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jueves, 3 de enero de 2013

"Del sentimiento trágico de la vida", de Miguel de Unamuno: filosofía en estado puro

   Siempre me ha gustado mucho Unamuno, así que cuando Austral nos ofreció este libro a los reseñadores de Anika entre Libros no pude decir que no. Es un ensayo, un libro complicado de leer, porque muestra la parte más filosófica del autor, pero dice algunas cosas realmente interesantes. Me gustó aunque me costó leerlo.


DEL SENTIMIENTO TRAGICO DE LA VIDA (Edición 2011)
(Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y los pueblos, 1913)
Miguel de Unamuno

Editorial Austral
Colección Humanidades

Introducción de Pedro Cerezo Galán, catedrático de Filosofía de la Universidad de Granada
© Herederos de Miguel de Unamuno, 1913
© Espasa Libros

Género y tags: Ensayo, filosofía, religión, literatura española
ISBN: 9788467037227
329 Páginas

 
 
Argumento:

     Miguel de Unamuno reflexiona hondamente en este ensayo sobre la condición del hombre a principios del siglo XX, analizando la trayectoria cultural, filosófica y religiosa que lo ha llevado, a través de los siglos, hasta ese momento histórico. Con gran profundidad, Unamuno recoge y rebate, en su caso, algunas de las corrientes de pensamiento que se han ido sucediendo a lo largo de la historia de la humanidad, desde el clasicismo griego hasta las más modernas teorías del siglo XX.

Opinión:

   Abordar la lectura de Del sentimiento trágico de la vida no es fácil. No lo es por la profundidad de las reflexiones que plantea Unamuno ni lo es por la cantidad de referencias de todo tipo (filosóficas, religiosas, literarias…) que el que fuera rector de la Universidad de Salamanca recoge y comenta. Sí lo es, en cambio, por el lenguaje que utiliza: Unamuno se dirige al lector de tú a tú, le increpa, le invita a imaginar determinadas situaciones, le reta a reflexionar junto a él, le invita a seguir el camino de pensamiento que él va recorriendo. Y lo hace de un modo llano, sencillo, con apelaciones directas, algún chascarrillo y con un lenguaje coloquial que, sin embargo, se vuelve técnico y especializado cuando desgrana algunas de las corrientes de pensamiento más importantes de la historia de la humanidad.
    Unamuno parte de la base de concebir el hombre como ser individual (no como el ser objetivo o generalizado de las explicaciones teóricas, sino como el ser humano concreto e individual, con sus sentimientos y sus preocupaciones) para abordar cuestiones relacionadas con la filosofía o la religión, dos de las grandes preocupaciones del escritor.
    Concede importancia al sentimiento frente a la razón y reflexiona sobre la eterna lucha que uno y otra mantiene en cada hombre. Una lucha angustiosa y trágica pero vital. Fe, vida y razón se necesitan mutuamente, explica el filósofo, para su propia subsistencia; concibe el sentimiento y la razón como dos enemigos en constante disputa, pero que no existirían si alguno se llegase a retirar de la batalla.
    A la vista está, pues que, en este ensayo, Unamuno defiende al valor del sentimiento, muchas olvidado por las corrientes filosóficas, científicas, literarias o religiosas, que conceden mayor importancia a la razón. Su apuesta por el sentimiento es una apuesta, en el fondo, por la lucha de la que hablábamos antes, por la duda, la incertidumbre, características fundamentales de la vida de cada ser humano.
     Pero, para Unamuno, la duda, la incertidumbre, adquieren un matiz positivo. De la enfermedad nace el progreso, dice el filósofo; la vida es tragedia y la tragedia, vida.
    Del sentimiento trágico de la vida es, en realidad, un gran compendio de buena parte del pensamiento occidental. Desde la ciencia, a la psicología, pasando por la filosofía, el arte o la religión tienen cabida en sus páginas. Unamuno realiza una excelente labor de síntesis que le permite viajar a través del tiempo, recogiendo algunas de los principales hitos de la cultura occidental. Gran parte de la dificultad que presenta la obra es precisamente ésta: la mera referencia, el esbozo en el mejor de los casos, de un sinfín de teorías y corrientes, que el lector no siempre conocerá tan a fondo como Unamuno. Junto a ellas, citas en latín, en griego, en italiano, en inglés… Y es que Unamuno acude a las fuentes originales para extraer de ellas las ideas y pensamientos que necesita para explicar sus propias teorías, ya sea por semejanza o continuidad como por oposición.
    La personalidad del pensador se filtra, pues, en cada página. Avanzando en ellas descubrimos no sólo lo que nos quiere contar, sus reflexiones sobre la vida, la fe, la humanidad, la razón o la propia historia. A medida que vamos recorriendo su obra podemos descubrir sus lecturas favoritas, los autores que le han influido, su concepción de la religión, sus vivencias históricas, la profundidad de su pensamiento, su preocupación por el hombre.
   Para Unamuno, la cuestión que más desasosiego causa al ser humano es la de la inmortalidad. Una inmortalidad entendida en un sentido doble: por un lado, como pervivencia del alma, como inquietud, si no religiosa, si al menos espiritual; y, por otro, como reconocimiento de la vida del hombre y sus éxitos, como fama y recuerdo de sus pensamientos y logros más allá de su propia muerte. Y a ella dedica gran parte de los análisis y reflexiones del ensayo.
   Del sentimiento trágico de la vida está considerada como una de las mejores y más completas obras de Unamuno, algo que queda claro a la vista del extensísimo recorrido histórico por la ciencia, el pensamiento o el Cristianismo que realiza en sus páginas. Una obra excepcional.
   Enlace a la publicación original en Anika entre Libros. 

