miércoles, 1 de mayo de 2013

Care Santos: "Mis novelas surgen como las montañas, por sedimentación de obsesiones"

Care Santos, en el centro, junto a la concejala de Cultura de Azuqueca (izda.) y la directora de la Biblioteca Almudena Grandes (dcha.)

   25 años reuniendo a diferentes grupos de personas todas las semanas para charlar de libros son muchos años. Por eso, la Biblioteca Almudena Grandes de Azuqueca de Henares ha querido celebrar el vigésimo quinto aniversario de sus Clubes de Lectura con un programa de lujo entre el que se encontraba Care Santos. Habitaciones cerradas (reseña aquí) había sido uno de los libros leídos y disfrutados por los clubes y compartir un rato con la autora para comparar puntos de vista, solucionar cabos sueltos e intercambiar opiniones fue todo un regalo para las habituales a estas reuniones. Y, a juzgar por su entusiasmo y sus palabras finales, para la autora también.
    Care Santos comenzó el encuentro con una pequeña historia sobre la novela antes de dar inicio al coloquio. Así, contó que Habitaciones cerradas existe de milagro. Lo más probable es que no se hubiera editado jamás. Si salió adelante fue gracias a la intervención de un par de ángeles que, por lo que se ve, velaban por ella. Según contó la escritora, tenía clara la historia, comenzó a escribir... pero cuando llevaba unas 200 páginas se dio cuenta de que no le gustaba. Coincidió con su cuadragésimo cumpleaños y uno piensa que a los 40 años ya no se pueden hacer tonterías, es hora de hacer cosas serias así que la arrojó a la papelera. Pero dos de sus lectores de confianza, esos que leen las obras mucho antes de ser publicadas y van dando su opinión a los autores para ir corrigiendo posibles fallos y enderezar el rumbo de la historia, no conocían ni una palabra de aquella obra frustrada. Aunque estuviera en la papelera de reciclaje, le pidieron a Care que se la enviara, aún sabiendo que no era lo mejor que había salido de su pluma. Y esos dos lectores cambiaron el rumbo de la Historia: uno de ellos le vio el potencial comercial y el otro valoró la trama aunque creía que los personajes eran medusas, es decir, que no hacían nada, que había demasiada reflexión y poco acción. Care leyó lo que tenía escrito desde esas nuevas perspectivas y decidió resucitar Habitaciones cerradas hasta convertirla en lo que hoy es, en la novela de éxito internacional que en este momento, tal y como desveló la autora, está en proceso de convertirse en una miniserie para televisión.
   He llegado a sentir una satisfacción enorme que me compensa con creces el tremendo esfuerzo de volver a escribir lo ya escrito de forma diferente, de volver a trabajar en ella y acabarla, de resucitarla, explicó, con emoción, Care Santos.
   Contada esta pequeña (pero fundamental) anécdota, la primera pregunta no podía ser otra: ¿cómo surgió la historia de Habitaciones cerradas? Mis novelas surgen como las montañas: por sedimentación. En ellas voy plasmando algunas de mis obsesiones, unas más antiguas y otras más recientes. Entre las antiguas que dieron lugar a esta novela está mi interés por el mundo de las cupletistas, que conozco de mi etapa como periodista cultural y siempre me había llamado la atención, y mi obsesión por los almacenes El Siglo. En realidad, quería que todo pivotara en torno a ellos. Eran unas galerías muy modernas, inspiradas en el modelo comercial americano que aún no había llegado a España. Llevaba años guardando información, catálogos antiguos (que son una delicia, no tenían fotos, estaban pintados a plumilla) y no sabía muy bien para qué, hasta que les di salida en la novela. Y entre mis obsesiones más recientes estaba El Santito. Tropecé con él en su propia tumba y vi que había trabajado en El Siglo. Hay veces que la vida nos ayuda a escribir una novela y esta fue una de esas veces. Es una incorporación de última hora, un personaje que estaba en el banquillo pero que salió en el último minuto a jugar y metió el gol, porque ha sido un éxito, explicó la autora, quien señaló divertida que la fama de El Santito ha crecido después de su novela y que, según le han contado, hay mucha gente que se acerca al Cementeri de l'Est de Barcelona, Habitaciones cerradas en mano, para pedir algo a Francesc Canals Ambrós, el Santet del Poblenou,  porque, según dicen, cumple todo lo que se le pide.
