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miércoles, 30 de abril de 2014

Encuentro con Juan Gómez-Jurado: "Escribo la historia que me gusta, la que me toca por dentro"



   “Si me quedaran 63 horas de vida las dedicaría a jugar con mis hijos, ver una película con alguien especial y comer un buen plato de patatas con huevos fritos. Esta es una de las muchas confesiones que Juan Gómez-Jurado realizó ante quienes tuvimos el inmenso placer de escucharle en el Salón de Tapices del Círculo de Contribuyentes de Alcalá de Henares el pasado 5 de abril, en un encuentro organizado por La librería de Javier. La respuesta venía al hilo de la pregunta de una de las asistentes, que había oído previamente una entrevista en la radio en la que hablaba de lo que haría si le quedasen las 63 horas de las que dispone David, el protagonista de El Paciente, para salvar la vida de su hija.
   Como he dicho, esa fue una de las confesiones... porque hubo más. Empezando por la camiseta que llevó al evento, toda una declaración de intenciones. "Eres muy friki", le dijo Javier. "Lo soy", corroboró Juan. Con este pequeño guiño ya te puedes imaginar cómo transcurrió el encuentro: entre risas, bromas, confesiones, la personalidad arrolladora de Gómez-Jurado y su cariño.
   Más confesiones: "¿De dónde surgió la idea para escribir El Paciente?", le preguntó alguien. Respuesta: No te lo vas a creer... pero no tengo ni la más remota idea. Y es cierto, aunque luego matizó contando que recuerdo haber tenido una conversación con mi agente, en el verano de 2008, y la idea me preció un poco manida. Pasó el tiempo y llegó un periodista a hacerme una entrevista, y ya sabéis que los periodistas siempre te preguntan que en qué estás trabajando. Yo siempre me escondo o no respondo pero este era amigo mío... y tuve que contestar, así que le conté la primera idea que se me vino a la cabeza, esa que pensé que jamás escribiría. Pero el caso es que empecé a darle vueltas. Si lo pensáis, la sinopsis de la novela es bastante sencilla y no tiene nada que ver con el auténtico drama del doctor, con el conflicto de David. Cuando empecé a pensar en ese conflicto vi que ahí sí había historia.
  Y así echó a rodar una novela que ha vuelto a cautivar a miles de lectores, como ya ocurriera con las anteriores de un autor convertido en auténtico best seller cuyos libros se van traduciendo al inglés ya durante el proceso de escritura para que llegue antes a los países que esperan sus obras tanto como en España. Si lo tienes en inglés es más fácil venderlo en otros mercados, explica al respecto un Gómez-Jurado que, a pesar del éxito que cosecha con cada novela, se sigue viendo como ese gualdrapa de Moratalaz que se colaba en el Alcampo para robar donuts. Me sigo viendo como un chaval que acaba de llegar a este mundo y que trata de convencer a la gente de que lea sus libros.
   Parte de la culpa de ese éxito la tiene la capacidad de Gómez-Jurado para manejar la intriga, manipular el ritmo y conseguir que el lector sea incapaz de desprenderse de sus libros hasta que los termina o que esté tan metido en la historia que se pase alguna que otra parada de metro, como alguien de la sala confesó que le había ocurrido con El Paciente. Tal y como explicó el autor, para conseguir decir algo en un libro tienes que sentirlo, solo transmites emociones cuando tú las sientes antes. Escenas como la de Julia y las ratas tienes que meditarlas, pensarlas, escribirlas, leerlas, reescribirlas... no las vomitas sobre el papel y ya está. Tienes que sentir las escenas como tuyas para poder transmitir emociones y sensaciones al lector  luego tienes que convertir esas sensaciones en palabras. Para mí lo más importante es trabajar el sentido del ritmo. Intento que el lector vea lo que yo veo con economía de palabras pero con fuerza, con energía. La literatura, al final, va de emociones.
   Gómez-Jurado apela, con esas emociones, directamente al lector pero también lo hace a través, por ejemplo, del uso de la primera persona en esta novela. El doctor Evans cuenta lo que le ocurre en primera persona, por lo que consigue una relación directa con el lector, sin la mediación del narrador. Además, el autor consigue que David se caracterice solo a través de lo que piensa, de lo que hace, de las cosas de las que se arrepiente, de sus temores y, sobre todo, de ese humor punzante con el que se defiende del mundo. La primera persona era la única elección posible para esta historia, explicaba Gómez-Jurado al respecto, pero soy muy serio conmigo mismo (aunque esté aquí de cachondeo todo el rato), soy muy crítico y no me gusta que nada salga mal. A medida que avanzaba en la escritura me iba dando cuenta de que, aunque era la única elección posible, no era suficiente, así que introduje otras dos voces más, en ambos casos, en forma de narrador en tercera persona omnisciente: la que habla de lo que ocurre a Kate y la que se centra en el señor White, que a veces avanza lo que puede ocurrir, añadía. Pero lo mejor es que estas tres voces no crean distorsiones en el lector, quería conseguir que estés tan metido en la acción que ni te des cuenta del cambio de narrador, que sea un cambio natural, explicaba. Y vaya si lo consiguió.
