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lunes, 11 de diciembre de 2017

"El castillo", de Luis Zueco: una magnífica novela histórica



Título: El castillo
Autor: Luis Zueco
Editorial: B de Books
Género: novela histórica
Páginas: 688
Publicación: 03/04/2012
ISBN: 9788490691663

 Una novela sobre la construcción del grandioso e imponente castillo de Loarre.
    El sueño de unos hombres y mujeres que desafiaron su destino hace mil años.
    Entre la Tierra Llana y el Pirineo aragonés se encuentra el monumento militar románico más importante de Europa: el castillo-abadía de Loarre, una fortaleza impresionante, construida cuando esa zona era una peligrosa tierra de frontera. ¿Cómo se edificó? ¿Quién logró tal hazaña?
    Todo comenzó cuando un aguerrido monarca, el rey Sancho III el Mayor, decidió levantar una fortificación en una recóndita sierra, poco poblada y desde la que se podía avistar al enemigo musulmán a diez kilómetros de distancia. Y con la promesa de un futuro mejor, atrajo a un grupo de hombres y mujeres para quienes la supervivencia era una heroicidad cotidiana.
    Entre ellos, un maestro de obras lombardo; Juan el carpintero y su hijo Fortún; Ava la arquera; Javierre, un muchacho cuya ambición creció a la par que el castillo; y un sacerdote fiel al viejo rito hispánico, acompañado de la inteligente y misteriosa Eneca.
    Y con sus escasos medios y conocimientos, lograron superar las limitaciones que les imponían la ignorancia y el poder hasta culminar la fortaleza religiosa y militar desde la que se gestó uno de los más importantes reinos medievales, clave de la Reconquista.
    Esta es su epopeya.
   No sé por qué, la novela histórica no suele llamar mucho mi atención. Quizá porque, hoy en día, la Historia se mezcla con otros muchos subgéneros (thriller, landscape, romántico, erótico, misterio...) con mejor o peor fortuna y, al final, muchos de esos libros me dejan con una sensación bastante decepcionante, tal vez porque al final de la lectura pienso aquello de "quien mucho abarca, poco aprieta" y la novela se me queda coja, carente de profundidad o sin los detalles necesarios para hacer que la ambientación sea verosímil. O lo que más rabia me da: que la época histórica sea una mera excusa para que el autor o la autora hagan gala de lo mucho (que en realidad luego resulta que tampoco es tanto) que han investigado y que el resultado sea que el argumento que nos cuentan podría haberse desarrollado en cualquier otro momento de la Historia.
     Dicho lo cual, adelanto ya desde aquí que no me ha pasado nada de eso con El castillo; todo lo contrario. Me ha parecido una novela histórica de verdad, que sí, tiene su toque de intriga, su pellizquito romántico y su puntito de misterio pero que, en su conjunto, es puramente histórica. Y, además, indaga en una época que me ha encantado conocer: la España del siglo XI (aunque en aquella época no pudiéramos hablar de España como tal).
    La trama se centra en el Aragón de la primera mitad del siglo XI y, concretamente, en la construcción del castillo de Loarre, una de las más magníficas edificaciones de la época (y casi habría que de decir de cualquier época). Así, el autor va desgranando los problemas y conflictos que se van desarrollando a lo largo de los años durante los que duró tal construcción, engarzándolo con las vicisitudes personales y colectivas de quienes participaron directa o indirectamente en ese proceso.
   De este modo, conocemos a personajes tan interesantes como Fortún, Eneca, Ava o Javierre, todos ellos fruto de la imaginación del autor, que se codean en las páginas de esta novela con personajes históricos como Sancho Garcés III de Pamplona, Ramiro I de Aragón, Fernando Sánchez, conde de Castilla y rey de León o Sancho Ramírez, rey de Aragón y Pamplona, por poner algunos ejemplos.
    Zueco va entretejiendo la Historia real con la historia de estos personajes (tan humanos como verosímiles) y con todo lo que tiene que ver con la construcción del castillo, desde las últimas tendencias de la época hasta las novedades arquitectónicas y decorativas que se van incorporando a medida que pasan las décadas. De este modo, el autor nos permite acercarnos a la esencia misma del castillo de Loarre y hacernos una idea de lo que era construir una fortaleza de ese calibre en aquellos tiempos pero sin dejar de lado el factor humano, ese que nos habla de las pasiones, las valentías y las flaquezas de quienes, de un modo u otro, estuvieron presentes en la edificación del monumento. O pudieron estar puesto que, como hemos dicho, toda esta parte es una ficción del escritor. Eso sí, el proceso de documentación y ambientación está tan bien hecho, que no chirría y tanto la parte histórica como la ficcional están perfectamente imbricadas, dando como resultado una novela verosímil y muy muy entretenida de leer.
    Contada casi casi como una epopeya, El castillo mezcla las dosis perfectas de intriga, historias cotidianas e Historia para ofrecernos un libro muy ameno e interesante cuyos personajes se abren un hueco propio en nuestro corazón y cuyo gran protagonista, el castillo de Loarre, se convierte en visita obligada en nuestro próximo itinerario turístico.
     Nos seguimos leyendo.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 100 libros78/100
  •  Reto Genérico: 34 (2/2 guerrero)/40
  •  Reto Autores de la A a la ZZ 23/26

viernes, 8 de diciembre de 2017

"Billie", de Anna Gavalda: historia de dos patitos feos en su camino a la transformación



