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martes, 3 de febrero de 2015

Encuentro con Clara Sánchez. "Mi literatura es como el paisaje de Guadalajara: llanos en los que parece que no pasa nada pero en cuyo seno hay mucha vida"

El alcalde de Azuqueca, Pablo Bellido, entregó a Clara Sánchez la placa de su nueva calle
 Hay un nuevo barrio en Azuqueca en el que me encantaría vivir. Es el Barrio de los Escritores, por el que campan José Luis Sampedro, Almudena Grandes y Clara Sánchez, entre otros. En realidad, los nombres de las calles homenajean a escritores y a periodistas con algún tipo de vinculación con Guadalajara. Hasta el momento, ocho autores han recibido la placa que acredita que hay una calle en Azuqueca que lleva su nombre. La última en recibirla ha sido, precisamente, Clara Sánchez, nacida en Guadalajara y ganadora del Planeta de 2013. Y ese es el motivo por el que nos visitó el pasado 15 de enero y, además de recibir su placa, como muestra la fotografía que encabeza esta entrada, nos contó un montón de cosas sobre El cielo ha vuelto y sobre su manera de escribir.
   Comenzando con una que me parece que explica a la perfección la sensación que tengo cuando leo uno de sus libros: Mi literatura es como los paisajes de Guadalajara: llanos, planos hasta donde llega la vista, sembrados de trigo o de cebada, donde parece que no pasa nada pero en cuyo seno hay mucha vida. Una vida llena de cotidianidad y de excepcionalidad que refleja lo que muchos vivimos cada día y que tiene un objetivo claro: Quiero que el lector sienta que ha estado sumergido en la vida al terminar mis libros.
   Feliz por su calle y por el encuentro con los clubes de lectura de la Biblioteca Almudena Grandes de Azuqueca, Sánchez alabó la labor de estos grupos de lectores que se reúnen para leer y compartir impresiones sobre sus lecturas porque, como señaló, los clubes son hoy los que mueven el libro y los que convierten la lectura en algo real, en algo cotidiano.
   Sobre su esencia como escritora, Clara Sánchez explicó que empecé a escribir porque siempre he tenido la necesidad de escapar. Y en parte era culpa de mi familia: he tenido una familia muy melodramática, muy pasional, así que he reconocido los sentimientos desde muy niña porque en mi familia no se guardaba nada. Yo eso lo vivía con tal intensidad que tenía la necesidad de escapar y lo hacía a través de las historias que me inventaba. De ahí creo yo que me viene cierto desgarro a la hora de contar las cosas.
La directora de la biblioteca, Eva Ortiz, junto a Clara Sánchez
  Tenían que darle cauce a esa manera de sentir la vida, continuó la autora de Lo que esconde tu nombre, quien aseguró que a mí la literatura que me gusta es la que hace sentir, la que no deja indiferente. En este sentido, explicó que El cielo ha vuelto, su última novela hasta el momento, es una reflexión sobre lo que se oculta detrás de las casualidades: somos muñecos en manos del azar pero ¿no habrá algo detrás, unas leyes que no alcanzamos a conocer o comprender?.
   Y así nos metió de lleno en el análisis de la novela con la que ganó el Planeta en 2013, una obra protagonizada por una modelo, Patricia, que se parece mucho a cualquiera de nosotros: Todos somos un poco Patricia: hemos sido inocentes, hemos confiado... Pensábamos que alguien velaba por nosotros... Y hemos visto que no era así. Pero que conste que la desconfianza (que es lo que Patricia aprende en la novela) no tiene por qué ser mala, todo depende de cómo la encaremos. Pero puede ser positiva, puesto que puede hacernos más críticos con nosotros mismos y con la realidad que rodea.
   El cielo ha vuelto habla de algo muy sutil: del miedo a la mirada del otro. Patricia es modelo y se expone diariamente al juicio de una gran masa de personas que, en muchos casos, la admira o que aspira a ser como ella. Pero ese éxito profesional la convierte en una esclava, esclava de su propia imagen. Sánchez nos contó en el encuentro que quería poner la lupa en el mundo de las modelos porque le parece un universo tremendamente paradójico: te conviertes en la más deseada pero justo ese deseo de los demás te impide realizar tus propios deseos o, incluso, placeres tan cotidianos como el de una buena comida. Además de tener que bregar con el paso del tiempo, las posibles zancadillas que puedan ponerte algunas compañeras o el temor constante a que después del último trabajo que has realizado ya no haya ninguno más. Patricia ha logrado el éxito pero en el momento en el que la encontramos en la novela está empezando a decaer, desplazada por modelos más jóvenes y por los nuevos cánones de belleza. En este sentido, Sánchez también reflexionó con los lectores azudenses sobre el poder del éxito: La droga más dura que existe es el éxito. Siempre se habla de actores o cantantes adictos al éxito que lo pasan realmente mal cuando este desaparece, que llegan a caer en otro tipo de drogas o en pensar en la muerte cuando pierden el reconocimiento al que están acostumbrados. Pero a mí me interesaba también la reflexión sobre qué entendemos por éxito. Patricia ha logrado el éxito profesional, incluso social, pero ¿qué ocurre en su entorno personal? Y llega a un punto a lo largo de la novela en el que se pregunta qué éxito vale más.