   Quizá el secreto está en que (una confesión más), Gómez-Jurado escribe la historia que me gusta, la que me toca por dentro y que trata de hacerlo de la mejor manera posible.
   Ese hacerlo de la mejor manera posible implica dar a cada libro lo que requiere. Así, en 'La leyenda del ladrón' era más importante el contexto, hacer vivir la Sevilla del Siglo de Oro, pero en 'El Paciente' lo importante era la vivencia de los personajes, explicaba. Y, del mismo modo, ubicar la historia en el contexto adecuado: preguntado por la razón por la que El Paciente transcurre en Estados Unidos y con personajes americanos (incluido su presidente), Gómez-Jurado ironizó al señalar que si esta historia fuera sobre Rajoy y la Seguridad Social, no me hubiera dado más que para dos capítulos. Y es el segundo sería para pedir el indulto del asesino. Esto aquí no pasa
   Respecto a lo que pasa y lo que es imposible que pase, o sea, sobre la verosimilitud de la trama y lo que ocurre en la novela, el autor estuvo un rato debatiendo con una de las asistentes sobre la diferente manera de percibir lo que nos rodea que tenemos los hombres y las mujeres y finalizó, una vez más bromeando: la relación entre el lector y el autor es como estar casados, al menos mientras dura la lectura: yo cedo un poco y tú cedes otro poco.
    Y también utilizó el humor para hablar sobre el señor White: se me ocurrió mientras fregaba los platos. ¿Os habéis fijado cómo las mujeres, muchas veces, nos manipulan para que acabemos haciendo lo que ellas quieren que hagamos, como fregar los platos? Ahí nació el señor White. Todos tenemos, en mayor o menor medida, la capacidad de influir en los demás y de manipularles, al menos hasta cierto punto. Pues el señor White es eso multiplicado por infinito, llevado a la psicopatía de quien quiere que solo haya una voluntad en el mundo: la suya. Ya más en serio explicó que el señor White es el personaje más complicado de la novela, porque tenía que asumir funciones muy diferentes. Quería que fuese una especie de Dios omnipotente que controlara la vida de David, pero un Dios del siglo XXI, porque también quería mostrar cómo nuestras vidas dependen de las tecnologías y cómo nos controlan a través de ellas.
    El blanco es, en nuestra cultura, símbolo de pureza, de todo lo bueno, de luz pero aquí el nombre es paradójico, porque el señor White (que si fuera español sería el señor Bueno) es un tremendo hijo de puta, señaló el autor quien acabó mostrando al auditorio que, en realidad, White y Evans son las dos caras de la misma moneda: uno manipula a través de sus conocimientos en Psicología (es decir, a través de la parte funcional del cerebro) y el otro a través de la parte física del cerebro. En el fondo, se plantea también el debate entre lo físico y lo espiritual.
   Y este es uno de los juegos de espejos que Gómez-Jurado ha incluido en El Paciente. Hay una oposición entre el bien y el mal, entre la familia y la profesión, entre Rachel y el presidente de los Estados Unidos, que padecen el mismo tipo de cáncer... De hecho, el auténtico paciente no es el presidente, es Rachel, a la que David no pudo salvar la vida, aseguró.
    El debate sobre el corazón y el deber, sobre la profesión y la familia ocupó buena parte del encuentro y, frente a quienes le reprocharon que David antepone el corazón, Gómez-Jurado respondió que no es así si te planteas que cuando eres la única persona que puede salvar la vida de alguien tu deber es, precisamente, hacerlo, salvarla.
   Finalmente, el autor de El Paciente habló sobre la posible adaptación cinematográfica de la novela.Me gustaría que Clive Owen diera vida a Evans, señaló. Y a la mordaz pregunta sobre si está preparado "para que el cine te destroce tu película", Gómez-Jurado respondió que siempre que le das tu libro a un director para que haga una película es un poco como cuando llega tu hija, a los 18 años, con un novio lleno de piercings y tatuajes... y encima no le puedes decir nada porque te saca una cabeza. O lo haces y cedes o no lo haces. Yo entiendo que son dos lenguajes diferentes y que habrá cosas que cambien, claro. Y creo que, en principio, como todo el mundo me dice, va a ser beneficioso para mi carrera... así que entras o no entras. No hay más. Yo solo espero que no me hagan un 'Hobbit'”.
   Y acabo esta crónica con otra gran revelación: en el libro voy dejando las pistas suficientes para averiguar quién contrata al señor White, quién mueve realmente los hilos. Solo que es fácil que en una primera lectura el lector, consumido por la acción, no caiga en ello. Pero si lo lees otra vez, más despacio y con atención, te das cuenta, apuntó. Pues nada: habrá que ponerse a ello.
     Nos seguimos leyendo.
 

