viernes, 8 de marzo de 2013

"Nadie quiere saber", de Alicia Giménez-Bartlett: Petra Delicado contra mafias y clanes





















Ficha técnica:


Título: Nadie quiere saber  Autor: Alicia Giménez-Bartlett
Editorial: Destino             Género: novela, novela policíaca Páginas: 424
Publicación:  05/02/2013    ISBN:  978-84-233-4585-4

Sinopsis (editorial):



   La inspectora Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón han heredado un muerto que había permanecido cinco años mudo: Alfonso Siguán, un empresario textil barcelonés de 70 años, liquidado en circunstancias sexuales escabrosas. Su cadáver se halló en su apartamento, adonde había acudido en compañía de una joven prostituta. Las culpas recayeron sobre el chulo de ésta; pero fue encontrado muerto a su vez en Marbella, tres días después. Las pesquisas se cerraron en falso.
    Ahora Petra y Fermín se enfrentan al silencio temeroso de la única testigo, la prostituta, y al rompecabezas de la vida profesional y familiar del empresario. La investigación se traslada a Roma, donde Petra vive situaciones de riesgo y desafío que son nuevas para ella y que confirman la habilidad de Alicia Giménez Bartlett para hacer de Petra Delicado uno de los personajes más atractivos de la novela española actual.
   Abrir un libro de Petra Delicado es, para mí, reencontrarse con una buena amiga a la que has echado mucho de menos. La arrolladora personalidad de la inspectora más contradictoria de la historia de la literatura negra universal consigue que se haga querer, a pesar de sus desplantes, sus contestaciones, sus arranques y de que haya veces que no entiendas los motivos por los que hace algunas cosas que no compartes. Pero su fuerza, su humanidad, su peculiarísima forma de ser, su entrega, su manera de abrirse a su nueva familia postiza (en la séptima entrega se casó, contra todo pronóstico, por tercera vez y, lo que es un más sorprendente, con un hombre que tiene cuatro hijos, cuando ella no ha querido tener niños nunca) hacen que sea imposible no hacerle un hueco en tu corazón. El mío lo tiene ganado, desde luego.
    Petra Delicado y su inseparable Fermín Garzón se las verán en esta ocasión con un caso retorcido, con repercusiones internacionales, que les harán conocer los métodos de las mafias italianas y el peligro que conlleva acercarse a ellas. Al contrario de lo ocurrido en otras entregas de la saga, en las que la investigación estaba llena de errores, de dudas o de tiempos muertos, en esta ocasión la acción es constante de principio a fin, lo que hace que la lectura sea aún más rápida y ágil. Hay espacio para la reflexión, para el análisis de la sociedad actual al hilo de los sinsabores del caso y hasta para el turismo, como siempre, pero la trama policíaca está dibujada con pulso seguro y sin titubeos. No sé quién tendrá la responsabilidad de este nuevo brío en la investigación, si Petra Delicado, que va ganando experiencia en su labor policial, o Alicia Giménez-Bartlett, que le tiene ya cogido el pulso a esta maravillosa investigadora y sus cuitas. Sea como fuere, la narración referida al caso avanza de forma constante, manteniendo el interés y el suspense. Lo cual no quiere decir que se desarrolle de una forma lineal: este caso endemoniado está lleno de bifurcaciones, de caminos que se cruzan y se separan, de muertes inocentes y de muertos que no merecían más que ser asesinados.
     Una peculiaridad de la saga frente al género es el hincapié que tanto la autora como la protagonista hacen respecto al interrogatorio policial. Las novelas de Petra Delicado están llenas de interrogatorios duros, en los que se analizan las distintas estrategias psicológicas de policías e interrogados, en los que se describen estados emocionales extremos, derrumbamientos morales o personas capaces de mantener una apariencia, una máscara, un personaje aun en los momentos de máxima presión. Esta vez también la inspectora nos confía cómo se enfrenta a un interrogatorio, la importancia que concede a este método dentro del conjunto de la investigación y cómo le afecta personalmente ponerlo en práctica. 