   Respecto a la presencia de la pintura en la novela, Care confesó que es una de las disciplinas artísticas que le interesan y de la que disfruta especialmente. Además, le permitía introducir una la obra una reflexión que no es muy evidente, pero que está ahí: la reflexión sobre la verdad en el arte. Violeta cree que puede llegar a conocer a su abuelo porque ha estudiado su obra... y no es así. Cualquier obra artística es un disfraz, una fachada que el artista pone ante sí para que sea vista por los demás. El arte siempre miente. La creación artística jamás puede contener la verdad.
    Mencionar la pintura condujo al personaje central de la novela, Amadeo Lax, y el debate se encendió. La propia autora quiso escuchar las opiniones y valoraciones de las lectoras sobre un personaje controvertido, complejo, que no despierta simpatías aunque hay quien salva su conducta (justificándola en su falta de cariño durante la infancia) frente a quienes le condenan sin mayores miramientos. Encantada con la discusión sobre su personaje (antes no existía más que en mi mente pero ahora estáis hablando de él como si le conocierais, como si fuera real, justificó la autora) Care contó algunas de las anécdotas que ha vivido respecto a Amadeo. Y es que mucha gente ha creído que se trataba de un personaje real, histórico, y son muchísimos los lectores que le han preguntado por qué sus cuadros no aparecen en Google. Porque no existe, aduce Santos. Una respuesta que se ha convertido en frecuente y que tuvo que dar ya desde el primer momento: antes de salir a la venta, Planeta publicó un pequeña edición solo para libreros y ya entonces tuvo que hacer frente a reproches del tipo te van a matar porque sacas todos los trapos sucios del pintor, como si fuera un artista real sobre el que la investigación literaria hubiera descubierto todos sus secretos. Por eso, hasta tuvo que cambiar la nota final para dejar bien claro que se trata de un personaje de ficción, no de un pintor real. Sea como fuere, los recovecos del destino son sorprendentes y, según contó la autora, ahora mismo hay un pintor que, basándose en las profusas descripciones de la novela, está trasladando al lienzo la imaginaria obra de Amadeo Lax.
    Mezclar personajes históricos y de ficción es ya una característica de las novelas de Care, que ha vuelto a repetir en su nueva novela, El aire que respiras. Me interesa mucho la historia y escribir sobre ella, justificaba la autora, pero lo que más me interesa es la historia desde la reflexión del presente: somos las consecuencias de lo que pasó. Por eso en mis novelas siempre hay dos planos temporales: alguien, desde el presente, cuenta o reconstruye lo que ocurrió o lo que pudo ocurrir. Me apetece escribir sobre Historia para recuperar historias olvidadas pero también para recordar de dónde venimos. En este sentido, Care ironizó sobre lo poco que hemos cambiado en los últimos dos siglos: no es que seamos hijos de nuestros antepasados... es que, en algunos aspectos, somos iguales, no hemos evolucionado. Una de las mayores sorpresas que te llevas al bucear en bibliotecas, hemerotecas, etc. es que descubres que siempre somos iguales. Se ve muy bien, por ejemplo, con el debate independentista. Tiene momentos más enconados y momentos más relajados, pero ahí lleva durante siglos. Y hoy nos creemos muy modernos pero rebuscas un poco en hemerotecas y ves que lo que se dice hoy ya se decía hasta dos siglos. Las mismas declaraciones, casi palabra por palabra. El debate independentista, como tantas cosas, no avanza... ni retrocede.
   Si seña personal es la mezcla de Historia y ficción, no menos característico de Care Santos es la presencia de lo sobrenatural en sus obras. Me ha interesado desde siempre y desde muchos de vista, explicaba. En unas obras está más presente que en otras. En esta, es un hilo sutil. Lo que me interesa destacar con todo esto es lo pronto que olvidamos, lo poco que queda de la gente que nos ha precedido. ¿Cuántas de las aquí presentes lograrías recordar el nombre de vuestros bisabuelos? Tenemos ocho... ¿cuántas sois capaces de recordar? Y hablo solo de los nombres, quizá de los apellidos. No hablo ya de conocer qué hicieron, a qué se dedicaron, si fueron felices, si hicieron algo grande. Si lo supieran, romperían a llorar al ver que los hijos de sus nietos ya ni recuerdan sus nombres. Lo que me interesa es la reflexión sobre lo rápido que pasamos página, sobre la velocidad a la que olvidamos. En la vida real, no tenemos tiempo para estas minucias. Pues para eso está la literatura, para rendir culto a los muertos y a sus posesiones.