jueves, 5 de diciembre de 2013

Encuentro con Inma Chacón, autora de "Mientras pueda pensarte": "Mi intención era hacer muchas preguntas e indagar en el derecho a elegir de todas las personas"


    Dice Inma Chacón que siempre aconseja a sus alumnos de Documentación en la universidad que si escribes un libro solo se tiene que ver un 10% de lo que has investigado y aprendido tú sobre el tema de la obra y después de escucharla en el encuentro con lectores que organizó la Librería de Javier en Alcalá de Henares puedo asegurar que cumple su consejo al cien por cien. Porque al leer Mientras pueda pensarte, uno intuye todo el proceso de documentación que la sustenta e incluso se imagina cómo pudo haber sido compartir con las víctimas reales de la trama de robos de bebés todas sus vivencias, pero cuando oyes a la autora hablar te das cuenta de que sabe muchísimo que no se trasluce en el libro, que hay muchos datos que no se ven en la novela, aunque, desde luego, sirve para apuntarla y convertirla en una obra tan sólida como la que es.
   Aún así, Inma Chacón habla de su proceso de investigación de esta novela (cuyo germen está ya en Tiempo de arena) explicando que se ha centrado en la parte más documental porque empecé a hacer entrevistas pero me di cuenta de que quería escribir desde el folio en blanco. He hecho pocas entrevistas porque prefería mirar la historia desde la frialdad de los papeles antes que 'contaminarme' de las historias reales, porque yo lo que quería era escribir ficción. Y, por algunas anécdotas más que contó a lo largo de la reunión, esta parece ser una constante en su forma de escribir: parte de la realidad pero no deja que el peso de lo que le ha ocurrido a alguien corte las alas de su propia imaginación, de lo que quiere plantearse en la novela, de las preguntas que quiere encontrar al escribir el texto.
    Unas preguntas que, en este caso, tienen que ver con cómo reaccionaríamos cada uno de nosotros si, de pronto, descubriésemos o sospechásemos que podríamos ser adoptados. De hecho, esa fue la primera pregunta que, según explica, se hizo la autora y, por eso, en la novela cada uno de los personajes principales (¿principales?, se preguntó en el encuentro. No sé si llamarlos principales porque al final la novela es muy coral es, como me dijo una de mis primeras lectoras, un circo de siete pistas: hay muchas caras, están pasando muchas cosas al mismo tiempo, sin que eso haga que nos perdamos el espectáculo global) reacciona de una manera diferente. En la novela planteo dos personajes diferentes: uno ha sido muy querido por sus padres, no ha tenido ninguna carencia, ni material ni afectiva, mientras que el otro sí las ha tenido. Y justo el que más querido ha sido es el que quiere saber y está convencido de que ha vivido una mentira, mientras que el otro prefiere no saber. En el libro me hago eco de esas dos posibilidades, porque cada persona reacciona de una manera y porque es verdad que todos tenemos derecho a saber pero también es verdad que todos tenemos derecho a callar. Lo que me interesaba era mostrar esas diferentes formas de enfrentarse a una misma situación.

UNA VIDA ASENTADA SOBRE ARENAS MOVEDIZAS

 

