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viernes, 8 de marzo de 2013

"Nadie quiere saber", de Alicia Giménez-Bartlett: Petra Delicado contra mafias y clanes





















Ficha técnica:


Título: Nadie quiere saber  Autor: Alicia Giménez-Bartlett
Editorial: Destino             Género: novela, novela policíaca Páginas: 424
Publicación:  05/02/2013    ISBN:  978-84-233-4585-4

Sinopsis (editorial):



   La inspectora Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón han heredado un muerto que había permanecido cinco años mudo: Alfonso Siguán, un empresario textil barcelonés de 70 años, liquidado en circunstancias sexuales escabrosas. Su cadáver se halló en su apartamento, adonde había acudido en compañía de una joven prostituta. Las culpas recayeron sobre el chulo de ésta; pero fue encontrado muerto a su vez en Marbella, tres días después. Las pesquisas se cerraron en falso.
    Ahora Petra y Fermín se enfrentan al silencio temeroso de la única testigo, la prostituta, y al rompecabezas de la vida profesional y familiar del empresario. La investigación se traslada a Roma, donde Petra vive situaciones de riesgo y desafío que son nuevas para ella y que confirman la habilidad de Alicia Giménez Bartlett para hacer de Petra Delicado uno de los personajes más atractivos de la novela española actual.
   Abrir un libro de Petra Delicado es, para mí, reencontrarse con una buena amiga a la que has echado mucho de menos. La arrolladora personalidad de la inspectora más contradictoria de la historia de la literatura negra universal consigue que se haga querer, a pesar de sus desplantes, sus contestaciones, sus arranques y de que haya veces que no entiendas los motivos por los que hace algunas cosas que no compartes. Pero su fuerza, su humanidad, su peculiarísima forma de ser, su entrega, su manera de abrirse a su nueva familia postiza (en la séptima entrega se casó, contra todo pronóstico, por tercera vez y, lo que es un más sorprendente, con un hombre que tiene cuatro hijos, cuando ella no ha querido tener niños nunca) hacen que sea imposible no hacerle un hueco en tu corazón. El mío lo tiene ganado, desde luego.
    Petra Delicado y su inseparable Fermín Garzón se las verán en esta ocasión con un caso retorcido, con repercusiones internacionales, que les harán conocer los métodos de las mafias italianas y el peligro que conlleva acercarse a ellas. Al contrario de lo ocurrido en otras entregas de la saga, en las que la investigación estaba llena de errores, de dudas o de tiempos muertos, en esta ocasión la acción es constante de principio a fin, lo que hace que la lectura sea aún más rápida y ágil. Hay espacio para la reflexión, para el análisis de la sociedad actual al hilo de los sinsabores del caso y hasta para el turismo, como siempre, pero la trama policíaca está dibujada con pulso seguro y sin titubeos. No sé quién tendrá la responsabilidad de este nuevo brío en la investigación, si Petra Delicado, que va ganando experiencia en su labor policial, o Alicia Giménez-Bartlett, que le tiene ya cogido el pulso a esta maravillosa investigadora y sus cuitas. Sea como fuere, la narración referida al caso avanza de forma constante, manteniendo el interés y el suspense. Lo cual no quiere decir que se desarrolle de una forma lineal: este caso endemoniado está lleno de bifurcaciones, de caminos que se cruzan y se separan, de muertes inocentes y de muertos que no merecían más que ser asesinados.
     Una peculiaridad de la saga frente al género es el hincapié que tanto la autora como la protagonista hacen respecto al interrogatorio policial. Las novelas de Petra Delicado están llenas de interrogatorios duros, en los que se analizan las distintas estrategias psicológicas de policías e interrogados, en los que se describen estados emocionales extremos, derrumbamientos morales o personas capaces de mantener una apariencia, una máscara, un personaje aun en los momentos de máxima presión. Esta vez también la inspectora nos confía cómo se enfrenta a un interrogatorio, la importancia que concede a este método dentro del conjunto de la investigación y cómo le afecta personalmente ponerlo en práctica. 
     Giménez-Bartlett nos hace reflexionar, a través del caso narrado, sobre la delgadísima línea que separa (desde el punto de vista moral, no desde la mirada de la justicia) la culpabilidad y la inocencia, haciéndonos pensar sobre las condenas que los seres humanos imponemos a nuestros semejantes, sean de muerte o perpetuas. La autora nos hace cuestionarnos si hay crímenes que se justifican, si la venganza da paz al espíritu, si hay salida para el condenado, si las causas justifican los efectos, si hay futuro para un vida marcada a fuego por la humillación, el abuso, la desprotección absoluta... o si es lícito que los monstruos sigan en pie. 