Título: Billie
Autora: Anna Gavalda
Editorial: Seix Barral
Género: novela contemporánea, romántica
Páginas: 248
Publicación: 23/01/2014
ISBN: 978-84-322-2105-7

 Franck y Billie provienen de orígenes muy diferentes. No sólo no estaban destinados a encontrarse sino que, además, tenían todas las papeletas para que la suya fuera una vida nefasta marcada por la miseria —miseria física, moral e intelectual—. De verdad, todas las papeletas. Hasta que un buen día (el primero de su vida) se conocieron.
  Esta novela cuenta una inmensa historia de amor entre dos patitos feos que, a fuerza de obligarse mutuamente a levantar la cabeza, terminan por convertirse en dos grandes y majestuosos cisnes. Billie nos habla de la amistad como la verdadera familia, del valor de saber ser diferente frente a los convencionalismos y de la capacidad transformadora del amor absoluto.
   Cuando de pequeña me preguntaban que cuál era mi cuento favorito, siempre respondía que El patito feo. Será porque siempre he sentido de forma especial las emociones de ese patito dejado de lado por ser diferente y siempre he soñado con convertirme en cisne algún día. Creo que por eso me ha gustado tanto esta novela, porque, en el fondo, habla de dos patitos feos en su camino hacia la transformación.
    O lo que es lo mismo: habla de dos adolescentes a los que la vida no ha tratado demasiado bien en su camino hacia la madurez. Un camino que recorrerán juntos; primero, desde la amistad más profunda y sincera y, después, desde el amor más incondicional y libre.
    Gavalda elige a Billie, la protagonista de la obra, como narradora en primera persona, lo que nos ofrece una visión profunda y compleja de unos personajes tan sencillos como vulnerables. Y, sobre todo, tremendamente humanos, otro de los elementos que más me gustan de la narrativa de la autora: su capacidad para convertir en héroes (o antihéroes, depende de cómo se mire) a gente normal o, incluso, a gente a la que puede que llegaras a mirar por encima del hombre si te la encontraras por la calle.
    Gracias a su pluma ágil y su forma de escribir (hecha casi diría de silencios, de susurros, de insinuaciones más que de narraciones puras y duras), Gavalda nos permite no solo conocer a esos personajes sino, sobre todo, entenderlos, comprenderlos e, incluso, quererlos.
    Así, acompañamos a Billie y a Franck en su tortuoso camino mientras nos van enseñando una profunda lección sobre la amistad, el amor, la necesidad de encontrarse a uno mismo y de marcar nuestro propio camino. Además, la novela nos ofrece otros temas sobre los que reflexionar más que interesantes como la adolescencia, las drogas, la prostitución, el alcohol o la homosexualidad.
    Una obra, pues, puro Gavalda que, como todas las suyas, nos hacen sentir de una manera muy especial, implicados con los personajes, afectados por sus problemas y felices por sus alegrías. Una característica de la novelística de la autora (la de hacerte sentir emociones, no solo leerlas) que me sigue encantando.
     Nos seguimos leyendo.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 100 libros34/100
  •  Reto Genérico23 (2/3 amorosos)/40
  •  Reto Leemos en digital10/12

miércoles, 6 de diciembre de 2017

"Cuentos mínimos", de Pep Bruno y Goyo Rodríguez: lo bueno, si breve, infinitamente bueno



Título: Cuentos mínimos
Autor: Pep Bruno
Ilustrador: Goyo Rodríguez
Editorial: Anaya
Género: microcuentos
Páginas: 64
Publicación: 30/04/2015
ISBN: 978-84-678-7137-1