    Además, Chacón profundiza no solo en ese primer paso de querer saber o dejarlo correr sino en qué supone enterarte de que quienes crees que han sido tus padres hasta el momento no lo son. Construimos nuestra identidad en base a lo que somos y a lo que hemos vivido y sin embargo, ahora, con esta trama, resulta que hay personas con cuarenta o cincuenta años que tiene que volver a plantearse quién soy, que ven cómo sus cimientos se resquebrajan y que su vida se asienta sobre arenas movedizas, explica la autora. Y eso es justo lo que le ocurre a Carlos, uno de los personajes principales de la obra y uno de los que ejerce de narrador en determinados pasajes de la novela: Carlos es un personajes cínico, que ha creado una coraza contra los sentimientos de los demás y que cree firmemente que somos lo que hacemos de nosotros mismos. Y, sin embargo, se encuentra con que no sabe quién es. Es como la historia que escuché de un hombre de 80 años, ya en el tramo final de su vida, que por fin encuentra a su madre, claro, fallecida ya... y por fin consigue la paz. '¿Qué cambia el hecho de conocer los datos, porque ni siquiera llegó a conocerla, de su madre biológica?', le preguntó alguien. 'Pues lo cambio todo', respondió él. 'Ahora sé quien soy'.
El escritor alcalaíno Juan Vilches asistió al encuentro
    La cuestión sobre quiénes son el padre y la madre en un caso de adopción, si los padres biológicos o los padres adoptivos, dio mucho juego en el coloquio, sobre todo, gracias a la intervención del también escritor Juan Vilches (autor de Te prometo un imperio, recientemente galardonada con el Premio de Novela Histórica Ciudad de Cartagena), quien estudió en su tesis doctoral aspectos relacionados con la afiliación biológica y la atribución de la paternidad según la ley vigente. En este sentido, Vilches explicó que si una mujer está casada, automáticamente se atribuye su descendencia a su marido, aunque tanto ella como el padre biológico acrediten lo contrario. Ni siquiera el Estado está muy interesado en clarificar estos temas, quizá por una cuestión de paz social, aseguró Vilches, a lo que Chacón respondió que si no se quiere investigar la filiación de una madre soltera a quien se protege es al padre. Y recondujo el debate hacia los casos de bebés robados asegurando que hoy en día se siguen poniendo muchas trabas a esta gente. ¿A quién se está protegiendo? No creo que sea tan difícil. El problema es que hay apellidos muy conocidos en la trama.
   Para Chacón, los verdaderos padres son los que ejercen, aunque también se mostró partidaria de la verdad biológica: ¿a quién no le gusta conocer su árbol genealógico? No cambian los afectos si descubres que eres adoptado, pero sí cambia el enraizamiento.

AÑOS DE MENTIRAS

 

    Cuando leí la novela, y así lo comento en la reseña, pensé que al retrasar la historia que cuenta hasta 1930, de algún modo la autora ligaba la trama y la situación política e ideológica de España, a pesar de que la ocultación y la falta de reconocimiento de los hijos nacidos de madres solteras se ha dado siempre. En cierto modo, Chacón también sitúa el origen de la trama en ese determinado ambiente, aunque es cierto, como apuntó Vilches en el encuentro, que tramas parecidas se han dado en otros países, como Australia o Alemania, tras la segunda Guerra Mundial y todos los hijos fruto de violaciones que luego fueron adoptados en Estados Unidos. No he hecho una investigación científica, he hecho una investigación periodística o literaria, y conozco las diferencias... pero para mí, la tesis de la que estoy convencida y que defiendo en la novela es que si no se hubiera dado ese primer entramado en las cárceles con los niños de las republicanas, no se hubiera dado nada de todo lo demás, aseguró Chacón.
    Tras la investigación llevada a cabo, para la autora de Mientras pueda pensarte son tres las causas que dieron lugar a la trama de robos de bebés: en primer lugar, un factor social que se ha dado siempre: los prejuicios contra las madres solteras. En segundo lugar, un factor ideológico: Vallejo-Nájera elaboró un estudio perverso en el que asociaba el republicanismo y la enfermedad. De ahí que a las madres republicanas que daban a luz en las cárceles se les quitaran los hijos, porque creían que así no se contagiarían. Todos esos niños, junto a un tercer factor, que sería el baby-boom de los años 60, dieron lugar a un gran número de adopciones que hizo que España empezara a ser conocida como un lugar en el que era fácil adoptar, incluso en el extranjero. Así que empezaron a llegar muchos padres demandando niños... tantos, que comenzó el mercadeo de bebés y, cuando el número de padres fue más grande que el de niños, la trama de robos y adopciones irregulares.
     Hablando de la trama, era imposible no tratar el tema de cómo puede alguien involucrarse en algo así. La pregunta hacía referencia a cómo puede ser que madres y matronas participasen en una trama que consistía en dejar sin hijos a otras madres pero la incredulidad se hizo extensiva a todos los miembros de tal ignominia. Resulta incompresible que alguien pueda participar en estas tramas, sobre todo, que una mujer se preste a algo así, comentó Chacón, quien añadió que, para ella, todos estos robos y ventas de bebés, así como cada vez que alguien separa a un hijo de su madre, cuando ella no quiere, por motivos ideológicos o políticos o religiosos es un caso más de violencia contra las mujeres. En la novela, las mujeres son víctimas pero los hombres también. Para mí todo esto es una variante de la violencia machista. Pero pensad que para que haya una matrona que participe en esto tiene que haber antes un médico que firma y una mente perversa, como la Vallejo-Nájera, que llegue a las conclusiones peregrinas a las que llegó él. Una mente perversa y unas condiciones ideológicas que permitan que todo esto se lleve a cabo. Y no solo que se lleve a cabo, sino que se extienda como se extendió y, lo que es peor, que a día de hoy continúe impune.
   De hecho, uno de los aspectos del caso que a Chacón le parecen más sangrante es que en España no solo no se haya pedido perdón a las víctimas, como sí se ha hecho en Australia, por ejemplo, es que aquí el Estado se lava las manos. En Alemania se asume y se reconoce el pasado y aquí se tiene miedo del pasado.

