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sábado, 27 de agosto de 2016

Entrevista a David de Juan Marcos: "En una buena historia es tan importante lo que se cuenta como lo que se decide callar"

  El lunes comenzaremos a publicar las reseñas de la lectura conjunta de La mejor de las vidas, una novela poética y con giros inesperados que, a juzgar por los comentarios que hemos ido haciendo en Twitter, ha gustado bastante. Para abrir boca, como aperitivo a todas esas reseñas que están por venir, publicamos hoy una entrevista al autor de la novela, David de Juan Marcos, en la que nos da algunas claves sobre lo que cuenta y sobre su proceso de escritura.

  • Lo primero que llama la atención de su novela es el estilo, la forma, la belleza que encierra su manera de contarnos esta historia. Hay metáforas muy acertadas, imágenes perfectamente construidas... ¿cómo se trabaja el lenguaje para conseguir un resultado así?
Me parece que no hay más secreto que trabajar muchas horas en cada línea, cada párrafo. No conformarse. Volver y volver sobre cada frase hasta que obtenga la musicalidad que se busca. Pero, hay que saber poner punto y final de lo contrario puede llegar un punto en pierdas la objetividad.
  • Y lo mejor es que este lenguaje cultivado y trabajado, bello, no entorpece la lectura sino que potencia su contenido y sus significados. ¿Cómo se pule ese estilo para lograr la voz, el tono y el enfoque que mejor le van a la historia contada?
Ese fue el gran reto desde el principio. Una vez elegido el estilo que debía mantener la obra durante todas sus páginas, el mayor esfuerzo era conseguir una lectura fluida. Había que encontrar la máxima sencillez posible. Eso es realmente complicado. Lo fácil muchas veces es recargar las frases, llenarlas de adjetivaciones y subordinaciones que no dicen nada y que solo complican la lectura.
Tenía claro que debía explorar nuevas maneras de contar historias. Asumir riesgos. El estilo es lo que da sentido a esta novela. Todo debía tener una cadencia acorde a lo que se cuenta. El cómo se cuenta de la mano del qué se cuenta. Pero a la vez tenía que ser muy sencillo y tenía que sonar bien al oído. No basta con que este bien escrito, o con que el mensaje esté trasmitido. De ninguna manera. Cada frase, cada párrafo y cada capítulo debe tener su medida, su ritmo, su melodía aun a pesar de que a veces esta sea imperfecta. Asumir la imperfección permite buscar esa musicalidad. La imperfección es sin duda más hermosa, tanto a nivel de una sola línea como de la novela en su conjunto. Esto hace que la construcción de un solo párrafo me lleve gran cantidad de horas a lo largo de muchos días y que las correcciones sean constantes.
  • Una historia que nos habla de muchas cosas. Nos propone reflexionar, por ejemplo, sobre esas ocasiones en las que nos quedamos anclados en la vida, en las que nos cuesta tomar las decisiones que tenemos que tomar, en las que no logramos sobreponernos al bofetón que nos acaban de dar. ¿Es sano quedarse varado en un revés?
Sí, es una historia con muchas capas, con muchas profundidades y aristas, de tal manera que casi cualquier lector pueda disfrutar de cada una de estas intenciones. Me estoy encontrando con que cada lector parece que lee un libro distinto. Eso es muy gratificante al tiempo que sorprendente porque encuentro intenciones y sentimientos que ni yo sabía que estaban ahí.
¿Que si es sano quedarse varado tras un contratiempo? Te contesto con unas de las frases del padre del protagonista: ¿Sabes lo que pasa cuando uno espera, Nicolás? Nada. Eso es lo que pasa cuando se espera. Nada de nada.
  • Hablando del padre de Nico, el protagonista de la obra: también presenta en la novela la degradación física, moral y en las relaciones con los demás que supone no superar esas situaciones. ¿Cuál era su intención al introducir la historia del hermano de Nico y cómo ha afectado a los padres?
Uno de los tres o cuatro temas principales de la novela es cómo la estructura familiar afronta un problema y la manera en la que cada uno de sus miembros buscan su propio camino, en este caso ante la ausencia del ser querido. La historia está llena de silencios y de ausencias. Quería hacer ver que frente al duelo no hay tiempos ni maneras. Es algo muy íntimo, muy personal, en lo que nadie puede entrar y mucho menos juzgar.
El personaje de Marcos (el hermano de Nico) se convierte así en uno de los pilares maestros de la obra. Es un personaje que está muy presente por su ausencia. No aparece en ningún momento de la novela y sin embargo es uno de los que más se recuerdan y más cariño le cogen los lectores. Es una historia que como otras muchas en la novela quedan con una ventana abierta para que el lector pase y opine y eso ha hecho que muchos de esos lectores hayan encontrado interpretaciones y soluciones muy imaginativas que me hacen reafirmarme en la idea de que en una buena historia es tan importante lo que se cuenta como lo que se decide callar.
  • Respecto al tema de la familia y de los padres, en la novela también se plantea la reflexión sobre la pugna entre los sueños heredados y los sueños propios, entre lo que nuestros padres esperan de nosotros y lo que nosotros esperamos de ellos. ¿Ponemos demasiadas expectativas en este tipo de relaciones?