    Plateada casi como un cuento, con su hada madrina, su bella princesa y los encantamientos que quieren dañarla, El cielo ha vuelto parte, no obstante, de un argumento realista (como todas las novelas de Clara Sánchez) que, sin embargo, destaca lo que extraordinario hay en lo ordinario. Y puestos a hablar de metaliteratura y de las fuentes de las que bebe esta novela, la autora explicó que se miró en Ana Karenina y en Drácula  a la hora de escribirla. Patricia vive rodeada de vampiros que le chupan la sangre. Pero es que el vampirismo tiene algo que también engancha ya que apela a nuestra vanidad: sí, me está chupando la sangre pero es que mi sangre le encanta, le vuelve loco. Hace que te sientas deseada, querida, necesitada, justo lo que le ocurre a Patricia con quienes la rodean. Y también pensé en Ana Karenina, aunque mi protagonista hace el camino inverso: Patricia se salva del amor, de morir por amor. No creo que haya que morir de amor. Hay que amar, pero no morir de amor. No creo en ese tipo de amor. ¡Mujeres, no muráis de amor!, comentó.
    Respecto a su manera de escribir, Clara Sánchez comparó las fases de su escritura con un amante y un soldado: primero la novela es tu amante y te acercas al ordenador y estas enamorada de tu novela y solo quieres pasar tiempo con ella y te dejas llevar y escribes y escribes y escribes... pero luego has de convertirse en un soldado, necesitas una disciplina para que quitar de en medio todo lo que no vale, para criticar tu propio trabajo, para ponerte dura contigo misma y asumir si lo que has escrito vale o no vale
     Sánchez se fue de Azuqueca con una calle bajo el brazo y el cariño de los lectores y de la biblioteca. Esperamos que vuelva pronto.
    Nos seguimos leyendo.

 Puedes ver el vídeo de Azuqueca.tv sobre la entrega de la placa y el encuentro con los clubes pinchando aquí.


jueves, 20 de noviembre de 2014

Pilar Muñoz: "Quería escribir una novela erótica diferente, con una historia potente que la sostuviera, no solo sustentada por lo sexual"

 Finalmente, sí me fue posible acercarme el viernes pasado hasta La Gavia para asistir a la presentación de ¿A qué llamas tú amor?, la nueva novela de Pilar Muñoz Álamo. Y fue todo un placer escuchar a la autora hablarnos de cuál había sido su objetivo al escribir esta novela, por qué lo hizo o cómo fue el proceso de creación. Así, Muñoz hizo referencia al fin último de la literatura, explicando que la literatura debe entretener, hacer que el lector aparque su vida y se adentre en otras vidas gracias a los personajes. Comparto esa idea pero creo que esa no es la única misión: se me queda corta. La literatura es un medio para canalizar, para transmitir lo que se ha venido dando vueltas durante meses. Así que también debe hacer reflexionar, sacudir conciencias y hacer que el lector tome postura ante una determinada situación o problema.
   Tanto en sus relatos como en Los colores de una vida gris, Muñoz juega con estos dos objetivos finales de la literatura al proponer historias agradables de leer desde el punto de vista del estilo y el contenido pero que también proponen temas importantes para despertar la reflexión del lector. ¿Y se puede hacer lo mismo si lo que se está escribiendo es una novela erótica? Pilar lo tenía claro: le di muchas vueltas a la decisión de escribir una novela erótica. El erotismo surgió como una apetencia y empecé a escribir relatos de este género. A la gente le gustaron y comenzaron a decirme que se me daba bien, que los elaboraba con elegancia, sin palabras soeces... y que por qué no escribía una novela. Lo pensé mucho. Lo que tenía claro es que no escribiría una novela erótica si no era capaz de crear una historia con peso que sostuviera la historia. Lo que no quería era que fuese lo erótico lo que sostuviese la novela.  Por eso, como suele hacer en sus obras, llenó la novela de reflexiones y de sentimientos y de contenido la historia, más allá del erotismo, aspecto que destacó Ana Coto, editora de Palabras de agua -la editorial que ha publicado ¿A qué llamas tú amor?- en la presentación de la obra. 
  Quería escribir algo diferente, explicó Muñoz. No me gustan las historias vacías, no me aportan nada y así nació esta novela que plantea la reflexión sobre el amor, sobre qué entiende cada uno de los miembros por amor y qué ocurre cuando esos conceptos personales sobre lo que es querer no coinciden. Une, así, lo que de personal y de universal hay en el amor, ahondado en temas como la convivencia o la falta de entendimiento, tan común.
   Puesto que este es el punto de partida de la novela y su objetivo final, está claro que el modelo de mujer que Muñoz ha elegido para canalizar su historia (y sus propuestas de reflexión) no iba a ser parecido al que podemos encontrar en otras novelas eróticas de las muchas que se publican actualmente: Yo he querido representar un modelo de mujer real, como podemos ser tú o yo. Una mujer que duda, que siente, que ama pero que en un momento determinado de su vida se pregunta si debe seguir sacrificada para salvar ese amor que siente o si debe romper, quizá por dignidad.
  Tal mezcla de sentimientos y reflexión exigía, de algún modo, un narrador en primera persona, así que el lector conoce la historia a través de la voz de la propia Jana, la protagonista de la novela. No la escribí en primera persona porque crea que eso me une más con el personaje sino porque creo que se llega mejor al lector cuando hay muchos sentimientos si se habla directamente, sin la mediación de un narrador en tercera persona, explicaba al respecto.
   Pilar reveló, además, que su método de escritura tiene más que ver con lo reflexivo que con lo impulsivo: Cuando escribo una historia he estado pensando tanto sobre el tema de fondo, durante tanto tiempo, que los personajes no aportan demasiado a mi forma de ser sino que, al contrario, son lo que yo he pensado y lo que quiero mostrar. Lo que sí me ha pasado es que algunos acaban adquiriendo tanta personalidad que terminan haciendo que me replantee la trama.
   Sí le ha aportado más como persona el esfuerzo que ha tenido que hacer en esta novela para abordar la psicología masculina, aspecto al que no ha dado tanta importancia en sus obras anteriores, según ella misma contó en la presentación.
   Finalmente, Pilar anunció que, aunque esta sea su segunda novela y haya abierto un nuevo camino narrativo para ella, no va a dejar de escribir relatos: Me ha gustado escribir novela pero me sigue fascinando escribir relatos. Con ambos géneros se puede reflexionar y hacer reflexionar pero el esfuerzo que hay que  hacer para concentrar la evolución del personaje y la reflexión que quieres generar en un relato es algo que me encanta.
   Muy agradecida por el apoyo recibido por su familia (real y virtual), Muñoz prometió que seguiría escribiendo porque "una empieza a escribir medio de broma pero cuando te pica el gusanillo... ya no puedes parar".
http://juntandomasletras.blogspot.com.es/2014/11/sorteo-que-llamas-tu-amor-de-pilar.html   Aún no he empezado a leer ¿A qué llamas tú amor? pero, después de la presentación tengo más ganas que nunca. Si las palabras de Pilar también han despertado tu curiosidad, te recuerdo que sigue abierto el plazo para participar en el sorteo de un ejemplar de esta novela en este blog (tienes todos los datos aquí).
   Y si placer fue escuchar a Pilar y conocerla en persona (¡por fin!) no menos placentero fue reencontrarme con Concha y con Bea, de De lector a lector, saludar a Pepe Hervás, de La casa de San Jamás, y a otras blogueras y reseñadoras en Ciao que no conocía y volver a achuchar a Mayte Esteban (y compañía), quien, por cierto, hizo una maravillosa presentación de Pilar Muñoz al comienzo de la charla en la que resaltó su sentido del humor y su calidad literaria, apreciaciones que comparto con ella.
   Nos seguimos leyendo.
El fotógrafo de cabecera de Mayte Esteban inmortalizó mi encuentro con Pilar Muñoz. ¡Muchas gracias, Alberto!