     Giménez-Bartlett nos hace reflexionar, a través del caso narrado, sobre la delgadísima línea que separa (desde el punto de vista moral, no desde la mirada de la justicia) la culpabilidad y la inocencia, haciéndonos pensar sobre las condenas que los seres humanos imponemos a nuestros semejantes, sean de muerte o perpetuas. La autora nos hace cuestionarnos si hay crímenes que se justifican, si la venganza da paz al espíritu, si hay salida para el condenado, si las causas justifican los efectos, si hay futuro para un vida marcada a fuego por la humillación, el abuso, la desprotección absoluta... o si es lícito que los monstruos sigan en pie. 
     La rama de la investigación que les conduce a Italia dará pie a que la autora introduzca algunos tópicos y estereotipos internacionales de ida y vuelta (españoles sobre italianos e italianos sobre españoles), al tiempo que saca una parte desconocida del subinspector Garzón: la del niño que descubre el mundo, la del turista ávido por saber, la del hombre que abre los ojos al arte y a la cultura y se siente poseído por ellos. 
    Constante es ya en la saga la presencia de la reflexión sobre la familia y el matrimonio. En este caso, Garzón y Delicado seguirán diseccionando las razones para casarse y la forma en la que sus respectivos matrimonios les han cambiado la vida. No faltan, en este sentido, las anécdotas en las que muchas nuevas parejas de hombres o mujeres divorciados se reconocerán, propiciadas por la relación que se establece entre Petra y los hijos de su marido, sobre todo, con su hija Marina. El hecho de que la 'viceispettora' Gabriella Bertano, con quien colaborarán en Roma, acabe de ser madre y de que una de las agentes que normalmente colabora con Petra en Barcelona, Sonia, esté embarazada, permitirá reflexionar y dialogar a distintos personajes sobre lo que supone traer niños al mundo y, en el caso de los personajes femeninos, sobre lo que tal decisión supone para su carrera profesional. En este sentido, me quedo con un diálogo entre Petra y Gabriella en el que la inspectora catalana habla sobre la vuelta al rol de mujer madre que han experimentado las nuevas generaciones de féminas y cómo vuelven a identificar la felicidad con la maternidad, algo que, según Petra, no le ocurre a las mujeres de su generación, como bien demuestra ella misma y su decisión de no ser madre (al menos, no a tiempo completo ni con hijos propios).
     Del mismo modo, la contextualización de la trama policial en el mundo de la moda y el viaje a Italia introduce en la novela comentarios sobre la importancia de las marcas, las extravangancias de algunos diseños, el precio disparatado de determinados objetos, lo que nos hace sentir poseer uno de esos valiosos (¿sobrevalorados?) objetos... Y, hablando de dinero, la estela recortadora de la crisis, omnipresente en la novela, recordándonos que si por algo se caracterizan las novelas de Petra Delicado es por estar ancladas a un tiempo y a un tipo de sociedad determinados. 
     Éste, precisamente, es uno de los grandes logros de esta saga: el hacer hincapié en el análisis sociológico y psicológico del ser humano como persona y como ser social sin que ello desmerezca o haga menguar el caso policial narrado. La combinación es, para mí, perfecta en estas novelas. Y que buena parte del análisis venga de esa voz que escuchamos en primera persona, de esa voz a veces humana, a veces irónica, siempre crítica, siempre singular de Petra Delicado no hace más que sumar más valor al conjunto de la novela.
     En definitiva, una novela que te atrapa, que no te suelta, que te engancha por la solidez de la trama pero también por la personalidad de la protagonista y por el análisis social, escrita con un estilo pulcro y limpio que no omite múltiples referencias cultas, en este caso, centradas en la historia y la literatura, especialmente en Shakespeare. Y, como siempre, un título muy muy bien elegido, que se saborea, sobre todo, al final de la lectura. Aunque, como ocurre en la mayoría de las ocasiones con la saga, el sabor que deje sea tan amargo e intenso como el café italiano. Una novela, pues, de diez.
    Nos seguimos leyendo.      
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 13.000 páginas: 424/13.000
  •  Reto En Femenino: 9/15
  •  Reto Autores de la A a la Z: G
  •  Reto Genérico: 5/5 misterio
  •  Desafío100 libros: 18/100
  • Reto Sumando: 18/2013 
  • Reto 25 españoles: 15/25
  •  Reto Negro y criminal 5/15   