Desde diferentes lugares a La mejor de las vidas se la está tratando como novela generacional. No estoy ni de acuerdo y ni en desacuerdo con la etiqueta. Necesitaba un marco narrativo del que partir, una atmosfera y un background que explicara por qué los protagonistas reaccionan cómo reaccionan. Así, una de las ideas que pienso que ha marcado a mi generación (la de finales de los 70, principios de los 80) es que se nos ha querido señalar mucho el camino a seguir. Esto no es una crítica, sino una realidad fácilmente explicable si miramos hacia atrás. Las generaciones anteriores a la mía han vivido guerras, en ocasiones hambre, muchos años de dictadura. Las libertades y privilegios de los que disfrutamos ahora vienen de la lucha de esas generaciones por conseguirlas. Lo que ocurre es que cuando alguien consigue algo con mucho esfuerzo le da miedo perderlo, se vuelve conservador (en el sentido apolítico del término). Y esa es la mochila que nos pusieron a nosotros. Tuvieron miedo de lo que podíamos hacer con tantos privilegios que nos habían dado y decidieron pautarnos el camino: carreras con salidas, buscar un trabajo para toda la vida, no asumir riesgos. Esto ha tenido una lectura nefasta: no nos han enseñado a caer, a fracasar, a perder. Y en consecuencia no nos han enseñado a reinventarnos cuando vienen mal dadas. Ahí está el origen de todas las dudas, miedos y mochilas emocionales que arrastran los protagonistas al asomarse a la edad en la que tienen que tomar sus propias decisiones.
  • También reflexiona (y hace reflexionar) sobre la maternidad y la paternidad, un hecho que nos viene dado, en el que no siempre pensamos tanto como deberíamos pero que cambia nuestras vidas. ¿Por qué le interesa el tema?
Efectivamente, no hay un cambio mayor en nuestras vidas salvo la muerte, y lo digo yo que no soy padre. Un amigo mío decía que en la vida al menos hay que pararse a pensar dos veces: una cuando tus amigos empiezan a tener hijos, otra cuando tus amigos empiezan a morir. Yo me encuentro en la primera fase. Veo cómo les ha cambiado la vida a mis amigos y he tratado de llevar eso a la novela. Además, quería tratarlo desde la lega mirada de Nicolás, el protagonista, que no termina de entender lo que sucede (porque en realidad es una de esas cosas que no se puede pasar por los mecanismos de la razón) y de ahí sus continuas reflexiones. Supongo que si hubiera sido padre no hubiera podido hacerlo como lo he hecho en este libro. Hay cosas que se analizan mejor desde fuera.
  • En el fondo, esta es una novela de aprendizaje. Desde la juventud, no desde la infancia (aunque la infancia también tiene su peso en la obra) pero vamos viendo cómo Nico cambia, qué hechos, personas y lugares le van transformando. ¿Es inevitable cambiar tras el contacto con los demás?
Bueno, en cierta manera, podríamos decir que esa es la reflexión final de la novela. Somos seres sociales y hay quien dice que solo estamos vivos cuando estamos acompañados, que la soledad es lo más parecido a estar muerto. Quise llevar el momento de cambio a esa edad incierta en que no se es adolescente pero aún se es demasiado joven para ser tratado como un adulto. A día de hoy los plazos se alargan. Se es adolescente hasta bien entrada la veintena, se es joven hasta pasados los cuarenta. Y uno ya no sabe qué responsabilidades o qué estupideces le están permitidas. En qué momento se acaban las segundas o terceras oportunidades. Ahí están los protagonistas: en esa edad en la que no son lo suficientemente viejos como para no tener sueños, pero sí lo son para saber que nunca los cumplirán.
  • Son muchos los hechos, personas y lugares que aparecen en La mejor de las vidas. Pasan muchas cosas, algunas alegres, otras dramáticas (muy dramáticas) y otras que no ves venir. ¿Cómo se construyen esos giros que van sorprendiendo al lector a medida que avanza en la obra?
Mis novelas siempre son un puzle. Hay cosas triviales, digresiones que no llevan a ninguna parte, que incluso parece que entorpecen o que están puestas ahí para despistar al lector. Pero no es así, cada pieza cuenta, y como en un castillo de naipes si quitas una sola de las cartas la estructura se derrumba por completo. Nada sobra. Nada está puesto al azar. Eso solo se consigue corrigiendo mucho, borrando más, regresando una y otra vez. Te pondré un ejemplo, el personaje del abuelo de Nico para algunos lectores es casi intrascendente y piensan que cada vez que lo tocamos es un desvio en la narración que nos hace perdernos del hilo central. Sin embargo, hay muchos lectores que me han dicho que es protagonista de la novela. Yo no diría ni una cosa ni otra, diría que sin el abuelo de Nico la novela se derrumbaría como pasa con otro montón de historias que pueden parecer insustanciales. Ya hemos hablado de Marcos, ni siquiera sale en la novela y sin él no habría historia que contar o no se entenderían las reacciones de muchos personajes. Pero ese es mi trabajo, hacer que parezca que estas intermisiones no tienen importancia cuando en realidad son capitales para comprender la obra en su conjunto, que no chirríe, que no se le vean las costuras. En otras palabras: lo que se busca con todo esto es que cuando se termina el libro y se mira para atrás todo lo que parecido superfluo cobre sentido, que la novela siga viva en la cabeza del lector mucho después de haber cerrado el libro.
  • La novela también está llena de personajes interesantes, de personas muy curiosas, como el hermano de Nico o su casero, por poner un par de ejemplos; aunque lo cierto es que todos los personajes de la obra tienen sus chispa, su magia. O su rareza, si se quiere. ¿De dónde saca las ideas, las experiencias y las emociones que visten a estos personajes tan únicos?
La historia del hermano de Nico la he escuchado cientos de veces en casa. Se crea o no les sucedió a unos amigos de mis padres. La sentencia de “se lo han llevado y se lo volverán a llevar” me pareció de una fuerza estremecedora si nos ponemos en la piel de los padres. En cuanto al casero de Nico, fue mi casero durante el tiempo que viví en Cambridge. No hay ni un punto de exageración en su descripción o en lo que hacía. Pertenecía de algún modo a la mafia napolitana, estaba casado con tres mujeres congoleñas, vivía bajo arresto domiciliario (aunque eso lo importaba poco y cada dos por tres venía la policía a casa o preguntar por él) y tenía cinco órganos trasplantados por un fallo multiorgánico de cuyo origen nunca supe. Y por encima de todo, era un gran tipo. Podríamos hacer lo mismo con casi todos los personajes del libro. Mi primera novela, El baile de las lagartijas, comienza diciendo: “la realidad al contrario que la ficción puede permitirse la licencia de lo increíble”. Pues eso.