miércoles, 30 de abril de 2014

Encuentro con Juan Gómez-Jurado: "Escribo la historia que me gusta, la que me toca por dentro"



   “Si me quedaran 63 horas de vida las dedicaría a jugar con mis hijos, ver una película con alguien especial y comer un buen plato de patatas con huevos fritos. Esta es una de las muchas confesiones que Juan Gómez-Jurado realizó ante quienes tuvimos el inmenso placer de escucharle en el Salón de Tapices del Círculo de Contribuyentes de Alcalá de Henares el pasado 5 de abril, en un encuentro organizado por La librería de Javier. La respuesta venía al hilo de la pregunta de una de las asistentes, que había oído previamente una entrevista en la radio en la que hablaba de lo que haría si le quedasen las 63 horas de las que dispone David, el protagonista de El Paciente, para salvar la vida de su hija.
   Como he dicho, esa fue una de las confesiones... porque hubo más. Empezando por la camiseta que llevó al evento, toda una declaración de intenciones. "Eres muy friki", le dijo Javier. "Lo soy", corroboró Juan. Con este pequeño guiño ya te puedes imaginar cómo transcurrió el encuentro: entre risas, bromas, confesiones, la personalidad arrolladora de Gómez-Jurado y su cariño.
   Más confesiones: "¿De dónde surgió la idea para escribir El Paciente?", le preguntó alguien. Respuesta: No te lo vas a creer... pero no tengo ni la más remota idea. Y es cierto, aunque luego matizó contando que recuerdo haber tenido una conversación con mi agente, en el verano de 2008, y la idea me preció un poco manida. Pasó el tiempo y llegó un periodista a hacerme una entrevista, y ya sabéis que los periodistas siempre te preguntan que en qué estás trabajando. Yo siempre me escondo o no respondo pero este era amigo mío... y tuve que contestar, así que le conté la primera idea que se me vino a la cabeza, esa que pensé que jamás escribiría. Pero el caso es que empecé a darle vueltas. Si lo pensáis, la sinopsis de la novela es bastante sencilla y no tiene nada que ver con el auténtico drama del doctor, con el conflicto de David. Cuando empecé a pensar en ese conflicto vi que ahí sí había historia.
  Y así echó a rodar una novela que ha vuelto a cautivar a miles de lectores, como ya ocurriera con las anteriores de un autor convertido en auténtico best seller cuyos libros se van traduciendo al inglés ya durante el proceso de escritura para que llegue antes a los países que esperan sus obras tanto como en España. Si lo tienes en inglés es más fácil venderlo en otros mercados, explica al respecto un Gómez-Jurado que, a pesar del éxito que cosecha con cada novela, se sigue viendo como ese gualdrapa de Moratalaz que se colaba en el Alcampo para robar donuts. Me sigo viendo como un chaval que acaba de llegar a este mundo y que trata de convencer a la gente de que lea sus libros.
   Parte de la culpa de ese éxito la tiene la capacidad de Gómez-Jurado para manejar la intriga, manipular el ritmo y conseguir que el lector sea incapaz de desprenderse de sus libros hasta que los termina o que esté tan metido en la historia que se pase alguna que otra parada de metro, como alguien de la sala confesó que le había ocurrido con El Paciente. Tal y como explicó el autor, para conseguir decir algo en un libro tienes que sentirlo, solo transmites emociones cuando tú las sientes antes. Escenas como la de Julia y las ratas tienes que meditarlas, pensarlas, escribirlas, leerlas, reescribirlas... no las vomitas sobre el papel y ya está. Tienes que sentir las escenas como tuyas para poder transmitir emociones y sensaciones al lector  luego tienes que convertir esas sensaciones en palabras. Para mí lo más importante es trabajar el sentido del ritmo. Intento que el lector vea lo que yo veo con economía de palabras pero con fuerza, con energía. La literatura, al final, va de emociones.
   Gómez-Jurado apela, con esas emociones, directamente al lector pero también lo hace a través, por ejemplo, del uso de la primera persona en esta novela. El doctor Evans cuenta lo que le ocurre en primera persona, por lo que consigue una relación directa con el lector, sin la mediación del narrador. Además, el autor consigue que David se caracterice solo a través de lo que piensa, de lo que hace, de las cosas de las que se arrepiente, de sus temores y, sobre todo, de ese humor punzante con el que se defiende del mundo. La primera persona era la única elección posible para esta historia, explicaba Gómez-Jurado al respecto, pero soy muy serio conmigo mismo (aunque esté aquí de cachondeo todo el rato), soy muy crítico y no me gusta que nada salga mal. A medida que avanzaba en la escritura me iba dando cuenta de que, aunque era la única elección posible, no era suficiente, así que introduje otras dos voces más, en ambos casos, en forma de narrador en tercera persona omnisciente: la que habla de lo que ocurre a Kate y la que se centra en el señor White, que a veces avanza lo que puede ocurrir, añadía. Pero lo mejor es que estas tres voces no crean distorsiones en el lector, quería conseguir que estés tan metido en la acción que ni te des cuenta del cambio de narrador, que sea un cambio natural, explicaba. Y vaya si lo consiguió.