  Otras novelas de Petra Delicado reseñadas en el blog:
  1. Ritos de muerte
  2. Día de perros
  3. Mensajeros de la oscuridad
  4. Muertos de papel
  5. Serpientes en el paraíso
  6. Un barco cargado de arroz
  7. Nido vacío
  8. El silencio de los claustros 


BBF#24: "La dinastía maldita", de Isabel Pisano

  
   Llevo ya bastante adelantada la lectura de La dinastía maldita, de Isabel Pisano, el libro que tengo hoy entre manos (aunque justo hoy será un mal día para pasar demasiado tiempo con él). Asistí a la presentación el pasado 27 de febrero y me llamó tanto la atención lo que (sobre todo) Julia Navarro dijo de él, que no he querido demorarlo más. Además, como es gordito, pensé en ir leyéndolo con calma e ir intercalándolo con otros más llevaderos (en el sentido más móvil de la palabra). Me está gustando. Me parece una novela histórica sólida, pura, con un narrador que interpreta la realidad desde un punto de vista humano, sentimental, solidario... incluso cómplice. Tanto, que yo hasta le pongo voz de mujer.

 BBF#24

   Al alba primera del nuevo siglo, la naturaleza, consciente de los crímenes y abusos de los hombres, se empeñaba en teñir de blanco los caminos que llevaban al castillo de Couches, como si eso pudiese ocultar los horrendos crímenes que el poder a través de los siglos enmascaraba en algo que había dado en llamar justicia y que justicia no era. Fue así como la señora que rige la vida de todos los seres vivientes, muy avergonzada de la conducta de sus principales criaturas, decidió cubrir lo imposible de esconder. (“La dinastía maldita”, Isabel Pisano)
  Me encanta el tratamiento que hace la mujer. Muy apropiado para un día como hoy.
   ¡Feliz día a todas las mujeres y a todos los hombres que compartís la vida con nosotras!
   Nos seguimos leyendo.

jueves, 7 de marzo de 2013

"Diario I. 1931-1934", de Anaïs Nin: el diario como herramienta para canalizar la furia creativa

   Aprovecho el Mes En Femenino de Momentos de Silencio Compartido y la Quincena Erótico-Festiva de Libros que hay que leer para rescatar esta reseña de Anika entre Libros. Y no porque éste sea un libro erótico (aunque sexo hay) sino porque Anaïs Nin fue una de las primeras mujeres que abordó la literatura de este género, tal y como conté en la reseña de Delta de Venus. 


DIARIO I. 1931-1934
(The Diary of Anaïs Nin, Volume I: 1931-1934, 1969)
Anais Nin

Editorial RBA
Colección Narrativas

© Anaïs Nin, 1969
© RBA Libros, 2009
© Traducción de Enrique Hegewicz, 1977
1ª Edición, Junio 2009

Género: Diario. Narrativa autobiográfica, literatura, creación literaria, surrealismo, vanguardias literarias, literatura y mujer, psicoanálisis, lite
ISBN: 9788498675597
416 Páginas

   
Argumento:
  
  El alma de Anaïs Nin es la auténtica protagonista de este diario, en el que vuelca sus miedos, sus inquietudes, sus traumas, sus dudas, sus reflexiones literarias y sus vivencias bohemias en el París de los años 30. Un diario que es un cuaderno de notas, un libro de bitácora vital, una pista de pruebas creativas, una adicción, el reflejo de una época y una forma de vida, el punto de partida para tantas cosas y el lugar al que volver para refugiarse del mundo exterior.

Opinión:
  
    Hay autores que utilizan las drogas, el sexo, la ira o el amor para canalizar su energía creativa; Anaïs Nin utilizaba su diario. Un diario que es más que una narración de los acontecimientos más importantes, de la relación con personajes famosos, con su familia o con sus psicoanalistas; es una indagación en su personalidad múltiple, en sus traumas, en su camaleónica forma de ser y en su sentimiento de dualidad interna, dividida entre la mujer y la escritora. Y, por supuesto, una pista de pruebas en la que ensayar formas y técnicas narrativas, retratos, descripciones… que luego depurará o utilizará directamente en sus creaciones y un oasis donde desahogar todo lo que la autora lleva dentro y no cabe dentro de la literatura. Al menos, de la literatura tal y como ella la entiende.
   Estas son las razones por las que los diarios de Anaïs Nin son tan ricos: porque retratan la vida intelectual y creativa de una época muy fecunda para la cultura universal (en este caso, los años 30); porque ahondan en la reflexión sobre la materia literaria, sobre los hábitos a la hora de escribir, sobre los distintos talantes creativos, sobre el modo de encarar la tarea de elaborar una novela, sobre los diferentes procesos que implica, sobre la influencia de unos autores y unas obras sobre otros y, en el caso concreto de Anaïs Nin, sobre la especial condición de la mujer literata, de la mujer artista; y porque indaga en la propia personalidad de la autora, en su forma de comportarse, de ver y entender el mundo, en sus taras y sus anhelos, en sus sufrimientos y su entrega hacia los demás.