 Cuentos que primero fueron tuits, ¿o son tuits que quisieron convertirse en cuentos? En cualquier caso, una recopilación de historias condensadas en unas pocas líneas que harán volar la imaginación del lector mucho más allá de sus páginas y de la red social en la que nacieron.
   "El abuelo pidió que sus cenizas fueran esparcidas por la casa. Desde entonces nos da no-sé-qué barrer o limpiar. Fue su mejor regalo".
   Pep Bruno lleva cinco años escribiendo (todos los días, que se dice pronto) un microcuento a través de Twitter (es decir, ajustado al número de caracteres que la red social permite en cada mensaje, que ya es reto) con el hashtag  #CuentoPB. Si no has tenido la oportunidad de leer ninguno, te recomiendo que busques ese tag en Twitter y lo hagas; te aseguro que la búsqueda va a merecer la pena. Y no solo porque sea curioso o complicado o alucinante que se pueda escribir un cuento diario de esas dimensiones sino porque, además, los microcuentos de Pep son fantásticos: bien escritos, contundentes, con su punto de humor o de sorpresa, con su mensaje y su poesía. Un trabajo de diez.
    Fruto de ese esfuerzo es este librito (¡cómo me hubiera gustado que fuera más gordo!) publicado hace ya dos años en el que se recogen algunos de esos cuentos tuit. En ellos podemos ver todo lo que he dicho antes: la capacidad de Bruno para sorprender, para hacer pensar, para sugerir, para evocar, para permitirnos recordar, para imaginar, para conseguir esbozar una sonrisa en nuestras bocas, para construir poesía en 140 caracteres o para hacernos soñar. En definitiva, para lograr la magia de la literatura pero en un formato condensado más concentrado que las pastillas de caldo de pollo.
    En total, el libro nos regala 50 historias, unidas de dos en dos por un mínimo hilo argumental, por alguna referencia, por el contexto, por el tema o por la ambientación pero, sobre todo, enlazadas gracias a la fabulosa labor de Goyo Rodríguez como ilustrador de unos cuentos tan maravilloso. Tampoco era fácil el reto de integrar dos microcuentos en una sola ilustración y él lo logra y lo hace, además, manteniendo el clima mágico que crea Bruno con sus cuentos. Aunque, para ser exactos (y aunque la ilustración vaya después del cuento en cuanto a su momento de creación), Rodríguez abre la puerta de la magia con sus ilustraciones (lo primero que vemos cada página) y Bruno nos lleva de la mano por ese mundo particular, bello, realista, onírico o poético creado por él a través de sus microrelatos.
   Publicada por Anaya, la obra está recomendada para lectores de a partir de 10 años pero creo necesario advertir que no se trata de una creación infantil. Los cuentos de Bruno no tienen edad y pueden ser consumidos en cualquier etapa de la vida, aunque la editorial considere que a partir de los diez años es un buen momento para empezar a hacerlo.
    En definitiva, una obrita espectacular que se degusta en nada pero a la que gusta volver de ver en cuando para paladear y para recrearse en la propuesta creativa y literaria que nos regala.
         Nos seguimos leyendo.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 100 libros84/100
  •  Reto Genérico: 36 (1/2 relatos)/40

viernes, 6 de octubre de 2017

"Nuestra casa en el árbol", de Léa Vélez: una interesante reflexión sobre niños y educación

  Tenía muchas ganas de leer algo de Lea Vélez así que cuando nos ofrecieron este para reseñar en Anika entre Libro, no me lo pensé. Además, el tema me interesaba mucho y su lectura ha sido maravillosa.

Título: Nuestra casa en el árbol
Título Original: (Nuestra casa en el árbol, 2017)
Autor: Lea Vélez
Editorial: Destino Colección: Áncora y Delfín


Copyright:
© Lea Vélez, 2017
© Editorial Planeta, S.A., 2017
Edición: 1ª Edición: Marzo 2017
ISBN: 9788423352111
Tapa: Blanda
Etiquetas: familia, educación, duelo, literatura española, novela, reflexiones, infancia, niños, colegio, huérfanos, estrés, inteligencia emocional, inteligencia, felicidad, creatividad, viudas, extraescolares
Nº de páginas: 400


Argumento:

  Durante el reencuentro con sus hermanos en la casa en la que transcurrieron los años más felices de su infancia, Richard hará memoria de lo que fueron esos años. Así descubrirá por qué fueron tan felices y qué aprendieron de la peculiar manera de educarlos que tuvo su madre tras enviudar.


Opinión:


