lector sacara sus propias conclusiones, teniendo en cuenta no solo el argumento de la novela sino también toooodas las noticias que llevamos recibiendo durante los últimos años.
    La investigación, además, transcurre aquí de forma bastante plácida, sin demasiados giros, aunque sí con alguna sorpresa, y las pistas ofrecidas van conduciendo satisfactoriamente a una resolución que cierra bien la historia, creo yo. A esa investigación hay que sumar, además, la trama transversal que recorre la saga, relacionada con los asuntos personales de Vila y de Chamorro, trama transversal que, en este caso, tiene que ver con los corazones de ambos (aunque por separado, no se me vaya a alarmar nadie) y con un mazazo para Chamorro al que (y es, por supuesto, mi opinión) se le podía haber sacado más jugo. No sé si Silva tiene intención de recuperarlo en próximas entregas, pero he echado de menos algo de más de profundidad en un tema que me parece muy interesante y que me hubiera gustado analizar un poquito más en la figura de Chamorro y sus circunstancias vitales.
     En definitiva, volvemos a encontrarnos con el maravilloso estilo de Silva, su preocupación por la sociedad en la que vivimos y dos de sus personajes más queridos (por mí, desde luego que sí) en una historia muy actual e interesante a la que, creo, se le podía haber sacado algo más de jugo.
     Nos seguimos leyendo.

   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto Genérico: 6 (2/5 misterio)/40 
  •  Reto 25 españoles: 6/25
  
Otras reseñas de la saga:

miércoles, 3 de julio de 2013

"La marca del meridiano", de Lorenzo Silva: Vila y la oscuridad que habita en el ser humano





    Ficha técnica:


Título: La marca del meridiano       Autor: Lorenzo Silva
Editorial: Planeta             Género: novela, novela negra Páginas: 400
Publicación: 06/11/2012        ISBN: 978-84-08-03123-9

Sinopsis (editorial):