   Quizá el secreto está en que (una confesión más), Gómez-Jurado escribe la historia que me gusta, la que me toca por dentro y que trata de hacerlo de la mejor manera posible.
   Ese hacerlo de la mejor manera posible implica dar a cada libro lo que requiere. Así, en 'La leyenda del ladrón' era más importante el contexto, hacer vivir la Sevilla del Siglo de Oro, pero en 'El Paciente' lo importante era la vivencia de los personajes, explicaba. Y, del mismo modo, ubicar la historia en el contexto adecuado: preguntado por la razón por la que El Paciente transcurre en Estados Unidos y con personajes americanos (incluido su presidente), Gómez-Jurado ironizó al señalar que si esta historia fuera sobre Rajoy y la Seguridad Social, no me hubiera dado más que para dos capítulos. Y es el segundo sería para pedir el indulto del asesino. Esto aquí no pasa
   Respecto a lo que pasa y lo que es imposible que pase, o sea, sobre la verosimilitud de la trama y lo que ocurre en la novela, el autor estuvo un rato debatiendo con una de las asistentes sobre la diferente manera de percibir lo que nos rodea que tenemos los hombres y las mujeres y finalizó, una vez más bromeando: la relación entre el lector y el autor es como estar casados, al menos mientras dura la lectura: yo cedo un poco y tú cedes otro poco.
    Y también utilizó el humor para hablar sobre el señor White: se me ocurrió mientras fregaba los platos. ¿Os habéis fijado cómo las mujeres, muchas veces, nos manipulan para que acabemos haciendo lo que ellas quieren que hagamos, como fregar los platos? Ahí nació el señor White. Todos tenemos, en mayor o menor medida, la capacidad de influir en los demás y de manipularles, al menos hasta cierto punto. Pues el señor White es eso multiplicado por infinito, llevado a la psicopatía de quien quiere que solo haya una voluntad en el mundo: la suya. Ya más en serio explicó que el señor White es el personaje más complicado de la novela, porque tenía que asumir funciones muy diferentes. Quería que fuese una especie de Dios omnipotente que controlara la vida de David, pero un Dios del siglo XXI, porque también quería mostrar cómo nuestras vidas dependen de las tecnologías y cómo nos controlan a través de ellas.
    El blanco es, en nuestra cultura, símbolo de pureza, de todo lo bueno, de luz pero aquí el nombre es paradójico, porque el señor White (que si fuera español sería el señor Bueno) es un tremendo hijo de puta, señaló el autor quien acabó mostrando al auditorio que, en realidad, White y Evans son las dos caras de la misma moneda: uno manipula a través de sus conocimientos en Psicología (es decir, a través de la parte funcional del cerebro) y el otro a través de la parte física del cerebro. En el fondo, se plantea también el debate entre lo físico y lo espiritual.
   Y este es uno de los juegos de espejos que Gómez-Jurado ha incluido en El Paciente. Hay una oposición entre el bien y el mal, entre la familia y la profesión, entre Rachel y el presidente de los Estados Unidos, que padecen el mismo tipo de cáncer... De hecho, el auténtico paciente no es el presidente, es Rachel, a la que David no pudo salvar la vida, aseguró.
    El debate sobre el corazón y el deber, sobre la profesión y la familia ocupó buena parte del encuentro y, frente a quienes le reprocharon que David antepone el corazón, Gómez-Jurado respondió que no es así si te planteas que cuando eres la única persona que puede salvar la vida de alguien tu deber es, precisamente, hacerlo, salvarla.
   Finalmente, el autor de El Paciente habló sobre la posible adaptación cinematográfica de la novela.Me gustaría que Clive Owen diera vida a Evans, señaló. Y a la mordaz pregunta sobre si está preparado "para que el cine te destroce tu película", Gómez-Jurado respondió que siempre que le das tu libro a un director para que haga una película es un poco como cuando llega tu hija, a los 18 años, con un novio lleno de piercings y tatuajes... y encima no le puedes decir nada porque te saca una cabeza. O lo haces y cedes o no lo haces. Yo entiendo que son dos lenguajes diferentes y que habrá cosas que cambien, claro. Y creo que, en principio, como todo el mundo me dice, va a ser beneficioso para mi carrera... así que entras o no entras. No hay más. Yo solo espero que no me hagan un 'Hobbit'”.
   Y acabo esta crónica con otra gran revelación: en el libro voy dejando las pistas suficientes para averiguar quién contrata al señor White, quién mueve realmente los hilos. Solo que es fácil que en una primera lectura el lector, consumido por la acción, no caiga en ello. Pero si lo lees otra vez, más despacio y con atención, te das cuenta, apuntó. Pues nada: habrá que ponerse a ello.
     Nos seguimos leyendo.
 