  Confieso que esta novela ha movido muchas cosas dentro de mí. Ha movido recuerdos de lo que fue mi infancia y anhelos de lo que no fue pero también ha generado muchas reflexiones y, sobre todo, muchas preguntas sobre la educación que estoy dando a mi hija. Y es que los niños son los auténticos protagonistas de esta novela, y cómo hacerles felices, una de las cuestiones de fondo que discurren por todas sus páginas.
  Lea Vélez nos pone frente a una familia muy muy peculiar. Tanto, que es fácil que al lector las conversaciones y la forma de ser de esos niños le parezcan inverosímiles. Pero estoy convencida de que, en el fondo, moldeamos a nuestros hijos de mil maneras diferentes, consciente e inconscientemente, y creo con toda mi fe en el ser humano y en sus posibilidades infinitas que si a un niño le hablas con el lenguaje pueril e incorrecto con el que muchas veces nos dirigimos a los más pequeños (con palabras como pipí, guauguau o mimí) aprenderán esas palabras y creerán que así se habla pero que si les hablas con los mismos términos que utilizas tú para hablar con cualquier adulto, aprenderán antes cómo es nuestra lengua y manejarán más vocabulario.
  A pesar de creer ciegamente en ello, reconozco que también me sorprendieron en principio los niños retratados en la novela. Michael, Richard y María son niños fracasados en el entorno escolar pero capaces de hablar del universo, del cuerpo humano, de filosofía o de cine con su madre con total libertad y, por supuesto, con un nivel que muchos adultos ya quisiera para sí. "¿Cómo puede ser? ¿De verdad un niño puede saber sobre agujeros negros y volcanes a los cinco años? ¿O entender a Tarantino con siete u ocho? Esta mujer se está quedando conmigo", eran algunas de las preguntas y reflexiones que se iban planteando en mi cabeza mientras iba leyendo. Hasta que asocié lo que Vélez nos cuenta en esta obra con mi teoría de que moldeamos a nuestros hijos. Y entonces lo vi claro: ¿qué pasaría si alimentáramos a nuestros hijos no solo con una dieta equilibrada sino, también, con conocimientos de todo tipo y enfoques adultos de la realidad? Pues a lo mejor ocurre lo que les sucede a los tres niños de "Nuestra casa en el árbol" y tienen un criterio y una capacidad de análisis y reflexión desde que son muy pequeños absolutamente envidiables.
  Esa es una de las reflexiones más importantes que la autora introduce en su obra, una reflexión enraizada con otra que me ha parecido interesantísima: ¿hasta qué punto el sistema educativo castra en vez de dar alas, coarta en vez de fomentar, uniformiza en vez de dar con la mejor versión de nosotros mismos? Eso respecto a lo que ocurre dentro de las clases pero... ¿y qué ocurre fuera? ¿Hasta qué punto enriquecen a nuestros niños las extraescolares a las que les apuntamos (a veces sin mucho criterio, cierto es)? ¿Y cómo les perjudica el estrés al que les sometemos para llegar a todo? Ciertamente son cuestiones que me han movido mucho por dentro y que creo que pueden generar mucho debate.
  Más allá de las reflexiones y de todo lo que tiene que ver con la educación y la infancia, Vélez nos propone una historia llena de saltos en el tiempo con la que pretende mostrarnos qué fue de los tres niños protagonistas y de su madre tras perder al padre y trasladarse a vivir a un pequeño pueblo en Inglaterra. Un pueblo donde el ritmo es bien diferente al de Madrid, donde la naturaleza es protagonista absoluta y en el que las relaciones que se establecen con vecinos y clientes del hostal que allí regentan es totalmente distinta a las que tienen lugar en una gran ciudad.
  Vélez atrapa en esta novela con su toque de misterio y sus reflexiones pero conquista y enamora con una prosa llena de poesía y evocaciones que ha conseguido que mi libro acabe lleno de subrayados y esquinas dobladas. Elegante, con algunas pinceladas de humor (lo que dice uno de los niños sobre que le tuvo que gustar el brócoli porque su madre se empeñó me ha llegado al alma y me hizo soltar una buena carcajada en su momento), belleza y libertad, esta novela nos hará disfrutar y pensar casi a partes iguales. 
  Y reflexionar sobre lo que de verdad queremos para nuestros hijos.
    Enlace a la reseña original.
   Nos seguimos leyendo.

miércoles, 4 de octubre de 2017

"Platero y yo", de Juan Ramón Jiménez: una auténtica maravilla



Título: Platero y yo
Autor: Juan Ramón Jiménez
Editorial: Anaya
Género: novela, prosa poética, costumbrismo
Páginas: 200
Publicación: 14/02/2000
ISBN: 978-84-207-2636-6