     La rama de la investigación que les conduce a Italia dará pie a que la autora introduzca algunos tópicos y estereotipos internacionales de ida y vuelta (españoles sobre italianos e italianos sobre españoles), al tiempo que saca una parte desconocida del subinspector Garzón: la del niño que descubre el mundo, la del turista ávido por saber, la del hombre que abre los ojos al arte y a la cultura y se siente poseído por ellos. 
    Constante es ya en la saga la presencia de la reflexión sobre la familia y el matrimonio. En este caso, Garzón y Delicado seguirán diseccionando las razones para casarse y la forma en la que sus respectivos matrimonios les han cambiado la vida. No faltan, en este sentido, las anécdotas en las que muchas nuevas parejas de hombres o mujeres divorciados se reconocerán, propiciadas por la relación que se establece entre Petra y los hijos de su marido, sobre todo, con su hija Marina. El hecho de que la 'viceispettora' Gabriella Bertano, con quien colaborarán en Roma, acabe de ser madre y de que una de las agentes que normalmente colabora con Petra en Barcelona, Sonia, esté embarazada, permitirá reflexionar y dialogar a distintos personajes sobre lo que supone traer niños al mundo y, en el caso de los personajes femeninos, sobre lo que tal decisión supone para su carrera profesional. En este sentido, me quedo con un diálogo entre Petra y Gabriella en el que la inspectora catalana habla sobre la vuelta al rol de mujer madre que han experimentado las nuevas generaciones de féminas y cómo vuelven a identificar la felicidad con la maternidad, algo que, según Petra, no le ocurre a las mujeres de su generación, como bien demuestra ella misma y su decisión de no ser madre (al menos, no a tiempo completo ni con hijos propios).
     Del mismo modo, la contextualización de la trama policial en el mundo de la moda y el viaje a Italia introduce en la novela comentarios sobre la importancia de las marcas, las extravangancias de algunos diseños, el precio disparatado de determinados objetos, lo que nos hace sentir poseer uno de esos valiosos (¿sobrevalorados?) objetos... Y, hablando de dinero, la estela recortadora de la crisis, omnipresente en la novela, recordándonos que si por algo se caracterizan las novelas de Petra Delicado es por estar ancladas a un tiempo y a un tipo de sociedad determinados. 
     Éste, precisamente, es uno de los grandes logros de esta saga: el hacer hincapié en el análisis sociológico y psicológico del ser humano como persona y como ser social sin que ello desmerezca o haga menguar el caso policial narrado. La combinación es, para mí, perfecta en estas novelas. Y que buena parte del análisis venga de esa voz que escuchamos en primera persona, de esa voz a veces humana, a veces irónica, siempre crítica, siempre singular de Petra Delicado no hace más que sumar más valor al conjunto de la novela.
     En definitiva, una novela que te atrapa, que no te suelta, que te engancha por la solidez de la trama pero también por la personalidad de la protagonista y por el análisis social, escrita con un estilo pulcro y limpio que no omite múltiples referencias cultas, en este caso, centradas en la historia y la literatura, especialmente en Shakespeare. Y, como siempre, un título muy muy bien elegido, que se saborea, sobre todo, al final de la lectura. Aunque, como ocurre en la mayoría de las ocasiones con la saga, el sabor que deje sea tan amargo e intenso como el café italiano. Una novela, pues, de diez.
    Nos seguimos leyendo.      
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  •  Reto 13.000 páginas: 424/13.000
  •  Reto En Femenino: 9/15
  •  Reto Autores de la A a la Z: G
  •  Reto Genérico: 5/5 misterio
  •  Desafío100 libros: 18/100
  • Reto Sumando: 18/2013 
  • Reto 25 españoles: 15/25
  •  Reto Negro y criminal 5/15   

  Otras novelas de Petra Delicado reseñadas en el blog:
  1. Ritos de muerte
  2. Día de perros
  3. Mensajeros de la oscuridad
  4. Muertos de papel
  5. Serpientes en el paraíso
  6. Un barco cargado de arroz
  7. Nido vacío
  8. El silencio de los claustros 


lunes, 5 de noviembre de 2012

"El silencio de los claustros", de Alicia Giménez Bartlett: Petra Delicado topa con la Iglesia