   La vida intelectual y creativa queda reflejada en sus relaciones con el escritor Henry Miller, con el polifacético (dramaturgo, actor, novelista, poeta…) Antonin Artaud, creador del Teatro de la crueldad; o con el psicoanalista Otto Rank. Miller y Nin establecieron un vínculo personal y profesional que les llevó a confiar plenamente el uno en el otro en todos los ámbitos. Tanto es así, que Miller entrega sus obras a la autora (como se cuenta al final de este primer diario, el escritor publicará su famosísimo Trópico de cáncer financiado por Anaïs) y tanto su esposa como él mantienen una relación de amor y amistad con ella. Este triángulo y las dudas de unos (sobre todo de Miller) sobre los sentimientos de los otros dos reproduce en buena medida la relación descrita por Proust en La prisionera, quinta entrega de En busca del tiempo perdido. De hecho, las referencias al autor francés son constantes en la primera parte del diario.
    Un diario que a la autora le sirve para indagar en la creación literaria y en su condición de mujer. Anaïs se enfrenta a un modelo de literata que se esconde detrás de un pseudónimo o de unas técnicas narrativas masculinas. Ella quiere ser mujer y quiere ser artista y lucha por conseguirlo. En medio sitúa la enfermedad mental, la neurosis, de la que es tratada por dos psicoanalistas diferentes, con métodos bien diferentes y resultados también dispares. Nin quiere romper una de las máximas de Rank: cuando se curan de la neurosis, las mujeres entran en la vida; los hombres, en el arte. Por eso, una parte de sí misma reniega de la curación y prefiere continuar sintiéndose como un espejo roto, cuyos fragmentos reflejan una personalidad diferente, acomodada a las necesidades de la persona con la que se encuentre en cada momento.
   La autora reflexionará con especial empeño en la relación que mantiene con su padre, a quien no veía en años. De hecho, explica que comenzó a escribir su diario como una forma de comunicarse con él, quien abandonó a su familia cuando Anaïs tenía once años. Recuperado, vivirán una relación de amor y mentiras en la que ambos pugnarán por encontrar en el otro un reflejo de sí mismos, buscando las similitudes y diferencias entre ellos. Ese abandono marcará la vida de Anaïs y su relación posterior con su padre, su madre y sus hermanos.
   Si dolorosa es para la autora la relación con su padre, no menos lo será una de las vivencias que describe en la parte final de este primer diario: el aborto que sufre, embarazada de seis meses. El terrible sufrimiento que experimentó durante las horas que estuvo de parto, un parto que tuvo como resultado una niña muerta, queda milimétrica y desgarradoramente reflejado en estas páginas, que finalizan con el viaje de Nin desde Francia (donde se ha desarrollado prácticamente toda la obra) a Nueva York.
   Anaïs brilla con luz propia, es distinta a las demás mujeres, se niega a la normalización, a vestir como mandan los cánones estéticos o las modas, a vivir como marcan las reglas, a sentir como dicta la sociedad. Así lo atestigua su diario, una obra que suma un total de 35.000 páginas, publicada en siete tomos, algunos de los cuales fueron revisados una vez fallecidos los personajes de los que se hablaba en ellos. Un testimonio de una época y de un estilo de vida singular, de una personalidad arrolladora, de una escritora única, de una mujer excepcional.
   Enlace a la publicación original en Anika entre Libros. 
   Nos seguimos leyendo

miércoles, 6 de marzo de 2013

"Te trataré como a una reina", de Rosa Montero: cuando la vida se convierte en un bolero




















Ficha técnica:


Título: Te trataré como a una reina 
Autor: Rosa Montero 
Editorial: Seix Barral   Género: novela         Páginas: 256 
Publicación:  28/12/1984    ISBN: 9788432212376

Sinopsis (editorial):