 La edición de este "Platero y yo" ha sido atentamente cuidada por Ana Suárez Miramón. Sus explicaciones previas sitúan a Juan Ramón Jiménez en la literatura de principios de siglo. El revelador estudio final expone las claves temáticas y formales más importantes en la obra. Y en la lectura de cada página el alumno estará siempre orientado con ayuda de las oportunas notas y comentarios que realzan y esclarecen las múltiples sutilezas de un texto aparentemente sencillo y, a la vez, de una extraordinaria riqueza simbólica.
   Aprovechando que este verano íbamos a pasar nuestras vacaciones en Mazagón (Huelva), muy cerquita de Moguer, localidad natal de Juan Ramón Jiménez, le propuse a Lucía que leyéramos juntas Platero y yo (o al menos una parte) y visitáramos después la casa natal del autor. La primera parte del plan salió bien pero la segunda... no tanto: el día que habíamos reservado para acercarnos a Moguer, la casa estaba cerrada. Y lo peor es que ya no teníamos más días para verla. Así que nos quedamos con la fachada y un paseíto por el pueblo que, la verdad, es precioso.
    Yo creo que había leído ya esta obra del Premio Nobel Juan Ramón cuando era pequeña (al menos, como supongo todos o casi todos, me sabía el comienzo y recuerdo haber tenido el libro de pequeña, así que supongo que lo habría leído) pero no recordaba el contenido en sí. Así que ha sido como descubrir por primera vez una obra que, con todo merecimiento, ha pasado a la Historia de la Literatura y se ha convertido en todo un clásico.
    Además, el momento relajado de las vacaciones me permitió paladearla. Y es que creo que a Platero hay que leerlo así: despacio, saboreando cada palabra, cada impresión de color, cada imagen táctil, cada metáfora, cada descripción, cada costumbre, cada cuadro (porque más que escenas, son cuadros los que encontramos en esta obra) que Juan Ramón pinta para nosotros.
    Obviamente, a Lucía le costó entrar en la obra y no la ha terminado. Y ello, no solo por el lenguaje poético y "todas esas palabras raras" que aparecen (pero que están debidamente explicadas en esta edición de Anaya, que me ha gustado mucho y que me parece muy, muy práctica para quienes se acerquen a esta obra) sino porque el ritmo y, sobre todo, el desarrollo de la trama son totalmente opuestos a lo que los niños de hoy en día (y buena parte de los adultos) están acostumbrados. Hoy predomina la acción, la intriga, la aventura y Platero es calma, sosiego y belleza en cada palabra. Hay, pues, que cambiar el chip y creo que es algo que hay que ir haciendo poco a poco, no de golpe, en dos semanas antes de las vacaciones. Así que le iré dando capítulos a Lucía o textos que vayan teniendo más cosas que solo aventura, a ver si voy acostumbrando su paladar. Aunque no es un objetivo nuevo: este verano ha estado leyendo capitulitos de El lazarillo de Tormes, que ese sí que es exigente con el castellano antiguo.
    Me ha encantado redescubrir este libro sobre todo por la parte sensioral, el trabajazo de Juan Ramón por transmitir todas esas sensaciones e impresiones sensoriales (luz, color, calor, tacto...) a traves de las palabras, pero también por el fondo de la obra. Un fondo que se nos presenta en forma de escenas sueltas, muchas de ellas costumbristas, pero que nos hablan de muchísimos temas interesantes: la pobreza, la infancia, la injusticia, la violencia, la brutalidad del hombre, la naturaleza, la vida en los pueblos, las costumbres de la época... 
     La extraordinaria sensibilidad y capacidad literaria y poética de Juan Ramón quedan claramente expuestas en esta obra que es un auténtico tesoro y, desde luego, una de las joyas de nuestra literatura.
     Nos seguimos leyendo.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 100 libros57/100
  •  Reto Genérico: 31 (1/2 clásicos)/40
  •  Reto Olvidados11 (1914)

viernes, 8 de septiembre de 2017

"No soy un monstruo", de Carme Chaparro: una absorbente lectura sobre la pederastia y el periodismo

  No soy mucho de leer libros escritos por gente de la tele porque ya llevo unos cuantos descantos, pero tengo una debilidad especial por Carme Chaparro desde hace tiempo, así que me decidí a reseñarlo para Anika entre Libros hace unos meses y hoy traigo hasta el blog mis impresiones.
https://www.planetadelibros.com/libro-no-soy-un-monstruo/221101

Título: No soy un monstruo
Título Original: (No soy un monstruo, 2017)
Autor: Carme Chaparro
Editorial: Espasa Colección: Espasa Narrativa


Copyright:
© Carme Chaparro Martínez, 2017
© Espasa Libros, S.L.U., 2017
Edición: 1ª Edición: Marzo 2017
ISBN: 9788467048964
Tapa: Dura
Etiquetas: asesinos en serie, detectives, género negro, misterio, policiaca, intriga, libros premiados, literatura española, metaliteratura, novela, pederastia, pedofilia, periodismo, secuestros, televisión, thriller, suspense, discriminación sexual, hackers, víctimas, pederastas, investigación criminal, proyecto NeuroQWERTY
Nº de páginas: 336


Argumento:

  La vida de la inspectora Ana Arén da un vuelco cuando un niño desaparece de un centro comercial. Ya ocurrió lo mismo dos años antes y aquel primer niño aún sigue sin aparecer. Por eso luchará con todas sus fuerzas y su empeño para que la historia no se vuelva a repetir.
Premio Primavera de Novela 2017


Opinión:


  Este es el típico libro que, en cuanto lees el título, ya sabes que te va a mentir. O, si no te miente, te hace reflexionar sobre todas esas veces en las que tratamos de justificar lo injustificable, en las que no nos vemos a nosotros mismos como realmente son o en los que estamos rodeados por un ambiente tan depravado que lo nuestro nos parece poco comparado con lo de los demás. Y, la verdad, un poco de todo ello hay en esta novela de Carme Chaparro, ganadora del Premio Primavera de Novela 2017.
  Porque la autora nos pone, ya desde la primera página de su obra, frente a frente con alguien que busca un niño que secuestrar, lo que consigue que te metas en la historia desde el primer primerísimo momento. Además, te obliga a pensar en opciones y, dadas las noticias que vemos un día sí y otro también, tus suposiciones sobre para qué puede querer al niño no son nada agradables.
  El resultado es un desasosiego y una sensación general de náusea que se mantienen durante todo la novela. Es más, diría que se acentúan al final, cuando se descubre quién esa voz y, sobre todo, cuáles son sus motivos para hacer lo que hizo.
  Desde que soy madre, las noticias que afectan a los niños me sacuden por dentro de manera especial y así me ha ocurrido también con este libro en el que se nos presenta a los niños como víctimas, en muchas casos, de los adultos. Víctimas sexuales, víctimas mortales... pero también víctimas del desamor o de la desatención o del egoísmo.
Siendo periodista, está claro que me iba a gustar el entorno televisivo en el que se desenvuelve la trama, más sabiendo que se trata de un medio que la autora conoce al dedillo. Pero no por conocerlo o por estar dentro del entorno lo protege, sino que indaga en su cara más oscura, en la más zafia, en la más ruin.
   Una ruindad que alcanza a algunos de los personajes de la novela. Personajes que, en general, están muy bien trazados e interesan por sí mismos, más allá del papel que desempeñan en la trama principal. En este sentido, me parece que el premio gordo se lo lleva (como, por otra parte, no podía ser de otra manera), la inspectora Arén, cuya trayectoria vital vamos conociendo a lo largo de la obra con bastante profundidad.
  De Ana Arén me ha gustado su fuerza, su entrega y el hecho de que Chaparro la utilice para hablar de la desigualdad de géneros y sobre lo complicado que es para una mujer abrirse camino en un mundo de hombres.
Si los personajes son interesantes, no lo son menos los temas que se abordan en la novela. Desde la maternidad, hasta el desempeño de una profesión; desde la amistad, hasta las relaciones de pareja; desde la importancia de nuestros padres hasta las relaciones que establecemos con nuestros vecinos; desde la entrega a los demás hasta el egoísmo más despreciable; todos ellos van desfilando por las páginas de una novela que tampoco se pierde en análisis o reflexiones sino que va mostrando escenas y dejando cabos que el lector tendrá que ir comprendiendo y atando.
  Y, por supuesto, el gran tema que subyace en toda la obra: la pederastia. En este sentido, me ha resultado muy interesante todo lo que Chaparro cuenta sobre el proyecto NeuroQWERTY y las implicaciones que tiene para la investigación científica y criminal. Solo le pongo una pequeña pega y es que me ha dado la sensación de que explica en demasiadas ocasiones en qué consiste y, al final, se hace un poco pesado.
  Además de las reflexiones y los personajes, el tercer punto fuerte de la novela es su trama, cómo la autora va dosificando la información, cómo va haciendo avanzar el caso al tiempo que nos va contando las vidas de los personajes principales y cómo va manteniendo la intriga y el ritmo necesarios para que la novela se lea casi casi de un tirón.
  Un ritmo de lectura rápido al que también contribuyen la longitud de los capítulos, la sucesión de los acontecimientos y la alternancia de voces narrativas que, ya sea desde la primera persona narrativa o desde la tercera, nos van permitiendo cambiar el foco e ir pasando a través de los diferentes puntos de vista que nos ofrecen en la novela, lo que enriquece mucho la lectura.
  En definitiva, una obra muy entretenida y bien construida, que trata temas interesantísimos y que tiene un personaje principal, Ana Arén, que me encantaría que tuviera continuidad en otras novelas.
    Enlace a la reseña original.
   Nos seguimos leyendo.

jueves, 24 de agosto de 2017

"Un café a la seis", de Pilar Muñoz Álamo: una historia intimista y maravillosa



Título: Un café a las seis
Autora: Pilar Muñoz Álamo
Editorial: autopublicado
Género: novela contemporánea, intimista, romántica
Páginas: 183
Publicación: 4/7/2017
ASIN: B073R3ZSJ3