   Con gran dolor de mi corazón he llegado al fin de la saga protagonizada por Petra Delicado. He disfrutado tanto con ella y sus ocho novelas, que me da una pena terrible que no me quede nada pendiente con la inspectora. Menos mal que sí tengo mucho pendiente con su autora, a la que tengo intención de seguir leyendo, aunque no pueda retomarla hasta dentro de unos meses.
   En esta última entrega, Alicia Giménez Bartlett vuelve a uno de los temas que más continuidad ha tenido a lo largo de la saga: lo religioso. Aunque en este caso el punto de vista adoptado es diferente. Si en Mensajeros de la oscuridad nos ofrecía una reflexión sobre la dimensión espiritual del ser humano, con un crítica hacia el fanatismo, el mundo de las sectas o la exageración de tales sentimientos y en Serpientes en el paraíso criticaba la parafernalia del cristianismo, las ocasiones en las que exhibe su fachada de Iglesia Católica por encima de las personas y, sobre todo, de quienes necesitarían de un dinero que se gasta en fastos, viajes y puro escaparate, ahora ahonda en la vida religiosa en sí, la que llevan los monjes y las monjas, con sus renuncias, sus alegrías y sus fracasos, sus éxitos y sus miserias. A pesar de que estas son las novelas en las que se habla de religión de manera predominante, lo cierto es que las reflexiones sobre esta cuestión han ido surgiendo a lo largo de toda la saga en distintos momentos y a través de diferentes personajes, como es el caso de la primera mujer de Fermín Garzón, una beatona infeliz que anteponía los mandatos religiosos a su propia vida y que acabo consiguiendo que el subinspector aborreciera todo lo que tiene que ver con el cristianismo. Las ácidas afirmaciones de unos personajes principales alejados de lo religioso han tenido, sin embargo, su contrapunto en todas aquellas ocasiones en las que Petra, harta de la vida que su profesión como policía le da, manifestó su intención (no sin cierta ironía o por lo menos paradoja, creo yo) de ingresar en un convento y vivir, por fin, en silencio, sola y feliz. Obviamente, nunca lo cumplió, aunque en esta última entrega volverá a pensárselo, al comprobar, de una vez por todas, la vida que se lleva en los conventos. Justamente será ese modo de vida el que hará que desista (¿definitivamente?) de su idea.
   El caso comienza cuando la madre Guillermina hace llamar a Petra por medio de su nueva hijastra Marina (que acude al centro a completar su formación con conocimientos religiosos y, sobre todo, valores cristianos, a instancias de su madre) para comunicarle el asesinato del hermano Cristóbal, monje del monasterio de Poblet que se encontraba en el convento restaurando la momia del beato fray Asercio de Montcada. En el silencio del claustro de las corazonianas, Petra encontrará la horma de su zapato: la madre Guillermina. Entre ambas surgirán disputas y encontronazos pero también una admiración y un cariño mutuo y sincero.
    La del tema religioso no será la única recurrencia que encontremos en esta octava entrega. Será porque los he leído todos seguidos, pero en este último he encontrado varios guiños hacia el resto de los libros de la saga, como el recurso a las notas anónimas como guía de la investigación policial (algo que ya ocurrió también en Mensajeros de la oscuridad), la preocupación por el modo de vida, la soledad y el abandono de los homeless (que ya apareció en Un barco cargado de arroz), la reflexión sobre la vida policial y los motivos para matar (una constante en toda la saga), la puesta en duda de la transparencia de las fundaciones (como ya hiciera también en Un barco cargado de arroz), la mutilación (que también apareció en Mensajeros de la oscuridad), además de ese tono burlón hacia todo, ese saltarse las convenciones, no tomar nada como sagrado (ni religión, ni profesión, ni amistad)... También, por supuesto, los guiños a la actualidad del momento (como la Ley Antitabaco), las referencias cultas y esa mezcla perfecta de lenguaje culto y cuidado y vulgar y chabacano, cargado de tacos e improperios, que hemos visto a lo largo de la saga.
    Y, claro, después de su tercera boda, buena parte del argumento de esta octava entrega girará en torno a su nueva vida como casada, los acuerdos y desacuerdos con su marido Marcos, la relación con las ex de su esposo, la construcción de una nueva familia ("familiastra", como dice ella) con los cuatro hijos de él, los tiras y aflojas y, sobre todo, la felicidad, tranquilidad, consuelo y normalidad que tal familiastra traen hasta la agitada y solitaria vida de Petra. Esta trama permitirá, además, reflexiones sobre el matrimonio y las relaciones personales, los hijos, cómo afrontan y qué siente los hijos la separación de sus padres, etc. A Petra y a Garzón sus respectivos matrimonios les han cambiado la vida... y eso se nota en su manera de vestir, de comportarse y hasta de tratarse el uno al otro.
    Finalmente, un último tema de reflexión, que irá dando forma a la trama a lo largo de la novela, será el pasado histórico de España, la Semana Trágica de Barcelona y, sobre todo, la Guerra Civil, lo que supuso y sus consecuencias en el presente.
    En definitiva, una novela muy interesante que permite descubrir cómo el pasado sigue pasándonos factura, que no es oro todo lo que reluce y que a veces empezar de cero puede ser una buena manera de protegerte frente al mundo.
    Nos seguimos leyendo.

