Esta noche he tenido un sueño en el que llevo pensando durante todo el día. Por escasez de personal (crítica subconsciente a los recortes en educación, interpreto), en el colegio de mi hija habían convertido a todos los niños en mariposas. Así era más fácil tenerlos controlados. Mi chico y yo íbamos a recogerla, sin saber nada de su transformación. La directora no sabía cuál de todas las mariposas era mi hija. Una profesora nos dijo que creía que estaba en su clase, que pensaba que podría ser aquélla. La miramos y creímos que podría ser. Intentamos cogerla, pero ella revoloteaba y se nos escapaba. Cuando, por fin, conseguimos atraparla, la encarcelé con mis manos, pero me entró un miedo atroz a hacerle daño, a romper sus alas, sus patas o, incluso, peor: a matarla. Puedes imaginarte la angustia que sentía. Todo el daño que le hiciéramos en su estado de mariposa perduraría cuando se convirtiese en persona. Así que con todo el cuidado, todo el amor, todo el miedo, la guardé entre mis manos y la saqué de colegio.
Nada más salir, comenzó la transformación. Notaba cómo mi hija se retorcía, se estiraba, luchaba por recuperar su cuerpo. Yo la agarré de las manos para ayudarla, tirando de ella hacia fuera, animándola a salir, a volver, a cambiar de estado. "¡Ánimo, mi amor! Papá y yo te estamos esperando. Yo te ayudo. Vuelve con nosotros, cielo".

Pero después de repasar el sueño una y otra vez durante todo el día, ya más tranquila y con toda mi consciencia a pleno rendimiento, he de confesar que he encontrado un simbolismo que me parece de lo más acertado: los hijos son un regalo, seres frágiles y maravillosos a los que hay que cuidar y proteger de todo mal. Porque todo lo malo que les ocurra en su infancia quedará como una mancha, como una tara, como una marca en su personalidad futura. Son nuestra responsabilidad, por lo que hay que tomarse muy en serio el modo en el que los protegemos, en que los tratamos y los cuidamos. A veces ponemos nuestra mejor intención, pero rasgamos una de sus alas. Y ese rasguño queda para el futuro. Y debemos ayudarles, enseñarles el camino para dejar de ser hermosas mariposas y convertirse en personas maravillosas, completas, sanas y capaces. Y esa ayuda debe ser física pero también moral, psicológica, ideológica y, sobre todo, sentimental.

Nos seguimos leyendo.
Los sueños con los niños que amamos suelen ser angustiosos... pero al menos se convirtió en un animal bonito.
ResponderEliminarTu reflexión parece acertada, si meditas esa transformación fue para tener mejor vigilados a los niños y no para hacerles daño en ningún momentos. Puede que esos cambios sean como nos cuentas los cambios que sabes que llegaran a ese recinto "el cole".
Los sueños sueños son (no lo olvides)
Un besote :)
Sí, a veces olvido que los sueños son sueños y me concentro demasiado en los mensajes ocultos que guardan (o pueden guardar). Al final y al cabo, los sueños son producto de lo que sentimos, pensamos, nos pasa... pero sin pasar por el filtro de la conciencia. Lo que pasa es que también me parece que interpretar sueños es un poco como interpretar profecías: cada uno ve lo que quiere ver, sobre todo, si es a toro pasado.
Eliminar¡Besos!
ME HA GUSTADO MUCHO; BUENO NO MUCHISIMO... tu vales para esto de escribir... a por el libro se ha dicho.....BESOS
ResponderEliminarVosotros que me leéis con buenos ojos... jajaja. Muchas gracias por tu comentario :D
EliminarBesos!