  «No menosprecies el poder de la imaginación, también puede destruirte».
  Raquel se dispone a acudir a una cita de compañeros de promoción organizada por su amiga Lourdes después de 25 años, aunque en el fondo siente que no debería ir; una parte del pasado, que no la ha dejado vivir en paz, podría estar esperándola en el hotel donde tendrá lugar la celebración.
Ansía ese encuentro tanto como lo teme. Porque aquello de lo que ha estado alimentándose a lo largo de su vida podría dejar de ser real. O atraparla para siempre.
  Unas veces, no podemos huir del pasado. Otras, no deseamos escapar de él.
  «Un café a las seis» es una historia intensa, emotiva, reflexiva, visceral. Una historia escrita con el corazón. De las que te hacen sentir.
   Me gusta Pilar Muñoz. Sus historias me llegan, a pesar de que soy consciente de que es dificílismo empatizar con personajes como los de Los colores de una vida gris o con algunos de ¿A qué llamas tú amor? Pero creo que una de las razones por las que me gusta es esa: me parece valiente apostar por personajes que no van a caer bien al lector, con los que no va a sentirse identificado, con los que es difícil lidiar durante las páginas en las que convivimos con ellos.
    En su última (hasta el momento) novela, no he encontrado personajes con estas características pero, aún así, no siento que la autora haya perdido su esencia. Quizá es que esta radica no en hacer personajes incómodos sino en ahondar en la condición humana con rotundidad y profundidad.
    En este caso, Muñoz Álamo nos pone frente a una mujer de mediana edad que hace repaso de lo que ha sido su vida hasta el momento y se da cuenta de que se ha traicionado a sí misma (o la Raquel joven) renunciando a muchos de sus sueños y objetivos. Y aunque es verdad que en algún momento le dirías a la protagonista: "pero, chiquilla, ¿cómo has llegado hasta aquí? ¿Cómo no has roto con esta vida anodina que llevas antes?" es fácil empatizar con ella y, sobre todo, comprender sus razones, porque, en el fondo, a todos nos pasa alguna vez: empiezas a hacer pequeñas renuncias que se convierten en grandes, te dejas llevar por una rutina que te absorbe y te impide, incluso, reflexionar sobre tu propio día a día... y cuando te quieres dar cuenta, el camino que has ido eligiendo (o más bien, siguiendo, casi sin capacidad de elección) te ha alejado de tus metas hasta hacer de ti una persona que no eres.
    Me ha gustado mucho la reflexión sobre la diferencia entre la juventud y la madurez y la honestidad para aceptar que no eres la que querías ser. No me ha gustado tanto que el catalizador tenga que ser un hombre, un amor del pasado, pero bueno, algún detonante tenía que haber (y la insatisfacción ya estaba instalada en Raquel desde antes de la excusa que da pie a esa reflexión: la reunión con sus antiguos compañeros de instituto). Y, en el fondo, esta es una novela de amor. Aunque, para mí, es una novela intimista y reflexiva con un toque de amor.
    Un café a las seis también cumple con otra de las características de la autora: la reflexión sobre temas variados. Así, además de presentarnos con eficacia y verosimilitud esta crisis de los cuarenta y sus consecuencias, Muñoz Álamo hace pensar al lector sobre la educación que damos a nuestros hijos, sobre qué va a ser de ellos cuando tengan que salir solos al mundo con los mimbres que les hemos dado (si es que son capaces de hacerlo, dada la sobreprotección generalizada actual), sobre las diferencias entre nuestros sueños y la realidad, sobre la traición a uno mismo, sobre los sueños frustrados, sobre la fatalidad que a veces cambia nuestro destino casi sin darnos cuenta, sobre el valor de los amigos, sobre el tedio de la rutina y la infelicidad de un matrimonio y una vida familiar que no te satisfacen, sobre consumir nuestras vidas con el piloto automático puesto y sin pensar en lo que realmente queremos hacer con ellas, sobre el miedo a arriesgarse, sobre el terror a salir de lo que no nos hacer feliz solo por la incertidumbre de perder nuestros puntos de apoyo, por el pavor a lo bueno por conocer.
    Más allá de los temas de fondo planteados, la novela tiene un buen ritmo, mantiene su intriga y, además, tiene unos cuantos giros interesantes que ahondan más en la historia y, sobre todo, permiten un desarrollo mayor de los personajes, convirtiéndolos en humanos y profundos.
  Y he dicho antes que me hubiera gustado que el catalizador que hacer salir a Raquel de su situación no hubiese sido un hombre pero he de decir que el desarrollo de la trama amorosa me ha gustado mucho y que el final (del que no voy a decir nada, por motivos obvios) pone en valor la catadura moral de una y otro.
    Así pues, Muñoz Álamo nos regala una historia llena de emociones, reflexiones y zarpazos de la vida que nos permite reflexionar sobre nuestra propia trayectoria y el valor de nuestros propios sueños.
     Nos seguimos leyendo.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 100 libros56/100
  •  Reto Genérico: 30 (2/2 autoeditados)/40
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lunes, 21 de agosto de 2017

"El laberinto del hindú", de José Vicente Alfaro: una aventura llena de intriga y perfectamente ambientada



Título: El laberinto del hindú
Autor: José Vicente Alfaro
Editorial: autopublicado
Género: novela histórica, ficción histórica, aventura
Páginas: 329
Publicación: mayo 2017
ASIN: B071P7CR29