HOMENAJE A DULCE

 


  Hablando de ese silencio de la justicia y de las instituciones hacia las víctimas de la trama, le comenté que a mí el diálogo roto de María Dolores con los jueces, ese diálogo sin respuestas que se acaba convirtiendo en mero monólogo, me había recordado mucho a la técnica narrativa que utilizó su hermana Dulce en Cielos de barro con Antonio y el inspector de su caso, a lo que contestó que en todos sus libros hay al menos un homenaje consciente a Dulce y que, por supuesto, era muy consciente de que estaba pensando en su hermana cuando escribía esa parte. 'Cielos de barro' es, para mí, la mejor novela de Dulce y claro que estaba pensando en ella cuando escribí esa voz narradora a una persona ausente. Pero seguro que hay otras cosas de las que no me doy cuenta, porque Dulce siempre está sobrevolándome cuando escrito, es normal que haya cosas de Dulce en mí, tiene que haberlas, porque hemos vivido lo mismo y nos hemos querido a rabiar.
    Uno de esos homenajes es incluir un verso en sus novelas. Dulce siempre lo hacía y yo lo sigo haciendo en su honor, explicó. En este sentido, y aludiendo al verso que da título a la novela, Chacón explicó que le costó mucho encontrar un título para esta obra: se me ocurrieron muchos, pero los descarté. Luego busqué algún verso en uno de mis poemas y tampoco lo encontré. Al final, lo encontré en un homenaje que se le dio en Badajoz a Ángel Campos Pámpano. "Mientras pueda pensarte/ no habrá olvido" dice ese verso y todos los presentes coincidimos en que era un título perfecto porque cualquiera que pase por esa situación pensará que mientras recuerde a su hijo, o dude de que murió, como le dijeron, o mientras un hijo imagine a una madre y qué ocurrió para que lo abandonase, si es que le abandonó, siempre estarán presentes el uno para el otro.
     Al mencionar a su hermana, Chacón recordó sus dudas cuando comenzó a publicar: sabía que mi salida a la literatura iba a ser difícil. Me daba miedo que pensaran que quería ocupar el lugar de mi hermana. Y un día, hablando con su hija, que es una de mis primeras lectoras, a quien confío yo la primera versión de lo que escribo, me dijo: 'no tienes que preocuparte. Escribís de forma muy diferente: mi madre vivía en las nubes y bajaba a la tierra para escribir y tú vives en la tierra pero subes a las nubes para escribir'. Y es verdad: Dulce era desgarradora y más poética y yo huyo de la poesía. Pero es cierto que Dulce siempre sobrevuela por donde yo estoy escribiendo.
   El anfitrión del evento, Javier, decidió dedicar el encuentro a Dulce, ahora que se cumplen diez años de su fallecimiento. Chacón no pudo evitar emocionarse con el gesto y la referencia a su hermana aunque, en el fondo, toda la reunión fue bastante emotiva, cargada de reflexiones sobre los sentimientos, sobre el abandono que sienten los adoptados, su búsqueda, o su rechazo a buscar a sus padres biológicos, sobre los motivos de una madre para dar en adopción a su hijo o para rehusar buscarlo, sobre el mundo rural, sobre la falta de apoyo a las víctimas de la trama y el tratamiento que hacen de sus casos algunos medios de comunicación, sobre qué piensan de la novela algunos de los afectados que la han leído... En definitiva, una tarde de lo más provechosa y emotiva en la que Chacón demostró que ha cumplido su intención primera cuando comenzó a escribir la novela: hacerse preguntas y generar preguntas. Y, sobre todo, ser muy respetuosa y delicada con el tema. He tratado de abordar otros asuntos, además del robo de bebés, como el desarrollismo, un pequeño homenaje a la historia de la televisión, el mundo rural, la burbuja inmobiliaria, el mundo de la publicidad... Pero sobre todo me interesaba hacerme preguntas y tratar de indagar sobre el origen de todo esto.
    No seguimos leyendo. 