  • Y gracias a la novela también podemos viajar a varios rincones de Europa. Lugares que son más que un telón de fondo, que nos hablan de un tiempo y una generación de jóvenes con inquietudes en común pero que también actúan de forma diferente. ¿Viajar nos hace mejores?
Las ciudades no están elegidas al azar. Van de la mano con la historia. Lo que se cuenta en Cambridge no tendría sentido en una atmósfera como Ámsterdam, o lo que sucede en Roma no resultaría igual de creíble si el escenario narrativo fuera París. El ritmo de cada ciudad es distinto y por eso nos encontramos con diferente ritmos y estados de ánimo en la voz de Nicolás. Además, tenemos la idea de África como metáfora de la última aventura, del último territorio salvaje, y eso es lo que representa la protagonista para Nico. 
En cuanto a tu pregunta no tengo dudas de que viajar nos hace más tolerantes. Nos hace ver otra manera de hacer las cosas. Nos hace comprender que no somos el ombligo del mundo. Que la tontería de “como en mi país no se vive en ningún sitio” es precisamente eso: una tontería. Que hay cosas que se pueden hacer mejor y otras peor. Pero sobre todo viajar nos hace sentir vivos y alegres. Y cuando una persona está alegre no tengo dudas de que es más solidaria. No hay paz posible sin el mestizaje racial, cultural o ideológico.
  • Tanto los viajes, las ciudades que va habitando Nico, como las referencias literarias y cinematográficas incluidas en la obra hacen de ella una novela cosmopolita y culta. ¿Somos lo que hemos leído, lo que hemos visto y las ciudades en las que hemos vivido?
Sin duda y quien diga lo contrario es que no ha salido de casa o no ha leído nunca un buen libro. Como he dicho ya en muchas ocasiones, carezco de imaginación. Necesito que la realidad y las experiencias propias o ajenas entren en las novelas. Luego ya me encargaré de removerlo todo y juntar las piezas del puzle de otro modo diferente para conformar la mentira de la ficción. En este sentido las lecturas y los viajes son fundamentales. Escribir, en mi caso, no es más que una derivación de las otras dos actividades. El día que no tenga nada que contar dejaré de escribir, pero no creo que deje de viajar y de leer.
  • La juventud es otro de los grandes temas de la obra y se nos presenta como ese regalo que es pero que no siempre sabemos apreciar y valorar en su justa medida mientras lo vivimos. ¿Por qué eligió un protagonista en evolución y un tema como la juventud para su novela?
No es una elección sino una obsesión. Creo que no existen temas nuevos de los que hablar. Ya está todo contado porque las pasiones humanas son limitadas y los clásicos las tocaron todas. Solo nos queda buscar nuevas maneras de contarlas. Goya pintó la guerra pero también la pintó Picasso. 
Si tuviéramos que resumirlo aún más, diría que solo existe un gran tema: el paso del tiempo, que es la mayor canallada que se pueda imaginar. Sin embargo, el paso del tiempo solo nos importa porque nos hacemos viejos y en ese proceso la juventud que se va para no volver es de momento de lo único que puedo hablar. Y ya le dijo el Martín a su nieto que no hablara de cosas de las que no había vivido.
  • También se nos habla de enfermedad, de los derechos de los enfermos, de la pugna entre el egoísmo y la solidaridad y la delgada línea que los separa en ocasiones. Invita al lector a que reflexione sobre sus propios límites, qué haría él en las situaciones que viven los personajes, qué llegarían a hacer por amor o por proteger a quienes quieren. Pero lo bueno es que no da soluciones o, por lo menos, no impone soluciones. Los personajes hacen sus elecciones pero no hay una moralina que nos diga que eso es lo mejor. ¿Es necesario involucrar al lector en la novela, dejarle que construya, que llene huecos, que se implique?
Me gusta mucho que hagas esa reflexión que para mí es muy acertada y el objetivo final que busqué a la hora de escribir La mejor de las vidas. Más allá de lo bien o mal escrita que esté, de los temas y de los personajes, mi gran ambición era que lector siguiera el caminito de migas que se van dejando y entre a reflexionar sobre asuntos que a priori quedan en al aire. 
En la novela no se hace ningún juicio de valor. Se presentan uno hechos y se pregunta de una forma velada: ahora ¿tú qué harías?
Por lo general, cuando termina de leer la novela la sensación del lector es de cabreo, me dicen que cómo es posible que se me ocurra terminar así la historia. Para mí la historia ha terminado, sin embargo, los lectores están encontrando muchas puertas abiertas, ventanas a problemas para los que no he querido dar una solución porque no la he encontrado o tal vez no la haya. Eso hace que surja el debate interno. Que el mismo lector busque soluciones. Que después de cerrar el libro sigan dándole vueltas. Y tengo que decir que encuentran caminos mucho mejores de los que yo podría haber seguido, interpretaciones que yo no he encontrado, y todo eso me da muchísima satisfacción.
  • Después de leer La mejor de las vidas yo ya estoy pensando en la siguiente novela, que no me pienso perder. ¿Qué nos deparará el futuro de David de Juan Marcos?
Pues siempre algo distinto. No tengo ningún interés en pasarme la vida escribiendo siempre de la misma manera. Sé que eso es muy peligroso porque el que se acerque a mis libros buscando más de lo mismo se sentirá decepcionado. Ya he dicho que estoy convencido de que todas las historias estás contadas y solo queda buscar nuevas maneras de hacerlo. Para mí eso es lo importante. Así que lo que seguro encontrará el lector es mucho trabajo y una historia contada de un modo distinto. En este caso lo único que puedo adelantar es que mi próxima novela saldrá en la primavera de 2017 y nos iremos a trabajar con una banda de ladrones de arte.
   Suena genial. En ella nos volveremos a encontrar.
  Nos seguimos leyendo.