  La antigua India… Siglo V de nuestra era.
  La dinastía Gupta gobierna sobre la civilización más avanzada del mundo en aquella época, teniendo en cuenta que el Imperio romano se encontraba ya en plena decadencia y que China atravesaba un momento difícil. Su soberano, el emperador Kumaragupta, debía garantizar la seguridad de su pueblo frente a los ataques externos, a la vez que se enfrentaba a los demonios internos que atormentaban su propia existencia.
  Al mismo tiempo, dos niños sin pasado llegan a la capital del imperio obsesionados con una idea que solo ellos conocen. Madhuk y Sarasvati son hermanos, carecen de estudios y no poseen ninguna pertenencia. Con todo, estarán dispuestos a hacer lo que sea para sobrevivir.
  Sumérgete en una historia repleta de aventuras e intrigas palaciegas, donde la sociedad se organizaba en torno a un rígido sistema de castas y al dictado de los Vedas, que condicionaban por completo el discurrir del pensamiento hindú.
   Interrumpo mis vacaciones blogueriles para publicar dos reseñas que quiero que vean la luz antes de que termine agosto. Empiezo por la de esta novela porque con ella participo en la lectura conjunta organizada por Libros que hay que leer y las bases exigen reseñar la obra antes del 31 de agosto si es que uno quiere participar en el jugoso sorteo que ha organizado Laky (y yo quiero). Así que allá voy.
  Después de leer Bajo el cielo de los celtas y El último anasazi, no dudé en participar en la lectura conjunta de la que hablaba antes porque José Vicente Alfaro ya me ha conquistado. Y eso que yo no soy muy de novela histórica pero, no sé, la de este autor me resulta diferente. Quizá porque no enreda demasiado las tramas (son sencillas pero muy interesantes. Y variadas, porque siempre hay unos cuantos personajes cuyas vivencias se van superponiendo, lo que permite una mayor visión de conjunto y mayor nivel de intriga). Quizá porque se remonta a tiempos y culturas poco exploradas literariamente. Quizá porque introduce la documentación que ha necesitado para construir sus historias sin alardes y de una forma amena y muy didáctica. Quizá porque sus personajes parecen reales, cercanos, humanos, porque es fácil empatizar con ellos, porque acabas queriéndolos. Quizá.
    Sea como fuere, estos son los aspectos que me gustan de las novelas de Alfaro y que he vuelto a encontrar aquí. Me llevé El laberinto del hindú a la playa y lo devoré en un par de días. Y es que el autor sabe mantener el interés, te va envolviendo poco a poco en el exótico mundo de la India y va logrando que te intereses por los destinos de los personajes que se van desarrollando ante tus ojos.
   En este caso, además, juega con la estructura para dar un giro que yo fui intuyendo a medida que fui leyendo pero que, al principio, pasa un poco desapercibido. Así, crea una cierta intriga sobre los personajes principales que contribuye a aumentar tus ganas de leer, aunque lo que te va contando sobre ellos en cada página ya dan ganas de seguir avanzando por sí solo.
    Alfaro sabe crear, como decía, personajes cercanos que, a pesar de sus defectos (afortunadamente, todos los tienen; no hay nadie perfecto, todos son muy humanos y cometen sus fallos) engatusan al lector para que quiera continuar profundizando en la historia.
    Más allá de la trama (interesante y bien construida), el autor nos invita a reflexionar con él y con los personajes sobre cuestiones como la guerra, si todo es lícito por lograr o mantener el poder, si las cuestiones territoriales pesan más que las personas, si las acciones buenas son recompensadas y las deplorables, castigadas; sobre la venganza, el amor, la amistad, la fraternidad, el espíritu de superviviencia, la familia, las clases sociales, la desigualdad... Y lo mejor es que lo hace enfrentando puntos de vista o, por lo menos, formas diferentes de encarar cada una de esas cuestiones. Así el lector puede sacar sus propias conclusiones.
    El laberinto del hindú, sin ser una novela trepidante, está llena de aventuras, de incidentes, de sucesos que van ocurriendo y que van aumentando el interés de la obra. Pero, además, esas incidencias se van mezclando magistralmente con las descripciones de los lugares y las gentes, de la Historia y las historias, hasta conseguir una ambientación que, para mí, es otro de los grandes éxitos de Alfaro.
   Así pues, El laberito del hindú es una novela sólida, bien construida, con unos personajes muy solventes, que cumple el doble objetivo de mostrarnos una cultura tan diferente y lejana al tiempo que entretiene e intriga y que plantea temas de fondo más que interesantes.
     Nos seguimos leyendo.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 100 libros59/100
  •  Reto Genérico: 22 (1/2 exóticos)/40
  •  Reto Autopublicados3/8
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