   Si quieres ver más fotitos del encuentro, puedes visitar la página de La librería de Javier picando aquí.

jueves, 24 de octubre de 2013

Encuentro con Julio Llamazares: "la literatura es lo que te queda de un libro cuando ya te has olvidado de qué iba"

 
    Hace unos meses descubrí un rincón mágico en Alcalá de Henares: la Librería de Javier. Lo conocí a través de las redes sociales y de su web y me quedé maravillada por la cantidad de encuentros con autores que lleva a cabo, por su lucha por la cultura y la literatura. Todavía no había podido asistir a ningún encuentro pero, por fin, el pasado 5 de octubre, pude estrenarme. Y lo hice a lo grande: con una de las sesiones más multitudinarias y con un autor que forma parte de la historia de la literatura española y que tiene las ideas muy claras, Julio Llamazares.
   Es requisito imprescindible de estos encuentros haber leído el libro, para poder charlar con el autor y que este pueda hablar libremente, sin tener que medir sus palabra por si desvelase algún punto básico de la obra. Así que allá que me fui con Las lágrimas de San Lorenzo bien leído, anotado y reflexionado. Tenía la impresión de que había mucho sobre lo que hablar, porque es una novela corta pero muy densa, con mucho jugo, con mucho contenido, con muchos temas sobre los que reflexionar. Cuando Llamazares comenzó a hablar, comprendí el porqué: la literatura sirve para hacer sentir y para hacer pensar, no para entretener. Si entretiene, mejor, pero lo que yo busco es, primero, reflexionar yo sobre un tema y luego hacer que quien conecte conmigo piense sobre ese mismo tema
   En este sentido, Llamazares explicó que cada una de sus novelas trata de responder a una pregunta determinada, en este caso, la que aparece en el último capítulo de la obra. Después de reflexionar sobre el tiempo, sobre el paso de los años y sus consecuencias, sobre la eternidad y la finitud, sobre nuestro paso por el mundo y lo que nos sobrevivirá, el autor lanza, al final, la pregunta que cierra la obra y que, de algún modo, la abre de nuevo e invita a hacer una nueva lectura bajo esa perspectiva.
    La reflexión sobre el tiempo es, pues, el gran tema de esta novela, aunque también recorre toda la obra la idea, que el autor confesó tener desde pequeño, de que aunque nos creamos eternos, la vida de las personas no es más que una estrella fugaz en la noche del tiempo. De hecho, las estrellas fugaces tienen una función múltiple en la novela. Por un lado, ejercen de metáforas o símbolos, tal y como ha ocurrido siempre con ellas, desde el principio de la humanidad. Pero, además, son las que van estructurando la obra: aquí no hay un capítulo 1, seguido de un capítulo 2 y así hasta al final. Esta novela se abre con un "una..." que continúa con un "otra..." y otro "otra..." y así hasta la pregunta final. Las estrellas fugaces que pasan en las dos noches estrelladas que soportan el peso del argumento (la novela comienza con un padre y un hijo viendo las Lágrimas de San Lorenzo, imagen que, en realidad, es el recuerdo de ese niño, ya adulto, mientras contempla la misma lluvia de estrellas cincuenta años después, con su propio hijo) van dejando caer recuerdos y reflexiones en cada capítulo, de manera que esa lluvia de estrellas real que tiene lugar dentro del libro se traduce en una lluvia de ideas para el lector que va recibiendo cada una de esas estrellas fugaces. Las estrellas fugaces te hacen ir, viajar a tus recuerdos, a tus sueños. Leer es soñar despierto, aclaró sobre el tema Llamazares.
     Convertir los capítulos en estrellas fugaces forma parte de lo que el autor llamó arquitectura de la novela y es, para él, uno de los momentos clave a la hora de abordar la escritura de una obra. Cuando empiezo una novela, siempre parto de una imagen, un título y una arquitectura. Tengo una idea general sobre lo que va a ocurrir, un aroma de la novela, pero no sé qué va a pasar en cada capítulo, aseguró el autor, para quien lo de menos en las novelas es lo que cuentan; lo importante es cómo lo cuentan". En este sentido, Llamazares abogó por la poesía como género principal de la literatura, explicando que la novela no es el género superior, aunque el mercado así lo haya establecido. No hay un género superior a otro, solo la poesía es superior, porque debe polinizar a los demás para que la literatura sea literatura, para que las palabra signifiquen más de lo significan. Si no hay poesía, no hay literatura, hay escritura.