Ficha técnica:

Título: El silencio de los claustros 
Autor: Alicia Giménez Bartlett 
Editorial: Destino         Género: novela negra, policíaca, thriller, intriga     Páginas: 464  
Publicación  05/03/2009    ISBN: 9788423341344
  

lunes, 29 de octubre de 2012

"Nido vacío", de Alicia Giménez Bartlett: Petra Delicado da un giro a su vida


   La verdad, no sé cómo hacer esta reseña sin desvelar la gran sorpresa que nos regala la séptima entrega de la saga de Petra Delicado. Lo único que se me ocurre es que no sigas leyendo si quieres conservar la capacidad de sorprenderte con el giro que Alicia Giménez Bartlett da a su personaje: aunque tratara de disfrazarlo con eufemismos, cualquier cosa que dijera a partir de ahora te va a conducir a la conclusión correcta, así que, lo dicho, si quieres quedarte tan ojiplático como se queda la comisaría en pleno cuando conocen la noticia, no sigas leyendo. ¡ALERTA SPOILER!! (super spoiler, diría yo).
    La autora llevaba un par de entregas mostrándonos las grietas que iban apareciendo en el sólido muro que separaba a Petra del resto del mundo, el que la parapetaba y la protegía, el que velaba por conservar contra viento y marea, el que había erigido como su bien más preciado: su soledad. Primero, en Serpientes en el paraíso, con todas las reflexiones sobre las familias felices y las organizaciones sociales comunitarias y con esa niña que robó el corazón de la inspectora a las primeras de cambio. Segundo, en la entrega anterior, Un barco cargado de arroz, Petra no para de darle vueltas al tema de la soledad y de la locura. Y no con la misma ligereza o de la forma desapasionada o, todo lo contrario, con la pasión con la que se defiende el territorio conquistado con la que se ha hablado de la soledad en el resto de la saga (es un tema recurrente, aparece en todos los libros, de una manera u otra; no en vano, es, como he dicho, el valor supremo de Petra. Hasta ahora), sino con un cierto temor a las consecuencias de estar solo y hacerse mayor. Y en esta séptima y penúltima entrega, el muro salta por los aires hasta el punto de que Petra se vuelve a casar. No solo eso: su tercer marido también lleva a cuestas otros dos matrimonios fallidos y, por si eso fuera poco, tiene nada más y nada menos que cuatro hijos. La Petra que nunca ha sentido la llamada de la maternidad conocerá ahora las bondades y sinsabores de la vida familiar en todo su esplendor.
   Pero esta no será la única boda que celebre el departamento. Una vez cerrado el caso, serán tres los miembros del equipo que pasen por la vicaría: Sonia, Petra y el hasta ahora viudo Fermín Garzón. Con tal fiebre casamentera, no es de extrañar que la novela reflexione en muchísimas ocasiones sobre la institución matrimonial, las razones para casarse o para no hacerlo, las costumbres, la mitología relacionada con las bodas, las parafernalias, los sentimientos necesarios para dar ese paso... Reflexiones serias pero que también podrán la nota de humor a una novela, por lo demás, cargada de sinsabores.
   Y es que el caso que tendrán que resolver esta vez Delicado y Garzón no podía ser más atroz. Todo empieza (¿qué autor pone a su personaje estrella en un aprieto como este? Yo creo que solo uno con un grandísimo sentido del humor) cuando a Petra le roban el bolso (pistola incluida) en un centro comercial mientras está haciendo pis. Este será el detonante que le permitirá, por un lado, conocer a Marcos, el que será su tercer marido, y a su familia y, por otro, descubrir el lado más oscuro de la infancia: el de los niños abandonados, el de los niños inmigrantes que deambulan solos por las calles, las instituciones de acogida, el abuso de algunas familias, la marginación de la prostitución y el proxenetismo, la pornografía infantil, la delincuencia infantil y sus consecuencias jurídicas, el determinismo social y biológico, la desprotección y la impotencia que esa desprotección genera tanto en Petra como en los responsables de las organizaciones encargadas de velar por ellos.
     El caso afectará a la inspectora física y psicológicamente y no solo porque sea su pistola la que anda causando muertes esta vez. Todo lo relacionado con la cara más sórdida de la infancia causa un profundo dolor en Petra, hasta el punto de que en la novela se llega a plantear si se refugia en Marcos huyendo de la amargura del caso, si se casa con él porque su pecho acaba convirtiéndose en escondite seguro frente al desconsuelo y la desolación que le causa la investigación que está llevando a cabo. Y, en un principio, es así. Pero a lo largo del libro vamos viendo cómo Petra cambia, cómo va variando su punto de vista sobre muchas cosas, sobre todo, en lo que respecta a su idea del matrimonio.
   Junto a estos dos grandes temas, infancia marginal y el matrimonio, la novela reflexiona sobre otros asuntos como la infantilización de la sociedad, el modo en el que hablamos a los niños, la juventud actual, lo que llega a hacer la policía por un buen testimonio, las manías de Petra, la felicidad, la sobreprotección a las que a veces los padres someten a sus hijos (en ocasiones, solo aparente), la inmigración... Y por supuesto, la siempre recurrente guerra de sexos.
    Esta penúltima entrega revelará, también, la solidez de la relación que une a este Quijote y a este Sancho que son Petra y Fermín, mostrando que, como en la obra cervantina, hay un proceso de conversión mutua, destapando que es imposible que Sancho no se quijotice ni que Quijote no se sanchice cuando la convivencia es tan prolongada e intensa como la de Delicado y Garzón. De igual modo, y pese al mal carácter de la inspectora, esta séptima novela nos enseñará el cariño y la admiración que le profesan sus compañeros. Y es que, como dice el comisario Coronas en su brindis en la boda de Petra, todos estamos un poco enamorados de la inspectora. Yo incluida.
    Nos seguimos leyendo.