jueves, 6 de marzo de 2014

Encuentro con Carmen Amoraga: "'La vida era eso' ha sido un milagro para mí"


  Hay veces que uno experimenta vivencias (en primera persona o a través de alguien cercano) que son dignas de ser llevadas a una novela. A veces son hechos heroicos, a veces pequeñas valentías cotidianas, a veces son historias de entrega y otras veces lo son de pérdida. Es lo que le ocurrió a Carmen Amoraga con la que cuenta en La vida era eso. Mitad ficción, mitad realidad, Amoraga reconstruye e inventa el proceso de duelo de su amiga Viviana, convertida en Giuliana por obra y gracia de la creación literaria. En esta carta, Amoraga explica el origen de La vida era eso, una novela tremendamente humana, muy cercana para el lector (cualquiera puede haber vivido o vivirá una experiencia parecida) y de la que se puede extraer el aprendizaje de la superación del dolor. En cierto modo, La vida era eso es catártica, en el sentido aristotélico: mostrando determinadas situaciones que mueven los sentimientos del lector, este puede prepararse para vivir algo semejante o, como diría Aristóteles, quedar purificados de las pasiones representadas.
   Por eso es una novela tan cercana y, hasta cierto punto, purificante. Muestra un camino para la superación del dolor. Puede que no sea el único pero es una idea. Un camino basado en la comunicación, en el compartir la carga que llevas sobre tus hombres y que te ahoga el corazón. Quería hablar del poder terapéutico de la comunicación, de las palabras. Quería escribir una novela en la que se viera cómo el hecho de hablar con alguien ya hace que sea más llevadero, explicaba Amoraga en el encuentro con blogueros que tuvo lugar cuando salió publicada la novela, Premio Nadal de este año.
    La peculiaridad del caso de la novela, es que esa comunicación se produce a través de las redes sociales. Giuliana es una persona bastante introvertida, cerrada, que hasta la muerte de su marido no se ha preocupado lo más mínimo por las redes sociales. Pero cuando él está a punto de fallecer, le pide que escriba un post de despedida (por cierto que todos los post de la novela son reales, aparecieron en el Facebook de Walter) en su muro de Facebook. Durante unos días, ella sigue escribiendo a través del perfil de su marido hasta que decide abrir uno propio. Ahí irá vaciándose de todo lo que siente, desnudando el alma, compartiendo pedazos de su vida con los amigos cibernéticos que se van sumando a su cuenta. Giuliana utiliza Facebook no con lógica, sino para paliar una necesidad. Era ajena, incluso contraria, a las redes sociales pero cuando muere su marido encuentra allí el apoyo que necesita, señala la autora.
    Amoraga vuelve, pues a hacerse eco de una de las formas de comunicación más habituales de hoy en día, aunque en la novela la reflexión se plantea sobre la diferencia entre el yo virtual o el yo social y el yo íntimo. He querido hacer una fotografía de lo que yo veo en este momento: las redes son hoy nuestra herramienta de comunicación. Aunque se trata de una fotografía difuminada, para que el lector pueda entrar, identificándose con los personajes, explica Amoraga, quien compara el mundo de las redes sociales con un taxi: a veces pienso en Facebook como en un gran taxi en el que todos somos taxistas y todos somos pasajeros, todos iniciamos una conversación y todos escuchamos.
    El peligro, en el caso de Giuliana, es que el virtual se convierta en su único mundo, que ese mundo le parezca suficiente. Un abrazo real es maravilloso pero un 'me gusta' en Facebook tampoco está nada mal, argumenta Amoraga. Sobre todo cuando uno está demasiado solo. Aunque la autora también atribuye esa sustitución a dos razones diferentes: tenemos poco tiempo y mucho pudor. Afortunadamente para Giuliana, Facebook le sirve como apoyo no como refugio: no se reinventa en Facebook, se descubre. Giuliana parte de una pérdida para llegar a una reconstrucción, una reconstrucción que supone conocer partes de sí misma que no sabía que existieran.