viernes, 20 de febrero de 2015

"El guardián invisible" (Trilogía del Baztán#1), de Dolores Redondo: el inicio de una trilogía sorprendente

   Repasando el domingo las reseñas que he elaborado para Anika entre Libros me di cuenta de que aún no había traído hasta el blog la de la primera entrega de la Trilogía del Baztán. ¿Pero cómo he podido retrasarme tantísimo? No tengo ni idea, pero ahora mismo saldo cuentas con Dolores Redondo. Y aprovecho para enlazar la entrevista que le hice, también para Anika, al hilo de esta primera novela.


El guardián invisible. Trilogía del Baztán 1 Título: El guardián invisible. Trilogía del Baztán 1
Título Original: (El guardián invisible, 2012)
Autor: Dolores Redondo
Editorial: Destino
Colección: Áncora y Delfín


Copyright:
© Dolores Redondo, 2012
© Ediciones Destino, S.A., 2013
Edición: 1ª Edición, Enero 2013
ISBN: 9788423341986
Tapa: Blanda
Etiquetas: criminales, criminología, asesinos en serie, folklore, género negro, investigación, policiaca, literatura española, mitología, novela, sagas, trilogías, thriller, Navarra, Pamplona, mitología vasca, mitología navarra, diosa Mari, ttartalo, enfermedades mentales
Nº de páginas: 435

Argumento:

La inspectora de homicidios de la Policía Foral Amaia Salazar regresa a su Elizondo natal para investigar el asesinato ritual de dos jóvenes halladas muertas en el entorno del valle del Baztán con una serie de rasgos distintivos del asesino muy marcados, personales y llamativos. Además de hacer frente a la investigación del caso, Amaia se las tendrá que ver con la mitología, las creencias y las costumbres más arraigadas del lugar y la pugna entre modernidad y tradición, al tiempo que verá cómo regresan a su vida y a sus sueños los demonios del pasado que creía enterrados y olvidados. 


Opinión:

  Dicen que los recuerdos son como las cerezas: coges un par y una guirnalda de ellas salen enlazadas en las primeras. Con las personas ocurre lo mismo: te adentras en la vida de una de ellas y, casi sin darte cuenta, te has metido en un universo lleno de historias, pasados y secretos. Al menos, es lo que ocurre en El guardián invisible: abres el libro y te sumerges ya desde la primera línea en la investigación del asesinato de dos chicas, más cercanas a la niñez que a la juventud, y, en el párrafo siguiente, en la de Amaia Salazar, la inspectora encargada del caso. Primera página y ya tienes entre las manos tres vidas enlazadas por el azar y la crueldad de una cuarta vida (aún desconocida) capaz de perpetrar una suerte de crímenes purificantes que sobrecogen dentro y fuera del libro.
  A esas cuatro vidas se van sumando otras: la faceta en pareja de Amaia y su afán por ser madre, sus terrores nocturnos, las que componen el entorno de las dos víctimas, las de los cadáveres que van apareciendo en la cuenta particular del asesino en serie, las de quienes ayuda a Amaia en la investigación... Una investigación que se llevará a cabo en Eliozondo, el pueblo del que es originaria la inspectora, por lo que su familia (sus hermanas, sus cuñados, sus tías, su pasado...) también se irán agregando a esa ristra de vidas entrelazadas que vamos conociendo a lo largo del libro. Y lo mejor es que el narrador omnisciente hace parada en buena parte de ellas, contándonos sus terrores y miserias, sus pequeñas alegrías y sus grandes secretos.
Porque si algo hay en esta novela son secretos. Unos relacionados con la investigación y otros con la vida personal de Amaia. Secretos tan bien guardados que han quedado enterrados, pero su regreso a Elizondo no tardará en volver a sacarlos a la luz.
  Dolores Redondo hilvana a la perfección la faceta personal de la inspectora con los pasos que va dando la investigación, ofreciendo al lector una visión de conjunto que va más allá de los límites de lo meramente policial, haciendo que esta novela mezcle lo puramente criminal con otras historias no menos terroríficas.
  Tan bien enraizados como estos dos ejes argumentales están la investigación policial y uno de los elementos menos frecuente en la novela negra al uso (centrada en lo específicamente real) y que da al libro un tono diferente: el elemento fantástico. Todo el texto juega con los límites entre lo real y lo inventado, lo real y lo soñado, lo real y lo creído desde tiempos ancestrales. Pero este juego está perfectamente integrado en una reflexión más amplia sobre las fronteras entre la religión, la tradición, la superstición, la mitología local, los ritos paganos y la superchería y cómo, en muchos casos, unos van derivando en otros a lo largo de los siglos y los tipos de sociedades. De esta manera, Redondo va creando un clima que va inculcando en el lector la idea de que todo puede ser posible, va abriendo su mente de forma natural, uniendo pasado y presente, de tal modo que cuando los diferentes elementos mágicos van entrando en el argumento, el lector no se sobresalta, no chirría, la trama fluye por donde debería fluir. Respecto al proceso de investigación desde el punto de vista técnico, ese elemento mágico está representado por ese instinto del que hablan varios de los personajes, ese pálpito que aunque, en principio, pueda pensarse que tiene poco que ver con lo científico, lo medible, las pruebas y las evidencias, sí tiene un soporte teórico más allá de la mera intuición personal: como bien apunta Iriarte, esa percepción que tenemos de los demás se basa en la comunicación no verbal, los gestos, las primeras impresiones, las mentiras sociales... Aspectos, efectivamente, subjetivos pero que tienen también un componente socialmente objetivo.