Ficha técnica:

Título: Nido vacío 
Autor: Alicia Giménez Bartlett 
Editorial: Planeta         Género: novela negra, policíaca, thriller, intriga     Páginas: 395  
Publicación  01/01/2007    ISBN: 9788408074625
  

viernes, 26 de octubre de 2012

BBF#5 "El silencio de los claustros", de Alicia Giménez Bartlett


    Sigo enfrascada en la lectura de la Divina Comedia de Dante Alighieri, así que no voy a volver a colgar su principio otra vez. Pero estoy combinándola con otra, que me exige menos silencio y menos concentración: la última entrega de Petra Delicado, El silencio de los claustros. Estoy llegando, por tanto, al fin de la saga y, la verdad, siento que Petra ya es como de familia y me da un poquillo de pena el pensar que ya no tendré nuevas aventuras que compartir con ella. En fin, es ley de vida. Alicia Giménez Bartlett comienza así esta despedida:

BBF#5 

    La encontré en el sofá. El cabello, suelto y despeinado, le ocultaba la cara por completo. Su cabeza se hallaba quebrada sobre los almohadones formando un ángulo anti natural. Las piernas, rígidas, apuntaban hacia arriba, desnudas y blanquecinas. La falda se le había arremolinado en torno a la cintura. Me quedé boquiabierta y exclamé:

  - ¡Marina!, ¿qué demonios haces así?             (“El silencio de los claustros”, Alicia Giménez Bartlett)
     Nos seguimos leyendo

lunes, 22 de octubre de 2012

"Un barco cargado de arroz", de Alicia Giménez Bartlett: Petra Delicado y los sueños rotos