  En una sociedad envilecida por el dinero sucio y la explotación de las personas, todavía el amor puede ablandar a las fieras. Un guardia civil retirado aparece colgado de un puente, asesinado de manera humillante. A partir de ese momento, la investigación que ha de llevar a cabo su viejo amigo y discípulo, el brigada Bevilacqua, abrirá la caja de Pandora: corrupción policial, delincuentes sin escrúpulos y un hombre quijotesco que buscará en el deber y el amor imposible la redención de una vida fracturada. Ambientada en la Cataluña actual, esta absorbente novela policíaca de Lorenzo Silva, maestro indiscutible del género, se adentra más allá de los hechos y presenta un sólido retrato del ser humano ante la duda moral, el combate interior y las decisiones equivocadas.
    Voy a divagar en este primer párrafo sobre algo que me ha pasado recientemente y que me ha hecho pensar en Lorenzo Silva. Una amiga mía que trabaja en una editorial me hablaba el otro día de un escritor que se había presentado a ver a su editor en bermudas y calcetines de raquetas. Por lo menos no iba en chanclas piscineras, ha sido lo primero que he pensado. Ella ha dicho: "Javier Marías seguro que nunca lo haría". Y yo he pensado: ni Lorenzo Silva, si tenemos en cuenta lo que nos contó en el encuentro con lectores de Alcalá. Ni con la camisa por fuera, dijo, se sentía cómodo. No sé si la forma de ser o de comportarse o la imagen que un escritor transmite tiene algo que ver con lo que su obra cuenta o cómo lo cuenta, pero no ha podido dejar de pensar en esa elegancia que tiene Silva, en esa seriedad que transmite, en ese saber estar que no aleja al lector ansioso que (como yo) va a saludarle, porque su franca sonrisa siempre se abre camino para acercarte hasta él. Y esa elegancia, ese hacer bien las cosas, esa compostura, ese cuidar los detalles para que todo tenga una magia, una lógica, para que todo rime (que diría mi primo David) se nota en su imagen pero también en su prosa.
    Y de eso hay mucho en La marca del meridiano, la última entrega, hasta el momento de la saga protagonizada por Bevilacqua y Chamorro. Seriedad y elegancia pero también sentimiento, porque los que seguimos a esta pareja desde sus inicios y nos hemos implicado en sus vivencias personales descubriremos aquí la sombra que ha estado planeando durante buena parte de la saga sobre Rubén, ese conflicto del pasado mal resuelto, ese asunto sobre el que ya tuvimos una avanzadilla en La reina sin espejo, la crónica de su divorcio y una... digamos debilidad o parte oscura de Vila que, para mí, le hace más humano pero, al mismo tiempo, más admirable. 
    Y es que el caso que Silva expone en esta novela está lleno de referencias y conexiones personales que ahondan en la caracterización y comprensión de Bevilacqua como personaje cada más redondo, cada vez mejor definido, cada más profundo.
    Silva construye la trama, esta vez, sobre la investigación del asesinato de un guardia civil retirado, excompañero de Vila y al que ya tuvimos el gusto de conocer en La reina sin espejo. Una trama llena de giros y sorpresas para el lector de la saga que profundizará en la parte más corrupta de los cuerpos de seguridad. Al hilo de los acontecimientos, el libro reflexiona sobre la condición humana, sobre sus miserias y su heroicidades, sobre la moral de cada uno, las convicciones propias, los límites que nos imponemos a nosotros mismos, las ocasiones en las que nos dejamos llevar y cometemos errores y la deuda que tenemos que pagar en consecuencia.
    Una de las cosas que más me ha gustado de esta entrega ha sido la música. Todas las obras de la saga están llenas de referencias culturales de todo tipo, sobre todo música y series de televisión, pero me parece que en esta ocasión, toda la música, desde las canciones especiales de las que los personajes hablan hasta los tonos del móvil, está muy muy bien seleccionada y deja ver mucho más allá de lo que la historia cuenta. Es más, hasta permite que cada lector ponga de su parte a la hora de construir parte del argumento porque, al fin y al cabo, la música es una vivencia personal y las canciones van construyendo la banda sonora de nuestra vida. Así que es fácil que a lo que Vila dice o piensa o siente el lector añada algo de su cosecha.
    La investigación se traslada, en esta ocasión, a Barcelona, como ya ocurriera en La reina sin espejo, lo que permite a Silva volver a incidir en las reivindicaciones nacionalistas, la incomprensión mutua y los tópicos que convierten las diferencias (que las hay) en abismos infranqueables. Y este escenario y estas diferencias le sirven al autor para dibujar la metáfora de esta novela, esa que da título a la obra y que explica, siempre, en el epílogo final. Creo que nunca lo he dicho pero me encantan esos capítulos finales, esos que abren la puerta a la poesía, a lo subjetivo y al sentimiento y muestran a Bevilacqua más allá del ejercicio de sus labores como guardia civil y a Silva más allá del novelista que es.
    En definitiva, que el Premio Planeta de 2012 es una obra bien armada sobre unos pilares sólidos e interesantes, bien escrita, que ahonda un poquito más en unos personajes ya entrañables para el lector, que plantea una serie de reflexiones muy atractivas y que  nos acerca un poco más a la parte más oscura de Bevilacqua. A la más humana.  
    Nos seguimos leyendo.


    Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto Homenaje a tu autor favorito: 5/5
  •  Reto negro y criminal: 11/15
  •  Desafío100 libros: 65/100
  • Reto Sumando: 22/2013
    Otros títulos de la saga reseñados:

lunes, 17 de junio de 2013

"La reina sin espejo", de Lorenzo Silva: Bevilacqua y Chamorro a este lado del espejo



    Ficha técnica:


Título: La reina sin espejo       Autor: Lorenzo Silva
Editorial: Destino             Género: novela, novela negra Páginas: 384
Publicación: 15/11/2005   ISBN:  84-233-3775-8

Sinopsis (editorial):