  A la natural integración entre lo real y lo fantástico contribuye el escenario en el que la autora sitúa la acción: la Navarra rural. Ese valle y esos pueblos en los que se han creído determinadas cuestiones desde hace siglos, en los que se ha creado una mitología propia que ha servido a los hombres y a las mujeres para sobrevivir en un entorno duro. Redondo remansa la acción describiéndonos paisajes naturales y entornos rurales con tanta viveza que de verdad te parece estar viéndolos. 
  La naturaleza, su perfección, su variedad, su belleza, su preservación... se convierten en uno de los temas centrales de la novela, un escenario de lujo (casi un personaje más) que también sirve a la autora para reflexionar sobre la oposición campo/ciudad, sobre la vuelta a los orígenes, sobre el paso de la niñez a la edad madura, sobre las tradiciones de toda la vida y sobre la pugna ancestral entre los vientos nuevos y la antigua forma de hacer las cosas. Ese debate por la preservación de la inocencia, de lo tradicional, de la esencia de los pueblos aparece tanto en las conversaciones, como en las reflexiones y, por supuesto, se convierte en el pilar que sostiene el caso policial.
  Este debate abre la puerta narrativa para que se cuele por ella la historia y la mitología, disciplinas que, junto con la psicología, la zoología o la química apuntalan teóricamente la creación novelística. Dolores Redondo hace mucho hincapié en el trazado psicológico de los personajes. Por eso, ahonda en las carencias de la inspectora Salazar, en el eje personal, y en los perfiles psicológicos de las víctimas y el posible asesino, en el eje policíaco. Otro elemento que me parece especialmente atractivo en el conjunto de la novela y que guarda mucha relación con determinadas series de televisión a las que el texto alude explícitamente, aunque lo haga de manera genérica, sin citar títulos concretos.
   Temporalmente, esos dos ejes argumentales de los que venimos hablando marcan dos tiempos diferentes dentro de la novela. Aunque los parlamentos de determinados personajes nos van permitiendo reconstruir hechos ocurridos antes del momento en el que empieza la obra, hay un fecha marcada explícitamente relacionada no con el eje policíaco sino con el personal: la primavera de 1989, cuando Amaia tenía 9 años y tuvo lugar el suceso que ha querido enterrar desde entonces. Pasado, presente y un futuro adelantado por las cartas del tarot se unen en un solo punto del tiempo y del espacio para dar sentido a la existencia de Amaia, para romper el dique que venía conteniendo su mente desde hacía demasiado tiempo y dar rienda suelta, así, a una vida. Su vida.
   Además de todos estos temas, la autora también pone sobre el mantel otras cuestiones como el ejercicio de la autoridad con los subordinados o las dificultades para abrirse camino de la mujer en el entorno laboral, sobre todo en un medio profesional tan cerrado como el policial. Y me ha llamado especialmente la atención la presencia de ciertos simbolismos (presentes en casi todas las novelas criminales, relacionados con el mensaje que el asesino quiere transmitir con sus actos), la frecuente referencia a los gestos (incidiendo en eso que decía antes: en la percepción, la intuición, los pálpitos personales) y la constante presencia de los olores: Amaia está continuamente percibiendo olores y el narrador nos los va transmitiendo. La naturaleza, los perfumes, su antiguo hogar, el obrador... todo huele y ese olor tiene un significado para Amaia. Dicen que oler es recordar, que nuestra memoria olfativa es capaz de devolvernos a la mente episodios y sucesos totalmente olvidados; Amaia demuestra que es verdad.
   En definitiva, una novela llena de matices, con una idea de fondo que sustenta una trama policíaca muy sólida y acertada, una perfecta construcción de personajes basada en principios psicológicos, un desarrollo bien medido y estructurado y esa rama argumental que ahonda en los misterios insondables del alma humana, del alma de Amaia y su familia, de lo más atractiva y sorprendente. Una novela escrita con un estilo ágil y cuidado que atrapa al lector  y que cuida de él durante su lectura como un basajaun lo haría del bosque: con mucha atención, seguridad y cariño. Aunque los rincones en los que nos adentra sean tan oscuros como el corazón del valle de Baztán. 
   Nos seguimos leyendo.