   El anverso y reverso de un bolero, esta novela juega con una contraposición: sobre el espacio urbano degradado de un local nocturno madrileño, se proyecta la postal pintarrajeada de un improbable y suntuoso "Tropicana" cubano en días áureos, metáfora y mito que postulan e inventan unas existencias desahuciadas.
   Desde la condición humana, vulnerada e inerme, esta farsa negra (o tragedia rosa, depende de cómo se mire) nos habla con ácida verdad de un mundo que se resquebraja y descubre, bajo los falsos colores de la pintura, la soledad de todos.
   Leer Te trataré como a una reina es como sumergirse en un bolero. Un bolero triste, de esos que se cantan con la voz rota, el gesto cansado, en un garito lleno de humo y olor a alcohol, y que cuente una historia de amores imposibles y de vidas que no dan más de sí. Así es el argumento de la novela: una conjunción de personajes raídos, descoloridos y ajados como el propio local que los reúne a todos, el Desiré, un club nocturno del barrio Chino. En él canta Bella (cuyo verdadero nombre es Isabel) una mujer castigada por la vida que sigue confiando en encontrar al hombre que la saque de la podredumbre en la que vive, aunque su exceso de confianza haga que se le vuelva a romper el corazón. En el local trabaja también Poco, un viejo apergaminado que oculta obstinadamente su pasado, que debió brillar en algún momento (cuando componía para el cubano Tropicana) pero al que la vida ha vencido. Y una de sus mesas está a veces ocupada por Antonio, un noviete que Isabel tuvo de joven, en el pueblo, y que ahora vive solo, lleno de manías, meticuloso y ordenado hasta la locura y consagrado a hacer brillar su don, el don que le hace diferente, superior a los demás: su sentido del olfato.
    Durante su infancia, Antonio no tuvo buena salud. Por esos, sus padres bautizaron a su hermana como el mismo nombre, para que no se perdiera el antropónimo del padre ante la previsión de una muerte prematura del primogénito. Antonia es virgen a sus 44. Su cerrada educación religiosa le hace creer que prácticamente todo es pecado, aunque busca los resquicios con los que aliviar su soledad. Antonia conocerá, por fin, el amor gracias a Damián, que bien podría ser su hijo.
    Todos ellos descubrirán el sabor de la esperanza en el momento en que el lector los encuentra, aunque el destino ya haya repartido sus cartas y no quede ninguna en el mazo. La jugada ya está acabada, pese a que la última mano les haya regalado la esperanza del as.
    Te trataré como a una reina no es una novela que se devore porque la acción te atrape en sus páginas. Es una novela de sensaciones y sentimientos, de degradación y dureza. De hecho, lo que más me ha gustado es la capacidad para hacer sentir al lector ese ambiente general de vileza, de destrucción, de paso inexorable del tiempo, de fugacidad del brillo, de mezquindad, de ruina. Una sensación que se transmite a través de las descripciones del desvencijado local y de los espectros que habitan en él pero también a través del narrador omnisciente, que se mimetiza con el entorno y con los personajes y que analiza los pensamientos y las situaciones como si estuviera en la mente de cada uno de ellos, hablando al lector como hablaría el propio personaje. Además, su tono distanciado, irónico, decepcionado, mordaz en ocasiones y hasta con pinceladas de humor negro contribuye a generar en el lector esa sensación de decadencia, de derribo sin remisión. Junto a este narrador, la novela recoge algunos apuntes periodísticos que ponen algo de objetividad en el relato pero que también sirven para dejar hablar al personaje en toda su plenitud.
    Rosa Montero es capaz de sembrar la semilla de la decrepitud en el lector a través de un estilo directo, triste y ameno que nos traslada al Desiré y nos hace convivir con Bella, Antonio, Poco y Antonia como si estuviéramos ocupando una de sus mesas y compartiendo un buen whisky con ellos.
  No seguimos leyendo.


martes, 5 de marzo de 2013

Cristina Fallarás presenta su novela más impúdica, "Últimos días en el Puesto del Este", en la que vuelca su rabia y su desesperanza


Pablo Mazo, Cristina Fallarás y Darío Adanti, en la presentación del libro
     Últimos días en el Puesto del Este está escrito con el corazón. Con el corazón... y con las entrañas. Y con ese lugar oscuro del alma en el que habitan la ira, la soledad extrema, la desesperanza, la nada absoluta. Es una novela corta, pero intensa. Escrita con sentimientos desbordados, con extrema pasión. Pero viendo cómo habla de ella su autora, Cristina Fallarás, es difícil creer que esta mujer, esta fuerza de la naturaleza, haga algo sin poner la vida en ello. Sus palabras, sus gestos, los movimientos de su manos, su voz, la fuerza con la que sacude esa melena tan viva como su arrolladora personalidad no pueden por menos que arrastrarte, dejarte boquiabierta, llevarte a su terreno. Ella misma lo explica: la novela “tiene un tono arrebatado, porque no se puede escribir de otra manera”.
    Así me sucedió a mí en la presentación de la reedición de esta obra que ganó el XLII premio Ciudad de Barbastro de novela corta. Una novela que fue escrita en noviembre de 2010, “cuando ya no me quedaba nada y le dije a mi pareja: a partir de ahora, la carne es para los niños”. Ganar el premio era la única manera de obtener algunos ingresos así que se encerró a escribir con desesperación, casi febrilmente, ahogada por un mar de sentimientos (de ira, de impotencia, de rabia, de soledad, de desolación...) y condensando todo lo que quería transmitir en el puñado de folios máximo requerido por las bases del certamen.
La autora leyó algunos fragmentos 