  Una mujer es brutalmente apuñalada en su casa de campo en Zaragoza. Se trata de una célebre y atractiva presentadora de televisión, casada con un escritor catalán de culto. Las huellas de una noche de sexo y drogas sugieren a primera vista un crimen pasional propio del mundillo del espectáculo, pero sólo el curtido buen juicio del sargento Bevilacqua y la precisa inteligencia de la cabo Chamorro lograrán penetrar más allá de las apariencias, enfrentándose a sus propios prejuicios. La investigación lleva a la pareja de investigadores de la Guardia Civil a Barcelona, donde tienen que sortear todo tipo de dificultades, desde el pasado amoroso de Bevilacqua, hasta la delicada cooperación con los Mossos d'Esquadra. Gradualmente, se va dibujando una compleja intriga cuya resolución implicará resolver enigmas de Alicia a través del espejo, explorar el mundo de los chats de Internet, y ahondar en el alma de un personaje con quien el sargento de la Guardia Civil tiene más de una cosa en común. En La reina sin espejo, quinta entrega de la serie de Bevilacqua y Chamorro, la densidad interior de los personajes sirve de contrapunto perfecto a una intriga rica en sorpresas y revelaciones. Lorenzo Silva sabe crear diálogos y situaciones de gran ironía donde lo mismo se discute a Corelli o a Lewis Carroll que se exploran con inteligencia los prejuicios en tiempos del nuevo orden político autonómico.
    ¡Ay, este Bevilacqua! Se nos va haciendo mayor. O eso cree (o siente) él y así nos lo hace saber en varias ocasiones a lo largo de esta cuarta novela (quinta entrega si contamos los cuatro relatos que Silva reunió en Nadie vale más que otro) de la saga que protagoniza el guardia civil. De hecho, su cansancio, su hastío, ese mirarse en los jóvenes y ver cómo ha cambiado, su mirada hacia el pasado, su nostalgia de tiempos mejores, su análisis de lo que ha sido su vida hasta el momento se convierten, en este caso, en subtrama de la obra. Silva se hace eco, así, del paso hacia a la madurez que sobreviene en la frontera de los 40: hora de balances, tiempo para repasar lo hecho y reordenar el futuro, tiempo para mirar al presente y reconocerse en lo que uno es, más allá de lo que soñó que podría haber sido. Sin embargo, he de confesar que me preocupa la tristeza, la melancolía, la frustración, el aburrimiento o la pena por lo no realizado que destilan muchos de los comentarios de Bevilacqua en esta entrega, ese "estar más cenizo que de costumbre" que también preocupa a Virginia. Me lo hubiera llevado a tomar un café y hubiera charlado con él largo y tendido para entender el porqué de su abatimiento. Si se hubiese dejado, claro está. Que Rubén es muy suyo para sus cosas. Ya lo intentó Chamorro en alguna ocasión en esta novela y no obtuvo más frutos que yo.
    Me gusta Bevilacqua. Me gusta su manera de ser y cómo tiene amueblada la cabeza. Y me gusta ir descubriendo pasajes de ese pasado que ahora vuelve a él. Silva continúa guardándose piezas del pasado del sargento y nos las va administrando con cuenta gotas, libro a libro, reflexión a reflexión, recuerdo a recuerdo. En esta ocasión, sabemos algo más sobre el fracaso de su matrimonio o sobre la aventura sentimental que tuvo en Barcelona. Me parece muy atractiva ese dosificación de la vida de Bevilacqua a la que nos somete Silva: ya conocemos al personaje, ya sabemos cómo es y cómo piensa, ya sabemos de sus soldados y de su carácter, ya no tiene que volver a contárnoslo; pero eso no quiere decir que lo sepamos todo de él, siempre queda algo nuevo por descubrir, como ocurre en la vida misma.
   También me ha resultado muy interesante la visión sobre Cataluña que nos ofrece el autor. Por unas razones u otras, quienes vivimos en otras partes de España tenemos una serie de prejuicios sobre la forma de vida, la mentalidad o la forma de pensar de los catalanes. Silva ofrece un poco de normalidad: retrata los conflictos internos y externos de la Cataluña actual (o, por lo menos, de la de hace una década) y desmonta otros muchos falsos mitos que muchos que no han pisado nunca esa tierra creen a pie juntillas. Y me ha encantado esa crítica a la burocracia por encima de la acción, esa competencia entre cuerpos de seguridad diferentes que, en el fondo, están para lo mismo; ese saltarse el papeleo y hacer las cosas a lo Bevilacqua, ir al grano, moverse, ser pragmáticos, más allá de lo que las instituciones o los políticos consideren que hay que hacer. 
     De igual modo, me gusta su manera de echar por tierra tópicos y estereotipos sobre determinados colectivos, como, en este caso, hace con los guardias civiles: los hay cultos, los hay formados, los hay universitarios. 
    Y, por supuesto, me han enamorado las referencias metaliterarias que Silva incluye en esta entrega: esa Alicia/Neus que no sabe si es reina o esclava, si está dormida y sueña o es fruto de un sueño; el análisis de la figura del escritor, la visión que la sociedad tienen de ellos, representada por Gabriel Altavella, el marido de Neus, la víctima de esta novela. Y, por la parte que me toca, me ha interesado especialmente la reflexión sobre la admiración que los escritores despiertan en nosotros, esas etapas de embeleso y devoción que muchas veces sentimos y que se oponen a otros momentos de alejamiento, si no de rechazo hacia el autor. Y el placer que supone para un lector hablar con un autor, intercambiar opiniones, conocerle en la cercanía, en lo que él es y no en lo que son sus personajes. He de confesar que, tras esta lectura, me mantengo en la primera fase en mi relación con Lorenzo Silva, es decir, la de la admiración absoluta. Cada día me gusta más cómo escribe y lo que escribe, su estilo y lo que cuenta con esa precisa elección de palabras. Llevo muchos años y muchos libros leyendo a Silva y, de momento, mi admiración y mi respeto por él no decaen. Es más, creo que crece a cada nueva lectura. Y, de momento, la única entrega de Bevilacqua y Chamorro que me queda por leer es la que ha ganado el Planeta... ¿qué mejor promesa?
    Nos seguimos leyendo.


    Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto Homenaje a tu autor favorito: 4/5
  •  Reto negro y criminal: 9/1
  •  Desafío100 libros: 58/100
  • Reto Sumando: 19/2013
    Encuentro literario con Lorenzo Silva: aquí.
    Otros títulos de la saga reseñados:

miércoles, 17 de abril de 2013

Lorenzo Silva: “Ser escritor me ha hecho creer en los Reyes Magos”



 

Abril es, en Alcalá de Henares, un mes especial. Es el mes de las letras, el mes de los libros, el mes de Cervantes (con permiso de octubre, cuando se celebra por todo lo alto el nacimiento del escritor), el mes en el que se entrega el Premio Cervantes. Por eso, son muchas las actividades que se organizan para rendir tributo a la cultura en general y a la literatura en particular. Entre ellas está los Encuentros Literarios que este año cumplen ya su quinta edición. Dirigidos por Fernando Marías, reúnen a escritores de renombre y lectores para hablar sobre lo que comparten: las historias, los libros, la literatura.
Este no podía comenzar mejor: estas mesas literarias se abrían el pasado 3 de abril con un escritor que no necesita presentación: Lorenzo Silva. Ganador del Premio Planeta de este año, conversó con el director del encuentro (y amigo desde hace más de una década, según comentaron durante la charla) sobre numerosas cuestiones, unas más literarias, otras más personales, pero todas interesantísimas.
Tan interesantes y atractivas para el lector de Silva y, en concreto, para los amantes de la saga protagonizada por Bevilacqua y Chamorro como de dónde salió el nombre del personaje principal. Antes de desvelar el misterio, Silva reveló que escribió la primera entrega (El lejano país de los estanques) con la idea ya en la cabeza de que fuera una serie, de que no se quedara en una única novela. Como puntualizó Fernando Marías recordando una conversación que tuvo con Silva cuando ideaba la saga, lo que pretendía era crear un personaje que fuera creciendo y una serie en la que también quedara reflejada la evolución de España a través de los años”. Y así fue. Sólo que los comienzos, como casi siempre, no fueron nada fáciles y varias editoriales rechazaron la novela de Silva. Hoy, viendo lo buena que es la saga, la cantidad de premios que han ido ganando sus novelas (el Ojo Crítico, el Nadal o el Planeta), lo que cautiva Bevilacqua y los millones de lectores que ha ido consiguiendo, parece una locura que alguien pudiera decir que no a Vila. Pero así fue. Y, según explicó Silva, precisamente una de las causas que le dieron para negarse a publicarla fue el nombre del protagonista. Era demasiado raro. Pero eso ya lo sabía el creador. De hecho había buscado conscientemente un nombre extraño:
Yo quería escribir una novela policíaca pero quería lanzar un misil directo a la línea de flotación de lo que había sido la novela negra hasta el momento, quería bombardear sus estereotipos y lugares comunes. Así que busqué un nombre raro, que descolocara. Me costó encontrarlo. A posteriori me han preguntado muchas veces si era un homenaje literario a un autor italiano llamado así, pero no lo es, porque no lo conocía hasta después de crear a Vila. La verdad es que estaba buscando ese nombre diferente y, una tarde de verano, de esas tarde aburridas, en el sofá, mientras veía un campeonato de atletismo, lo vi: Antonella Bevilacqua. Era el de una de las atletas que competía (atleta a la que luego he seguido, pero que nunca ha conseguido ganar ninguna medalla) y lo vi claro: era eufónico, era raro, pensé que nadie iba a saber pronunciarlo ni escribirlo, que nadie se iba a acordar… Era el nombre que buscaba”.