martes, 2 de septiembre de 2014

Entrevista a Mercedes Pinto Maldonado: "Creer en lo imposible hasta el punto de dedicar tu tiempo día a día es de valientes"

Foto extraida de la página de Facebook de Mercedes Pinto Maldonado
  Esta semana ha comenzado a publicarse la segunda tanda de reseñas de la lectura conjunta de La última vuelta del scaife que organizamos El búho entre libros, De lector a lector y yo, y he pensado que qué mejor manera de celebrarlo que pidiéndole a la autora que nos cuente algo más sobre su propósito a la hora de escribir esta novela que tanto nos está gustando a todos. Así que te dejo con sus palabras y con algunas claves sobre Josué, Carlos, Kuaima y su amistad, un puñado de curiosidades y un adelanto sobre su nueva novela.
  • La última vuelta del scaife es muchas cosas: es una novela de viajes, una novela casi de aventuras o peripecias, a ratos una novela histórica, pero, sobre todo, es una novela de aprendizaje en el que se ve muy claramente la trayectoria vital de Josué y su evolución. ¿Cómo planteaste la construcción de este personaje y por qué le diste esta vida?
  • Fíjate que en un principio lo único que tenía claro era que el afecto entre distintas razas y culturas era posible. Como lo mío no es explicarme filosóficamente, comencé a buscar personajes y escenarios que se adecuaran a la necesidad de la historia. Fue cuando comprendí que un judío ortodoxo como protagonista daría mucho juego y me puse a investigar y recopilar datos; la verdad es que siempre me han interesado las religiones y cómo influyen en el ser humano, y especialmente el judaísmo. Claro, necesitaba al menos otros dos personajes con músculo, que contrastaran, para hacerlos interaccionar, y me pareció que un católico y un bantú serían perfectos. Josué resultó un personaje gris y triste, lo que se dice un judío tipo de la primera mitad del siglo XX.
  • Es cierto que hay viajes y aventuras pero si con algo se queda el lector al cerrar la novela es con sus personajes. Has sabido no solo darles virtudes y defectos bien diferenciados sino que has conseguido darles vida, hacerlos reales, redondos. ¿Cómo trabajaste a cada uno de ellos?
  • Para mí los personajes son el alma de la novela, la historia es, por así decirlo, secundaria, o más bien consecuencia «de». Primero son ellos, sus pasados, presentes y futuros. Entiendo que es la personalidad de los «actores» la causante de la trama. Hay novelas con un argumento brillante que se desmorona a causa de los protagonistas, pero difícilmente unos personajes bien perfilados y con nervio generan un mal argumento. Por eso, una vez que me surge la idea original, empiezo a construirlos desde su mismo nacimiento; necesito saber dónde y cómo nacieron, qué les marcó en su infancia, sus gustos, cómo caminan… Cuando los conozco como si hubiésemos convivido durante años, entre ellos y yo escribimos la historia, basada en esa idea original.
  • Muchas de las reseñas publicadas hasta ahora coinciden en ensalzar el personaje de Carlos, un secundario que, aun manteniendo su papel a la sombra de Josué, consigue que el lector empatice muy bien con él y acaba conquistando su corazón. ¿Cuál era tu objetivo cuando creaste a Carlos? ¿Qué pretendías que aportara a la novela? ¿Cambió en algo ese objetivo primero a medida que fuiste escribiendo o cuando viste el resultado final?
  • Estoy con los lectores, para mí Carlos también es uno de mis mejores personajes, no solo de La última vuelta del scaife. Este diplomático granadino que huye de su santa esposa nació con una misión muy concreta: ser el antagonista al protagonista. Josué es un hombre opaco, atormentado, indeciso y resentido. En cambio Carlos es todo color, alegría, generosidad y decisión. Además de lo interesante que me resultó «enfrentarlos» en el contexto religioso, supe que el peregrinar de Josué en el espacio y el tiempo no podría dar el resultado que a mí me interesaba si no lo rodeaba de personajes que le dieran una visión del mundo distinta a la que él había aprendido. Creo que Carlos es uno de esos secundarios que toman las riendas y el control de la historia.
  • El tercer gran personaje de la novela es Kuaima, un personaje que se hace muy interesante por la visión radicalmente diferente del mundo que tiene, por su exotismo y por la novedad que supone su forma de vida para el lector. Supongo que el proceso de creación de Kuaima fue diferente, no solo por las cualidades que elegiste para vestirlo sino por el proceso de documentación que tuviste que llevar a cabo para darle verosimilitud.
  • Cierto, Kuaima me dio mucho trabajo, pertenece a una cultura y una religión que entonces eran muy desconocidas para mí. Tuve que recoger muchos flecos y resolver problemas inesperados a causa de este personaje. Necesitaba que fuese un nativo africano algo distinto, capaz de comunicarse en inglés con el resto de los protagonistas y que, a pesar de lo sufrido por culpa del colono que lo esclavizó, simpatizara con el mundo blanco lo suficiente como para no acumular rencor. Todo este tipo de cuestiones me complicaron bastante el proceso creativo.
  • Y hablando del proceso de documentación, supongo que sería arduo, porque en la novela se habla de distintas religiones, sus creencias y sus costumbres; se analiza el proceso de extracción y tratamiento de las piedras preciosas, se retratan lugares diferentes y exóticos, la acción se localiza en diferentes puntos del planeta… Son muchos frentes abiertos y todos quedan bien dibujados. ¿Cómo llevaste a cabo este trabajo?
  • La verdad es que fue muy gratificante el año que dediqué a la documentación, aprendí muchísimo: consulté libros, visioné cientos de documentales, visité interesantísimas webs de historia… Incluso viajé a muchos de los lugares que aparecen en la novela. Te sorprendería saber qué datos fueron los más complicados de encontrar: como de qué manera viajaban los pasajeros de tercera en un buque de carga de la época, o la carta de la Gestapo... Disfruté y aprendí mucho.
  • Y a pesar del trabajo que supondría, elegiste estos temas y estas localizaciones y no otras… ¿por qué?
  • Quería hablar de la amistad en un contexto lo más profundo posible, demostrar que era posible más allá de religiones, culturas y razas, de manera que necesitaba tres personajes muy perfilados y, lo más difícil, tenían que encontrarse por un motivo coherente en un lugar común. Se me ocurrieron mil escenarios, pero ¿no te parece que obligar a convivir a un himba, un católico y un judío en el río Orange fue una buena opción, aunque requiriese un trabajo de documentación especialmente amplio y tedioso?
  • Ese es, precisamente, uno de los aspectos que más gusta de la novela, que hable de la amistad masculina, un tema no demasiado tratado en la literatura, sobre todo desde el punto de vista de la amistad en la edad adulta. ¿Por qué quisiste hablar de ello?