   Te recuerdo que el sábado acaba el plazo para presentar micro-relatos en el certamen de Anika. Si te interesa, puedes consultar las bases aquí.
    Nos seguimos leyendo.

lunes, 1 de octubre de 2012

"Niebla", de Miguel de Unamuno: una sorpresa metaliteraria y filosófica


    Me gusta que los libros me sorprendan. Me gusta que me engañen, que me despisten, que den giros inesperados, que se atrevan a romper, incluso, los límites entre la realidad y la ficción. Por eso me gustó tanto Niebla la primera vez que la leí y por eso me ha gustado aún más en la relectura que hice hace unas semanas. Es una novela (o lo que sea) sorprendente, que reflexiona sobre la propia condición genérica de la novela y que juega con el lector, con el autor y con los personajes, en una farsa que no deja de divertir y de hacer pensar a partes iguales.
   Porque en el trasfondo de Niebla está la siguiente comparación: si Dios crea los hombres y los autores crean a los personajes... ¿qué pasa cuando hombres y personajes mueren? ¿Quién es más mortal, o más inmortal, depende de cómo se mire: el hombre, que deja una huella mayor o menor en quienes le rodean, seres que, del mismo modo, acabarán muriendo tarde o temprano; o el personaje, que con no ser real acaba perviviendo a través de las lecturas sucesivas durante siglos y siglos? Según el ejemplo del propio protagonista: ¿quién es más inmortal, Cervantes o El Quijote?  
    A mí, que me gusta tanto leer sobre el proceso de creación de la obra literaria, me encantó encontrar la polémica sobre cómo deberían ser los personajes, los diálogos, la trama o la configuración de la novela dentro de la novela misma. La reflexión metaliteraria me encanta y ver cómo el personaje de Víctor Goti discute con Augusto Pérez, protagonista de la nivola, como la llamó el propio Unamuno, sobre el argumento de una novela diciendo que mi novela no tiene argumento o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo o sobre la inclusión de psicología o descripciones explicando que lo que hay es diálogo; sobre todo, diálogo. La cosa es que los personajes hablen, que hablen mucho, aunque no digan nada, además de tremendamente irónico me parece muy crítico y francamente divertido.
   Unamuno se ríe de los literatos y se ríe de sí mismo, porque, si estas son las pautas que él crea para la nivola y se supone que Niebla lo es, está saltándose a la torera sus propios preceptos (¿para qué sirven los preceptos literarios entonces?). Porque Niebla dice y dice mucho. Detrás de la parodia, detrás de la farsa, detrás de la amargura de los personajes, hay mucha reflexión filosófica y existencial sobre el sentido de la vida del hombre. 
   El argumento es casi lo de menos: Augusto Pérez cree haber encontrado el amor pero cuando descubre que todo es mentira acude a rendir cuentas con el autor, llegando, incluso, a amenazarle con su suicidio. La gran pregunta es: ¿sería, entonces, suicidio... o asesinato por parte del autor? ¿Tienen los personajes libre albedrío, como los seres humanos, o están supeditados a la pluma y la imaginación del literato? Porque la respuesta puede parecer clara, sí, pero... ¿en cuántas entrevistas no hemos leído que los personajes o el argumento acaban por tomar las riendas y, al final, la novela no es como el escritor la había imaginado, sino otra cosa, un producto diferente, resultado de un proceso de transformación de la idea original gracias a la intervención de los personajes o de la propia historia?
    Ya digo que me fascina toda esta reflexión sobre la relación entre los autores y los personajes, relación que, metafóricamente, en Niebla también tiene que ver con la relación entre Dios y los seres humanos. Por eso me ha gustado tanto esta maravillosa novela metaliteraria y filosófica. Y por eso ha sido un placer volver a leerla. Porque pasan los años y, pese a la evolución que el género ha experimentado desde que Unamuno la escribiera, allá por 1907, no ha perdido ni frescura, ni capacidad de sorpresa, ni certeza en las reflexiones que propone. Y a eso hay que añadir mi propio bagaje lector: la Lidia de 2012 no es la Lidia que leía Niebla por primera vez en COU, no tiene los mismos conocimientos, ni las mismas experiencias, ni las mismas preguntas. Por eso mi lectura ha sido diferente (lo he podido comprobar a través de las notas que suelo tomar en los libros) pero igual de enriquecedora. Y es que las grandes obras literarias tienen estas cosas.
   Nos seguimos leyendo.

Ficha técnica:

Título: Niebla  
Autor: Miguel de Unamuno 
Editorial: Cátedra         Género: novela, nivola, metaliteratura     Páginas: 300  
Publicación  1993    ISBN: 8437603471
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