De hecho, el nombre de Bevilacqua sigue dando juego dentro y fuera de la novela, convirtiéndose en el mejor marchamo de la saga, en la marca de calidad de la serie. Una serie que, por cierto, también fue rechazada porque decían que la novela negra no se leía (o no se vendía) mucho en España. Quizá lo que ocurría es que los lectores necesitábamos novelas policíacas de calidad, interesantes, atractivas y capaces de despertar nuestro interés. Como ocurrió.
También levantaba ciertas reticencias el hecho de que los protagonistas fueran guardias civiles, explicaba Silva, quien también mencionó algunos de los aspectos más positivos que le ofrece trabajar una saga: el lector y el autor saben quién es el protagonista, por lo que no hace falta inventar o caracterizar uno nuevo en cada novela, solo tienes que contar en qué sentido se transforma con cada historia, aunque siempre manteniendo una coherencia respecto a lo que es desde el principio”.
Una de las preguntas que más suele hacerse el lector cuando lee una novela es qué hay del autor en ella, qué cuota de la personalidad del escritor ha quedado adherida al personaje, qué comparten o qué los diferencia. Para Silva, la respuesta es clara (y tan adecuada y maravillosa como poética):
Los novelistas nos deshacemos en todos nuestros personajes. La carne de todos mis personajes está hecha con jirones de mi propia carne, se alimentan de mi experiencia. A ellos les doy todo, no me guardo nada”.
Esto hace que la relación entre personaje y autor sea extraña, continuó explicando Silva: Bevilacqua me ha aportado tanto a mí como yo le he aportado a él”, confesó. Espoleado por Marías, el premio Planeta empezó a comparar, señalando diferencias y similitudes:
A diferencia de otros investigadores, Bevilacqua se mueve en un territorio amplio, viaja por toda España, y yo también he recorrido todo el país en mis diferentes trabajos. Ambos compartimos el no ser dogmáticos, que es una de las características que más valoro de mi personaje. Me enferma de mi país la cantidad de gente dogmática que hay. Ni yo ni mi personaje podemos ser eso”.
Ambos coincidís también ser muy racionales”, apuntó Marías. Tenéis una capacidad de analizar que a mí me deja sorprendido. Seguro que eres capaz de definir cómo es una persona solo con ver cómo va vestida”, lanzó el director del encuentro, lo que digo lugar a una divertida comparación entre los modos de vestir de los dos escritores.
A pesar de todo ello, Bevilacqua tiene un punto de vista radicalmente diferente al mío, somos antitéticos en un aspecto: él es un funcionario público, que pertenece a una institución con disciplina militar, mientras que yo he sido siempre independiente, no me someto a una disciplina por elección ni pertenezco a ninguna institución”, señalaba Silva, quien contó al auditorio que él, hijo y nieto de militares, estaba llamado a convertirse en lo mismo, pero que prefirió elegir no seguir la tradición familiar, de un modo plenamente consciente. Y añadió: Bevilacqua asume el coste de aceptar ser parte de un sistema que sabe que no funciona bien”.

