Dicen que hay tantas lecturas de un libro como lectores. Yo
creo que hay más, porque un libro no te cuenta lo mismo en una época de tu vida
que en otra. Tus experiencias son diferentes, tu conocimiento de la realidad y
de la propia literatura, tus circunstancias en ese momento… En definitiva,
hasta cierto punto, no eres la misma persona. Por eso, el libro te cuenta unas
cosas y no otras dependiendo de cuándo lo leas. Por lo menos, a mí me pasa.
Por eso, polémicas y calidad literaria al margen, a mí lo
que me ha contado la trilogía “Cincuenta sombras de Grey” es la espeluznante
historia de Christian Grey. (¡¡ADVERTENCIA!!: No sigas si no has leído la
trilogía y estás interesado en hacerlo, porque voy a destripar parte de la
historia, la clave que explica todo o casi todo). Pensar en ese niño con el
pecho lleno de quemaduras de cigarrillos, que come guisantes congelados
directamente del frigorífico porque está muerto de hambre y no encuentra nada
más que llevarse a la boca, que toca a su madre muerta y la encuentra tan fría
que la tapa con su pequeña mantita de bebé para intentar que entre en calor (un
poco a lo Dexter, pero si baño de sangre); ese niño que no habla, que no
soporta el contacto físico, que rechaza los abrazos, que nunca ha sentido lo
que es que te hagan cosquillas y reír hasta no poder respirar… me parte el
corazón. La risa de mi hija es el mejor regalo que puedo recibir cada día, es
la melodía que más me conmueve, que más me llena; por eso trato de que ría
todos los días, de que riamos juntas al menos una vez al día. Que un padre o
una madre o cualquier adulto ligado a ese padre o esa madre prefiera el dolor a
la risa… me dan escalofríos solo de pensarlo. Sé que es ficción, pero,
lamentablemente, hay muchos casos reales así. O peores. Y eso sí que me hace
desconfiar de la raza humana.
Nunca he entendido que alguien pueda hacerle daño a un niño,
pero desde que soy madre, los casos de maltrato, abusos, abandonos… me
encolerizan y angustian a partes iguales. No comprendo, no me cabe en la
cabeza, no puedo empezar ni a imaginar los motivos, traumas o emociones que
llevan a una persona adulta a maltratar de ningún modo a un ser tan inocente e
indefenso como un niño. Justo el lunes por la noche, después de acabar la
trilogía, vi una información sobre abusos a menores en el Telediario (a partir del minuto 36:20, más o menos)… y desde
entonces no he parado de darle vueltas al asunto.
Ser padre es un ejercicio de responsabilidad y de madurez,
porque exige mucho. Los niños te ponen a prueba, desafían tu paciencia y tu
capacidad de reacción constantemente y es necesario tener una altísima dosis de
autocontrol para sobrellevar la situación. Es cierto que a esto, como a casi
todo, se aprende. Nadie nace siendo un buen padre, todos cometemos errores.
Pero creo que la clave está en no perder la perspectiva, en no dejarte llevar
por la rabia, el enfado o el miedo que puedas sentir en un determinado momento.
El amor, el respeto hacia tu hijo y pensar siempre en lo que es mejor para él
son, para mí, las claves que me frenan en esos momentos, las que me ponen en mi
sitio y me ayudan a pensar en esos momentos de ofuscación. Pero maltratar o
abusar sistemáticamente de un niño no entra en esta categoría. No creo que sea
cuestión de autocontrol pero tampoco soy capaz de imaginar qué hay dentro de la
cabeza y el corazón de alguien que hace algo así. ¿Falta total de empatía?
¿Traumas propios? ¿Carencia absoluta de sentimientos? Ni idea.
Las consecuencias pueden ser devastadoras. Grey es solo un
ejemplo literario y muchos de los asesinos de series como Mentes Criminales lo
son en el plano televisivo pero lo cierto es que son miles los ejemplos de
realidad. Y lo peor es que no hace falta llegar a tanto. Conocí a una mujer
incapaz de trabajar en nada porque el carácter autoritario de sus padres había
mutilado su autoestima hasta el punto de que ella se veía inútil para hacer
cualquier cosa.

Es muy difícil superar con éxito una situación de abuso, de
maltrato o que, simplemente, la persona o personas sobre las que gira tu mundo,
las que son tu modelo de comportamiento, las que trazan tu mapa sentimental
cuando eres niño te ofrezcan patrones totalmente equivocados. Si te apartan
cuando intentas demostrarles cariño, si sólo se fijan en lo que haces mal, si
no te dejan crecer como persona, si minan tu autoestima, si ponen coto a tu
independencia, si no sientes su amor cuando tu personalidad se está formando,
tu forma de ver el mundo, de relacionarte con los demás, de querer, de
empatizar, de tratar al resto de las personas tiene que verse alterada. En
algunos casos, gravísimamente. Y hasta para siempre.
Nos seguimos leyendo.
Tengo cerca un caso en el que tuvo una infancia y adolescencia muy mala y creo que aunque se empeña en llevar una vida normal, sus actitudes no lo son. no sé como explicártelo, ella es feliz, ha creado una familia propia y ha cortado con todo vínculo de ese pasado pero esa sombra está ahi, la llenan de miedos y dudas. Ese vínculo que es invisible no desaparece. Como tu dices es un drama y la procesión va por dentro.
ResponderEliminarCreo porque lo hago, que a estas personas hay que apoyarlas y exteriorisarle mas el amor que sientes por ellas que a cualquiera.
Nadie, sea quien sea, debería desear y dar mala vida a nadie y a los niños menos aún...
Como tú desde que tengo sorbimos, no soporte escuchar estas cosas en los telediarios.
Besos :)