EL MERCADO NO DEBE REGIR LA LITERATURA


   Esta no sería la única crítica al mercado que el autor haría a lo largo de la charla. De hecho, se mostró muy duro con la situación actual de la literatura, empezando por una afirmación rotunda: escribir es fácil; escribir bien, no. Llamazares aseguró que escribir es poner en un papel lo que te viene a la cabeza pero cuando uno escribe porque la literatura es un fin en sí mismo, porque es tu manera de ser y de entender el mundo, y no un fin, entonces, escribir consiste en poner junto a cada palabra el adjetivo adecuado, y eso es difícil. Ahondando en esta misma idea, diferenció entre literatura y escritura y lamentó que la actual sociedad de consumo exija más escritura que literatura: El libro se rige hoy por las normas del mercado. Hasta hace unos años, el escritor era una figura marginal porque hacía algo que no servía para nada. En los últimos años, la situación ha dado un vuelco: ahora despierta expectación y todo el mundo escribe, cualquier folclórica que ha superado una depresión escribe un libro. Pero eso no tiene nada que ver con la literatura.
   De igual modo, alabó la labor de Javier y de otros tantos libreros que, como él, luchan por la cultura y hacen que sus clientes vivan la literatura mediante consejos, debates y recomendaciones. El librero es un personaje que habría que defender, como la sanidad y la educación públicas. El libro literario ha entrado en una deriva que puede marcar su fin, tiene muchos factores en contra, como el propio mercado. Muchos libros se venden hoy en grandes superficies comerciales y no en librerías, pero las grandes superficies trabajan con criterios económicos: si no vendes tantos ejemplares a la semana, si no eres rentable, desapareces de sus estanterías. Si seguimos así, acabaremos con cualquier obra que no sea novedad, buscar un libro de hace un año será una labor arqueológica. Las librerías, en cambio, mantienen vivos los libros con su fondo de librería. Si desaparecen los libreros desaparecerá el libro literario. Además, su labor social es impagable y no reciben ningún apoyo. Creo que habría que defenderlos y que, en este caso, el Estado debería corregir los excesos del mercado, aseguró.

¿QUÉ ES LITERATURA? Y TÚ ME LO PREGUNTAS...