En cuanto a lo que el personaje había aportado al escritor como persona, Silva señaló que Bevilacqua me ha hecho ser especialmente observador. He pasado muchas horas con él intentado ver el mundo como lo ve un investigador de homicidios. He conversado con muchos investigadores que me han enseñado cómo ven ellos a las personas y cómo las calibran. Pensad que tienen que aprender a vivir en ese espacio en que verdad y mentira se entremezclan y a ellos les pagan por apostar por uno, por dilucidar quién miente y quién no. Sus conversaciones y la creación del personaje han ido transformando mi forma de ver la realidad. Ellos buscan, leen e interpretan la información, es su modo de enfrentarse a la realidad. Gracias a ellos me he vuelto más observador y me han contagiado la preocupación por ese dilema entre la verdad y la mentira, entre la realidad y la interpretación. En este sentido, también mi experiencia como abogado me ha valido para intentar reconstruir una realidad que no es reconstruible al cien por cien, desde el momento en que hay que levantarla a través de testimonios, pruebas y proyecciones sobre lo que pudo ocurrir”.
Del otro cincuenta por ciento de la saga, de Virginia Chamorro, hubo tiempo para hablar cuando Marías le preguntó a Silva si compartía con él la experiencia de que le acusen de no crear personajes femeninos. Marías explicó que a él le cuesta como escritor meterse en la piel de una mujer y que por eso sus personajes principales eran hombres. Pero Silva recordó que tiene cuatro novelas en las que la protagonista y narradora es una mujer y señaló que, ahora mismo, a estas alturas de la saga, Chamorro es más importante para el desarrollo de la historia que Bevilacqua, que se ha vuelto un poco cascarrabias. Quienes hayan leído La marca del meridiano habrán visto que hay un momento en el que Vila se sale de la investigación y es Virginia la que carga con el peso de sacarla adelante”.
De igual modo, Silva trajo hasta el auditorio la referencia a Rosana, la joven protagonista de La flaqueza del bolchevique, un personaje que muchas veces se ha estudiado en comparación con la Lolita de Nabokov pero que, para mí, son totalmente distintas, de hecho son opuestas y su papel en la novela es totalmente diferente: Lolita es un personaje, en realidad, accesorio, todo el peso de la novela recae en Humbert Humbert, es su mente, sus obsesiones, sus pensamientos lo que se va transmitiendo al lector. Y en mi novela, el personaje masculino es sólo una voz, la novela se sostiene por la chica. Rosana tiene entidad propia, no es una palurda, es una persona que, con 15 años, tiene la capacidad de pensar sobre sí misma y su entorno, lo que también le da un punto de oscuridad. La novela se plantea como un enfrentamiento dialéctico entre los dos, un enfrentamiento en el que él sucumbe, dialécticamente”.
El debate sobre los personajes condujo la conversación a otras novelas del autor. Así, y enlazando con lo que había adelantado sobre su elección consciente de no seguir la carrera militar, Silva contó pasajes de la vida personal de su abuelo y de su padre y los enlazó con el análisis de personajes como los de El nombre de los nuestros, Carta blanca y Niños feroces. En todos ellos se habla de historias duras relacionadas con la participación en diferentes enfrentamientos bélicos y, al final, la impresión que quedó entre el auditorio fue que con tales personajes y tales novelas Silva intenta profundizar o dar respuesta a una de sus obsesiones respeto a la vida militar: mi fascinación por lo militar es una fascinación por la experiencia límite y por la voluntariedad para vivir esa experiencia límite”, explicó Silva. Al final, la impresión que me produjo toda la charla sobre novelas y vivencias reales es que Silva es incapaz de comprender cómo alguien es capaz de ofrecerse voluntario para luchar o para morir, en una guerra, por cualquier razón, y que trata de investigar en esas razones o en esas personalidades o en la disciplina militar o en los contextos en los que esas decisiones se producen para intentar comprenderlas.