    Últimos días en el Puesto del Este no habla de la crisis. “No aparecen ni Rajoy, ni Bárcenas... ni nadie con nombres y apellidos. Aparecen, eso sí, unos perros”, explica Fallarás, quien añade que por aquella época aún no había entrado en la vorágine de lucha política y social en la que sí está ahora, así que todo lo sugerido está mucho más poetizado, mucho más estilizado. Esta novela corta cuenta la historia de La Polaca, una mujer que vive con sus hijos en un lugar sitiado. Junto a ellos, un pequeño grupo de residentes cada vez más enfrentados, con todas las miserias humanas presentes en cualquier colectivo. “Cuando te sitian, no hace falta que te maten. Ya se matan los de dentro solos”, enfatiza la autora, queriendo mostrar la soledad radical de la situación en la que se encuentra la protagonista.
    Una protagonista que no se llama Cristina pero que podía hacerlo. “Es una novela profundamente impúdica, en la que me muestro a lo bestia”, afirma Fallarás. Y lo hace de una manera muy lírica pero que encierra una crítica social hecha desde lo íntimo. “Es una construcción literaria de lo que estamos viviendo”, una gran metáfora sobre la situación en la que nos encontramos: “ahora mismo todos estamos sitiados. Somos una sociedad fracasada, un grupo humano miserable”, criticaba la autora. Y lo más sorprendente, o doloroso, o triste es que, tal y como destacó el editor de la obra, Pablo Mazo, tiene una dimensión visionaria: escrita en 2010, habla de lo que está ocurriendo ahora, de la crisis extrema que estamos viviendo. “Está escrita contra el fanatismo, habla de la miseria moral que deja la pobreza a su paso. Está escrita desde la rabia, desde una indignación muy particular, muy característica de Cristina”, señaló Mazo quien hizo referencia a las circunstancias de la reedición de la novela, después de que cerrara la editorial que la publicó con anterioridad. “Pienso mucho en esa gente que se hubiera alegrado de que este libro hubiera sido guillotinado, hubiera desaparecido (tal y como ocurre con los libros publicados por editoriales que cierran)”, manifestó, sintiéndose feliz por haber podido lanzar una nueva edición de esta novela, de esta narración del desamparo.
    “Cuando te quedas sin nada, cuando te quedas en los huesos, de repente se te hace visible lo esencial”, explicaba Fallarás tratando de hacer comprender la actitud de La Polaca y de describir sus propios sentimientos ante su situación personal. “La desposesión tiene algo de desesperanza pero también de liberación: ya no te queda nada, no tienes nada por lo que luchar. Es lo que me ocurrió a mí cuando me llegó la orden desahucio. 'Que se lo lleven, que se lo lleven todo', pensé. Ya he luchado suficiente, no puedo luchar más. Ya no me queda nada”, compartía con los presentes. E ironizaba: “yo fui una pionera de la crisis. A mí me echaron en el 2008, embarazada de ocho meses”.
Adanti compartió sus impresiones sobre la obra
    Con testimonios como éste, era imposible que los asistentes a la presentación de la novela (celebrada el jueves 21 de febrero, en la librería Burma de Madrid) no sintieran el corazón en un puño. Yo, por lo menos, viví y bebí todas sus palabras con una mezcla de estupefacción y admiración. La misma admiración que mostraba en su intervención el ilustrador Darío Adanti, quien adelantó que “lo que está pasando en el libro es la actualidad pero sin el maquillaje de la actualidad”. Adanti halagó el “ritmo maravilloso” de la obra y la “mezcla de géneros”, asegurando que tiene “un toque de literatura lationoamericana de experimentación, de los años 70; también de literatura antiutópica y de literatura contemporánea”.
    La única novela no negra de Cristinas Fallarás, escrita en “unas circunstancias personales brutales”, como ella misma reconoce, es una obra “costumbrista, pero del presente”, tal y como la definió Adanti. Una obra profundamente  crítica, que es un puro estado de ánimo y que pretende ahondar no sólo en la vivencia de la pérdida total sino también en la nostalgia que siente quien lo tenía todo, quien era inmensamente rico y no lo sabía. Una novela,  en palabras de Adanti, “tan humana que sientes una empatía particular, pero que te destroza”.
    Nos seguimos leyendo.

La presentación tuvo lugar en la librería Burma de Madrid




lunes, 4 de marzo de 2013

"Arroz de palma", de Francisco Azevedo: una historia elaborada al fuego lento de los recuerdos

Ficha técnica:


Título: Arroz de palma      Autor: Francisco Azevedo
Editorial: Espasa             Género: novela, novela intimista Páginas: 364
Publicación:  10/01/2013    ISBN:  978-84-670-0781-7

Sinopsis (editorial):



