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lunes, 15 de junio de 2020

"La cautiva", de Inma Bretones: un acertado acertamiento a la identidad de género

La cautiva de Inma Bretones

Título: La cautiva
Autora: Inma Bretones
Editorial: autopublicado
Género: novela, intimista, romántica
Páginas: 315
Publicación: 19/4/2020
ISBN: 9788409083107


 A sus sesenta y cinco años, y tras la muerte de su mujer, Rafael repara en que el tiempo, su vida, ha pasado demasiado deprisa. Y lo que es más grave, sin sentir que esa parte de su vida le pertenezca.
  Sin embargo, a pesar de su edad, no todo está perdido, como él cree. Aún tiene la oportunidad de ser feliz, de conocer el amor y la pasión y de cumplir su sueño.  No será fácil conseguirlo. Deberá hacer frente a mucho dolor y desencuentros.  Una historia sobre atrevernos a mostrar quiénes somos realmente, al precio que sea.
   Ya sabéis que tengo el blog un poco en "stand by" desde hace tiempo pero, en esta ocasión, regreso por un buen motivo. Es cierto que (para mí) este confinamiento al que nos estamos viendo sometidos ha tenido (al menos) una cosa buena: he tenido mucho más tiempo para leer y he logrado reducir considerablemente mi montaña de libros pendientes. Así que publicaré alguna reseña más por aquí.
    Pero es verdad que esta situación también ha tenido consecuencias negativas. Muchas y terribles, en algunos casos. Otras, menos graves pero también importantes, sobre todo para quien las padece. Y así, muchos autores se han visto afectados por este parón. Esperemos que el daño no sea muy profundo y que puedan salir del bache cuanto antes.
   Entre esas autoras afectadas, está mi querida Inma Bretones (administradora del blog Lectora de tot), quien publicó su tercera novela justo al comienzo del confinamiento. Me ofreció un ejemplar para que la leyera y, aprovechando que tenía más tiempo, lo acepté. Y aquí estoy para contaros mis impresiones.
    Es curioso, pero durante estos meses he leído otros dos libros que tratan, por separado, dos cuestiones que aparecen en esta novela: "El eco de la piel", de Elia Barceló habla de hombres que se sienten mujeres y que tienen que ocultarlo, por los motivos que sea. Y "El consuelo", de Anna Gavalda, trata de esa vida gris que no nos convence, que no nos hace feliz, pero de la que no sabemos cómo salir. Así que entre los tres me han dado una perspectiva más amplia de estas dos cuestiones.
   Dos cuestiones, sin duda, interesantes y que dan mucho juego en la novela de Bretones. Sobre todo porque Rafael, el protagonista de la obra, se te mete muy pronto en el corazón, así que compartes con él toda su frustración, todos sus sueños prohibidos, toda la tristeza, o la añoranza, por lo que él siente como una vida... no perdida, porque ha sido feliz a su manera con lo que ha tenido, pero sí quizás vivida a medias. Me ha encantando sentir con él esa sensación de que el tiempo pasa muy deprisa, que crees que siempre vas a poder seguir cumpliendo sueños y que, muy al contrario, si no te apresuras a ir poniéndolos en marcha, corres el peligro de quedarte sin ellos.
   Por otra parte, también me ha interesado mucho tanto su relación con sus hijas como la configuración de estas como personajes. Es cierto que, al ser secundarios, son personajes con menos desarrollo, pero lo que la autora nos cuenta de ellas es suficiente y retratan muy bien su manera de pensar, de sentir y de actuar. Y reflejan que esto de los sueños rotos no tiene que ver con la edad, sino con el empeño que uno le ponga.
   Otro de los grandes temas (por no decir el más importante) que se plantean en la novela es el de la identidad de género y las preferencias sexuales de cada uno. En este sentido, me ha encantado el enfoque de Bretones, valiente, cercano, realista y... bueno, no voy a comentar nada del final... pero da mucho que pensar. Y me encanta porque me ha resultado novedoso y, como digo, osado desde el punto de vista literario.
   En cuanto al estilo, es cercano, es amable, el narrador se mantiene muy cercano a los personajes y, aunque es cierto que en ocasiones esta voz narradora me ha causado cierta incomodidad (pero no sabría decir por qué), la novela es muy ágil y engancha fácilmente, sobre todo, con la fuerza de unos personajes muy trazados.
    Me ha costado ponerle la etiqueta de romántica porque no es una historia de amor al uso, por lo que ese membrete podría dar lugar a equívocos a lectores que busquen "más de lo mismo". Y también porque hay muchas más cosas además de una historia de amor romántico (aunque sobre esto también se podría hablar... y mucho). En realidad, "La cautiva" es una historia de amor a la vida, a la música, a los sueños, a la familia, a los amigos, a las pequeñas cosas y a uno mismo.
     En definitiva, una historia entrañable y certera que no deja indiferente.
     Nos seguimos leyendo.