Dicen que escribir es desnudarse  y quizá hablar de lo que uno escribe también acabe siéndolo, porque creo que Silva contó mucho de sí mismo a través de sus personajes, de su modo de trabajar, de su manera de enfrentarse a una novela, de los asuntos literarios que le preocupan, de las tramas que urde en la ficción para dar respuestas a preguntas que él se hace en su realidad. Un desabrigo literario de una persona que, por lo demás, es muy celosa de su intimidad y su vida al margen de la escritura. Así lo demostró, por ejemplo, cuando Fernando Marías le preguntó por su actividad en las redes sociales. No soy un convencido de las redes sociales”, señaló Silva. Creo que son herramientas tecnológicas fallidas: prestan una serie de utilidades a un coste desmesurado para el usuario. La tecnología no siempre avanza y creo que las redes sociales lo demuestran. Soy activo, pero muy reticente”, explicaba el escritor, añadiendo que solo las utiliza para cuestiones profesionales y que en ellas no encontraremos ningún tema personal. Parte de las razones de esta desconfianza está en las condiciones legales, por ejemplo, que se permiten en España, mucho más abusivas para el usuario que, según citó, las de Alemania, por hacer referencia a un caso concreto. Las redes sociales están concebidas para utilizar al usuario, no para que el usuario las utilice”, sentenció.
Al final del acto, Silva firmó ejemplares y charló con algunos de sus lectores
 Haciendo balance de sus 16 años de amistad, Marías preguntó a Silva dónde se veía dentro de otros 16, a lo que el premio Planeta contestó que el desafío es seguir siendo leales a lo que somos”. “A mí lo que me gusta es contar historias”, confesó. Y se escritor me ha hecho creer en los Reyes Magos”. Ante la estupefacción del auditorio y del propio Marías, Silva contó un hermoso capítulo de su propia vida:
Siempre he querido ser escritor y a los 13 años incluso se lo pedí a los Reyes en una de mis cartas: ‘Queridos Reyes Magos: me gustaría ser escritor’. Sólo que, por aquel entonces, yo pensaba que ser escritor consistía en quedarse parado mucho rato, apretar los puños contra la frente, estar en silencio y pensar y pensar y pensar hasta que se te ocurriera una buena historia. Sufrí mucho intentado encontrarlas por esa vía hasta que descubrí una alternativa: asomarse a la ventana. Fuera es donde pasan las historias, fuera pasan cosas que te dicen algo y que, encima, son verdad. La realidad es la gasolina del automóvil del escritor, siempre que se profundice en ella. El mundo es muy poliédrico y en sus paradojas y contradicciones están las historias. Todo es interesante y todo tiene una historia. Si profundizas y reflexionas, si no sabes y preguntas a la gente, si consultas y escuchas, encuentras las historias. Nada me ha enseñado más que hablar con la gente. Donde quiera que tú excaves en la realidad, allí encuentras una historia. Y esa historia está trabada, tiene sentido… y además, es verdad”.
No se puede poner mejor broche a la crónica de este encuentro con un gran autor que se hace aún más grande en las distancias cortas.
Nos seguimos leyendo.
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