 

"ESCRIBO PORQUE NO LO PUEDO EVITAR"


    Escrita en un presente que ayuda al lector a compartir el proceso de elaboración del duelo de Giuliana, La vida era eso recorre las cinco etapas del duelo en sus cinco partes para llegar a la nueva vida que comienza tras la asunción de la pérdida. Es la historia de seres humanos que están diseñados para sobrevivir, resume Amoraga, quien explica, además, que en nuestra sociedad no tenemos cultura la pérdida, ni tampoco cultura del silencio: cuando vemos a alguien que sufre nos da la sensación de que tenemos que decir algo y a veces no es necesario. A veces basta con un abrazo.
  Hablando de ese uso del presente, del toque argentino, de esas veces que Giuliana se muerde la lengua y no dice lo que piensa, aunque ese pensamiento sí queda reflejado en la novela, la autora explica que la historia me pidió que la escribiera así. Hay escritores con mapa y escritores con brújula. O hay novelas que se escriben con un mapa y novelas en las que solo sabes el principio y el final. En esta yo sí tenía mapa, sabía por dónde quería pasar exactamente. Aunque luego hay personajes que han ido cambiando, que han crecido, porque la historia me lo pedía.
     Sobre su forma de escribir, Amoraga contaba que ha vivido dos fases diferentes: Antes escribía lo que me gustaba leer. Ahora escribo lo que me gusta leer pero como yo soy, quizá más naturalista, más realista. Desde luego, comprometida con la realidad que vive, como valoraba su editora, Silvia Sesé, antes de la intervención de Amoraga: Carmen es una persona y una escritora muy comprometida. Y es un compromiso real, no una pose. No recuerdo uno solo de sus libros donde no haya una mirada hacia los otros.
    Es muy fácil caer en el sentimentalismo cuando se habla del duelo, un sentimentalismo que no diga nada, tan sobado que no provoque nada. Pero Carmen tiene el acierto de conseguir una gran viveza en la expresión de esos sentimientos, una viveza que hace que sus palabras sean realmente palabras, no cajas vacías. Es una de las pocas escritoras que son capaces de hacer oír una novela, de incluir voces que resulten tan reales que te parezcan de verdad, señalaba Sesé quien concluía su intervención asegurando que La vida era eso es una novela que no te deja indiferente. Le da nombre a cosas que sientes, te recuerda, te da fuerzas. Y nos recuerda que no hay otra forma de seguir adelante que seguir y seguir.
     Quizá el secreto de Carmen Amoraga esté en que, como ella misma dice, escribo pensando en hacerlo lo mejor posible y confiesa que tengo la sensación de que todos escribimos porque no lo podemos evitar.
    Respecto al galardón, una emocionada Amoraga comenta que es una pasada. Yo pienso mucho en mi abuelo, que era analfabeto, y en cómo se hubiera sentido si hubiera vivido todo esto. Y a pesar de la satisfacción del Nadal, sentencia: El auténtico premio es el lector
  La vida era eso, una novela llena de sentimientos y de pensamientos, con un puñado de personajes 'franquestein', como dice ella (todos tienen algo de mí"), ha sido para Carmen Amoraga un auténtico milagro. Con la escritura de la novela y la llegada de Viviana a mi vida soy una persona mejor. Si algo me gustaría que quedara en los lectores después de leer la novela es que no hay que darle importancia a lo que no la tiene y sí hay que valorar lo que la tiene. No hay mejor broche para cerrar esta crónica.
   Nos seguimos leyendo. 

jueves, 12 de diciembre de 2013

Encuentro con Dolores Redondo: "Acabar la trilogía va a ser devastador para mí. No descarto retomar a Amaia en el futuro"

 
   Dice la faja que abraza la primera edición de Legado en los huesos que 100.000 lectores lo estaban esperando... y no miente. Como mucho, se queda corta: justo en las mismas fechas en las que se empezó a comercializar esta segunda entrega se ponía a la venta, también la 14ª edición de El guardián invisible, lo que supone 113.000 ejemplares vendidos, según cifras de la editorial. Y eso sin contar libros prestados, recomendaciones o préstamos bibliotecarios. En cualquier caso, éramos muchos los que esperábamos la segunda parte de la Trilogía del Baztán y, por eso, cuando me invitaron a compartir las primeras impresiones sobre el libro con la propia autora, no me lo pensé.
   Con Dolores Redondo pudimos hablar de las nuevas aportaciones de Legado en los huesos, de cómo continúa la trama personal de Amaia Salazar, de los nuevos casos policiales y de otras muchas curiosidades que, al menos yo, no conocía. Y eso que leo mucho de lo que se publica respecto a la autora y su trilogía. Pero no sabía, por ejemplo, la razón por la que eligió Amaia como nombre para su protagonista: Cuando me quedé embarazada, mi marido y yo nos repartimos cómo elegiríamos los nombres del bebé: si era niño lo elegía yo y si era niña lo elegía él. Y fue niña, así que él eligió el nombre de Amaia. Pero yo, como le pasa a la protagonista de la novela en esta segunda entrega... no lo veía, sentía que no era el nombre para ella. Al final la llamamos June pero pensé que Amaia podría ser un buen nombre para otra hija. Así que cuando tuve que ponerle nombre a esta hija literaria pensé: '¡pero si ya tengo un nombre para una hija!' Y así fue como Amaia se llamó Amaia.
    Y, según confesó, así la considera, como una hija más, aunque sea literaria. De hecho, aseguró que, aunque hay veces que el personaje que creas no encaja contigo, eso no me ha ocurrido con Amaia. Me gusta mucho Amaia, me encuentro muy cómoda con ella. Y ha sido muy generosa conmigo. Quizá por eso, Redondo nos hablaba de cuánto le va a costar poner el punto final a la tercera entrega de la saga, aunque asegura que Amaia no va a desaparecer, con lo que deja una puerta abierta a futuros casos de la investigadora, aunque sea fuera de la Trilogía del Baztán.
    La identificación de Amaia como hija no parece casual en una trilogía en la que maternidad cobra tantísima importancia. Como explicó Redondo, por un lado, lo marca el propio Baztán y su sociedad matriarcal. Pero, por otro lado, la autora pretende poner el acento en que actualmente la maternidad está idealizada. Te inundan con mensajes demasiado positivos pero la verdad es que hay malas noches, momentos malos y horas muy oscuras. Además, Amaia cuenta con el hándicap de pretender ser una madre perfecta, porque su madre no lo fue. A ello suma el desajuste hormonal que se produce durante el embarazo y después, la interrupción de su vida laboral, sexual, emocional... además de los aspectos puramente físicos que implica tener un niño. No es un momento ideal, no.
    El modelo de marido perfecto que James representaba en la primera parte se completa aquí con el de un hombre entregado a la paternidad, que la vive plenamente, implicándose directamente en el cuidado del bebé. La intención de Dolores al dibujar este esquema familiar de implicación de los dos progenitores en igualdad de condiciones en el cuidado del niño y tras la vuelta de Amaia al trabajo era romper una lanza por la conciliación.