   En varios momentos de la charla, Llamazares definió lo que es literatura. Para empezar, explicó (enlazando con la literatura como fin en sí mismo de la que ya hemos hablado) que la literatura no es un oficio, es una manera de estar en el mundo y, en ese sentido, defendió que escribe las novelas que me gustaría leer. Cuando escribo, el único lector en el mundo soy yo. Tras una pregunta sobre el intimismo de sus obras, Llamazares aseguró que la literatura intenta dar explicación a este absurdo que es la vida, se pregunta qué es la vida, qué sentido tiene la vida, por qué pasa el tiempo y por qué pasa tan deprisa y añadió que 'Las lágrimas de San Lorenzo' no cuenta nada que no hayamos pensado todos y esa es, precisamente, la función del escritor: poner en palabras lo que mucha gente piensa.
   Asimismo, Llamazares defendió que hay un número de lectores determinados para cada autor: aquellos que conectan con él, que están en la misma sintonía. Hay una identificación entre el lector y el autor, aseguró, al tiempo que restaba valor a las intenciones de aquellos autores que concurren a premios literarios buscando encontrar nuevos lectores: puede que el libro premiado venda mucho más que cualquier otro de tus libros, pero muchos de esos lectores no se quedarán contigo, porque no conectan contigo. Y en tu próxima obra volverás a tus cifras habituales.
     En cualquier caso, explicó que esta conexión entre lector y autor depende de la forma de entender el mundo del autor y no de su biografía. Así, advirtió que las novelas son mentiras. Pueden tener un componente biográfico y eso hay gente a la que le interesa muchísimo. Pero esa gente se decepciona cuando descubre que lo que cuenta la novela es mentira. Incidiendo en la misma idea aseguró que a veces los lectores se decepcionan cuando me conocen porque creen que voy a ser una persona doliente, melancólica... porque es lo que transmiten muchos de mis libros. Pero yo soy normal. Y soy feliz, quizá porque vacío todo lo que me obsesiona en mis novelas.
   Otro punto de conflicto con sus lectores son, según reveló, los finales de sus obras: a los lectores más tradicionalistas no les gustan los finales de mis novelas porque parece que no acaban. Así como tampoco se sienten satisfechos los que buscan respuestas concretas a las preguntas lanzadas en sus textos: la novela no es un jeroglífico del que yo tengo la respuesta, la única respuesta. Cada lector tiene las claves para resolverlo y una vez recorrido el camino, después haber reflexionado, ese jeroglífico, ya resuelto, se incorpora a su vida, aseguró. La misma reflexión de fondo cabe extraer de la siguiente aseveración del autor: la literatura es lo que te queda de un libro cuando ya te has olvidado de qué iba, es lo que pasa a formar parte de tu identidad.
   Al hablar de la conexión con los lectores, Llamazares hizo referencia a lo que él llamó el chispazo poético. Así, explicó que la literatura tiene que dar calambre. Si no sientes el chispazo, ese libro no es lo que no buscas. Y si no hay chispazo, no hay literatura. Sin chispazo, la literatura es lo que hacemos para pasar el rato, cuando la literatura para lo que debería servirnos es para pasar la vida.
Al encuentro, celebrado en el Salón de Tapices del Círculo de Contribuyentes de Alcalá de Henares, asistieron otros escritores como Julia Montejo o Juan Vilches
  La concurrida charla también dio para reflexionar sobre la memoria, sobre los sentidos y su influencia en nuestro recuerdo, el vigesimoquinto aniversario de La lluvia amarilla o su condición de clásico de la literatura española, estatus sobre el que aseguró que yo me dedico a escribir, no tengo ningún sentido de la trascendencia. Lo que busco no es trascender sino contar lo que siento en cada momento de la manera más cercana posible a cómo lo siento. Lo peor de un escritor es que se tome en serio a sí mismo. Un escritor debe saber que no es más que una gota en el inmenso océano de la literatura. Yo me tomo en serio la literatura
    De esta manera, Llamazares aunaba sus reflexiones personales con uno de los temas principales de Las lágrimas de San Lorenzo: la idea de eternidad o de preeminencia que tenemos los hombres (cada generación cree que es la única, que es la mejor, que todo empieza y acaba con ella, en palabras del autor) frente a nuestra finitud. Este choque entre la importancia que creemos que tenemos y nuestro peso real en el curso de la historia también habla del ciclo de la vida, otro de los grandes temas de la novela. Finalmente, y en este mismo sentido, Llamazares explicó que yo cito mucho a los clásicos porque heredamos una cultura que debemos traspasar a la siguiente generación y qué mejor manera de llevarlo a cabo que haciendo uso de ella.
    Nos seguimos leyendo.

viernes, 4 de octubre de 2013

BBF#54: "Las lágrimas de San Lorenzo", de Julio Llamazares

  
    Tenía previsto empezar a leer Memento mori, de César Pérez Gellida, para compartir impresiones en Twitter con todos los lectores que se han sumando a la lectura simultánea de Laky pero, de momento, va a tener que esperar, porque se me han colado otras dos novelas con fecha de lectura. Una de ellas es esta, Las lágrimas de San Lorenzo, de Julio Llamazares, porque el autor estará mañana sábado en Alcalá y quería leer su última novela para poder escuchar su charla con más interés y poder preguntar después aquellas cosas que a uno siempre le deja dentro un libro. Espero acabarlo esta misma tarde, porque se lee muy bien y es cortito. Empieza así

 BBF#54



El verano empezaba cuando llegaban los veraneantes. No el 21 de junio, que es cuando dice el horóscopo, ni siquiera la noche de San Juan, la más corta y misteriosa del solsticio, cuando la gente se sanjuanea sumergiéndose en las aguas de los ríos y las fuentes, prendiendo y saltando hogueras o buscando al amanecer el trébol de cuatro hojas, ese que da buena suerte, sino cuando llegaban los afortunados que podían permitirse el lujo de descansar los meses de más calor, al contrario que el resto de la gente. (“Las lágrima de San Lorenzo, Julio Llamazares)
  La verdad es que no sé cómo lo hace pero la sensación que tuve es que el libro me absorbió desde la primera frase. Y eso que estaba en la cola del banco. Pero es como si hubiera dado un salto y me hubiera metido dentro de él, para observar la lluvia de estrellas junto al narrador/protagonista. Es fantástico. Un don. Estoy deseando escucharle.
    Y el segundo libro al que me refería, el que se ha colado por delante de Memento mori, es Azul Vermeer, de Mar Mella, porque ando detrás de una entrevista con la autora, a ver si lo consigo. Por cierto, que acabo de ver un concurso de MR que acaba hoy, te dejo el enlace por si te interesa hacerte con un ejemplar de este libro que tan buena pinta tiene. 
   Nos seguimos leyendo.
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