  • Quería hablar de la amistad, me parece una de las formas de amor más puras y a la vez cuestionadas, pero no tenía especial interés en que fuese masculina o femenina, es solo que me resultó más fácil hacer viajar tan lejos de sus hogares a tres hombres.
  • Muy relacionado con esa amistad está otro de los grandes temas de la novela: el de las religiones, la fe honesta, las imposturas que a veces nos hacen adoptar, los conflictos que en ocasiones genera, sus diferencias y sus similitudes. Optas por un mensaje de integración y hermandad frente a otras visiones más opuestas. ¿Por qué?
  • Totalmente, como tú dices, opto por la integración y la hermandad entre absolutamente todas las religiones. ¿Por qué? Porque me parece que ya es hora de que el ser humano deje de escudarse detrás de las religiones para inventar guerras con las que solo pretende obtener poder y riqueza. Yendo más allá, te diría que no creo en ninguna religión, todas inventadas por hombres con el fin de manipular, pero sí creo en la fe, en que hay algo más allá de lo que alcanzan nuestros ojos, mucho más elevado. Esto es lo que las une y el fundamento de todas ellas. Confundimos fe con religión, pero son cuestiones muy distintas, creo que en esta historia lo aclaro.
  • También tocas el tema de los nazis pero desde una perspectiva novedosa: la del judío que, sin proponérselo, escapó de la barbarie antes de que comenzara. ¿Por qué quisiste ubicar esta novela en este momento concreto de la Historia?
  • Porque fue justo en este periodo de entreguerras cuando comenzaron a explotarse los yacimientos de diamantes en África del Sudoeste y todo casaba: el protagonista judío, el diamante y el símil con su pulido y la vida; el encuentro de los tres personajes fuera de sus lugares de origen… En realidad yo escogí el momento y los lugares sin tener en cuenta lo que se encontrarían los personajes, así que después, para darle realidad a la historia, tuve que ilustrar el tiempo y el espacio donde se encontraban. También te digo que de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto nazi lo que más me ha interesado siempre ha sido lo ocurrido después y la vuelta de Josué me ofreció una oportunidad fantástica para expresarme.
  • Otra de las grandes reflexiones que propone la novela es la de la constancia, la persecución de los propios sueños, la perseverancia. Es cierto que en algunos momentos he pensado mientras leía la novela que el empeño de Josué era un poco exagerado, que el objetivo que se había marcado había hecho que perdiera su vida entera, que se había centrado tanto en darle sentido a su existencia que se había olvidado de vivir cada día. ¿Es necesario tener una gran meta en la vida que marque nuestro camino?
  • Josué era un judío ortodoxo nacido a principios del siglo XX. Teniendo en cuenta la educación y la circunstancias en las que nació, en realidad era un judío tipo. Siempre me interesó el judaísmo, cómo ha conseguido a través de los siglos conservar sus costumbres y rituales. A pesar de la diáspora, se han mantenido unidos en su manera de pensar y en su comportamiento ―es cierto que en los últimos años parece que esto está cambiando―, son perseverantes, pacientes, no se distraen de sus objetivos… Creo que para ellos la meta es el sentido de la vida. Pero para mí… creo que es tan importante saber disfrutar el instante presente como tener un objetivo en el que creer y luchar por él, aunque el mundo esté en contra. Sí, creer en lo imposible hasta el punto de dedicar tu tiempo día a día es de valientes. De hecho, las grandes obras son fruto de la obsesión y la soledad de un ser humano.
  • Creo que ese tesón, ese empeño, esa tenacidad también forman parte de tus cualidades, como escritora y como persona, porque la vida de este libro no ha sido nada fácil. En su momento fue publicado en papel pero ahora solo está disponible en su versión digital. Casi como Josué, tu novela ha vivido muchas aventuras…
  • Sí, no todo depende de ti, eso está claro; la suerte o, mejor dicho, las circunstancias también juegan su papel. Escribí La última vuelta del scaife sin saber si estaba capacitada para abordar una historia que requería tanto esfuerzo por mi parte. Fue mi segunda novela, no estaba madura, hasta entonces casi todo lo que había escrito era impublicable. Pero la terminé, con sus defectos de forma y sus carencias, lo sé. Cuando puse el punto final me sentí orgullosa y comencé a buscar editor. Me precipité, debí esperar. Cuando volví de firmar con Irreverentes tenía en la bandeja de mi correo una propuesta mucho mejor. La obra salió sin corregir, con una portada pésima, una mala publicidad… Después rescindí el contrato y la subí a Amazon; cuando estaba en el Top 100 y comenzaba a hablarse de ella, me la dieron de baja por un problema de metadatos ―no me preguntes lo que es―, y después fue muy difícil remontar, entre otras cosas porque debe ser una de las novelas más pirateadas en el ciberespacio literario. Como ves, las circunstancias también influyen. He pensado reescribirla, aunque no vuelva a vender ni un ejemplar, por el mero placer de tenerla bien pulida. Fíjate si creo en ella.
  • A pesar de los sinsabores que a veces has tenido que probar, sigues persiguiendo tu sueño, luchando, escribiendo y publicando, hasta tal punto de que ya hay nueva novela de Mercedes Pinto en el horizonte. ¿Nos puedes avanzar algo sobre ella?
  • Sí, claro. Te cuento que ya está terminada, tengo la portada y la sinopsis y el booktráiler me lo pasarán muy pronto. Se titula Hijos de Atenea y es la historia de los dos últimos esclavos que desembarcaron del último barco negrero que llegó a La Habana. Sus vidas son el ejemplo de que a la libertad se llega por el camino del conocimiento y la sabiduría. Es curioso, cuando la empecé, hace más de un año, pensé que de esa primera idea saldría todo un tratado sobre la trata de esclavos, pero lo cierto es que ha resultado una historia ligera y diáfana, con personajes cercanos que han sido capaces de contar sin demasiados artificios lo que yo quería expresar sobre este tema, o eso creo. Habrá que esperar las opiniones de los lectores. 
  • Te deseo lo mejor. Muchas gracias por todo, Mercedes.
  •  Antes de despedirme, déjame daros las gracias a ti, a Concha y Pedro por tanta ayuda. Esta lectura conjunta significa mucho para mí, está siendo una fantástica oportunidad para sacar de las sombras una historia en la que creo desde que la escribí hace ya casi diez años. Sé que no ha sido fácil organizar este evento literario, aunque tú has hecho que parezca fácil. Gracias especialmente a ti, Lidia, y a todos los lectores que me han prestado su apoyo.
  Recuerda que puedes encontrar a Mercedes en las redes sociales (en Facebook y en Twitter) y en su blog Soy mi palabra.
  Nos seguimos leyendo.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Entrevista a Mónica Carrillo: “De todo se aprende. A todo podemos sacarle la parte positiva”