UNA NOVELA DIVIDIDA EN TRES PARTES


   Redondo ya ha hablado en más de una ocasión de que la trilogía del Baztán no consta de tres novelas sino que se trata de una misma novela dividida en tres partes, de ahí que se mantenga la continuidad tanto temática como estilística y que se recurra siempre a los mismos elementos: investigaciones policiales, naturaleza, trama personal, mitología, tradiciones del Baztán... Es verdad que los casos policiales son autoconclusivos, finalizan en cada parte, pero todo está conectado, incluso esos casos, señala al respecto.
    Para la autora, esta segunda parte mostraría la parte media del gran iceberg que es la historia en su conjunto. Veremos de dónde viene el odio de la madre de Amaia y de dónde venía el miedo de la inspectora. En este sentido, Redondo explica que lo que nunca le había acabado de convencer de ciertas novelas de género negro es que se quedaban en el qué: Solo cuentan qué pasó, se quedan en el presente de los personajes y yo me sentía insatisfecha cuando me presentaban a un investigador alcohólico, divorciado, etc... ¿Pero por qué? ¿Por qué es alcohólico? ¿Por qué está divorciado? ¿Cómo ha llegado a ese momento de su vida? A mí me gusta indagar en los porqués y, así, en esta segunda entrega, seguimos explorando aspectos que se quedaban sin solucionar en la primera parte y que cerraremos en la tercera
    Respecto a la figura mitológica presente en esta segunda novela, Redondo explicó que el tartalo es una figura mitológica que aparece por toda Europa, asimilable al cíclope griego. Se diferencia del basajaun en que este es un ser protector de la naturaleza y del equilibrio entre la vida y la muerte, mientras que el tartalo es un ser totalmente malvado, señaló al tiempo que contradecía a quienes lo comparaban con seres como el yeti: estas dos criaturas son las dos partes de un todo, el bien y el mal, de la religión tradicional de los vascones, mientras que el yeti es pura leyenda. La diferencia es el tipo de magia que se desarrolla en el Baztán y el tipo de seres que aparecen en su mitología.
     Los seres mitológicos también permiten un cierto equilibrio respecto a la investigación policial y añaden matices que se mueven en el lado de lo intangible. Los pálpitos, las intuiciones tienen importancia. Amaia se mueve entre dos mundos: el de las pruebas, lo tangible, y el de las percepciones o el mundo de estas criaturas mágicas, lo intangible. Y ella sigue esta segunda corriente porque ve que enriquece toda la investigación, por eso no la rechaza


EXPLORANDO LAS RAZONES DEL MAL Y DEL MIEDO


   Legado en los huesos ahonda un poquito más en el pasado de Amaia y en su relación con su madre, también en el presente. Redondo ofrece nuevos datos (algunos realmente sorprendentes) sobre la juventud y de su madre y el momento del nacimiento de esta hija odiada para ir completando el puzle de la trama personal de la trilogía. En este sentido, la autora explica que lo que le interesaba era indagar en la maldad y la enfermedad mental. A veces la enfermedad mental conduce a la maldad pero otras veces primero está la maldad, una maldad que no se debe a nada más que a la propia maldad, y acaba generando una enfermedad mental. En la novela lo digo: antes todo esto lo veíamos más claro. Antes, la educación religiosa nos ayudaba a identificar los pecados capitales sin ninguna duda. Ahora los asimilamos con delitos y no somos capaces de identificarlos. Lo justificamos pensando que estará loco pero, así, les quitamos peso, hasta el punto de que muchos se van sin pagar el precio, como ocurre muchas veces con los delitos económicos, con la avaricia
   Escribir esta trilogía y, en especial, esta segunda parte, ha servido a la autora para explorar el miedo y, en concreto, su propio miedo. He investigado mucho en el miedo como entidad. Todos tenemos nuestros cálculos sobre lo que nos da miedo y cuánto podríamos soportar. Cada uno sabe si podría soportar quedarse en la calle, no tener qué comer, perder a un familiar... Pero cada uno de nosotros tenemos un miedo que sabemos que no podremos soportar: es el miedo que ya sentimos una vez y del que tenemos la certeza de que no podremos sobrevivir a él si vuelve, precisamente por eso, porque lo conocemos. El miedo que probamos una vez es el miedo que más nos atemoriza. El temor a que ese miedo regrese es brutal. Si ese miedo volviese, sabemos que no lo soportaríamos, que acabaría con nuestra cordura.
    