lunes, 5 de agosto de 2013

"El sol de Argel", de Esther Ginés: una novela sugerente que dice mucho más de lo que cuenta




    Ficha técnica:


Título: El sol de Argel            Autora: Esther Ginés 
Editorial: Ediciones Carena    Género: novela             Páginas: 276
Publicación: 25/06/2013    ISBN: 978-84-08-11433-8

Sinopsis (editorial):


  Matías tiene treinta años y una vida prometedora, pero decide suicidarse. Martín, su gemelo idéntico, desconoce qué lo condujo a actuar de esa manera. Desorientado e incapaz de pasar página, emprende una acelerada investigación que cambiará su forma de entender la estrecha relación que los unía. Convertido casi en un detective, se sumerge en los últimos meses de vida de su hermano para encontrarse con un Matías desconocido. ¿Con quién se citaba en un antiguo edificio medio derruido en el centro de Madrid? ¿Quién es M., esa misteriosa persona de la que él nunca oyó hablar y que alteró la existencia de Matías? El sol de Argel es una novela de identidades, de cómo no somos quienes creemos o decimos ser. Una historia de búsquedas, de encuentros y desencuentros. Un viaje que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos emprendido.
   Si de todas las palabras del mundo tuviera que elegir una sola para definir esta novela escogería sugerente. La primera obra de Esther Ginés me ha parecido muchas cosas pero, sobre todas ellas, sugerente: creo que incluye tantos cabos de los que el lector puede tirar y completar su lectura que confieso que he tardado más en leer este libro de lo que sus 276 páginas me hacían pensar porque había veces que me quedaba parada pensando en algo de lo que había dicho Martín, el personaje central de la novela y su narrador en primera persona, o seguía leyendo mientras mi cabeza andaba desarrollando algo sugerido en el texto, con lo que tenía que volver atrás para retomar el hilo de la narración, porque no me había enterado de nada de lo que había leído en los últimos párrafos. De hecho, es que me ha pasado una cosa curiosísima con esta novela: al principio, reflexiona mucho sobre los gemelos, idénticos en este caso, sobre cómo los padres se esfuerzan en que se vean a sí mismos como dos personajes diferentes, dos entes individuales y no un mismo ser dividido en dos cuerpos. Todo lo que se cuenta en la novela sobre este tema me parece interesantísimo porque es que, además, hace un par de meses vi en el metro a dos señoras como unos cincuenta años, gemelas idénticas, vestidas exactamente igual, y desde entonces he estado pensando mucho en todo eso: en cómo se sentirían, si creerían que son dos personas o solo una, en cómo habrán vivido sus vidas... El caso es que durante la primera parte de la novela, he estado subrayando y anotando todo lo relacionado con esas preguntas previas que yo me había hecho, buscando paralelismos entre la literatura y realidad. Y cuando he llegado a la segunda parte de la obra y he visto que Martín hacía exactamente lo mismo con El extranjero de Camus, novela en la que buscaba a su hermano, explicarse su forma de ser, identificarlo con el protagonista... sinceramente, me he sentido dentro del libro. Así que por ese motivo, por la narración en primera persona y por la disección de sentimientos y sentimientos que realiza he empatizado muchísimo con el personaje central, por lo que he sentido esta novela muy muy dentro.
  La novela comienza como una historia de intriga, con toques policíacos (Martín se convierte en investigador de la muerte de su hermano Matías; como dice él mismo, se disfraza de investigador para buscar las causas de su suicidio); una investigación que va perdiendo su pulso para ir derivando hacia una novela intimista y psicológica en la que Martín va desangrándose, deshojándose, descubriéndose, diseccionando todo lo que tiene que ver con su hermano: desde su pasado en común hasta su presente, su pareja, su diario... Esa novela de introspección volverá a cambiar cuando Matías encuentre a la gran incógnita de la obra, esa M. del diario de Matías, que acabará convirtiéndose en la Mirna que le rescatará del frenético luto en el que se había ido hundiendo. Comienza así una época de felicidad en el libro que tampoco será duradera: Mirna vive en un edificio a punto de ser derribado, así que la fecha del inicio de las obras pende como un espada sobre sus cabezas, enrareciendo su relación. El final, abierto, me ha parecido muy simbólico: ese edificio que fue esplendoroso pero que ahora está en ruinas que empieza a caer definitivamente para construir, sobre él, algo nuevo, abre, también, una nueva etapa en la vida de Martín.