   No pude por menos que preguntarle sobre otra de lo que yo considero son sus marcas identidad: el extremo cuidado de la edición. En los dos libros que he leído (Habitaciones cerradas y El aire que respiras) las guardas son preciosas, hay cambios de tipografía, pequeños dibujos... Son detalles mínimos que, para mí, hablan mucho (y muy bien) del amor de la autora por los libros, como meros objetos, como regalo al lector. Care se mostró agradecida a Planeta porque permite incluir este tipo de guiños y por poder sumar belleza física, material, a la belleza intangible que dibuja con sus palabras.
   Estos cambios de tipografía están propiciados por otra de las señas de identidad de la autora: la introducción de diferentes documentos dentro de la narración. Soy deudora de la novela decimonónica pero reconozco que hoy no se pueden escribir folletines, porque el lector es otro y la mirada es otra. Una de las mayores diferencias es cómo nos ha educado la imagen, el cambio que ha producido en nuestra manera de ver el mundo y, claro, de narrar. Un lector del siglo XIX se volvería loco con una novela actual, con la manera en la que saltamos en el tiempo. Sin embargo, mis lectores están hechos a la velocidad de la imagen, a sus cambios, de ahí que incluya diferentes documentos, para cambiar de tercio. Hoy no tiene sentido ninguno la lentitud narrativa ni las larguísimas descripciones. Hoy no necesitas 25 páginas para que te cuenten cómo es la catedral de Oviedo, porque o la has visto con tus propios ojos o buscas en internet y te aparecen tropecientas mil fotos. De ahí lo fragmentario de mis novelas, la mezcla de voces, de formatos, de tipografías... que, además, dan apariencia de verdad. Y de eso va la literatura: si el lector no me cree, ya puedo yo contar la historia maravillosa del mundo, que si no hay apariencia de verdad, no hay nada.
   Otros muchos personajes de la obra fueron analizados durante el debate, así como el título. La autora explicó que lo eligió como guiño a la teatralidad de la obra: la referencia a las habitaciones, a la casa, tiene algo de escenografía. Otros lectores han comentado a Care que entienden el título como referencia a las mujeres de la obra. Para mí, es una gran metáfora del personaje central: las habitaciones cerradas están en el corazón de Amadeo, selladas, inhabitables, y, al mismo tiempo, Amadeo es la casa, en cuyo corazón, convertido en un sucio cuarto de escobas, late el recuerdo de un cadáver.
   Lectoras y autoras salimos felices de este encuentro en el que pudimos compartir tanto con la cabeza que ideó la historia que nos conmovió durante horas. Compartimos cosas grandes, como todo lo que he contado, o pequeñas, como cuando la autora confesó que se había divertido muchísimo escribiendo el episodio del vahído del rey. O cosas entrañables, como la amistad que mantiene, a raíz de la documentación del libro, con la familia fundadora de El Siglo o como el guiño que hace a su marido (y, desde hace poco, también a su hijo) cada vez que un Lax tropieza con la balaustrada de la escalera. Un guiño tierno que hace aún más grande a una autora maravillosa.
    Nos seguimos leyendo. 

3 comentarios:

  1. Una crónica fantástica, ha sido como estar ahí sentada y escuchando a esta autora. Reconozco que no he leído nada de ella pero que tengo "Habitaciones cerradas" que me lo recomendó una gran amiga.
    Por cierto, que grandes y emotivos recuerdos me trae esta biblioteca de Azuqueca, estuve en junio en el Apadrinamiento de Mayte Esteban.
    Besitos

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  2. Me encantó Habitaciones cerradas y me gusta muchísimo la forma de escribir de Care Santos, a la que descubrí con esta novela. Tengo pendiente El aire que respiras, que lo leeré sí o sí.
    Un crónica excelente y completísima, Lidia, genial!
    Un beso.

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  3. ¿Cómo no me he enterado? Estuve en la Biblioteca el martes 23 con Almudena Grandes, celebrando el día del libro con los clubs de lectura y me hubiera encantado acercarme a ver a Care, porque leí su libro y me encantó. Ahora tengo esperando El aire que respiras, espero que me provoque tan buenas sensaciones como Habitaciones Cerradas.

    ¡Muy buena crónica, Lidia!

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