¿CÓMO VA EL PROYECTO CINEMATOGRÁFICO?


  Después de que este verano los responsables de llevar El guardián invisible a la gran pantalla visitasen el valle del Baztán para comprobar si podría servir de marco a la película, era inevitable preguntar a la autora cómo va el proyecto, a lo que Redondo respondió que está en ese punto en el que no te dejan decir nada. Al final sí se comprobó que se podría rodar en Baztán pero faltan por hacer públicas decisiones importantes que afectan a todo, como por ejemplo, quién la dirigirá. Un director u otro influye en los actores, en las localizaciones e, incluso, en el guión. En cualquier caso lo que puedo avanzar es que, después de la salida al mercado de 'Legado en los huesos', también han adquirido los derechos de esta segunda parte, así que también será llevada al cine.
   La rapidez con la que se han comprado los derechos de esta segunda entrega habla de la acogida de la trilogía. Este encuentro con la autora se llevó a cabo al día siguiente de salir a la venta Legado en los huesos y las cifras de venta, en solo un día, ya eran prometedoras. Pero, por encima de esas cifras, Redondo se queda con los lectores, que ayer se volcaron en las redes, publicando fotos con sus ejemplares, comentando por qué página iban ya, mostrando colas en algunas librerías de Navarra para comprar el libro... Estaban como locos y eso me llena de felicidad.
     Viendo la respuesta de los lectores, era obvio que una de nuestras curiosidades iba a ser si esa calurosísima acogida ha cambiado en algo el proceso de escritura de la segunda parte, a lo que Redondo respondió que no. La escritura para mí es evasión, no pienso en nada más cuando escribo, como mucho, que tengo frío (siempre tengo frío cuando escribo). Pero antes y después, claro que sí han cambiado las cosas. Después de la acogida de 'El guardián invisible' sientes que tienes una responsabilidad, quieres satisfacer a todos los lectores y más hoy en día, que uno se piensa tanto el comprar un libro. Buscas algo que les sacie pero que, al mismo tiempo, les deje con hambre, explicó. Y, sobre todo, dijo sentir una grandísima responsabilidad porque los lectores de novela negra son muy listos, se fijan muchísimo en los detalles y si te equivocas en algo, como que Amaia deja la gabardina en el asiento de atrás pero luego aparece con ella puesta, te lo dicen. Siento muchísimo respeto por los lectores. Los lectores son los que te hacen autor.
    Del mismo modo, también nos contó que aunque el esqueleto de toda la trilogía está previsto, así como la historia central y los casos policíacos y la documentación está hecha, la obra se ha ido enriqueciendo con lo que diversas personas le han ido contando, después de haber escrito El guardián invisible. Así ha ocurrido, por ejemplo, con la tradición de la teja en la cabeza que se cuenta en Legado en los huesos, tradición que ella desconocía pero que decidió incluir en cuanto la oyó.
   Asimismo, también es impredecible lo que ocurre cuando se pone a escribir: Conozco el hilo conductor pero luego la historia lleva su propio camino. A veces, muta. Es lo que me ocurrió esta vez con el juez Markina. En un principio, no iba a comportarse como se comporta, no iba a tener con Amaia ese tipo de relación, pero según iba escribiendo empezó a hacer cosas que yo no esperaba, a comportarse de forma diferente a como yo había previsto... y me gustó”.


EL FUTURO


   Imagino que terminar la trilogía va a ser devastador para mí, contesta Dolores Redondo cuando se le pregunta por la tercera parte. Va a ser terrible, porque hasta ahora nunca he sentido que acababa: terminaba una novela y empezaba la siguiente, no había sensación de fin. Además, la historia está muy viva en mí, no dejo de escribir, explica. Y aunque no descarta volver a retomar a Amaia Salazar cuando acabe Ofrenda a la tormenta, la entrega final de la trilogía, su idea es sacar una novela diferente cuando acabe, una novela que lleva mucho tiempo en mí y que ya me pide salir. Así que tendré que ponerle el punto final a 'Ofrenda a la tormenta' y tener preparado ya el folio en blanco para la siguiente y empezar a escribirla inmediatamente, porque si no, no sé qué va a ser de mí, comenta Redondo.
   Por cierto que en la reunión también explicó el porqué de los títulos de la trilogía: Los títulos hacen referencia a los personajes mitológicos de cada entrega: el guardián invisible es el basajaun; legado en los huesos hace referencia a las profanaciones pero también al ADN, a la carga buena y mala que todos llevamos por ser hijos de quienes somos; y 'Ofrenda a la tormenta' tiene que ver con la diosa Mari, la diosa de la tormenta y de la fecundidad, en todos los aspectos.
    El encuentro se alargó más de lo previsto y es que eran muchas las preguntas que había que hacer a Dolores Redondo sobre su trilogía. Una trilogía que engancha, que sorprende y que profundiza en aspectos interesantísimos sobre el ser humano. Una trilogía que estoy deseando terminar y, al mismo tiempo, que continúe para siempre. Por eso fue un auténtico placer conocer tantas curiosidades sobre la obra y su gestación. Pero, para mí, lo más satisfactorio fue ver la felicidad de Dolores ante su nuevo hijo literario, su emoción ante la acogida, su alegría por las primeras señales. Con eso me quedo.
    Nos seguimos leyendo. 

     
   
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