  La vida es la mejor fuente de inspiración. De esa idea parte la materia prima literaria de Mónica Carrillo en su primera novela, La luz de Candela, una obra llena de juegos y sentimientos con la que pretende alejarse de la ecuanimidad de los informativos que presenta cada noche. Información y emoción, objetividad y subjetividad… las dos caras de la misma Mónica.

  • Si algo hay en esta novela son emociones. Ya lo dice la faja que la envuelve: es un canto a las emociones. ¿De dónde ha sacado el material vital que le ha servido para reconstruir tal cantidad de sentimientos? 
  • Llevo muchos años observando lo que ocurre a mi alrededor, fijándome en los detalles y ahora he encontrado el momento de plasmarlo en el papel. He analizado mil situaciones, imaginado otras, me he inspirado en viajes, conversaciones, lugares, películas, músicas. En definitiva, en la vida, que es la mejor fuente de inspiración. 
  • Para contener, hasta cierto punto, el caudal desbordado de las emociones de Candela, la protagonista de la obra, usted convierte la novela en un texto fragmentario en el que, por supuesto, oímos a Candela hablando con Manuel pero también escuchamos a sus amigas y al propio Manuel. Son, sobre todo, los capítulos en los que aparecen las amigas los que rompen el discurso desesperado de Candela e introducen no solo más datos sobre la protagonista y su historia, sino también notas de humor que le sientan muy bien al conjunto de la obra. ¿Era este el objetivo de esta alternancia de voces? 
  • La luz de Candela trata de cuando el amor llega sin avisar y lo pone todo patas arriba y ya nada vuelve a ser como antes. Ese torbellino emocional, la pérdida de control, la entrega absoluta lo cuenta la protagonista en primera persona y de manera muy intimista. Pero al mismo tiempo he querido trufar la historia con situaciones cotidianas, conversaciones banales, repletas de ironía. Porque la vida es un vaivén de emociones. Las situaciones dramáticas se salpican de momentos absurdos e hilarantes. También he querido poner de manifiesto el poder curativo del humor en este tipo de situaciones. 
  • Además de una alternancia de voces hay una alternancia de géneros literarios: La luz de Candela es una obra narrativa, una novela, pero también tiene toques de poesía y, sobre todo, esos maravillosos microcuentos que adelantan, apostillan, confirman o, en otras ocasiones, ofrecen un punto de vista diferente sobre el contenido del capítulo. ¿Cómo surgió la idea de introducir otros géneros en la novela? 
  • Lo cierto es que no fue nada premeditado. Yo me propuse contar una historia de amor mayúsculo con momentos de gran complicidad y pasión, pero también de desamor y desgarro. La propia historia me fue pidiendo en cada momento el estilo narrativo que debía ir adoptando. Yo me dejé llevar por las emociones de Candela y cuando me requería un aire más poético me limité a hacerle caso. Cuando uno se pone a escribir se da cuenta de que ya no es dueño absoluto de lo que sucede. Los personajes van cobrando entidad y trazan su propio camino aunque lo hayas planificado tú previamente. Ficcionar es maravilloso. Es la libertad absoluta. 
  • Leyendo la novela he tenido la sensación de que jugaba continuamente con el ritmo narrativo. Por un lado, tanto los cambios de voces, géneros, escenarios y tiempos como los capítulos cortos dan agilidad a la obra pero, por otro lado, el ritmo se remansa cuando Candela analiza y disecciona su historia de amor fracasado, como la mejor forense, en busca de la causa de la muerte. ¿Buscaba dar, así, un mayor equilibrio a la novela? 
  • En efecto. Buscaba el equilibrio. Mi intención era atrapar desde la primera página y no dejar de emocionar hasta la última. Para ello he buscado cambios de voces y de estilo. Espero haber conseguido mi objetivo y que finalmente el lector al cerrar el libro permanezca durante un rato digiriendo la historia. Es una novela que invita a la reflexión y que el lector hará suya desde el comienzo.
  • La luz de Candela es hija de un tiempo y una época y se ve claramente en muchas de sus páginas: es hija de las tecnologías y así lo recoge en esa reflexión sobre lo mal que le sienta el whatsapp al desamor. ¿Era un simple guiño al amor en tiempos de whatsapp o buscaba una reflexión más profunda sobre cómo influyen las tecnologías en la forma de relacionarnos con los demás, también en nuestras relaciones sentimentales?
  • Ambas cosas. La novela podría haberse llamado El amor en tiempos de Whatsapp. Es una historia contemporánea y eso se nota en la forma en la que se comunican los protagonistas utilizando las nuevas tecnologías. Aún así, ése es el único guiño que se hace a la actualidad. El resto está descontextualizado de manera deliberada porque lo importante son las emociones que siente Candela. Todo lo demás pasa a un segundo plano, está desdibujado. 
  • Pero también es hija de su tiempo en cuanto a que recoge una larga tradición de educación sentimental cultural a través del cine y la música. Al final va a ser verdad que, en un momento u otro de nuestra vida, todos nos hemos sentido dentro de una canción (o de varias)… 
  • Desde luego que sí. Creo que a todos nos acompaña una banda sonora personal e intransferible que pone la música a momentos, situaciones, etapas vitales… La vida baila al son de esas músicas. Y que no dejen de sonar. 
  • Y hablando de educación sentimental, usted plantea en un determinado momento una cierta crítica a las relaciones perfectas entre príncipes encantadores y princesas maravillosas que nos llegan a través de ciertas películas, novelas, canciones o dibujos animados. Pero también es verdad que todas las mujeres de su novela pelean por el amor y buscan esa imagen idílica que también recoge en uno de los capítulos: la de la pareja anciana que se sostiene y acompaña mutuamente durante toda la vida. ¿Cuál sería, para usted, el modelo de relación sentimental más saludable? 
  • La relación sentimental más saludable es aquella que nos hace felices. El amor generoso. No hay más adornos. Lo demás sería disfrazar la realidad. 
  • En un momento dado, incluso, plantea que las mujeres tenemos una tendencia excesiva a quedarnos colgadas de relaciones tóxicas y duda (o Candela duda) de que a los hombres les ocurra lo mismo. ¿No hay mujeres tóxicas? 
  • He pretendido llevar al lector por todos los estadios de un amor pasional. Quería que vivieran de la mano de Manuel y Candela, su enamoramiento, la idealización, pero también el desencuentro, la distancia y el duelo. La historia se vive siempre bajo el prisma de ella. La dependencia se aborda en un momento determinado y se pone de manifiesto un tipo de relación que podría resultar tóxica si no se gestiona bien. Candela tiene que hacer una reflexión profunda para comprender en qué se está equivocando y es ahí donde le surgen muchas dudas. Mi intención era emocionar al lector e invitarle también a la reflexión a través de esas sensaciones que van aparejadas a las relaciones intensas. 
  • ¿Y somos las mujeres más dadas a enamorarnos del propio amor, de la idea que nos hacemos de alguien más que de lo que ese alguien realmente es? 
  • No creo estar cualificada para responder a esa pregunta. Desde mi humilde posición y a través de la novela planteo algunas cuestiones que le van surgiendo a la protagonista o a su entorno en el transcurso de la historia. Me encantará que el lector saque sus propias conclusiones a partir de sus propias experiencias vitales. 
  • Y a esperar y esperar… sin que el otro sepa qué estamos esperando. En muchos casos, sin que ni siquiera sepa que esperamos algo. ¿Puede esto deberse, también, a esa educación sentimental de la que hablábamos antes: como el príncipe es perfecto sabe lo que necesitamos incluso sin necesidad de que se lo pidamos? 
  • Es imposible que seamos totalmente ajenos a nuestra educación sentimenal, a nuestro entorno, nuestro país, etc… De nuevo esta cuestión se la plantea la protagonista con el objetivo de entender lo que le ocurre. Yo, a su vez, la traslado a los lectores, hombres y mujeres. Las respuestas las tiene que encontrar uno mismo. 
  • Y al final, rompe el gran mito: pensamos en amor como amor de pareja, pero hay infinitas formas de amar y ser amado… ¿Es necesario, en ocasiones, que un buen batacazo sentimental nos abra los ojos para que veamos lo que tenemos frente a nuestras narices? 
  • No sé si es necesario ese gran batacazo pero indudablemente las experiencias traumáticas nos obligan a reaccionar. Candela tiene que tocar fondo, sentirse hundida para llegar a  conocerse mejor. Es un proceso de maduración personal. Y en ese proceso, Manuel es causa y consecuencia. Se ve arrollada por él pero finalmente de manera involuntaria la ayuda a reconstruirse, a ser ella de nuevo. De todo se aprende. A todo podemos sacarle la parte positiva.

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