   Había una vez un arroz que fue plantado en la tierra, caído del cielo y recogido de entre las piedras, un arroz que no se pasaba nunca que llegó de lejos de la mano de tres jóvenes llenos de ilusiones y sueños… Arroz de Palma es la historia de una familia, la de José Custódio y Maria Romana, emigrantes en Brasil a principios del siglo XX. Durante la preparación de la fiesta para celebrar el centenario de la boda de José y Maria, su hijo mayor, Antonio, ya un abuelo, repasa las vidas de sus padres, de su tía, de sus hermanos, de sus hijos y nietos y, por supuesto, la suya.
   Antonio sabe que la familia es un plato de compleja elaboración y que la felicidad se cocina día a día. Pero ellos tienen un ingrediente secreto: el arroz de la tía Palma, cuya magia se extiende más allá del fuego y del tiempo.
   La saga familiar que ha triunfado en Brasil llega a España para cautivar a miles de lectores.
   Me gusta la cocina, me encanta leer, me atraen las novelas que hablan sobre sentimientos y pensamientos y me preocupa el tema de la familia. Así que cuando vi que éstos eran los ingredientes con los que Francisco Azevedo había preparado su Arroz de palma, no me lo pensé. Durante este tiempo he estado leyendo diferentes reseñas en las que los lectores decían que no era lo que esperaban o que el estilo (personalísimo estilo) del autor había hecho que la novela se les hiciera pesada o, incluso, que no les hubiera gustado. Entiendo tales críticas, pero no me sumo a ellas. No puedo hacerlo porque Arroz de palma me ha tocado el corazón. Aunque, como siempre digo, quizá sea por el particularísimo momento de mi vida en el que me encuentro o, más bien, se encuentra mi faceta familiar. 
     Todas las reseñas que he leído hablan del estilo del autor... y no es para menos. Azevedo construye su historia con frases cortas, extremadamente cortas, en ocasiones tan cortas que son gramaticalmente incorrectas. El uso sistemático de este tipo de oraciones crea un tono general entrecortado, que quizá da la impresión de ser poco elaborado (en el sentido de que las frases cortas son más sencillas y asequibles y la subordinación requiere un proceso intelectual más complejo, tanto para crearlas como para entenderlas). Pero yo creo que estilo combina (y refuerza) a la perfección con el resto de elementos de la novela. Me explico.
    Cuadra muy bien con el foco y el tono narrativo. Azevedo elige la primera persona para contarnos la historia de Antonio. De Antonio y de toda su familia, claro. Y lo hace desde un tiempo presente (2008) que reconstruye una vida entera: la de los 88 años de Antonio. Pero, en realidad, la historia de una persona empieza antes de su nacimiento, comienza cuando sus padres se conocen, se enamoran, se casan. Por eso, también narra algunos episodios de la historia familiar anteriores a su nacimiento, comenzando por uno fundamental: el de la boda de sus padres y del arroz que recogió su tía Palma y entregó a los novios como símbolo de unión y fertilidad. Más que símbolo, el arroz que llegará (sin estropearse) hasta 2008 se convertirá en motivo de devoción, de discusión, de unión y de separación, casi a partes iguales. El arroz de Palma hace, pues, girar la historia de la familia y se convierte en pilar fundamental para el argumento de la novela (hasta el punto de darle título).
    Antonio nos cuenta su historia y la de su familia mediante monólogos narrativos en los que van rescatando determinados capítulos de esa historia. Monólogos que a veces narran pero que a veces dialogan, con personajes presentes o imaginados, en diálogos reales o fruto de la imaginación. En ocasiones habla para sí mismo, otra veces habla (imaginariamente) con alguien (su mujer Isabel, su tía Palma…), otras reproduce diálogos que tuvieron lugar en la realidad, a veces se limita a narrar lo que ocurrió… Sin perder ese foco narrativo de la primera persona, el autor va cambiando, pues, los recursos con los que construye la novela, y creo que el estilo entrecortado contribuye a no perder de vista ese tono de confesión, de relato personal, de historia susurrada al lector. En la lengua oral nadie construye un discurso lleno de subordinadas perfectamente coherentes, hilado de principio a fin, sin titubeos, sin fallos de la memoria… Y más cuando de lo que se habla es de la sangre, de la familia, de los sentimientos, de la propia vida de uno, mirada con la perspectiva que dan 88 años de trayectoria. Por eso creo que el estilo va permitiendo que el lector no pierda la perspectiva, que recuerde continuamente quién narra y en qué circunstancias lo hace (aunque esas circunstancias se vayan desvelando a lo largo de la lectura).
    Las frases cortas, a veces entrecortadas, también casan muy bien con el tono intimista de la novela y con esa perspectiva de análisis de la vida propia que propone. Antonio se hace muchas preguntas. Para algunas de ellas, ha conseguido contestación a lo largo de los años. Para otras, no hay respuestas, porque la vida es impredecible, tiene sus propias leyes, fluye por cauces no marcados, no hay normas, no hay seguridad. Las frases cortas remarcan, creo yo, ese hálito de duda que sobrevuela muchos pasajes y muchas reflexiones del libro.