  En realidad, el edificio ejerce una función simbólica desde el momento en el que aparece: primero es el temor a lo desconocido; después, el paraíso en el que ser feliz en medio de la jungla de asfalto madrileña y, finalmente, la esperanza de lo nuevo que está por venir.
   Creo que, como en el caso del edificio, toda la novela permite varias lecturas: a la lectura del argumento como tal y de la trama urdida para desarrollarlo se unen las lecturas personas que cada lector puede extraer al hilo de todas las reflexiones que va proponiendo la autora. Así, hay una clarísima reflexión sobre la identidad propia, sobre quiénes somos y cómo nos presentamos ante los demás frente a la verdad que ocultamos y nos guardamos para nosotros mismos. Matías es el paradigma de este tipo de personalidad cerrada y opaca a la que nadie puede asomarse: ni Carla, su pareja; ni Martín, ni la madre de ambos... ni tampoco M. Su suicido hace caer la máscara tras la que Matías se ocultaba, pero ya es demasiado tarde para conocerle: no ha dejado en el mundo pistas suficientes para saber lo que ocultaba su alma. Todo ello siembra en el lector la duda sobre si realmente conocemos a quienes tenemos cerca, si son lo que nos muestran, hasta qué punto se puede mantener la máscara puesta, cómo nos relacionamos con quienes están a nuestro lado, hasta qué nivel nos desnudamos frente a ellos.
    La identidad (opaca, misteriosa) de Matías contrasta con la de un Martín que se nos muestra en cada página del texto, aunque oculte (o trate de ocultar: para su madre, Martín es un libro abierto) lo que siente a los demás personajes. Hasta que los muros no puedan contener todo lo que guarda dentro y se aleje definitivamente de Matías, derramando sobre Mirna toda la tensión acumulada desde el suicidio de su hermano. 
   La reflexión sobre la individualidad y la dualidad al hilo de los gemelos (potenciada por el juego de los nombres, los espejos, la similitud física y los sueños en los que Martín se convierte en Matías) se une a la referencia a la lucha entre el individuo y la sociedad, manifestada en el libro a través de las múltiples referencias a El extranjero. Y este no será el único guiño metaliterario de la novela: hay continuas trasposiciones de momentos literarios a sucesos acontecidos en la obra, como cuando Martín entra en el jardín de Mirna y se siente como Alicia entrando en el País de las Maravillas, se siente al otro lado del espejo. Son varias las ocasiones en las que Martín echa mano de la literatura para explicar la vida, como ya hemos visto que hizo con el protagonista de El extranjero y su hermano, proponiendo, así, una reflexión sobre el consuelo que nos dan los libros en determinados momentos y sobre la grandeza de una literatura que buscar explicar la vida, hacer las preguntas correctas para que cada lector encuentre las respuestas que anda buscando.
  Creo que Esther Ginés ha creado una novelita muy grande: es pequeña en tamaño pero grande en sugerencias; se lee rápido pero deja poso; dice más de lo que cuenta y nos presenta a unos personajes entrañables y un profundo análisis del ser humano a partir de sus miedos, sus pensamientos, sus máscaras, sus bloqueos, sus sentimientos, sus sueños, sus obsesiones, sus huídas, sus refugios y los mecanismos de su propia memoria.
  Nos seguimos leyendo.      

   Agradezco a Albanta, de Adivina quien lee, que organizara el sorteo y la lectura conjunta de esta novela y a la autora su generosidad para no dejar a nadie fuera y que todos pudiéramos disfrutarla. Ha sido un placer.

   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •   Desafío100 libros: 77/100
  • Reto Sumando: 15/2013           


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