    La sexta entrega de la saga protagonizada por Petra Delicado avanza siguiendo tres ejes diferentes: una nueva historia de amor en la vida de la inspectora, el pertinente caso y los problemas del subinspector Garzón para asumir que su hijo es homosexual. Estos serán los tres centros de atención que darán pie a la reflexión sobre otros muchos temas. Pero vayamos por partes.
   En primer lugar, el caso. En esta ocasión, Petra tendrá que investigar la muerte de un mendigo, caso poco glamuroso para el resto del cuerpo policial pero no para Delicado, a quien este asesinato moverá por dentro. De hecho, al hilo del hallazgo del cadáver apaleado de Tomás "El Sabio", Petra se hará las preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez ante un sin techo (¿qué le sucede a una persona para llegar a este punto? ¿Cómo se puede perder todo lo que uno ha tenido en la vida? ¿Me podría pasar a mí?) e, incluso, llegará a dudar de una de sus máximas vitales: la defensa acérrima de su independencia y, ligada a ella, de su soledad. La que durante cinco novelas ha estado cantando las excelencias de la vida en solitario (aunque en ocasiones haya mostrado dudas, como la quinta entrega) y denigrando la vida marital y familiar, dudará ahora de sus propias convicciones, hasta el punto de plantearse vivir con alguien.
     Creo que hay un cambio en la forma de construir el título de esta sexta entrega frente a las cinco restantes. Hasta ahora, los títulos hacían referencia explícita, aunque con un halo poético y metafórico, al caso investigado: Ritos de muerte alude a la práctica de marcar a sus víctimas que mantiene el violador de la primera novela; Día de perros, a una trama relacionada con estos animales; Mensajeros de la oscuridad, a la acción que ejercen (o creen que ejercen) los cabecillas de las sectas y/o algunas religiones; Muertos de papel hace referencia al entorno de la víctima del cuarto caso, un periodista del corazón y Serpientes en el paraíso está relacionado con las traiciones que subyacen en las profundidades de la apariencia de felicidad de algunos tipos de familia y organizaciones sociales. Sin embargo, Un barco cargado de arroz se refiere al sueño de uno de uno de los indigentes con los que Garzón y Delicado se relacionan al hilo del caso: quiere un barco de arroz para hacer paellas a los que pasan hambre. Es una quimera, un sueño; esa fantasía que todos tenemos y que, muchas veces, acaba olvidada, incumplida o, directamente, rota.
    El caso propiciará las reflexiones de la inspectora sobre la indigencia (su soledad, su invisibilidad social), sí, pero también sobre la caridad, la que sale del corazón pero también la falsa caridad, la que se hace por conveniencia y hasta la caridad delictiva, la que practican aquellos que se aprovechan de la bondad de algunos en su propio beneficio. Y al hilo de todo ello, una crítica a una legislación que convierte en opacas las acciones y cuentas de las fundaciones, permitiendo que bajo su paraguas se oculten todo tipo de actividades, algunas no precisamente altruistas ni solidarias.
    Garzón y la inspectora se quedarán de piedra, esta vez, cuando descubran de qué es capaz el ser humano por dinero, por defender sus posesiones, sus logros o sus creaciones; cuando comprendan que para algunas personas las cosas, lo material, lo económico están por encima de los seres humanos.
    Finalmente, el hecho de que el mendigo haya muerto apaleado y que los sospechosos sean, en primera instancia, un grupo skin permite a la autora reflexionar sobre este tipo de bandas y sus integrantes y a la inspectora, mostrar su lado más duro y violento.
  Los tres ejes argumentales, pese a configurar tramas diferenciadas, están perfectamente imbricados, gracias a la reflexión, la propia narración y a personajes como Yolanda, una guardia urbana a la que Delicado y Garzón pedirán ayuda con el caso, pero que acabará implicada en las otras dos corrientes narrativas.
    Así, por ejemplo, respecto a la trama personal de Garzón, el subinspector querrá despertar la heterosexualidad de su hijo incitándole a una relación con la guapa y joven guardia urbana, intención que, obviamente, no saldrá bien y acabará distanciando al padre y al hijo. Y es que, pese a que Fermín conoce la teoría, le cuesta aceptar la práctica, asumir que su hijo es gay y que tiene una forma de vivir su vida diferente a la que él, como padre, le había imaginado. Los problemas de Garzón dan pie a unas jugosísimas conversaciones entre el subinspector y su jefa, en las que ambos ahondarán en sus prejuicios, los prejuicios de la sociedad, las apariencias, lo que es debido, lo que realmente importa en una relación, lo que los padres sueñan para los hijos y las decepciones a las que a veces les conducen esos sueños para acabar concluyendo que lo que importa es el cariño que une a dos personas y el intentar aceptar al otro tal y como es.