    Como también cuadran muy bien con la teatralidad omnipresente en la novela. Una teatralidad mencionada explícitamente (Antonio, quizá como herencia de Palma, se define a sí mismo como teatral y en muchas cosas ocasiones se reprocha esa teatralidad) pero también subyace implícitamente en cómo está contada la historia: la importancia del diálogo, el peso absoluto de un único personaje, frente a los demás, que forman parte del contexto y van entrando en escena a medida que son convocados por el protagonista; la teatralidad de algunos gestos y de algunos objetos (como la silla de Palma)…
    Azevedo cuenta la historia de una forma impresionista, deslavazada, a través de episodios traídos a la memoria de Antonio con un cierto orden cronológico pero que incluye muchos saltos, quizá intentando demostrar que sólo es lineal el tiempo que tratamos de ordenar, el que encasillamos en calendarios, diarios, dietarios y agendas, pero que el tiempo real, el tiempo vivido, es otra cosa. Está hecho de recuerdos saltarines, de avances y vueltas atrás, de episodios importantes que hacen olvidar los tiempos muertos y de acontecimientos seleccionados de acuerdo a la importancia subjetiva que le damos, no a su significado objetivo. El tiempo ordenado es lineal del mismo modo en que la lengua escrita es estructurada. Pero el tiempo vivido avanza a saltos, tal y como lo hace la lengua oral, la lengua hablada, la lengua vivida; la lengua que quiere reproducir o representar esta novela.
    La historia, pues, está reconstruida de una manera muy teatral, casi como si fueran escenas de una obra de teatro. A veces sólo hace falta que, antes de comenzar a narrar, Antonio dijera al comienzo de un capítulo, al inicio de un recuerdo: “se levanta el telón de la memoria y en el escenario aparece….”. Una narrativa, también, muy cinematográfica. Puede, quizá, tener que ver con la trayectoria literaria del autor (dramaturgo y guionista, entre otras ocupaciones), que haya querido dejar esa huella de lo dramático o lo cinematográfico en una narración de forma consciente, como juego literario, o que haya surgido de forma espontánea, que haya nacido del subconsciente del autor. No lo sé. En cualquier caso, el guiño que introduce ese hijo dramaturgo de Antonio vuelve a centrar el foco de atención del lector sobre el teatro de forma inequívoca.
    Creo que el lenguaje entrecortado también cuadra muy bien con este impresionismo con el que están narrados los episodios, impresionismo que también nos habla de la volatilidad y la arbitrariedad de la memoria, elemento que, en el fondo, es el eje central de la historia: la memoria que selecciona y descarta, la memoria que hace parada en una fecha y no en otra, la memoria que no es igual para todos (por lo que los recuerdos de Isabel, su mujer, no coinciden muchas veces con los del propio Antonio), la memoria que provoca que el protagonista nos cuente un puñado de hechos de su vida y no nos dé detalles de otros muchos. Un puñado de hechos contados con demora, a fuego lento, para que sean paladeados por el lector.
    Hechos recubiertos con el dulce fondant de los pensamientos de Antonio, siempre llenos de vida, de psicología, de humanidad y de poesía. Arroz de palma tiene un buen número de frases y reflexiones de ésas que se quedan contigo, ésas que subrayo y guardo para pensar sobre ellas, utilizarlas en el futuro o, simplemente, leerlas y disfrutar. Desde el “La familia es un plato difícil de preparar” que preside el libro hasta “La familia es un plato que, cuando se acaba, nunca más se repite” que cierra la novela, Antonio (o Azevedo) nos va regalando un buen puñado de reflexiones tan poéticas como sugerentes que ahondan en poner ante nuestros ojos la importancia de la familia, de vivir nuestra vida con sentido y, sobre todo, siempre bien acompañados.
    Y todo ello salpimentado con un tono general amable, entrañable, optimista, que no obvia los episodios amargos pero que sabe sacar una enseñanza de ellos. Para eso los pone el destino en nuestra vida. Un tono reposado y sabroso, lleno de cariño y de confianza hacia el lector.
   En definitiva, un libro que me ha dicho muchas cosas, escrito con un estilo muy particular, que habla sobre las cosas que realmente importan en la vida: vivirla exprimiéndola al máximo, el amor, la fraternidad, la superación de los problemas y la familia. Y la comida, claro está.
    Nos seguimos leyendo    

   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 13.000 páginas: 364/13.000
  •  Reto Genérico: 2/2 familiares
  •  Desafío100 libros: 21/100
  • Reto Sumando: 61/2013(he incluido el subtítulo de la novela: "La familia es un plato de compleja elaboración")
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