    Garzón acudirá a Yolanda para "convertir" a su hijo pese a que, en un principio, la guardia no cae con buen pie en el tándem perfecto en el que se han convertido Garzón y Delicado. El subinspector no soportará de ella el estar siempre dispuesta a trabajar con ahínco ni su cháchara incesante; mientras que la inspectora empezará mal su relación tras contestar con un desaire a la manifestación de admiración y cariño que Yolanda le hace nada más conocerla personalmente. En el fondo, ambos se sienten amenazados por la juventud de la guardia (que a lo largo del caso pedirá su ingreso en el cuerpo de policía); Garzón, por motivos estrictamente profesionales (hay una reflexión sobre los métodos antiguos frente a los métodos policiales más novedosos, sobre la diferente forma de trabajar de jóvenes y veteranos...) y Petra, por motivos profesionales, pero también personales. La fuerza, la sensualidad, la juventud y la belleza de Yolanda harán que la inspectora se pregunte dónde quedó su propia juventud, su belleza y su sensualidad y hasta llegará a sentir celos de ella, por mucho que intente convencerse a sí misma de que es incapaz de sentir celos.
   Y es que, a la vista está, Yolanda también servirá de nexo de unión entre el tercer eje (la nueva relación amorosa de Petra) y los demás. Un nexo no exclusivo, ya que el pilar que sostiene este tercer eje parte del principal, del caso: Ricard Castro es un psiquiatra al que Petra acude en el contexto de su investigación policial. Esta trama nos permitirá descubrir a la Petra íntima, la Petra de las relaciones sentimientales. Hasta ahora, además de sus dos maridos (presentado ya en la primera entrega), la inspectora había mantenido relaciones esporádicas con un veterinario en el segundo caso (él quiso más, pero ella ni se lo planteó), un ligero escarceo de recaída con su segundo marido, Pepe, que no fue a más en la tercera entrega; y un tórrido affaire con Alexander Rekov en la visita a Rusia que realizan, también, en esa tercera novela de la saga. Pero esta relación será diferente, porque las prisas de él acabarán arrastrado a la inspectora, quien llegará a plantearse una vida en común con él. Esto le hará reflexionar sobre su propia forma de ser, lo que quiere y con quién lo quiere. A este autoanálisis hay que sumar el certero perfil psicológico que le realiza Castro, aunque al final probará a la Petra más dura y solitaria.
   Petra y Ricard vivirán una pasión desbordante aunque ella no dejará de poner las cosas en su lugar: no quiere dormir con él, ni galanteos pasados de moda (flores ni citas prefabricadas), quiere mantener su independencia... Pero su relación con él le hará sacar a la Petra que se preocupa de su propia imagen y se prepara para el encuentro con el psiquiatra (nada que ver con la sempiterna gabardina arrugada de la que nos habla en Serpientes en el paraíso), que anhela la belleza de la juventud y detesta los estragos del paso del tiempo, que siente celos, que vigila las reacciones de su pareja frente a otras mujeres... Hay una cierta pugna entre lo que Petra es o cree ser y lo que muestra en una relación sentimental. En cualquier caso, la relación no irá a más aunque quién sabe si dejará algún resquicio abierto en la férrea determinación de soledad y negación de un nuevo matrimonio de Petra.
   Ricard y Fermín tendrán su propia relación personal, una relación que empieza, como no podía ser de otro modo, mal (Petra cree que por la resistencia al cambio propia de Garzón) pero que se irá suavizando y que dota a la novela de las escenas más cómicas de la obra.
   Esta sexta entrega, publicada originariamente en enero de 2004, ahonda, aún más, en los perfiles personales de Garzón y de Delicado, además de ofrecernos un caso interesante que, como siempre, da lugar a reflexiones sociales y críticas de gran calado. Giménez Bartlett vuelve, pues, a demostrar, que se puede hacer una novela negra profunda que, más allá de la investigación policial, indague en las relaciones humanas personales y sociales.
   Nos seguimos leyendo.

Ficha técnica:

Título: Un barco cargado de arroz 
Autor: Alicia Giménez Bartlett 
Editorial: Booket         Género: novela negra, policíaca, thriller, intriga     Páginas: 400  
Publicación  07/07/2005    ISBN: 9788423344215
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